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¿Cuántos kWh necesita realmente una línea del AMBA para electrificarse? La cuenta con datos reales de la Línea 59

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Dos colectivos eléctricos que circularon durante un año por Buenos Aires dejaron una base concreta para hacer el cálculo. Cada unidad recorría unos 240 kilómetros diarios y consumía alrededor de 1 kWh por kilómetro. Llevado a una operación de 60 coches, electrificar un servicio de estas características demandaría aproximadamente 17 MWh de electricidad por día y una infraestructura de carga capaz de manejar varios megavatios.

Electrificar una línea de colectivos parece, a primera vista, relativamente sencillo. Se reemplazan los buses diésel por eléctricos. Se instalan cargadores. Y se conectan durante la noche. Pero cuando esa idea se transforma en números aparece otra dimensión del problema.

¿Cuánta electricidad necesita realmente una línea completa?

¿Cuántos kWh consume cada colectivo diariamente?

¿Qué batería necesita para completar sus vueltas?

¿Cuántos cargadores hacen falta?

¿Y qué potencia debe llegar hasta la cabecera para que decenas de unidades puedan volver a salir a la mañana siguiente?

Buenos Aires tiene un caso especialmente interesante para intentar responder esas preguntas.

La Línea 59. Entre mayo de 2019 y mayo de 2020 dos colectivos eléctricos Yutong fueron incorporados experimentalmente al servicio regular y monitoreados mediante telemetría y registros diarios.

Durante aquella experiencia recorrieron casi 96.000 kilómetros combinados, generando uno de los pocos conjuntos de datos públicos disponibles sobre el comportamiento real de colectivos eléctricos dentro del tránsito porteño.

El resultado permite hacer algo particularmente interesante:

simular cuánto necesitaría una línea del AMBA si mañana quisiera electrificar una parte importante de su flota.

No es un proyecto oficial para electrificar actualmente la Línea 59. Es un ejercicio periodístico basado en datos reales de operación.

El dato fundamental: 240 kilómetros diarios

El informe elaborado por el Gobierno de la Ciudad caracterizó la operación de los colectivos de la Línea 59 con aproximadamente 240 kilómetros diarios por unidad.

En el recorrido corto, cada vuelta representaba unos 40 kilómetros y los buses realizaban seis. En el recorrido largo hasta La Lucila, cada vuelta alcanzaba aproximadamente 60 kilómetros y realizaban cuatro.

El resultado era exactamente el mismo: 240 kilómetros diarios.

Las unidades normalmente circulaban durante dos turnos de entre ocho y nueve horas, completando alrededor de 16 horas de operación diaria.

Ese número será la base de toda nuestra cuenta.

¿Cuánto consumió realmente cada colectivo eléctrico?

Los dos Yutong utilizados tenían baterías de 324 kWh.

Después de casi un año de seguimiento, uno registró un consumo promedio de 0,974 kWh por kilómetro y el otro de 1,038 kWh/km.

La media quedó, aproximadamente, alrededor de: 1,01 kWh por kilómetro.

No es una estimación de catálogo. Es energía calculada sobre colectivos que circularon efectivamente por Buenos Aires transportando pasajeros.

El informe registró además variaciones diarias desde aproximadamente 0,8 hasta 1,2 kWh/km, con algunos episodios puntuales cercanos a 1,4 kWh/km.

Temperatura exterior, cantidad de pasajeros, aire acondicionado, congestión y estilo de conducción figuraron entre las variables capaces de modificar el resultado. Eso ya permite hacer nuestra primera cuenta.

Un colectivo

240 km × 1,01 kWh/km = 242,4 kWh diarios

Es aproximadamente la energía que debería salir de la batería para realizar una jornada típica equivalente a la registrada durante aquella prueba. Pero todavía falta algo.

Del cargador sale más energía que la que llega a la batería

La electricidad atraviesa cargadores, cables, electrónica de potencia y finalmente la propia batería. Durante ese proceso existen pérdidas.

Otro estudio argentino que analizó los resultados de la experiencia de la Línea 59 consideró pérdidas asociadas al proceso de carga del 13,6% y calculó un consumo real desde el cargador cercano a 1,17 kWh por kilómetro. Eso cambia la cuenta.

240 km × 1,17 kWh/km = 280,8 kWh diarios tomados de la red por colectivo.

Podemos redondearlo: unos 280 kWh diarios por bus.

Este es probablemente uno de los números más interesantes de todo el ejercicio. Porque permite empezar a electrificar una línea sobre una calculadora.

Por cada 10 colectivos: aproximadamente 2,8 MWh diarios

Si cada unidad demanda alrededor de 280,8 kWh desde la red:

10 colectivos necesitarían aproximadamente 2,8 MWh diarios.

20 colectivos: 5,6 MWh.

30 colectivos: 8,4 MWh.

Y así sucesivamente.

Para llevar el análisis a una escala mayor utilizaremos 60 colectivos, porque fue precisamente el tamaño de flota que el propio informe del Gobierno porteño tomó como referencia para su ejercicio económico.

Esto no significa que la Línea 59 tenga actualmente exactamente 60 unidades. Es simplemente una escala de cálculo comparable con el estudio oficial.

Una operación de 60 colectivos: casi 17 MWh por día

La cuenta queda entonces: 60 buses × 280,8 kWh = 16.848 kWh diarios.

Es decir: 16,8 MWh por día

solamente para alimentar una operación eléctrica de 60 unidades que recorra aproximadamente 240 kilómetros diarios por coche.

Visto desde la batería, los buses consumirían alrededor de 14,5 MWh. Visto desde la red eléctrica, incluyendo las pérdidas consideradas anteriormente, habría que entregar aproximadamente 16,8 MWh.

La diferencia —unos 2,3 MWh diarios— desaparece entre pérdidas de carga y conversión.

Y allí aparece una de las grandes diferencias entre analizar un colectivo y analizar una flota.

280 kWh parecen manejables.

17.000 kWh todas las noches ya son un problema de infraestructura energética.

En un mes: unos 438 MWh

El análisis económico original utilizaba 26 días operativos mensuales por unidad.

Manteniendo ese supuesto: 16,848 MWh × 26 días = 438 MWh mensuales.

En doce meses: aproximadamente 5,26 GWh de electricidad por año.

Para entender la escala, ya no estamos hablando simplemente de “poner unos enchufes en una terminal”. Estamos hablando de convertir la cabecera de una empresa de colectivos en una instalación eléctrica industrial de alta demanda.

El gran problema no es solamente la energía: es cuándo hay que entregarla

Aquí aparece una distinción fundamental. Energía y potencia no son lo mismo. La línea podría necesitar 16,8 MWh durante toda una jornada.

Pero si los 60 colectivos regresan aproximadamente al mismo horario y deben estar nuevamente cargados unas pocas horas después, esa enorme cantidad de energía tiene que ingresar a las baterías dentro de una ventana relativamente corta.

Supongamos que disponemos de ocho horas nocturnas.

Para suministrar 16,8 MWh en ocho horas haría falta una potencia media de: aproximadamente 2,1 MW.

Con diez horas disponibles: alrededor de 1,68 MW.

Con doce horas: aproximadamente 1,4 MW.

Y estos son promedios. En la práctica habría que incorporar márgenes, simultaneidad, limitaciones de cargadores, consumos del propio predio, disponibilidad de unidades y estrategias de administración inteligente de carga.

Por eso electrificar una línea no comienza necesariamente comprando el colectivo. Puede comenzar preguntándole a la distribuidora:

“¿Cuántos megavatios puedo traer hasta mi cabecera?”

La experiencia de la 59 necesitó modificar la instalación eléctrica

Esto ya ocurrió durante la prueba piloto. Para solamente dos colectivos eléctricos, fue necesario realizar obras en la terminal de la Línea 59 ubicada en Barracas.

El informe señala que se instaló una potencia de 170 kW, porque el cargador demandaba hasta 150 kW, mientras que el resto quedaba disponible para oficinas, playa y consumos habituales de la empresa.

La obra civil y eléctrica llevó aproximadamente cuatro meses. Es un detalle importante.

Si incorporar dos colectivos requiere analizar potencia, obra civil, distribución eléctrica y espacio físico, multiplicar esa infraestructura por decenas de vehículos transforma completamente la escala del proyecto.

¿Cuántos cargadores necesitarían 60 colectivos?

El estudio económico realizado posteriormente sobre la Línea 59 utilizó como supuesto: cargadores de 150 kW y dos colectivos por estación de carga.

Aplicando exactamente ese criterio: 60 colectivos ÷ 2 = 30 cargadores. Treinta equipos de 150 kW representan una potencia nominal combinada de:4,5 MW. Eso no significa necesariamente que haya que contratar 4,5 MW permanentes.

Con administración inteligente podrían escalonarse las cargas para evitar que todos los equipos demanden su máxima potencia simultáneamente. Pero muestra la magnitud de la infraestructura involucrada.

La operación eléctrica pasa así a tener un nuevo protagonista: el software que decide cuándo carga cada colectivo.

El cargador puede convertirse en el nuevo surtidor

Un colectivo diésel puede cargar cientos de litros en pocos minutos. En un eléctrico la lógica cambia.

Si un bus necesita recuperar aproximadamente 280 kWh durante la noche y dispone de un cargador de 150 kW, matemáticamente serían necesarias algo menos de dos horas trabajando permanentemente a máxima potencia.

En condiciones reales pueden ser más por curva de carga, balanceo, temperatura y pérdidas. Pero esto permite comprender algo importante.

Un cargador de 150 kW podría atender secuencialmente más de un vehículo durante una noche suficientemente larga. El verdadero límite será una combinación de: espacio, horarios, potencia disponible, cantidad de conectores, tiempo de estacionamiento, y organización de la flota. Por eso no necesariamente existe una relación de “un colectivo, un cargador”.

¿Y qué batería necesitaría cada colectivo?

Aquí comienza otra discusión. Los Yutong utilizados originalmente tenían 324 kWh nominales.

El Gobierno porteño calculó su autonomía utilizando un límite operativo mínimo del 20% de carga para proteger la batería. Eso dejaba aproximadamente: 324 kWh × 80% = 259 kWh utilizables.

Con un consumo cercano a 1 kWh/km, la autonomía resultante rondaba los 250 a 260 kilómetros. El problema salta inmediatamente a la vista: la línea demandaba 240 kilómetros diarios. Había muy poco margen.

El propio estudio calculó una autonomía promedio de 266 kilómetros para una unidad y 250 para la otra. Cuando el consumo aumentaba hasta aproximadamente 1,2 kWh/km, la autonomía calculada podía caer hasta 216 kilómetros.

Es decir: el mismo colectivo podía completar la jornada un día y necesitar una recarga intermedia otro.

324 kWh alcanzaban… pero demasiado justo

Durante la primera parte de la prueba los colectivos realizaban una recarga intermedia de aproximadamente una hora.

Posteriormente lograron realizar los 240 kilómetros diarios sin esa carga, terminando normalmente la jornada con entre 20% y 30% de batería.

Eso demostró que técnicamente era posible. Pero desde el punto de vista de una operación masiva no alcanza con demostrar que algo puede hacerse.

Tiene que poder garantizarse. Bajo calor extremo. Con aire acondicionado. Con el colectivo cargado. Con tránsito. Con una batería que ya tenga varios años. Y con suficiente reserva para afrontar desvíos o contingencias.

¿Qué batería elegiríamos hoy para hacer esos 240 km?

Hagamos otro ejercicio. No es una recomendación técnica para la Línea 59 ni representa un modelo actualmente licitado. Es simplemente un cálculo para comprender las magnitudes.

Si queremos recorrer 240 kilómetros y mantener un 20% de reserva, con el consumo promedio histórico de 1,01 kWh/km necesitaríamos como mínimo aproximadamente:

303 kWh nominales. Casi exactamente el tamaño de aquella batería de 324 kWh.

Ahora imaginemos un día más exigente, con consumo de: 1,20 kWh/km.

La jornada demandaría: 240 × 1,20 = 288 kWh

Para utilizar solamente el 80% de la batería: 288 ÷ 0,80 = 360 kWh nominales.

Ya pasamos de 324 a 360 kWh.

Y todavía falta pensar en la degradación

Las baterías pierden capacidad con los años. Por eso dimensionar una flota para que funcione solamente cuando es nueva puede convertirse en un problema algunos años después.

El informe de la Línea 59 ya advertía este efecto y estimaba que, bajo sus propios supuestos de degradación, a partir del tercer año aquellas unidades necesitarían volver a utilizar una carga intermedia para completar los 240 kilómetros sin atravesar el límite operativo recomendado.

Hagamos una simulación más moderada y sencilla.

Si quisiéramos dimensionar el vehículo contemplando eventualmente una pérdida del 15% de capacidad y manteniendo todavía un 20% de reserva: con 1,10 kWh/km necesitaríamos aproximadamente 388 kWh nominales.

Con 1,20 kWh/km: aproximadamente 424 kWh.

Por eso una batería en el orden de 400 a 425 kWh aparece como una magnitud razonable dentro de este ejercicio si el objetivo fuera completar los 240 kilómetros diarios con bastante más margen y reducir la dependencia de una carga intermedia.

Pero nuevamente: más batería también significa más peso y mayor costo. Precisamente el dilema que analizamos en nuestra nota anterior.

Opción A: batería grande y carga nocturna

Una estrategia posible sería instalar baterías suficientemente grandes para que cada colectivo complete toda su jornada y cargue exclusivamente durante la noche.

Ventajas: simplifica la operación. No obliga a sacar vehículos de servicio durante el día. Reduce infraestructura distribuida en cabeceras. Pero exige baterías mayores. Y concentra una enorme demanda eléctrica nocturna en el depósito.

Opción B: batería menor y recarga durante el día

La alternativa es utilizar baterías más pequeñas y realizar cargas de oportunidad.

Por ejemplo durante: cambio de turno, descanso del conductor, tiempo de regulación en cabecera, o ventanas específicas programadas durante el día.

El propio informe de la Línea 59 planteaba esta posibilidad y analizaba recargas de oportunidad de 15 a 30 minutos como alternativa tecnológica.

La ventaja es reducir batería y peso. La desventaja es que el colectivo queda temporalmente fuera de servicio y exige infraestructura de carga disponible exactamente donde la operación la necesita.

Si las frecuencias son muy ajustadas, incluso puede ser necesario incorporar unidades adicionales.

No necesariamente hay que electrificar toda la línea de una sola vez

Los números también muestran una estrategia posible de transición.

En lugar de pasar instantáneamente de 60 buses diésel a 60 eléctricos, una empresa podría comenzar con módulos. Diez colectivos eléctricos demandarían aproximadamente: 2,8 MWh diarios de la red.

Veinte: 5,6 MWh.

Treinta: 8,4 MWh.

Eso permitiría ampliar progresivamente: la potencia contratada, la playa de carga, los transformadores, los cargadores, la experiencia de mantenimiento, y la capacitación de conductores. La electrificación puede ser modular. La infraestructura también.

El verdadero cambio ocurre dentro de la cabecera

Cuando se observa un colectivo eléctrico circulando por la calle, la transformación parece estar concentrada dentro del vehículo. Motor eléctrico. Baterías. Electrónica. Pero gran parte de la revolución ocurre donde el pasajero nunca la ve.

Dentro del depósito.

Un playón que antes necesitaba surtidores de combustible comienza a necesitar: transformadores, tableros, cables de alta potencia, cargadores, sistemas contra incendios, software de gestión energética, telemetría, puestos de estacionamiento especialmente diseñados, y una conexión eléctrica capaz de manejar megavatios.

En junio de 2026 la Ciudad incluso actualizó la regulación relacionada con el uso y mantenimiento de playas de estacionamiento y carga para buses eléctricos, mientras continúa desarrollando sus actuales experiencias de movilidad eléctrica. El colectivo es solamente la parte visible.

Una Línea 59 eléctrica de 60 coches, resumida en números

Tomando los datos históricos reales de operación y nuestra simulación:

240 km diarios por colectivo

≈1,01 kWh/km consumidos por el vehículo

≈1,17 kWh/km tomados de la red incluyendo pérdidas

≈242 kWh diarios utilizados por cada colectivo

≈281 kWh diarios demandados a la red por cada colectivo

Para 60 unidades:

≈14,5 MWh/día dentro de los buses

≈16,8 MWh/día desde la red

≈438 MWh/mes, utilizando 26 jornadas operativas mensuales por unidad

≈5,26 GWh/año

Con la hipótesis histórica del estudio:

30 cargadores de 150 kW para 60 colectivos

Potencia nominal instalada posible: 4,5 MW

Demanda media para recuperar toda la energía en ocho horas: ≈2,1 MW

Y una batería que, dependiendo del margen buscado, podría moverse dentro de nuestro ejercicio desde aproximadamente 360 kWh para cubrir un día exigente con una unidad nueva hasta el entorno de los 400–425 kWh si además se quiere reservar margen para degradación.

Entonces, ¿cuántos kWh necesita una línea?

La respuesta ya no cabe dentro de una sola cifra.

Necesita aproximadamente 280 kWh de electricidad diaria por cada colectivo bajo las condiciones que tomó como referencia este ejercicio.

Pero también necesita algo más difícil de conseguir: la capacidad de entregar esa electricidad en el lugar y en el momento correctos.

Ahí está probablemente uno de los mayores desafíos para electrificar el AMBA. No será solamente reemplazar miles de motores diésel por eléctricos. Habrá que transformar cientos de cabeceras en pequeños centros energéticos.

Porque una flota de 60 colectivos puede requerir alrededor de 17 MWh cada día.

Cien colectivos llevarían esa escala, bajo los mismos supuestos, hasta aproximadamente 28 MWh diarios.

Y cuando la electrificación empiece a extenderse simultáneamente sobre decenas de líneas, el interrogante dejará de ser solamente automotor.

Pasará a ser también eléctrico.

La pregunta ya no será únicamente cuántos colectivos eléctricos puede comprar Buenos Aires.

Será: ¿cuántos puede cargar todas las noches?

Más de 5.000 colectivos eléctricos: Delhi ya electrificó casi tres de cada cuatro unidades de su flota

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Delhi acaba de cruzar una nueva barrera en su transformación del transporte público. La capital de India incorporó 200 nuevos colectivos eléctricos y llevó su flota cero emisiones por encima de las 5.000 unidades en operación.

El dato adquiere otra dimensión cuando se compara con el tamaño total del sistema: Delhi cuenta actualmente con alrededor de 6.800 colectivos, por lo que los eléctricos ya representan aproximadamente el 74% de la flota.

En otras palabras, casi tres de cada cuatro colectivos que integran actualmente el parque de transporte público de Delhi son eléctricos.

Las nuevas unidades fueron presentadas el 19 de agosto de 2026 en el Delhi University Sports Complex, en un acto encabezado por el vicegobernador Taranjit Singh Sandhu y la jefa de Gobierno Rekha Gupta.

La incorporación no estuvo limitada a sumar vehículos: también incluyó nuevos servicios para mujeres, una conexión eléctrica interurbana, infraestructura pública de carga y unidades de menor tamaño destinadas a ampliar la cobertura de la red.

112 colectivos de nueve metros y 88 de doce

La nueva tanda está compuesta por 112 colectivos eléctricos de nueve metros y 88 unidades de doce metros.

La coexistencia de ambos tamaños responde también a una estrategia operativa.

Los vehículos convencionales de doce metros continúan atendiendo corredores de mayor demanda, mientras que las unidades más compactas permiten ingresar a sectores donde las características de las calles dificultan la circulación de colectivos grandes.

De esta manera, la electrificación comienza a utilizarse no solamente como sustitución tecnológica del vehículo convencional, sino también como una herramienta para reorganizar la oferta de transporte según las características de cada recorrido.

Todos los nuevos vehículos son de piso bajo, climatizados y accesibles, características que acompañan la modernización tecnológica de la flota.

De 1.970 a más de 5.000 colectivos eléctricos en dos años

La velocidad de la transformación es uno de los datos más llamativos.

En julio de 2024, Delhi contaba con 1.970 colectivos eléctricos. En aquel momento ya encabezaba el ranking de ciudades de India por cantidad de vehículos de este tipo.

Poco más de dos años después, la cifra superó los 5.000.

Esto significa que la ciudad incorporó más de 3.000 colectivos eléctricos adicionales en aproximadamente 25 meses, multiplicando por más de dos veces y media el parque que tenía a mediados de 2024.

La aceleración fue particularmente visible durante 2026.

Antes de estas últimas 200 unidades, el gobierno había incorporado 500 colectivos eléctricos en febrero, 300 en marzo, 200 en abril y otros 300 en julio, según datos oficiales citados por The Indian Express.

La sucesión de entregas muestra que Delhi ya abandonó la lógica de las pequeñas pruebas piloto.

La incorporación de eléctricos se convirtió directamente en la política principal de renovación y expansión de la flota.

56 servicios especiales para mujeres

La presentación también incluyó el lanzamiento de 56 servicios eléctricos destinados especialmente a mujeres.

De ellos, 30 viajes operarán sobre 15 corredores de alta demanda, mientras que otros 26 servicios University Ladies Special cubrirán 13 recorridos vinculados con instituciones educativas.

La iniciativa combina electromovilidad con una política específica de seguridad y movilidad.

Las unidades contarán con personal femenino, presencia de agentes y sistemas de emergencia. Los botones de pánico estarán integrados con el número de respuesta policial 112 de Delhi.

El programa recupera además un esquema de servicios especiales universitarios destinado particularmente a estudiantes.

De esta manera, una parte de la ampliación de la flota eléctrica se utiliza para atender necesidades concretas de movilidad en lugar de distribuir las nuevas unidades únicamente entre los servicios existentes.

Los eléctricos también salen de Delhi

Otro paso significativo fue el lanzamiento de una nueva conexión eléctrica Delhi–Karnal.

Cinco colectivos eléctricos climatizados fueron destinados al servicio interurbano, con recorridos desde Kashmere Gate hacia Karnal y paradas en sectores como Singhu Border, Murthal y Panipat.

Está previsto que las unidades realicen 10 viajes diarios en cada sentido.

La experiencia resulta particularmente interesante porque amplía el campo de utilización de los eléctricos.

Durante los primeros años, gran parte de las experiencias de electromovilidad se concentraron en recorridos urbanos con distancias controladas y retorno permanente a un depósito.

La aparición de servicios interurbanos exige otra planificación: mayor autonomía disponible, programación de carga, previsibilidad de las distancias y adaptación de la infraestructura fuera del núcleo central.

Una estación pública de carga en Rajghat

Precisamente, uno de los puntos centrales de esta nueva etapa es la infraestructura.

Junto con los 200 colectivos fue inaugurada una estación pública de carga para vehículos eléctricos en el depósito Rajghat de DTC.

A medida que crece la cantidad de colectivos eléctricos, el debate cambia.

Cuando una ciudad posee decenas de vehículos, puede resolver buena parte de la operación con algunos cargadores instalados en depósitos específicos.

Con más de 5.000 unidades, en cambio, la gestión energética se convierte en uno de los componentes centrales del sistema de transporte.

La disponibilidad de potencia eléctrica, la cantidad de cargadores, los tiempos de conexión, el espacio dentro de los depósitos y la coordinación entre carga y salida de vehículos pasan a ser tan importantes como la propia compra de colectivos.

Es uno de los aprendizajes que puede dejar Delhi para otras ciudades que buscan avanzar hacia flotas cero emisiones: electrificar miles de unidades requiere transformar también toda la infraestructura que existe detrás de ellas.

Delhi quiere llegar a 14.000 colectivos

El proceso todavía está lejos de terminar.

El gobierno proyecta llevar el sistema de transporte hasta aproximadamente 14.000 colectivos para 2028-2029, mientras avanza con el objetivo de convertir completamente la flota de Delhi Transport Corporation a propulsión eléctrica.

Si el plan se concreta, la ciudad no sólo aumentará considerablemente la proporción de vehículos eléctricos sino también la oferta total de transporte.

Ese punto es importante.

La transición energética no se plantea únicamente como una sustitución de colectivos a GNC por eléctricos. También aparece vinculada con la necesidad de incrementar la cantidad de unidades disponibles y ampliar la cobertura del sistema.

¿Qué ocurre después de comprar miles de eléctricos?

La experiencia de Delhi empieza a resultar especialmente relevante por una razón: permite observar qué sucede después de superar la etapa inicial de incorporación.

Con 100 o 200 unidades, el desafío principal suele ser demostrar que la tecnología funciona.

Con 5.000 vehículos, los problemas son diferentes.

Hay que electrificar depósitos, administrar simultáneamente miles de procesos de carga, capacitar personal, reorganizar mantenimiento, adaptar recorridos, dimensionar la red eléctrica y garantizar que las unidades estén disponibles durante las horas de mayor demanda.

También comienza a tener sentido contar con vehículos de distintas longitudes, como ocurre con los modelos de nueve y doce metros incorporados en esta última tanda.

La electromovilidad deja entonces de ser simplemente una tecnología aplicada al colectivo para convertirse en una transformación del sistema completo.

De uno de cada cuatro a casi tres de cada cuatro

La comparación con 2024 sintetiza la velocidad del cambio.

En julio de aquel año, los 1.970 eléctricos representaban aproximadamente una cuarta parte de la flota de Delhi, que entonces sumaba 7.683 vehículos.

Dos años después, los eléctricos ya superan las 5.000 unidades dentro de un parque cercano a 6.800 vehículos.

La proporción se acerca ahora al 74%.

Pocas cifras permiten mostrar con tanta claridad el ritmo que puede alcanzar una transición cuando la incorporación deja de realizarse en lotes experimentales y pasa a ejecutarse mediante cientos de vehículos por vez.

Delhi ya superó los 5.000 colectivos eléctricos.

Pero quizás el dato más significativo no sea solamente esa cantidad.

Es haber llegado al punto en el que la excepción dentro de su sistema de transporte ya no es el colectivo eléctrico, sino el que todavía utiliza un motor de combustión.

Fuente: datos oficiales del Gobierno de Delhi citados por The Indian Express.

La Línea 29 podría modificar sus recorridos y frecuencias: Transporte abrió una instancia de participación ciudadana

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Colectivo de la Línea 29, interno 5, carrocería Mercedez-Benz OH 1618L-SB, chasis La Favorita Favorito GR, matrícula LNK353. Buenos Aires, Argentina.

La Secretaría de Transporte publicó una propuesta para modificar la operación de la Línea 29. El proyecto contempla cambios en sus tres recorridos, además de una variación de las frecuencias, aunque no prevé modificaciones en la cantidad de colectivos afectados al servicio.

La Línea 29, operada por Empresa de Transportes Pedro de Mendoza C.I.S.A., podría atravesar una importante reorganización de sus servicios. La Secretaría de Transporte de la Nación publicó este 11 de septiembre de 2026 en el Boletín Oficial un edicto mediante el cual abrió el procedimiento de participación ciudadana para analizar una propuesta de modificación de sus parámetros operativos.

Según la publicación oficial, el proyecto contempla un cambio en el recorrido A, una supresión parcial del recorrido B y una prolongación del recorrido C. Además, se prevé una variación de las frecuencias de los servicios.

Por el momento, estas modificaciones no se encuentran vigentes. El edicto forma parte del procedimiento previo mediante el cual la autoridad de aplicación pone el proyecto a consideración antes de adoptar una decisión definitiva.

La flota no tendría cambios

Uno de los puntos destacados de la propuesta es que la modificación de los recorridos no estaría acompañada por un cambio en el parque móvil autorizado.

El proyecto mantiene un máximo de 74 colectivos y un mínimo de 52 unidades para la prestación de los servicios de la Línea 29.

Esto significa que la reorganización prevista debería realizarse, al menos según la propuesta actualmente sometida a consideración, utilizando la misma cantidad máxima y mínima de vehículos establecida para la línea.

Cinco días para presentar observaciones

La publicación también abre una instancia para que usuarios, organizaciones, empresas y cualquier persona interesada puedan realizar observaciones sobre el proyecto.

A partir del día siguiente a la publicación del edicto se establece un plazo de cinco días hábiles administrativos para presentar opiniones, observaciones o sugerencias a través del sitio oficial de la Secretaría de Transporte.

Las presentaciones tendrán carácter no vinculante, aunque serán incorporadas al procedimiento administrativo antes de que se adopte una resolución sobre las modificaciones propuestas.

La instancia surge del nuevo procedimiento para modificar parámetros operativos del transporte público nacional aprobado mediante la Resolución 55/2026, que establece mecanismos de publicación y participación ciudadana para este tipo de cambios. La normativa contempla aspectos como modificaciones de recorridos, cabeceras, frecuencias y parque móvil.

Qué puede cambiar en la Línea 29

De avanzar el proyecto en los términos publicados, los principales cambios serían:

  • Recorrido A: modificación de su trazado.
  • Recorrido B: supresión parcial de una parte del recorrido.
  • Recorrido C: prolongación de su recorrido.
  • Frecuencias: modificación de los intervalos de los servicios.
  • Flota: sin cambios, manteniendo entre 52 y 74 colectivos.

La Secretaría de Transporte incorporó además al expediente un mapa con el proyecto de trazado de los diferentes servicios de la Línea 29, que forma parte de la documentación puesta a consideración pública.

Una vez finalizada la instancia de participación y evaluadas las observaciones recibidas, Transporte podrá continuar con el procedimiento administrativo que determinará si las modificaciones son finalmente autorizadas y bajo qué condiciones.

Fuente:

Boletín Oficial de la República Argentina – Secretaría de Transporte

11S: El autobus que quedó involucrado en el ataque contra las Torres Gemelas y fue restaurado

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El 11 de septiembre de 2001 cuatro aviones de pasajeros fueron capturados por terroristas islamistas. Dos de ellos impactaron contra los edificios emblema de la ciudad de Nueva York.

Se cumplen 19 años de uno de los hechos que marcaron la historia del siglo XXI: el atentado a las Torres Gemelas. Ese día, cuatro aviones de pasajeros fueron capturados por terroristas islamistas, dos de ellos fueron dirigidos contra el World Trade Center en Nueva York, uno contra el Departamento de Defensa en Washington y otro se estrelló en Pensilvania.

Los ojos del mundo entero quedaron atónitos ante las desoladoras imágenes que se podían ver. En esa jornada de 2001, cerca de 3.000 personas fallecieron y otras 6.000 resultaron heridas en los ataques, los cuales aún en la actualidad en cierto modo repercute en la política de Estados Unidos y en la forma en la que viven sus habitantes. El registro fotográfico y fílmico que fue publicado posteriormente a los atentados, son la muestra de magnitud del ataque.

 

EL AUTOBUS DEL 11 DE SEPTIEMBRE

Un autobús de NYC Transit que se encontraba frente al World Trade Center cuando cayeron ambas Torres quedó totalmente tapado de polvo.

«Este autobus tiene un lugar especial en nuestros corazones, pero aún más en esta época del año cuando todos reflexionamos sobre los trágicos eventos de esa mañana», dijo Darryl Irick, presidente del Departamento de Autobuses de MTA Bus y SVP NYC Transit. .

El operador de autobuses recientemente retirado Dominick Spinelli condujo y cuidó el número 2185 desde enero de 2006 hasta que salió de Transit en febrero después de 32 años de servicio y el autobús estuvo bajo su cuidado la mayor parte de su segunda vida.

Spinelli solía estar detrás del volante cuando el autobús estaba en servicio y, a menudo, entraba en su día libre para lavar y encerarlo.

Spinelli se refiere a 2185 como «ella» por una razón. Un día, recuerda que estaba conduciendo por Madison Avenue hacia el centro de la ciudad cuando un jinete le preguntó cuál era el nombre del bus. «Lo pensé por un momento y me di cuenta de que cada vehículo especial tiene un nombre, así que llamé al autobús Pamela en honor a una señora que conocí que murió el 11 de septiembre», dijo Spinelli. Desde entonces, 2185 ha tenido un nombre que coincide con el número de su flota.

En estos días, «Pamela» es conducida por el veterano operador de autobuses Joseph Rotundo, quien también ve al autobus histórico como algo especial. «La cuido como lo hizo Dom», dijo Rotundo. «Estoy extremadamente orgulloso de ser el conductor de Pamela, pero esa responsabilidad también viene con una gran sensación de tristeza, especialmente en esta época del año».

Este autobús se colocó en la flota histórica de la ciudad de Nueva York cuando finalizó su vida útil de servicio y se le pintó en su parte trasera «Nunca olvidar  11/09/01» y el dibujo de las Torres Gemelas.

Cubierto de polvo, cenizas y escombros que cayeron en la mañana del 11 de septiembre de 2001, el entrenador expreso de New York City Transit # 2185 podría haber sido dado de baja y enviado a la chatarra. Sin embargo, se decidió reconstruirla como un símbolo de la resistencia de NYC Transit y un ejemplo contundente de la dedicación de los empleados de la agencia.

 

Otros buses no corrieron con la misma suerte y terminaron totalmente destruidos

 

También se pueden encontrar muchas fotos previas al 11 de Septiembre de 2001 de autobuses con las Torres Gemelas detrás tomadas por turistas, fotógrafos y hasta clips de películas.

La foto, tomada desde el lado de Nueva Jersey del río Hudson, fue tomada a fines de julio de 2001, un mes antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

 

Vista del World Trade Center desde un Open Top Bus Turístico de Manhattan, Nueva York en el año 2000

 

Nueva York en 1989

 

Algunas imágenes del autobus restaurado

 

Para los coleccionistas, un usuario en Internet realizó la versión en Papel para imprimir y armar.

New York City Metropolitian Transportation Authority/New York City Transit en version papel para imprimir y armar

 

 

Fuente:

Diversos Medios en Internet

Express Coach

Revista Colectibondi presenta “Especiales”: una biblioteca visual para reunir herramientas, historias y grandes temas del transporte

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La sección concentra en un mismo espacio contenidos editoriales, plataformas de servicio, temáticas especiales y desarrollos interactivos vinculados al universo del colectivo. Una forma más visual y ordenada de explorar información que va más allá de la noticia diaria.

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Un especial puede comenzar como una recopilación de notas y después incorporar herramientas interactivas, estadísticas, mapas o nuevas fichas sin perder su lugar dentro de la plataforma.

Herramientas y contenidos editoriales, juntos

Uno de los principales objetivos de Especiales es reunir dos tipos de contenido que tradicionalmente aparecen separados: periodismo y servicio.

Actualmente la portada ya incluye herramientas como Tarifas, que permite consultar valores vigentes, aumentos, evolución histórica y un mapa interactivo por provincias; y Líneas, que concentra recorridos, frecuencias, tarifas, empresas y otros datos de las líneas de colectivos.

A ellas se suma Cuánto Sabés, un espacio de entretenimiento y conocimiento con trivias sobre colectivos y transporte público argentino.

De esta manera, dentro de una misma biblioteca pueden convivir una herramienta tarifaria, una guía de transporte, un juego, una investigación histórica o un especial dedicado a una tecnología determinada.

Una puerta de entrada a todo el ecosistema Colectibondi

Especiales también funciona como una nueva forma de recorrer Revista Colectibondi.

Un usuario puede llegar buscando cuánto cuesta un boleto y terminar explorando la historia de una línea, una tecnología de propulsión, una empresa, un evento o un contenido interactivo.

La lógica es que cada tarjeta funcione como una puerta de entrada a un tema, sin obligar al lector a buscar entre decenas de publicaciones anteriores.

Así, contenidos que antes podían quedar dispersos en el archivo periodístico pasan a tener un espacio propio, permanente y fácilmente identificable.

Contenidos que pueden actualizarse y seguir creciendo

Otra característica importante es que los Especiales no están pensados necesariamente como publicaciones cerradas.

Algunos pueden mantenerse y actualizarse de forma permanente.

Una sección sobre tarifas, por ejemplo, puede incorporar nuevos cuadros tarifarios cada vez que cambien los valores. Un especial sobre una determinada tecnología puede sumar nuevos vehículos, empresas o casos a medida que aparecen. Y un contenido histórico puede enriquecerse con nuevas imágenes, documentos o testimonios.

Eso permite convertir a Especiales en una biblioteca viva, en permanente expansión.

Una estructura preparada para nuevos temas

La plataforma fue concebida para poder incorporar progresivamente nuevos Especiales. El formato permite que cada uno tenga su propia estética y estructura, pero permanezca integrado dentro de una misma portada.

De la noticia al contenido permanente

La creación de Especiales también responde a un cambio en la forma de producir contenidos dentro de Revista Colectibondi.

Una noticia tiene un momento concreto. Se publica, informa y luego pasa al archivo.

Un Especial, en cambio, puede tomar decenas de esas publicaciones y transformarlas en un contenido de consulta permanente.

Eso permite construir grandes historias a partir del archivo periodístico acumulado por Revista Colectibondi y, al mismo tiempo, sumar nuevas herramientas digitales.

Una biblioteca para explorar el mundo del colectivo

Con esta sección, Revista Colectibondi busca ofrecer una experiencia que combine información, historia, datos, herramientas y entretenimiento.

Especiales no pretende reemplazar las noticias diarias, sino complementarlas.

Es el espacio donde una temática puede dejar de ser una sucesión de artículos para convertirse en una plataforma propia.

Un lugar para entrar por curiosidad, consultar un dato, utilizar una herramienta o simplemente seguir descubriendo historias del transporte público argentino.

Accedé a Especiales: revistacolectibondi.com.ar/especiales

El articulado eléctrico de Yutong que promete 700 kilómetros: qué hay detrás de la cifra y cómo se compara con el TramBus

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El fabricante chino presentó en Noruega la nueva versión europea del U18 BRT, un colectivo articulado de 18,72 metros capaz de transportar hasta 125 pasajeros y equipado con baterías de hasta 704 kWh. Yutong declara más de 700 kilómetros de autonomía bajo ciclo SORT2 y una recarga del 12% al 100% en alrededor de 1,3 horas. La cifra es impactante, pero no equivale a asegurar 700 kilómetros en cualquier recorrido urbano real.

Setecientos kilómetros con una sola carga.

Ese es probablemente el número que más llama la atención de la nueva versión del Yutong U18 BRT, presentada el 8 de septiembre en Stokke, Noruega, durante la inauguración del primer centro integral de servicios de la compañía china en Europa.

Pero detrás de esa cifra hay algo bastante más interesante que una simple carrera por anunciar quién fabrica el colectivo eléctrico con mayor autonomía.

El U18 es un articulado de piso bajo de 18,72 metros, 2,55 metros de ancho y 3,20 metros de alto, pensado específicamente para corredores de alta demanda y sistemas BRT. Puede transportar hasta 125 pasajeros y ofrecerse con paquetes de baterías de 579, 621 o 704 kWh, según el material presentado por el fabricante.

Con la batería más grande, Yutong declara una autonomía superior a 700 kilómetros bajo ciclo SORT2.

La palabra importante es justamente esa: SORT2.

700 kilómetros, pero ¿en qué condiciones?

La cifra no representa necesariamente lo que recorrerá todos los días un U18 cargado de pasajeros, con el aire acondicionado funcionando, detenido en embotellamientos y sometido a las temperaturas de una ciudad determinada.

SORT es una metodología estandarizada desarrollada por la UITP para comparar el consumo energético de distintos colectivos bajo condiciones reproducibles. Existen diferentes ciclos que representan distintos tipos de operación urbana y suburbana. SORT2 se ubica en una situación intermedia, con una velocidad comercial de referencia cercana a los 18 km/h.

Su utilidad es justamente permitir comparaciones técnicas. Pero una prueba normalizada no es un recorrido comercial real.

La autonomía final de un colectivo eléctrico cambia con la cantidad de pasajeros, temperatura exterior, climatización, topografía, congestión, frecuencia de frenadas y aceleraciones, velocidad promedio e incluso la forma de conducir.

Por eso, los más de 700 kilómetros deberían leerse como una cifra declarada por Yutong obtenida bajo una metodología determinada, y no como una garantía de que cualquier operador pueda enviar el vehículo a recorrer 700 kilómetros diarios sin recargarlo.

La diferencia es importante.

Tres baterías para un mismo articulado

Yutong plantea el U18 con distintas configuraciones energéticas.

El material difundido durante la presentación europea menciona baterías de 579, 621 y 704 kWh, permitiendo dimensionar el vehículo según las necesidades de cada operación. La página internacional actual de la marca ya muestra capacidades de 621 y 704 kWh, mientras que el sitio noruego todavía publica una configuración de hasta 621 kWh.

Esto también permite entender cómo se está diseñando la nueva generación de buses eléctricos.

No necesariamente tiene sentido colocar la mayor batería posible en todos los vehículos.

Un colectivo que dispone de recarga durante el día puede trabajar con un paquete menor, reduciendo peso y costo. Otro que deba completar jornadas extremadamente largas sin detenerse necesitará almacenar mucha más energía.

El U18 permite jugar con esa ecuación.

Dos enchufes y hasta 300 kW

La unidad exhibida en Noruega incorpora recarga mediante dos conectores.

La ficha presentada junto al vehículo señala una capacidad de carga de 300 kW, mientras que la documentación de Yutong especifica hasta 500 amperes utilizando un conector y 1.000 amperes al utilizar ambos simultáneamente.

Según el fabricante, en esas condiciones es posible llevar la batería del 12% al 100% en aproximadamente 1,3 horas.

Para un colectivo urbano, el dato puede ser tan importante como la autonomía.

Un vehículo capaz de recuperar rápidamente cientos de kilovatios-hora puede modificar completamente la planificación de una flota: permitir cargas parciales entre turnos, reducir el tiempo inmovilizado y, eventualmente, disminuir la cantidad de unidades necesarias para cubrir una determinada programación.

Claro que esa velocidad tampoco depende solamente del colectivo.

Hace falta infraestructura eléctrica capaz de entregar semejante potencia.

Y allí empieza otra parte de la electrificación que muchas veces queda fuera de la fotografía del vehículo: subestaciones, cargadores, potencia contratada, instalaciones en depósitos y gestión de demanda.

125 pasajeros y 18,72 metros

El U18 se ubica en otro nivel respecto de los colectivos eléctricos rígidos de 12 metros que hoy concentran buena parte del mercado.

Yutong declara una capacidad máxima de 125 pasajeros, con hasta 46 plazas sentadas para la unidad exhibida. Su peso máximo autorizado alcanza las 30 toneladas y la velocidad máxima es de 70 km/h.

La configuración está orientada especialmente a corredores troncales donde una unidad convencional puede resultar insuficiente.

Es, en definitiva, un vehículo pensado para hacer con electricidad el trabajo que actualmente realizan muchos articulados diésel o a gas en sistemas BRT.

Y eso lo vuelve particularmente interesante para Buenos Aires.

¿Cómo queda frente al TramBus porteño?

La comparación aparece casi automáticamente.

Buenos Aires está construyendo actualmente su propio Sistema TramBus, cuya primera traza T1 unirá Nueva Pompeya con Aeroparque mediante un corredor de aproximadamente 20 kilómetros, 71 paradores y frecuencias proyectadas de cuatro minutos en hora pico.

Los dos conceptos comparten varias ideas: propulsión completamente eléctrica, circulación sobre neumáticos, piso bajo, prioridad para corredores de alta demanda y una lógica que intenta acercar parte de la experiencia de un tranvía sin utilizar vías.

Pero técnicamente no corresponde comparar el U18 presentado en Noruega con los primeros TramBus porteños como si fueran equivalentes.

Los vehículos iniciales de Buenos Aires son rígidos de alrededor de 12 metros, mientras que el U18 es un articulado de 18,72 metros.

El Gobierno porteño informa oficialmente una autonomía mínima de 270 kilómetros para las unidades del sistema y señala que los vehículos son fabricados en Argentina.

El proyecto contempla también una etapa con articulados de aproximadamente 18 metros y capacidad cercana a 120 pasajeros, mucho más comparable por tamaño y función con el U18. Información publicada sobre el proyecto atribuye a esos futuros articulados una autonomía de hasta aproximadamente 350 kilómetros, aunque la página oficial de características del TramBus actualmente sólo establece el piso general de 270 kilómetros y no publica la capacidad de sus baterías.

Por eso, enfrentar simplemente “700 km contra 270 km” sería engañoso.

No conocemos en ambos casos un ensayo realizado bajo exactamente el mismo ciclo, carga, climatización y condiciones operativas.

La batería más grande no necesariamente gana

Existe además otra cuestión.

Duplicar aproximadamente la autonomía de un colectivo no significa automáticamente duplicar su utilidad.

Las baterías agregan peso y representan una parte importante del costo de un vehículo eléctrico.

Un colectivo urbano que recorre 250 kilómetros diarios probablemente no necesite llevar energía para recorrer 700.

En cambio, para operaciones extremadamente intensivas, largas jornadas sin recarga o rutas donde instalar infraestructura intermedia resulta difícil, disponer de una reserva energética enorme puede convertirse en una ventaja decisiva.

La pregunta correcta, entonces, no debería ser únicamente qué colectivo tiene más autonomía.

Debería ser: cuánta autonomía necesita realmente cada corredor para operar todo el día al menor costo posible.

Ese cambio de perspectiva es central a medida que las ciudades comienzan a electrificar flotas completas.

Un sistema eléctrico cada vez más integrado

La presentación del U18 estuvo acompañada por otra noticia que ayuda a entender la estrategia de Yutong en Europa.

La compañía inauguró en Stokke su primer centro integral europeo de servicios, sobre una superficie de 38.941 metros cuadrados.

El complejo concentra reparación, inspección de vehículos, gestión de repuestos y capacitación técnica para colectivos eléctricos. Dispone de siete puestos estandarizados de mantenimiento, instalaciones específicas para sistemas de alta tensión y una línea de inspección preparada de acuerdo con estándares europeos.

También cuenta con un depósito de repuestos de 2.300 metros cuadrados, alrededor de 4.500 referencias almacenadas y un stock que, según la información difundida, alcanza un valor de aproximadamente 8,5 millones de euros.

El dato es relevante porque vender colectivos eléctricos ya no consiste solamente en entregar vehículos.

A medida que las flotas crecen, se vuelve indispensable construir detrás una infraestructura de repuestos, diagnóstico de alta tensión, capacitación, baterías y asistencia técnica especializada.

Yutong también mira a la Argentina

La presentación ocurrió a más de 12.000 kilómetros de Buenos Aires y no existe por ahora ningún anuncio de llegada del U18 BRT a la Argentina.

Pero la comparación resulta pertinente porque Yutong ya tiene presencia comercial en el país.

Su oferta argentina incluye actualmente un colectivo urbano de piso bajo 100% a GNC, el ZK6128HG, y también promociona un modelo eléctrico ZK6128BEVG.

El U18 muestra hasta dónde llega el catálogo tecnológico que la compañía posee fuera del mercado local.

Y, especialmente, qué tipo de vehículo podría competir en el futuro dentro de corredores argentinos donde un colectivo rígido resulte insuficiente.

El verdadero dato no son solamente los 700 kilómetros

El titular más llamativo será inevitablemente la autonomía.

Pero quizá no sea la característica más importante del nuevo Yutong.

El U18 concentra en un único vehículo 18,72 metros de longitud, hasta 125 pasajeros, una batería máxima de 704 kWh, recarga mediante doble conector y una arquitectura específicamente desarrollada para corredores BRT de gran capacidad.

Es decir, demuestra que el colectivo eléctrico ya no está limitado a unidades pequeñas o servicios de baja exigencia.

La industria empieza a ofrecer vehículos capaces de reemplazar a los articulados convencionales en algunos de los corredores urbanos más intensivos.

Los más de 700 kilómetros bajo SORT2 son una señal de hasta dónde avanzó la tecnología de baterías.

Pero para Buenos Aires la pregunta verdaderamente interesante quizás sea otra.

¿Necesita un TramBus recorrer 700 kilómetros sin cargar, o conviene utilizar una batería más pequeña y aprovechar mejor la infraestructura de recarga?

Esa discusión —autonomía contra peso, costo, infraestructura y operación— probablemente termine siendo mucho más importante que cualquier récord anunciado en una ficha técnica.

Porque la próxima competencia entre colectivos eléctricos no se definirá simplemente por quién lleva la batería más grande.

Se definirá por quién logra transportar más pasajeros, durante más horas y al menor costo energético por kilómetro.

SUBE 2026: el colectivo concentra el 85% de los viajes del AMBA y aparece en 93 de cada 100 tarjetas activas

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El cruce de tres bases oficiales de SUBE permite dimensionar el peso real del transporte automotor en la movilidad metropolitana. Entre enero y julio de 2026 se registraron más de 1.549 millones de validaciones en el AMBA: 1.323 millones correspondieron a colectivos. En un día promedio, unas 2,58 millones de tarjetas utilizaron el colectivo.

La tarjeta SUBE permite observar el transporte público desde dos lugares distintos. Por un lado, cuántas tarjetas efectivamente aparecen en el sistema cada día. Por el otro, cuántas veces esas tarjetas son utilizadas.

Al cruzar ambas variables surge una radiografía particularmente clara del Área Metropolitana de Buenos Aires: pese a la convivencia con trenes y subtes, el colectivo continúa siendo, por amplio margen, el principal sostén de la movilidad cotidiana.

Un análisis realizado por Revista Colectibondi sobre tres bases oficiales de SUBE correspondientes a 2026 muestra que, entre el 1 de enero y el 31 de julio, se realizaron en el AMBA 1.549.081.458 validaciones.

De ellas, nada menos que 1.323.237.549 correspondieron a colectivos.

Es decir que el transporte automotor explicó aproximadamente el 85,4% de todos los usos SUBE registrados en el AMBA durante los primeros siete meses del año.

Los trenes acumularon unos 151,1 millones de usos, equivalentes al 9,8%, mientras que el subte reunió aproximadamente 74,7 millones, o el 4,8%.

La diferencia permite poner en perspectiva el tamaño del sistema de colectivos: de cada diez operaciones SUBE efectuadas en el transporte público metropolitano, más de ocho pasaron por la validadora de un colectivo.

7,3 millones de validaciones por día

Distribuidos sobre los 212 días comprendidos entre enero y julio, el sistema de transporte público del AMBA registró un promedio de aproximadamente 7,31 millones de validaciones SUBE diarias.

Solo los colectivos aportaron 6,24 millones por día.

Los trenes promediaron cerca de 713.000 operaciones diarias, mientras que el subte se ubicó alrededor de las 352.000.

Pero contar viajes es apenas una parte de la historia.

La segunda base de datos permite conocer cuántas tarjetas diferentes estuvieron activas cada jornada.

Durante esos siete meses hubo en el AMBA un promedio de aproximadamente 2.758.700 tarjetas activas por día.

De ellas, unas 2.577.400 utilizaron al menos un colectivo.

Esto significa que, tomando el conjunto del período, el equivalente al 93,4% de las tarjetas activas del AMBA registró utilización del colectivo.

El porcentaje no debe sumarse con los correspondientes a trenes y subtes, porque una misma tarjeta puede utilizar varios modos durante una misma jornada. Precisamente allí aparece otra característica fundamental de la movilidad metropolitana: la combinación entre medios.

Cada tarjeta activa genera 2,65 operaciones diarias

Cuando se cruzan las dos bases —cantidad de tarjetas y cantidad de transacciones— aparece otro indicador interesante.

Las 7,31 millones de validaciones diarias frente a las 2,76 millones de tarjetas activas arrojan una relación promedio de aproximadamente 2,65 operaciones SUBE por tarjeta activa y por día.

En los colectivos, la relación fue cercana a 2,42 validaciones diarias por cada tarjeta que utilizó ese modo.

La cifra refleja tanto los viajes de ida y vuelta como cadenas de desplazamientos más complejas y combinaciones entre diferentes servicios.

No significa necesariamente que cada pasajero realice exactamente esa cantidad de viajes: se trata de una relación estadística entre validaciones y tarjetas únicas activas durante una jornada.

El AMBA representa tres de cada cuatro usos SUBE del país

El peso metropolitano también queda expuesto al comparar las operaciones realizadas dentro y fuera del AMBA.

Entre enero y julio, la red SUBE registró aproximadamente 2.024 millones de transacciones en todo el país.

De ellas, 1.549 millones ocurrieron en el AMBA.

En otras palabras, el área metropolitana concentró aproximadamente el 76,5% de todas las validaciones registradas por SUBE durante el período.

Fuera del AMBA se contabilizaron alrededor de 474,8 millones de transacciones.

La diferencia también aparece en la intensidad de utilización. En el AMBA se registraron alrededor de 2,65 operaciones por tarjeta activa diaria, mientras que fuera del área metropolitana la relación quedó en aproximadamente 2,14.

El dato refuerza una característica histórica de Buenos Aires: no solo concentra una enorme cantidad de pasajeros, sino que posee una red en la que los usuarios utilizan el transporte público con mayor frecuencia y combinan más servicios.

Marzo, abril y junio: los meses de mayor movimiento

La evolución mensual muestra además el efecto que tiene el calendario sobre la demanda.

Enero comenzó con aproximadamente 6,28 millones de validaciones diarias, mientras que febrero promedió 6,43 millones.

Con la recuperación plena de la actividad laboral y educativa, marzo saltó hasta los 7,85 millones diarios.

Abril fue el mes con mayor promedio del período analizado, con aproximadamente 8,02 millones de operaciones diarias, seguido muy de cerca por junio, con 7,99 millones.

Julio volvió a descender hasta alrededor de 6,91 millones por día.

La cantidad de tarjetas activas acompañó ese comportamiento: pasó de un promedio de 2,29 millones por día en enero a más de 3,06 millones en abril.

Miércoles, el día más intenso

Otra lectura aparece al ordenar la información según el día de la semana.

Considerando todos los días entre enero y julio, los miércoles registraron el mayor promedio: alrededor de 3,44 millones de tarjetas activas y 9,18 millones de validaciones.

Los domingos muestran el extremo contrario, con aproximadamente 1,16 millones de tarjetas y 2,72 millones de operaciones.

La diferencia permite dimensionar cuánto depende el sistema de los patrones laborales, educativos y comerciales de la semana.

El colectivo, columna vertebral de la movilidad metropolitana

Las tres bases tomadas aisladamente muestran cantidades de tarjetas, viajes y modos de transporte.

Cruzadas entre sí cuentan una historia bastante más contundente.

El colectivo no solamente lidera el número de validaciones: es utilizado durante un día promedio por más de 2,5 millones de tarjetas diferentes, aparece en más del 93% de las jornadas-tarjeta registradas en el AMBA y concentra más del 85% de las operaciones SUBE.

Trenes y subtes son piezas fundamentales de la red y transportan enormes volúmenes de pasajeros, especialmente sobre determinados corredores. Sin embargo, la capilaridad de las líneas de colectivos mantiene al transporte automotor como el modo que articula prácticamente todo el sistema.

Y esa puede ser probablemente la conclusión más significativa que dejan los datos de 2026: mientras la discusión pública suele concentrarse en grandes obras ferroviarias, nuevas tecnologías o infraestructura, la mayor parte de la movilidad cotidiana del AMBA continúa ocurriendo arriba de un colectivo.

Metodología

El análisis utiliza las bases oficiales “SUBE – Cantidad de tarjetas (usuarios) por día en AMBA”, “SUBE – Cantidad de transacciones (usos) por fecha” y “SUBE – Cantidad de tarjetas (usuarios) por fecha”. Para evitar distorsiones se tomó como período consolidado el comprendido entre el 1 de enero y el 31 de julio de 2026.

Los registros disponibles entre el 1 y el 25 de agosto están identificados como preliminares y no fueron incorporados a los principales acumulados de esta nota.

El TramBus empieza a pintar de rojo Buenos Aires: qué significan las nuevas marcas que aparecen en las calles

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En distintos puntos de la Ciudad ya comenzó a aparecer la demarcación roja que identificará el recorrido de la futura T1. La línea eléctrica unirá Nueva Pompeya con Aeroparque a lo largo de unos 20 kilómetros, tendrá carriles exclusivos y preferenciales y contará con prioridad semafórica.

Quienes durante los últimos días circularon por algunos sectores de Buenos Aires pudieron encontrarse con una novedad sobre el asfalto: grandes superficies y líneas pintadas de rojo comenzaron a aparecer en avenidas que formarán parte del recorrido del TramBus.

No se trata simplemente de una nueva señalización vial. La demarcación forma parte de la infraestructura que está preparando la Ciudad para la T1, la primera línea del nuevo sistema de transporte eléctrico, que conectará el Centro de Trasbordo Sáenz, en Nueva Pompeya, con Aeroparque Jorge Newbery.

Desde el Ministerio de Movilidad e Infraestructura explicaron que el rojo fue elegido porque es el color utilizado en Buenos Aires para identificar los espacios destinados prioritariamente al transporte público. En el caso del TramBus tendrá además una función clara: permitirá reconocer visualmente su recorrido a lo largo de los diferentes sectores de la traza.

No todo el recorrido funcionará de la misma manera

Uno de los puntos importantes es que la aparición del rojo no significa necesariamente que toda la T1 vaya a circular dentro de un corredor físicamente segregado del resto del tránsito.

El recorrido atraviesa avenidas y calles con configuraciones muy diferentes, por lo que se utilizarán distintas soluciones. Habrá sectores con carriles exclusivos, otros con carriles preferenciales y también tramos donde el nuevo servicio aprovechará infraestructura de transporte público que ya existe.

De los aproximadamente 20 kilómetros que tendrá la T1, unos cinco kilómetros ya contaban previamente con carriles destinados al transporte público, mientras que el resto forma parte de las intervenciones que se están ejecutando para crear el nuevo corredor.

Además, los carriles no serán necesariamente exclusivos de las unidades del TramBus: según explicó la Ciudad, también podrán ser utilizados por otras líneas de colectivos que circulen por los corredores involucrados.

Semáforos que darán prioridad al TramBus

La pintura roja será apenas la parte más visible de un sistema que también incorporará modificaciones en la gestión del tránsito.

La T1 contará con semáforos inteligentes que permitirán otorgar prioridad de paso al transporte público en las principales intersecciones. El objetivo es reducir las detenciones innecesarias y conseguir velocidades comerciales mayores que las de un colectivo convencional circulando entre el tránsito general.

De esta manera, el TramBus intentará acercarse conceptualmente a un sistema de transporte rápido en superficie: vehículos eléctricos, paradas determinadas, carriles prioritarios y gestión semafórica coordinada.

La estimación oficial indica que la combinación de estas medidas podría permitir reducir hasta un 40% los tiempos de viaje. Un recorrido que actualmente puede requerir alrededor de una hora y 40 minutos utilizando transporte público podría realizarse en aproximadamente una hora y cinco minutos con la T1.

71 paradores a lo largo de la Ciudad

La infraestructura del TramBus también incluirá 71 paradores, distribuidos aproximadamente cada 500 metros.

De acuerdo con el esquema previsto, habrá estaciones ubicadas tanto sobre las veredas como en el centro de la calzada. Además, algunos puntos de mayor demanda o de intercambio con otros medios tendrán paradores de diseño especial.

A fines de julio, la Ciudad informaba que 52 de los 71 paradores ya estaban en ejecución, como parte de los diferentes frentes de obra desplegados sobre el recorrido.

La frecuencia prevista durante las horas pico será de aproximadamente un vehículo cada cuatro minutos, mientras que la proyección oficial apunta a unos 50.000 pasajeros diarios.

De Pompeya a Aeroparque

La T1 tendrá su cabecera sur en el Centro de Trasbordo Sáenz, en Nueva Pompeya, y atravesará buena parte de Buenos Aires hasta alcanzar Aeroparque.

El recorrido incluirá sectores de avenidas como Sáenz, La Plata, Rivadavia, Ángel Gallardo y Juan B. Justo, continuará hacia Palermo y finalmente llegará a la Costanera. Debido a las características de la trama urbana, en algunos sectores los recorridos de ida y vuelta utilizarán arterias diferentes.

Uno de los principales argumentos del proyecto es su integración con la red existente. La T1 permitirá combinar con las cinco líneas de Subte —A, B, D, E y H—, además de conectarse con estaciones de los ferrocarriles Sarmiento, San Martín, Mitre y Belgrano Sur y con diferentes corredores de Metrobus.

Un colectivo eléctrico con características de sistema rápido

Aunque su nombre pueda asociarlo con un tranvía, el TramBus no circulará sobre rieles. Se trata de vehículos eléctricos sobre neumáticos que utilizarán la infraestructura vial de la Ciudad, aunque con distintas medidas destinadas a otorgarles prioridad.

La primera línea empleará unidades 100% eléctricas, silenciosas y de piso bajo. La planificación contempla vehículos convencionales de alrededor de 12 metros y unidades articuladas de aproximadamente 18 metros, estas últimas con capacidad para transportar hasta unos 120 pasajeros.

El concepto busca funcionar como complemento de la red de Subte, Metrobus y colectivos y, al mismo tiempo, avanzar en la electrificación del transporte público porteño.

El rojo, la primera señal visible de un cambio mayor

Hasta ahora buena parte del proyecto podía observarse principalmente a través de obras, repavimentaciones y construcción de paradores. La aparición de los carriles rojos introduce otro elemento: empieza a hacer reconocible sobre la propia calle el futuro recorrido del sistema.

Durante las próximas semanas esa imagen comenzará a repetirse en diferentes barrios.

Y detrás de esa franja roja habrá bastante más que pintura: nuevos carriles para transporte público, paradores, modificaciones de circulación y estacionamiento, prioridad semafórica y una nueva línea eléctrica que atravesará Buenos Aires de sur a norte.

De hecho, la llegada de la T1 ya provoca cambios concretos en algunas zonas. Desde el 15 de septiembre, por ejemplo, la Ciudad modificará sentidos de circulación y normas de estacionamiento en sectores de Almagro y Caballito vinculados a la nueva traza.

El TramBus todavía no comenzó a transportar pasajeros, pero su recorrido ya empieza a quedar marcado sobre el asfalto porteño.

Crucero del Norte suspendió sus salidas desde Buenos Aires y crece la incertidumbre sobre una histórica empresa de larga distancia

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La compañía informó un cese de actividades “hasta nuevo aviso” y dejó sin salidas sus servicios desde Buenos Aires. La decisión llega pocas semanas después de un conflicto con trabajadores por salarios y aportes adeudados. Con más de 75 años de historia, Crucero del Norte llegó a convertirse en una de las empresas de transporte de pasajeros más importantes del Nordeste argentino, con servicios nacionales e internacionales.

Una de las empresas históricas del transporte argentino atraviesa un momento de fuerte incertidumbre. Crucero del Norte suspendió hasta nuevo aviso todos sus servicios con salida desde Buenos Aires, según comunicó oficialmente la compañía a pasajeros y agencias de viajes.

“Debido a un cese de actividades dispuesto por la empresa Crucero del Norte S.R.L., ningún servicio de la empresa tendrá salida desde Buenos Aires hasta nuevo aviso”, informó la firma, sin precisar públicamente las causas de la decisión ni una fecha estimada para la normalización de la operación.

La medida impacta especialmente sobre la histórica conexión entre Retiro y Posadas, uno de los corredores centrales de la empresa y un vínculo terrestre clave entre Buenos Aires y Misiones.

Medios misioneros informaron además que se interrumpió la comercialización de pasajes para el corredor Posadas–Buenos Aires, tanto en boleterías como a través de la plataforma online de la compañía.

Qué pasará con quienes ya tienen pasajes

Crucero del Norte informó que su Call Center comenzará a comunicarse progresivamente con los pasajeros que tengan boletos comprados para brindar información sobre cada servicio y gestionar devoluciones o reprogramaciones.

Por ahora, no existe una fecha pública para la reanudación de las salidas.

La situación también comenzó a generar interrogantes en otros puntos de la red. En Puerto Iguazú, por ejemplo, medios locales informaron el miércoles 9 de septiembre que la oficina de la compañía permanecía cerrada y que no había precisiones respecto de qué recorridos continuaban operativos.

Un conflicto que venía escalando

La suspensión no aparece como un episodio aislado.

El 26 de agosto, trabajadores de Crucero del Norte habían realizado una retención de tareas en la sede de la empresa ubicada sobre la Ruta Nacional 12, en Garupá, Misiones.

El reclamo estaba relacionado con el atraso en el pago de salarios y aportes. De acuerdo con declaraciones de representantes gremiales realizadas en ese momento, parte de los trabajadores había percibido solamente alrededor del 50% de sus haberes. La protesta alcanzó a conductores, mecánicos, lavadores, personal administrativo, tráfico y empleados de boleterías.

Durante aquella jornada, delegados de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) permanecieron en los accesos de las instalaciones y se interrumpió el movimiento normal de los ómnibus.

Semanas después llegó ahora una decisión de mayor alcance: el cese dispuesto por la propia empresa y la suspensión de las salidas desde Buenos Aires.

Hasta el momento, Crucero del Norte no vinculó oficialmente ambas situaciones ni detalló las razones empresariales que llevaron a la suspensión, por lo que cualquier explicación más amplia sobre el futuro de la compañía permanece, por ahora, en el terreno de la incertidumbre.

De un viejo Chevrolet a una de las grandes empresas del transporte argentino

El impacto de la noticia adquiere otra dimensión al observar la historia de Crucero del Norte.

La compañía nació en 1949, cuando Demetrio Koropeski comenzó a transportar pasajeros con un Chevrolet adaptado para realizar el recorrido entre Apóstoles y Santo Tomé, de aproximadamente 80 kilómetros.

Koropeski llegó a desempeñarse personalmente como conductor, guarda y mecánico de aquel primer vehículo. La pequeña empresa se llamaba entonces El Crucero.

Con el paso de los años el recorrido se extendió hacia Posadas, pasando por localidades como La Cruz, Gobernador Virasoro, Alvear y Yapeyú.

En 1962, los talleres fueron trasladados a Posadas y la compañía adoptó el nombre con el que se haría conocida en todo el país: Crucero del Norte.

Su crecimiento acompañó el desarrollo del transporte de larga distancia argentino. La empresa fue ampliando rutas, incorporando servicios nacionales e internacionales y construyendo una presencia especialmente fuerte en Misiones y el Nordeste.

En el año 2000 inauguró su propia terminal en Garupá, que se convirtió en uno de los principales centros operativos de la compañía.

A lo largo de su historia, el grupo también se expandió hacia otras actividades relacionadas con el transporte, la logística, el turismo y los servicios, transformándose en una de las compañías empresariales más reconocibles de Misiones.

Permisos internacionales renovados en 2026

La situación actual presenta además una particularidad: durante este mismo año el Gobierno nacional renovó permisos internacionales de Crucero del Norte por otros diez años.

Mediante la Resolución 55/2026, publicada en enero, se prorrogó la autorización de servicios internacionales vinculados con Paraguay y Brasil. Entre los servicios incluidos aparecen la línea La Plata–Asunción–Villarrica, con ingreso a Retiro, y la conexión Salta–Florianópolis, con un servicio fraccionado entre Posadas y Florianópolis.

Posteriormente, mediante la Resolución 879/2026, publicada el 1° de julio, el Ministerio de Economía volvió a prorrogar por diez años otro permiso de explotación internacional de la compañía relacionado con servicios hacia Paraguay.

Las resoluciones muestran que, desde el punto de vista regulatorio, la empresa continuaba contando durante 2026 con autorizaciones para mantener parte de su extensa red internacional.

Una histórica marca del larga distancia, ante un futuro incierto

Durante décadas, los ómnibus de Crucero del Norte se transformaron en una postal habitual de las rutas argentinas y particularmente del corredor que conecta Buenos Aires con Corrientes y Misiones.

Por eso, la suspensión de los servicios desde Buenos Aires trasciende un inconveniente operativo puntual.

La combinación del reciente conflicto salarial, la interrupción de servicios y la ausencia de una fecha concreta para su restablecimiento abre interrogantes sobre cómo continuará la operación de una empresa con más de siete décadas y media de presencia en el transporte argentino.

Por el momento, la compañía habla de una suspensión “hasta nuevo aviso” y mantiene abierto el procedimiento de devolución y reprogramación de pasajes.

La incógnita ahora es cuándo volverán a salir los micros de Crucero del Norte desde Buenos Aires y, sobre todo, qué alcance tendrá finalmente el proceso que atraviesa una de las marcas históricas del transporte de larga distancia del país.

YPF vende Metroenergía a Edenor por US$780 millones: Qué puede cambiar para los colectivos a GNC

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La petrolera aceptó una oferta de Edenor por su participación en MetroGAS y MetroENERGÍA. La operación asciende a US$780 millones y, si obtiene las autorizaciones regulatorias pendientes, significará la salida definitiva de YPF de ambas compañías. MetroGAS abastece a más de 2,4 millones de clientes y dentro de su área funcionan más de 300 estaciones de GNC. El cambio de accionista, sin embargo, no implica por sí solo modificaciones en el precio del combustible.

Una de las mayores distribuidoras de gas del país está camino a cambiar de controlante.

YPF acordó vender a Edenor su participación en MetroGAS y MetroENERGÍA por US$780 millones, según quedó confirmado oficialmente en la Resolución 1469/2026 del Ministerio de Economía, publicada el 8 de septiembre en el Boletín Oficial.

El documento revela que el proceso se definió el 10 de agosto de 2026, cuando YPF aceptó la oferta presentada por Empresa Distribuidora y Comercializadora Norte S.A. —Edenor—.

La transacción comprende el 70% del capital social y los derechos de voto de MetroGAS que posee YPF, junto con el 5% del capital de MetroENERGÍA que mantiene directamente la petrolera.

Al completarse la operación, YPF se desprenderá de la totalidad de su participación accionaria en ambas sociedades.

Pero todavía existe una palabra importante: “si”.

El acuerdo no está cerrado definitivamente. Su perfeccionamiento depende del cumplimiento de distintas condiciones y autorizaciones regulatorias, incluida la intervención del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE).

Una operación de US$780 millones

El precio oficial de la transacción asciende a US$780 millones.

La cifra termina además con meses de especulaciones alrededor de uno de los activos energéticos más importantes que YPF había decidido poner en venta.

El proceso competitivo contó con distintos interesados y finalmente Edenor presentó la propuesta elegida por la petrolera.

De concretarse, una compañía identificada principalmente con la distribución eléctrica pasará a controlar también la principal distribuidora de gas natural del país por cantidad de usuarios.

MetroGAS dispone de una red de aproximadamente 18.500 kilómetros de cañerías y al cierre de 2024 registraba unos 2,43 millones de clientes. Su área de servicio comprende la Ciudad de Buenos Aires y once municipios del sur y sudoeste del conurbano bonaerense.

Se trata, por lo tanto, de mucho más que una compraventa entre empresas.

La operación mueve una pieza central de la infraestructura energética del AMBA.

De la electricidad al gas

Edenor es la distribuidora eléctrica que atiende el norte y noroeste del Área Metropolitana de Buenos Aires.

MetroGAS, en cambio, tiene su principal presencia en la Ciudad de Buenos Aires y el sur del conurbano.

Si la operación recibe las aprobaciones correspondientes, quedarán así vinculados bajo un mismo grupo intereses en dos de los servicios energéticos de red más importantes de la región: electricidad y gas natural.

Eso no significa que ambos negocios vayan a fusionarse ni que desaparezcan sus respectivos marcos regulatorios.

Edenor seguirá operando bajo las normas correspondientes al servicio eléctrico y MetroGAS bajo las que regulan la distribución de gas.

Pero desde el punto de vista empresario, el acuerdo representa una integración relevante dentro del mercado energético argentino y seguramente será uno de los aspectos que deberán analizar los organismos regulatorios antes del cierre.

Por qué YPF tenía que desprenderse de MetroGAS

La historia detrás de la venta también explica una particularidad de la industria del gas.

El artículo 34 de la Ley 24.076 establece restricciones para evitar que un productor de gas pueda tener simultáneamente una participación controlante en una distribuidora.

La intención es separar distintos eslabones del negocio y evitar situaciones en las que una compañía pueda influir sobre la producción y al mismo tiempo controlar la distribución hacia los consumidores.

YPF, que es uno de los principales productores de gas natural del país, controla MetroGAS desde 2012.

En 2016, el entonces ENARGAS ordenó avanzar con una adecuación de esa estructura accionaria y posteriormente, en 2018, mantuvo la exigencia de desinversión.

El proceso terminó demorándose durante años.

Ahora, paradójicamente, mientras YPF finalmente tiene en marcha una operación concreta para desprenderse de MetroGAS, el Ministerio de Economía decidió suspender temporalmente aquella antigua obligación de desinversión.

¿Por qué Economía suspendió una obligación cuando YPF ya está vendiendo?

Porque el contexto regulatorio cambió.

La Resolución 1469/2026 sostiene que buena parte del mercado mayorista del gas actualmente funciona bajo el esquema del Plan Gas.Ar, donde volúmenes, precios y mecanismos de contratación están sujetos a procedimientos definidos por el Estado.

El propio documento aporta un número significativo: entre enero de 2024 y marzo de 2026, aproximadamente el 68% de la producción promedio nacional de gas natural correspondió a volúmenes provenientes de contratos celebrados bajo el Plan Gas.Ar.

Según el argumento oficial, ese nivel de regulación reduce actualmente la posibilidad de que YPF y MetroGAS pudieran negociar libremente condiciones preferenciales capaces de perjudicar a los usuarios.

De hecho, los informes citados por Economía indican que durante 2024 y 2025 MetroGAS no realizó adquisiciones a YPF mediante modalidades spot o fuera del esquema principal de abastecimiento del Plan Gas.Ar.

Por ese motivo, Economía suspendió los efectos de las antiguas disposiciones de desinversión hasta la finalización de la vigencia del Plan Gas.Ar o hasta que se perfeccione la venta actualmente en curso, lo que ocurra primero.

En la práctica, la medida evita que una antigua orden administrativa interfiera con el proceso mediante el cual YPF justamente está intentando concretar ahora su salida.

¿Qué tiene que ver todo esto con el GNC?

Mucho más de lo que podría parecer inicialmente.

MetroGAS no abastece únicamente hogares, comercios e industrias.

Dentro de su área de distribución funcionan más de 300 estaciones de servicio de GNC habilitadas, y la propia empresa calcula que el parque automotor convertido a gas supera los 300.000 vehículos en su zona de influencia.

Sus balances también muestran la magnitud específica de este segmento: al cierre de 2024 contabilizaba 314 clientes correspondientes a Gas Natural Comprimido dentro de su actividad regulada.

Para el transporte, esto adquiere una relevancia adicional.

El GNC está extendido desde hace décadas entre automóviles y taxis, pero además atraviesa una nueva etapa de crecimiento dentro del transporte pesado y urbano.

En los últimos años comenzaron a incorporarse al país colectivos, camiones y otros vehículos pesados diseñados específicamente para funcionar con gas natural.

Por eso, quién opera y cómo invierte una red de distribución de esta magnitud resulta un dato estratégico también para el futuro de la movilidad.

¿Puede cambiar el precio del GNC por esta venta?

No automáticamente.

Ese es probablemente el punto más importante para diferenciar.

Que Edenor compre MetroGAS no significa que el precio del GNC de las estaciones abastecidas por la distribuidora vaya a modificarse como consecuencia directa de la operación.

Las tarifas de distribución de gas continúan sujetas al marco regulatorio correspondiente y MetroGAS dispone de cuadros específicos para usuarios GNC aprobados dentro de ese sistema.

Además, el precio que finalmente paga un automovilista en un surtidor depende de otros componentes comerciales, tributarios y de abastecimiento.

Por eso sería incorrecto concluir que la adquisición implicará un aumento —o una reducción— del valor del metro cúbico.

La consecuencia inmediata es accionaria, no tarifaria.

Entonces, ¿qué debería observar el transporte?

Más que el precio de mañana, habrá que mirar las inversiones de los próximos años.

Si continúa expandiéndose el uso del gas natural en colectivos y camiones, las redes deberán estar preparadas para soportar nuevas demandas, particularmente en estaciones capaces de abastecer vehículos pesados y grandes flotas.

Eso requiere capacidad de distribución, nuevas instalaciones, presión adecuada, compresión y emplazamientos capaces de manejar volúmenes considerablemente superiores a los de un automóvil particular.

La propia MetroGAS destaca que existen condiciones técnicas específicas para desarrollar instalaciones destinadas a vehículos de carga y pasajeros.

Por eso, desde el punto de vista de la movilidad, una de las preguntas interesantes para la futura gestión será si el nuevo controlante buscará potenciar inversiones vinculadas con esta demanda.

Gas y electricidad bajo una misma mirada empresaria

Existe además una curiosidad difícil de ignorar pensando en el transporte que viene.

Mientras MetroGAS forma parte de la infraestructura necesaria para abastecer vehículos a GNC, Edenor administra redes eléctricas en una región donde comienza a crecer la discusión sobre electromovilidad, cargadores rápidos y electrificación de flotas.

Son tecnologías diferentes y negocios regulados separados.

Pero ambas aparecen cada vez con mayor frecuencia dentro del mismo debate: cómo sustituir progresivamente el uso de combustibles líquidos en el transporte.

Una empresa vinculada simultáneamente con grandes redes de gas y electricidad se encontrará, indirectamente, frente a las dos principales alternativas energéticas que hoy compiten por distintos segmentos de la movilidad de bajas emisiones locales.

Eso tampoco permite anticipar una estrategia empresarial determinada.

Pero sí convierte a la operación en algo particularmente interesante para seguir desde el sector transporte.

Una operación que todavía debe pasar por los reguladores

Por ahora, el cambio tiene un punto de partida concreto: YPF aceptó vender sus participaciones por US$780 millones.

El Boletín Oficial confirma comprador, precio, porcentajes involucrados y la decisión de la petrolera de abandonar completamente su participación accionaria en MetroGAS y MetroENERGÍA.

Lo que todavía no confirma es el cierre. Antes deberán completarse las autorizaciones regulatorias correspondientes.

Será allí donde deberán analizarse las consecuencias de una operación que reúne bajo una misma estructura empresarial activos centrales de la distribución de electricidad y gas del AMBA.

Para el transporte, entretanto, no hay motivos para anticipar cambios inmediatos en el precio del GNC.

Pero sí existe una razón para seguir el proceso de cerca.

MetroGAS abastece una región con más de 300 estaciones de GNC y más de 300.000 vehículos que utilizan ese combustible.

Y en un momento en el que colectivos y camiones vuelven a mirar al gas natural como una alternativa al diésel, el futuro de una de las principales redes gasíferas del país también forma parte, inevitablemente, de la discusión sobre con qué energía se moverá el transporte argentino durante los próximos años.

 

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Belice quiere llevar su nueva empresa nacional de colectivos a una flota 100% eléctrica en 2027

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Belice puso fecha a uno de los proyectos de electromovilidad más ambiciosos de Centroamérica: la National Bus Company (NBC) pretende operar con una flota completamente eléctrica hacia fines de 2027.

El plan combina dos transformaciones simultáneas. Por un lado, el país está reorganizando buena parte de sus antiguos operadores dentro de una empresa nacional bajo un modelo público-privado. Por otro, pretende utilizar esa nueva estructura para acelerar el reemplazo de los colectivos convencionales por unidades eléctricas.

El Gobierno acaba de dar un paso clave: aprobó modificar su aporte patrimonial a la NBC y destinar aproximadamente BZ$20,9 millones a colectivos eléctricos e infraestructura de carga, en lugar de transferir a la empresa la propiedad de las terminales de transporte.

Con esos recursos se adquirirían aproximadamente 24 colectivos eléctricos junto con sus estaciones de carga, según explicó el ministro de Transporte, Louis Zabaneh.

Pero esa será solamente la primera etapa.

La nueva compañía calcula que necesita alrededor de 75 vehículos, por lo que todavía deberá conseguir financiamiento para unas 50 unidades adicionales.

De las terminales a los colectivos eléctricos

La decisión adoptada por el Gabinete modifica la forma en que el Estado participará en la nueva empresa.

Originalmente, la contribución gubernamental estaba vinculada con el valor de las terminales. Ahora esos activos permanecerán bajo propiedad estatal y está previsto que sean cedidos a la National Bus Company mediante contratos de arrendamiento de largo plazo.

En cambio, los BZ$20,9 millones correspondientes al aporte estatal serán convertidos directamente en colectivos eléctricos y sistemas de carga.

La modificación tiene una consecuencia concreta: el Estado pasa de aportar principalmente infraestructura inmobiliaria a financiar activos directamente vinculados con la operación y la transformación energética de la flota.

De acuerdo con Zabaneh, ese monto permitiría comprar alrededor de 24 unidades eléctricas, prácticamente un tercio de los 75 vehículos que la empresa considera necesarios.

Los primeros colectivos llegarían en enero de 2027

El cronograma también sufrió modificaciones.

Inicialmente, las autoridades esperaban comenzar a recibir los primeros vehículos eléctricos en septiembre de 2026.

Sin embargo, los cambios introducidos en el mecanismo de aporte estatal demoraron la operación y el Gobierno ahora proyecta que las primeras unidades comiencen a llegar alrededor de enero de 2027.

Esto deja un calendario particularmente exigente.

Si la meta continúa siendo contar con una flota completamente eléctrica hacia fines de 2027, la NBC deberá adquirir, recibir, poner en servicio y desarrollar la infraestructura necesaria para decenas de vehículos en menos de un año.

Y existe otro desafío importante: todavía no está financiada toda la flota.

La empresa tendrá que financiar los otros 50 colectivos

Una vez incorporadas las primeras 24 unidades mediante el aporte estatal, quedarán aproximadamente 50 colectivos por financiar.

La estrategia oficial apunta a que la propia National Bus Company utilice su capacidad de generación de ingresos y rentabilidad para acceder a nuevo financiamiento.

En paralelo, el Gobierno mantiene conversaciones con Taiwán para conseguir cooperación mediante aportes no reembolsables y también negocia con la Unión Europea, aunque esos fondos adicionales todavía no están cerrados.

La apuesta, por lo tanto, es que la primera etapa permita poner en marcha una especie de círculo financiero:

comprar eléctricos, reducir costos operativos, mejorar la rentabilidad y utilizar esa diferencia para financiar más vehículos.

Ese mecanismo será uno de los puntos decisivos para saber si el objetivo de 2027 resulta alcanzable.

Un eléctrico consumiría apenas el 22% del costo energético de un diésel

Uno de los argumentos centrales del Gobierno es precisamente el ahorro operativo.

Belice ya realizó una experiencia piloto con colectivos eléctricos respaldada por la Unión Europea y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El proyecto incluyó la introducción de los primeros vehículos eléctricos en rutas de carretera y comenzó formalmente en 2025 con tres unidades asignadas mediante un proceso competitivo a Westline Bus Company.

Según los resultados citados ahora por Zabaneh, el costo energético de operar un colectivo eléctrico equivale aproximadamente al 22% del correspondiente a un vehículo diésel.

La diferencia es enorme.

Si esa relación se mantiene a gran escala, cada unidad eléctrica podría liberar una parte significativa del dinero actualmente destinado a combustible.

Y allí se encuentra buena parte de la lógica económica del proyecto.

No se trata únicamente de reducir emisiones.

Belice espera que el menor costo de funcionamiento permita sostener financieramente la propia transición.

La National Bus Company ya cambió la estructura del transporte

Para entender la magnitud del proyecto hay que observar qué es la NBC.

La National Bus Company comenzó a operar el 1 de marzo de 2026 como una asociación público-privada formada inicialmente por 17 de los 31 operadores de colectivos existentes en el país.

Según las autoridades, esos operadores representaban aproximadamente el 65% del mercado en términos de pasajeros transportados y kilómetros recorridos.

Las empresas privadas que ingresaron al esquema no fueron simplemente absorbidas por el Estado.

Sus activos fueron valuados y transformados en participaciones accionarias, de manera que los antiguos operadores pasaron a ser accionistas de la nueva compañía junto con el Gobierno de Belice.

El proyecto fue presentado desde el comienzo como una consolidación del sistema y no como una nacionalización.

La NBC permite centralizar cuestiones como planificación, mantenimiento, compra de vehículos, administración y eventualmente infraestructura de carga.

Y esa escala puede resultar decisiva para la electrificación.

De pequeños operadores a una compra centralizada

La estructura del transporte tradicional de Belice estaba caracterizada por numerosas empresas que operaban corredores individuales.

Para cada una de ellas, comprar uno o dos colectivos eléctricos, desarrollar cargadores y asumir individualmente el riesgo tecnológico podía resultar difícil.

La National Bus Company cambia esa ecuación.

En lugar de que cada operador negocie por separado, una única empresa puede concentrar la compra de decenas de unidades, estandarizar mantenimiento, construir estaciones de carga y acceder a líneas internacionales de financiamiento.

También puede utilizar las economías de escala para comprar energía, repuestos y equipamiento en mejores condiciones.

Ese aspecto explica por qué el proyecto beliceño puede convertirse en un caso interesante para otros países pequeños.

La electrificación no se aborda exclusivamente como una cuestión de vehículos, sino como parte de una reestructuración completa del modelo empresarial del transporte público.

La flota convencional comenzará a salir

La transición implicará también desprenderse de parte del parque existente.

Zabaneh informó que la NBC cuenta con una lista de aproximadamente 38 colectivos convencionales que serán subastados y vendidos.

La decisión muestra que el proyecto no apunta a mantener indefinidamente dos flotas paralelas.

A medida que ingresen los eléctricos, una parte de los vehículos tradicionales comenzará a salir de la compañía.

La velocidad con que pueda realizarse ese reemplazo dependerá, nuevamente, de la llegada efectiva de las nuevas unidades y de la disponibilidad de infraestructura.

Porque comprar 75 colectivos eléctricos supone simultáneamente definir dónde cargarán, cuánta potencia necesitarán, cómo se distribuirán los cargadores y qué autonomía requiere cada corredor.

El antecedente: tres eléctricos en las rutas nacionales

Belice ya dio sus primeros pasos antes de anunciar este salto de escala.

En agosto de 2025, el Ministerio de Transporte formalizó un acuerdo con Westline Bus Company para poner en servicio los primeros tres colectivos eléctricos sobre las carreteras nacionales.

La iniciativa contó con apoyo de la Unión Europea y el PNUD y había atravesado un proceso iniciado en agosto de 2024 para seleccionar al operador.

Aquellas tres unidades funcionaron como experiencia para evaluar el comportamiento de la tecnología en condiciones reales de operación.

Ahora la discusión es completamente diferente.

El país pretende pasar de tres colectivos experimentales a decenas de vehículos eléctricos integrados dentro de una única compañía nacional.

Un laboratorio particularmente interesante por su tamaño

Belice tiene una característica que diferencia su experiencia de los grandes casos internacionales.

No posee una flota comparable con los miles de colectivos de Santiago, Bogotá, São Paulo o Delhi.

Precisamente por eso su modelo resulta interesante.

Mientras las megaciudades avanzan mediante grandes compras urbanas, Belice intenta demostrar si un país pequeño puede transformar de manera integral su transporte interurbano mediante una empresa público-privada y una flota eléctrica relativamente reducida.

El menor tamaño puede facilitar determinados aspectos.

Una flota de 75 unidades resulta mucho más sencilla de electrificar que un sistema compuesto por varios miles de colectivos.

Pero aparecen otros desafíos: menor capacidad financiera, necesidad de cooperación internacional y un mercado mucho más pequeño para absorber inversiones.

El financiamiento será la verdadera prueba

Sobre el papel, el plan tiene una lógica clara.

El Gobierno aporta el equivalente a unas 24 unidades y sus cargadores.

Esos eléctricos reducen significativamente los gastos energéticos.

La NBC utiliza esa mejora operativa para aumentar su rentabilidad.

Luego obtiene financiamiento para adquirir los restantes vehículos.

Al mismo tiempo, Taiwán, la Unión Europea u otros organismos podrían aportar recursos adicionales.

El problema es que una parte de esa cadena todavía depende de dinero que no está asegurado.

Los BZ$20,9 millones fueron aprobados oficialmente.

Las aproximadamente 24 primeras unidades tienen así una fuente concreta de financiamiento.

Las siguientes 50, en cambio, todavía dependen de la capacidad de la empresa para obtener créditos, generar recursos o cerrar acuerdos con socios externos.

Y todo debe ocurrir en un plazo muy corto si la meta de fines de 2027 se mantiene.

Del diésel al eléctrico en menos de dos años

El objetivo de Belice puede resumirse en una transformación particularmente ambiciosa.

La National Bus Company inició operaciones en marzo de 2026 con una flota heredada principalmente convencional.

Las primeras unidades de la nueva compra eléctrica llegarían alrededor de enero de 2027.

Y hacia fines de ese mismo año, el Gobierno pretende que toda la flota operativa de la NBC sea eléctrica.

Eso implica intentar completar en meses una transición que en numerosas ciudades está programada para una década o más.

Belice todavía tiene que conseguir buena parte del financiamiento y desarrollar toda la infraestructura necesaria.

Pero el proyecto introduce una idea novedosa: utilizar el propio ahorro operativo generado por la electromovilidad como motor para financiar la siguiente etapa de electrificación.

Si funciona, el país no solamente habrá cambiado la tecnología de sus colectivos.

Habrá demostrado que la reorganización empresarial y la electrificación pueden avanzar juntas.

De tres eléctricos experimentales en 2025 a una empresa nacional con 75 unidades cero emisiones: ese es el salto que Belice pretende completar antes de que termine 2027.

Fuente: Gobierno de Belice; Unión Europea y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

¿Cuánto cuesta tu viaje en colectivo? Colectibondi lanza su Calculador de Tarifas y Secciones

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La nueva herramienta permite seleccionar una línea, un recorrido, el punto donde sube el pasajero y dónde baja para conocer qué sección tarifaria corresponde y cuál es el valor vigente del viaje. Se integra además con la Guía de Líneas y la plataforma de Tarifas de Revista Colectibondi.

¿Cuánto cuesta viajar entre dos puntos de una misma línea de colectivo? Aunque a simple vista la respuesta podría parecer sencilla, el valor del boleto no siempre es el mismo durante todo el recorrido.

Por eso, Revista Colectibondi suma una nueva herramienta a su plataforma de información sobre transporte público: el Calculador de Tarifas y Secciones, pensado para consultar de una manera simple cuánto corresponde pagar según el trayecto realizado.

La herramienta forma parte de un sistema integrado junto con la Guía de Líneas y la sección Tarifas, permitiendo relacionar recorridos, seccionados y valores vigentes dentro de una misma plataforma.

¿Cómo funciona el Calculador de Tarifas?

El funcionamiento está pensado para ser simple.

El usuario selecciona primero la línea de colectivo y, cuando existen diferentes recorridos o ramales, elige el servicio correspondiente. Después indica el punto donde sube y el punto donde baja.

A partir de esos datos, el sistema identifica la distancia entre ambos puntos, determina qué tramo tarifario corresponde y muestra el valor vigente del boleto.

También es posible consultar el cuadro tarifario completo del recorrido para entender cómo cambia el precio a medida que aumenta la distancia del viaje.

¿Por qué no todos los pasajeros pagan lo mismo en una misma línea?

En buena parte del transporte urbano y metropolitano, la tarifa del colectivo se encuentra organizada por tramos de distancia.

Esto significa que el precio no depende solamente del número de línea utilizada, sino también de cuánto se viaja dentro de ella.

Por ejemplo, los cuadros tarifarios pueden establecer diferentes valores para viajes de hasta 3 kilómetros, de 3 a 6 kilómetros, de 6 a 12 kilómetros o para distancias mayores.

Para aplicar esos valores, cada recorrido posee puntos que permiten dividir su trazado en secciones. La combinación entre el punto donde comienza el viaje y aquel donde finaliza determina el importe correspondiente.

El Calculador de Colectibondi automatiza ese proceso.

De las secciones al precio del boleto

Uno de los objetivos de la herramienta es hacer visible una información que muchas veces resulta difícil de interpretar para el pasajero.

Las fichas de la Guía de Líneas de Colectibondi incorporan los seccionados de cada recorrido. El Calculador utiliza esa información y la relaciona con la tarifa oficial vigente para determinar el valor del viaje.

De esta manera, el precio no se encuentra cargado de manera aislada en cada herramienta.

Colectibondi desarrolló una Base Maestra de Tarifas, desde la cual se actualizan los valores que utilizan simultáneamente la sección Tarifas, las fichas de las líneas y el propio Calculador.

Cuando cambia una tarifa, el nuevo cuadro puede actualizarse una sola vez y reflejarse en las distintas herramientas.

Líneas nacionales y de la Ciudad de Buenos Aires

El sistema contempla las diferencias jurisdiccionales del transporte del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Las líneas de jurisdicción nacional utilizan el esquema tarifario correspondiente a los servicios nacionales, mientras que las líneas transferidas a la Ciudad de Buenos Aires utilizan los valores establecidos para CABA.

Por eso, dos líneas que circulan por zonas similares pueden no tener necesariamente el mismo cuadro tarifario.

La plataforma identifica la jurisdicción correspondiente a cada línea antes de realizar el cálculo.

También diferencia los valores para una SUBE registrada y una tarjeta sin registrar, cuando ambos importes se encuentran contemplados por el cuadro vigente.

¿Qué ocurre con los servicios especiales?

No todos los colectivos utilizan una estructura tarifaria convencional.

Existen servicios expresos, diferenciales, semirrápidos y otros regímenes tarifarios particulares que pueden tener reglas propias.

En esos casos, Colectibondi no aplica automáticamente una tarifa general. El Calculador solamente muestra el valor cuando el esquema correspondiente se encuentra estructurado y validado.

El objetivo es evitar estimaciones que puedan resultar incorrectas.

Tres herramientas conectadas

El lanzamiento del Calculador completa una nueva forma de consultar información dentro de Revista Colectibondi.

Desde la Guía de Líneas es posible conocer recorridos, ramales, mapas, frecuencias, empresas, historia y datos de cada servicio.

Desde Tarifas se pueden consultar los valores vigentes y su evolución.

Y ahora, desde el Calculador de Tarifas y Secciones, esos datos pueden combinarse para responder una pregunta concreta: cuánto cuesta viajar entre dos puntos de una línea de colectivo.

La plataforma continuará ampliándose a medida que se incorporen y validen nuevos recorridos, seccionados y regímenes tarifarios.

Con esta herramienta, Revista Colectibondi avanza en la construcción de una base pública de información sobre el transporte argentino que busca transformar datos técnicos en información útil, clara y accesible para los pasajeros.

 

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Colectibondi lanza “Tarifas”, una nueva plataforma interactiva para consultar y comparar el precio del colectivo en Argentina

¿Era necesario romper todo? La polémica por las obras del Metrobus Juan B. Justo

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A pocos meses de haberse completado una puesta en valor integral del corredor, las obras para la llegada del TramBus T1 vuelven a intervenir distintos sectores de la avenida. En algunos puntos se desmontan paradores y sectores de infraestructura que aparentaban encontrarse en buenas condiciones. La pregunta es inevitable: ¿era necesario demoler para volver a construir?

Las obras del nuevo sistema TramBus avanzan a buen ritmo en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires. La futura línea T1 conectará Nueva Pompeya con Aeroparque a lo largo de aproximadamente 20 kilómetros y utilizará, en parte de su recorrido, la infraestructura existente sobre la avenida Juan B. Justo.

Sin embargo, los trabajos que actualmente pueden observarse sobre este corredor presentan una situación que llama la atención: en diferentes sectores se están desmontando y demoliendo componentes de las actuales estaciones del Metrobus y también interviniendo partes de la calzada de hormigón para dar lugar a la nueva infraestructura.

Foto: Twitter

A simple vista, parte de esos elementos se encontraba en buenas condiciones y, en varios casos, las nuevas instalaciones ocuparán espacios muy similares a los existentes.

La situación abre una pregunta lógica acerca de la planificación de las obras y, especialmente, sobre cuánto de la infraestructura existente podía haber sido reutilizada o adaptada.

Un Metrobus que había sido renovado hace pocos meses

El dato resulta todavía más llamativo al revisar los antecedentes recientes del corredor.

El 3 de noviembre de 2025, el Gobierno de la Ciudad anunció oficialmente la finalización de las obras de mejora y puesta en valor de toda la traza del Metrobus Juan B. Justo.

Uno de los puntos centrales de aquella intervención había sido justamente el reemplazo de sectores de asfalto por losas de hormigón, un material elegido por su mayor resistencia frente al tránsito pesado y por ofrecer una vida útil superior.

Según explicó entonces la Ciudad, la obra incluyó el desmonte de la calzada, la nivelación y mejora del suelo base y la posterior construcción de las nuevas losas. El objetivo declarado era conseguir “mayor durabilidad”, reducir futuras interrupciones y mejorar el servicio.

Pero hay un detalle todavía más relevante.

En aquel mismo anuncio, el Gobierno porteño señaló expresamente que el tramo del Metrobus Juan B. Justo correspondiente a Villa Crespo y Palermo formaría parte del TramBus T1 y sostuvo que esas obras constituían una puesta en valor necesaria precisamente ante la llegada del nuevo sistema.

Es decir: cuando se realizaron los trabajos sobre Juan B. Justo durante 2025, el proyecto del TramBus ya estaba contemplado.

De preparar la infraestructura para el TramBus a volver a intervenirla

La T1 fue presentada como la primera gran traza del nuevo sistema de transporte eléctrico porteño.

El recorrido previsto parte del Centro de Trasbordo Sáenz y atraviesa, entre otras arterias, las avenidas La Plata, Rivadavia, Ángel Gallardo y Juan B. Justo, para continuar luego hacia la zona de Costanera y Aeroparque.

En sentido contrario utilizará también Juan B. Justo antes de continuar por Honorio Pueyrredón y José María Moreno.

Para implementar el sistema, la Ciudad puso en marcha obras de infraestructura que incluyen la construcción de nuevos paradores, adecuación de calzadas, instalaciones, señalización, accesibilidad y diferentes intervenciones sobre el espacio público.

A fines de julio de 2026, el Gobierno porteño informó que ya se encontraban en ejecución 52 de los 71 paradores previstos para toda la T1, que tendrá paradas aproximadamente cada 500 metros y una frecuencia estimada de cuatro minutos durante las horas pico.

La necesidad de adaptar la infraestructura para un nuevo sistema de transporte es comprensible. Los nuevos vehículos, la disposición de los paradores, las condiciones de accesibilidad, la operación de las unidades y la integración con otros medios pueden requerir modificaciones respecto del Metrobus tradicional.

La cuestión es otra: ¿qué parte de esas modificaciones hacía necesario eliminar infraestructura que acababa de ser renovada?

Paradas nuevas, pero en lugares conocidos

Uno de los aspectos que genera mayor curiosidad es el tratamiento de las estaciones.

El Metrobus Juan B. Justo, inaugurado originalmente en 2011, ya contaba con plataformas elevadas, refugios, iluminación, accesibilidad y espacios específicamente diseñados para el ascenso y descenso de pasajeros. La propia Ciudad todavía describe oficialmente a sus estaciones como estructuras techadas, iluminadas y accesibles.

Ahora el TramBus incorpora una nueva generación de paradores, algunos de ellos con diseños diferenciados y otros adaptados a las distintas características urbanas de la traza.

Desde el punto de vista operativo pueden existir diferencias entre ambos sistemas que justifiquen una reconstrucción. Sin embargo, cuando un parador nuevo aparece prácticamente sobre el mismo lugar ocupado por una estación existente y con una función semejante, surge naturalmente el interrogante sobre si no era posible conservar al menos una parte de la plataforma, estructura o infraestructura subterránea.

Lo mismo ocurre con determinados sectores de calzada.

El interrogante sobre las losas de hormigón

Durante 2025, la Ciudad destacó especialmente la decisión de utilizar hormigón en Juan B. Justo por tratarse del material más apropiado para vehículos pesados que circulan repetidamente sobre una misma huella.

Según la explicación oficial, frente al asfalto —más susceptible a deformaciones— el hormigón permitiría evitar ondulaciones y aumentar considerablemente la durabilidad del corredor.

Por eso resulta especialmente llamativo observar nuevas intervenciones sobre sectores del trazado poco tiempo después.

Que una obra posterior requiera realizar cortes puntuales sobre una losa para ejecutar instalaciones, modificar pendientes, construir fundaciones o cambiar la geometría vial puede tener razones técnicas perfectamente válidas.

Pero cuando esas tareas implican demoliciones de mayor alcance, resulta razonable preguntarse si existió coordinación entre ambas etapas y si las obras realizadas meses atrás fueron diseñadas teniendo en cuenta el proyecto definitivo del TramBus.

Sobre todo porque, como surge de la propia comunicación oficial de noviembre de 2025, la llegada de la T1 a Juan B. Justo ya era conocida cuando se ejecutó la renovación del Metrobus.

Una explicación técnica que sería importante conocer

La discusión no pasa por cuestionar la incorporación del TramBus ni la necesidad de modernizar el transporte público.

El sistema plantea vehículos completamente eléctricos, carriles exclusivos y preferenciales, prioridad semafórica, estaciones renovadas y conexiones con cinco líneas de Subte y distintas líneas ferroviarias. La Ciudad estima que la T1 transportará alrededor de 50 mil pasajeros diarios.

La pregunta tiene que ver con cómo se ejecutan y coordinan las obras públicas que permiten hacerlo posible.

Si existen razones estructurales, de accesibilidad, geometría, capacidad de carga o funcionamiento que imposibilitan reutilizar las estaciones actuales, conocerlas ayudaría a comprender por qué resulta necesario reconstruir sectores enteros.

Y si las losas realizadas durante 2025 debían ser nuevamente intervenidas para construir el TramBus, también sería interesante conocer qué porcentaje de aquella obra puede reutilizarse y cuánto deberá reconstruirse.

Porque menos de un año separa ambas intervenciones. La modernización del transporte público requiere inversión. Pero también planificación, coordinación entre proyectos y, siempre que resulte técnicamente posible, aprovechamiento de infraestructura existente.

Por ahora, mientras las obras siguen avanzando sobre Juan B. Justo, queda una imagen difícil de ignorar: sectores de un Metrobus recientemente renovado vuelven a convertirse en obra para preparar la llegada de un sistema cuyo recorrido ya se conocía cuando aquella renovación fue realizada.

Y una pregunta que merece una respuesta técnica: ¿era indispensable demoler algo que está bien para volver a construir?

India: Facturas impagas dejaron sin carga a colectivos eléctricos de Mumbai

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Un corte de energía alcanzó a varios centros de carga de la operadora pública BEST y dejó parte de su flota eléctrica sin posibilidades de salir a servicio. El episodio expuso una vulnerabilidad menos visible de la electromovilidad: los colectivos pueden estar disponibles, pero quedan inmovilizados cuando fallan la gestión financiera y los contratos que sostienen la infraestructura.

La electrificación del transporte público de Mumbai atravesó una jornada crítica el 30 de julio de 2026. El suministro eléctrico fue interrumpido en varios depósitos utilizados para cargar los colectivos de la empresa pública Brihanmumbai Electric Supply and Transport —BEST—, como consecuencia de facturas impagas.

Sin energía disponible para recuperar las baterías, parte de la flota no pudo salir a la calle. La reducción de unidades provocó cancelaciones, demoras y mayores tiempos de espera para los pasajeros que dependen diariamente de los servicios urbanos de la ciudad india.

El incidente no estuvo vinculado con una falla de las baterías, los vehículos o los cargadores. El problema fue administrativo y financiero: la electricidad necesaria para operar la infraestructura no había sido abonada.

Menos colectivos eléctricos en las calles

Los vehículos eléctricos necesitan completar sus ciclos de carga antes de iniciar los servicios programados. Cuando el suministro fue interrumpido, las unidades que no disponían de energía suficiente quedaron inmovilizadas dentro de los depósitos.

Los medios locales informaron que la situación afectó a varios centros de carga y redujo la cantidad de colectivos eléctricos disponibles durante la jornada. Sin embargo, hasta el momento no se difundió públicamente un balance completo con la cantidad exacta de depósitos alcanzados, los vehículos que no pudieron operar ni los recorridos suspendidos.

Tampoco se informó el monto total adeudado, el período comprendido por las facturas ni el momento en que la operación podría considerarse completamente normalizada.

La ausencia de esas precisiones impide dimensionar todavía el alcance económico del episodio, aunque su impacto sobre el servicio fue visible para los usuarios.

Acusaciones contra el operador vinculado con Olectra

Un integrante del comité de BEST atribuyó públicamente la falta de pago al operador relacionado con Olectra, uno de los principales proveedores de colectivos eléctricos de la red.

El dirigente presentó un reclamo formal y sostuvo que la empresa responsable de la operación no había abonado a tiempo las facturas correspondientes a los puntos de carga, provocando la interrupción eléctrica y la disminución de servicios.

Por el momento, la acusación debe considerarse una atribución pública de responsabilidad. No se difundió una respuesta empresarial que permita conocer su posición, ni documentación detallada sobre qué parte del contrato debía asumir el pago de la energía.

El punto resulta central porque buena parte de los colectivos incorporados por BEST funciona bajo el sistema de wet lease, una modalidad en la que empresas privadas aportan los vehículos y asumen distintas tareas operativas, como conductores, mantenimiento y disponibilidad diaria, mientras la autoridad pública paga por el servicio prestado.

En ese tipo de acuerdos, la asignación de responsabilidades sobre los cargadores, la conexión eléctrica y las facturas debe quedar definida con precisión. Cuando existen zonas grises o incumplimientos, una deuda administrativa puede terminar afectando directamente a miles de pasajeros.

La infraestructura como punto único de falla

El caso de Mumbai muestra que la confiabilidad de una flota eléctrica no depende solamente de la autonomía o el estado mecánico de los colectivos.

Los depósitos necesitan potencia eléctrica suficiente, cargadores operativos, sistemas de distribución internos y contratos que garanticen el suministro de energía. También requieren una administración capaz de pagar las facturas, controlar consumos y responder rápidamente ante cualquier controversia con proveedores u operadores.

A diferencia de una flota diésel, donde una unidad puede abastecerse en distintos puntos, los colectivos eléctricos suelen depender de instalaciones específicas ubicadas en sus depósitos. Si una parte significativa de los vehículos está vinculada con un mismo centro de carga, la caída de ese nodo puede retirar numerosas unidades simultáneamente.

La situación de Mumbai representa, por lo tanto, un caso de vulnerabilidad concentrada: los colectivos estaban disponibles y la tecnología podía funcionar, pero el servicio quedó condicionado por una factura impaga.

Un nuevo problema dentro de una relación contractual compleja

El corte se produjo en un momento de fuerte tensión entre BEST y el grupo Olectra/EVEY.

En junio, EVEY —vinculada con Olectra Greentech— informó que no completaría la entrega de 1.414 colectivos eléctricos todavía pendientes de un contrato firmado en 2022. El acuerdo original contemplaba 2.100 unidades climatizadas por aproximadamente 3.675 crore de rupias, pero hasta ese momento habían ingresado 686 vehículos. La empresa relacionó su decisión con demoras en subsidios y otros inconvenientes contractuales.

La cancelación representó un fuerte golpe para el programa de renovación de BEST, que esperaba utilizar esas unidades para ampliar su flota, reemplazar vehículos antiguos y mejorar las frecuencias.

El episodio de las facturas impagas incorpora ahora otro frente de conflicto. Ya no se trata solamente de colectivos que no fueron entregados, sino de vehículos existentes que no pudieron cargarse por problemas vinculados con la infraestructura y su administración.

BEST quiere volver a tener colectivos propios

En paralelo, las autoridades de Maharashtra aprobaron un plan para que BEST adquiera 5.000 colectivos eléctricos climatizados propios, con una inversión estimada en 6.500 crore de rupias.

La iniciativa busca disminuir progresivamente la dependencia de los contratos de alquiler operativo y recuperar mayor control público sobre la flota. BEST pretende alcanzar alrededor de 5.000 unidades operativas durante los próximos tres años.

La estrategia marca un cambio importante respecto del modelo aplicado durante los últimos años. Bajo el sistema de wet lease, BEST evitaba realizar toda la inversión inicial y transfería parte de la operación y el mantenimiento a empresas privadas.

Sin embargo, las demoras en las entregas, los problemas de mantenimiento y las dificultades para exigir el cumplimiento de algunos contratos generaron cuestionamientos crecientes.

La compra directa de vehículos podría darle a la operadora mayor control, aunque también exigirá asumir la propiedad y gestión de los cargadores, el mantenimiento, el personal y el suministro energético.

Comprar colectivos no alcanza

El avance de la electromovilidad suele medirse por la cantidad de unidades adquiridas. Sin embargo, el caso de Mumbai demuestra que esa cifra ofrece solamente una parte de la historia.

Para sostener una flota eléctrica se necesita un ecosistema operativo que incluya:

  • capacidad eléctrica suficiente en cada depósito;
  • cargadores disponibles y con mantenimiento;
  • contratos claros sobre quién paga la energía;
  • mecanismos de respaldo ante cortes o deudas;
  • monitoreo permanente del estado de carga;
  • reservas operativas para cubrir vehículos inmovilizados.

Cuando alguno de esos elementos falla, la inversión realizada en los colectivos pierde temporalmente su utilidad.

La infraestructura de carga deja de ser un complemento y pasa a convertirse en una parte esencial del sistema de transporte, tan importante como los vehículos, los conductores o los talleres.

Una advertencia para otras ciudades

El incidente ofrece una lección concreta para las ciudades que proyectan incorporar colectivos eléctricos.

No alcanza con licitar unidades y calcular su autonomía. Los contratos deben establecer con precisión quién construye los cargadores, quién mantiene las instalaciones, quién abona la electricidad y qué sanciones se aplicarán si una de las partes incumple.

También deben contemplarse sistemas de emergencia que permitan trasladar unidades hacia otro depósito o mantener una reserva mínima de carga cuando se produzca una interrupción.

En flotas de gran escala, concentrar cientos de vehículos en pocas instalaciones puede generar importantes eficiencias operativas, pero también aumenta el impacto de cualquier falla. Una deuda, un desperfecto eléctrico o un conflicto contractual puede dejar sin servicio a una proporción relevante del parque.

La electromovilidad también necesita gestión

Mumbai enfrenta ahora el desafío de resolver el conflicto inmediato y revisar la estructura contractual que permitió que las facturas impagas afectaran directamente la prestación.

Los colectivos eléctricos prometen menor contaminación local, menos ruido y menores costos energéticos, pero su funcionamiento depende de una cadena de responsabilidades que debe mantenerse activa todos los días.

El corte ocurrido en los depósitos de BEST dejó una imagen paradójica: una flota diseñada para funcionar con electricidad permaneció detenida no por falta de tecnología, sino porque la energía no había sido pagada.

El episodio resume uno de los grandes desafíos de la transición energética. Electrificar el transporte público significa adquirir vehículos, pero también garantizar que la infraestructura, los contratos y la administración sean capaces de mantenerlos circulando.

Brasil: Río incentivará los colectivos a biometano con un nuevo esquema de remuneración

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Río de Janeiro avanza con una estrategia de transición energética que no se limitará a los colectivos eléctricos. En la segunda etapa de la licitación del Sistema RIO, la Municipalidad incorporó un mecanismo específico de remuneración para las unidades propulsadas con biometano.

La novedad fue precisada en los últimos esclarecimientos publicados antes de la apertura de ofertas. El objetivo es mejorar la viabilidad económica de una tecnología que exige una inversión inicial diferente a la de los colectivos diésel convencionales, pero que puede aprovechar un combustible renovable producido a partir de residuos orgánicos.

El esquema fue denominado “Ajuste de CAPEX y OPEX para Biometano”. Para comprenderlo, el CAPEX representa principalmente los costos de inversión —como la compra de los vehículos—, mientras que el OPEX agrupa los gastos relacionados con su operación cotidiana.

En los lotes que incorporen colectivos a biometano, la Municipalidad podrá modificar en hasta ocho puntos porcentuales la composición de esos dos componentes: aumentará la participación correspondiente al CAPEX y reducirá, en idéntica proporción, la del OPEX.

Sin embargo, esto no significa que las empresas recibirán automáticamente un 8% adicional. El cambio se aplicará únicamente sobre la proporción de colectivos a biometano que se encuentre efectivamente operativa y se calculará cada quince días.

Si una concesionaria no tiene unidades de este tipo en circulación durante una quincena, se mantendrán los porcentajes convencionales previstos en el contrato.

Un incentivo diferente para cada tecnología

El mecanismo elegido para el biometano será distinto del previsto para los colectivos eléctricos.

En el caso de la electrificación, el pliego establece la denominada Tarifa de Remuneración de Incentivo a la Electrificación. Este instrumento puede elevar hasta un 12% la remuneración correspondiente a las unidades eléctricas respecto de los colectivos diésel.

Para el biometano, en cambio, no se agregará un porcentaje directo sobre el pago final. La Municipalidad redistribuirá el peso de la inversión y de la operación dentro de la fórmula económica del contrato.

La diferencia responde a que cada tecnología tiene una estructura de costos particular. Los eléctricos requieren una inversión elevada en vehículos, baterías, cargadores y adecuación de garajes, mientras que los colectivos a biometano combinan el costo de unidades específicas con la disponibilidad y el precio del combustible renovable.

El nuevo modelo permitirá que los operadores evalúen distintas alternativas en lugar de quedar limitados a la elección entre diésel y electricidad.

Más de 1.400 colectivos y cinco lotes

La decisión forma parte de la segunda etapa del Sistema RIO, una licitación que contempla cinco lotes para las regiones de Guaratiba, Santa Cruz, Campo Grande, Bangu, Vila Isabel e Ilha do Governador.

El proceso prevé una inversión privada cercana a los R$1.400 millones y la incorporación de más de 1.400 colectivos, lo que representará un crecimiento del 57% de la flota en las zonas incluidas.

La apertura de ofertas está programada para el 28 de agosto de 2026. De acuerdo con el cronograma municipal, las nuevas unidades deberían comenzar a incorporarse durante el primer trimestre de 2027.

Las futuras concesionarias serán responsables de comprar y operar la flota, mantener los vehículos, administrar las garajes públicas e instalar sistemas inteligentes de transporte para el seguimiento de la operación en tiempo real.

El nuevo modelo también cambia la lógica económica del sistema: las empresas dejarán de depender exclusivamente de los pasajeros transportados y pasarán a recibir una remuneración por kilómetro recorrido, asociada al cumplimiento de indicadores de calidad.

Colectivos nuevos, accesibles y con seguimiento en tiempo real

La flota incluida en esta etapa deberá estar compuesta por vehículos cero kilómetro, accesibles y equipados con aire acondicionado, rampas, cargadores USB, cámaras, GPS, sensores de temperatura, paneles electrónicos y comunicación con el centro de control.

El estándar mínimo será Euro VI, aunque el pliego permitirá emplear tecnologías más limpias, como gas natural, biometano y propulsión eléctrica.

La renovación estará acompañada por cuatro garajes públicas ubicadas en Ilha do Governador, Maré, Senador Vasconcelos y Cosmos. Con esta infraestructura, Río busca reducir una de las principales barreras de entrada para operadores que no disponen de terrenos propios.

Según la información oficial, la ciudad ya incorporó más de 350 colectivos cero kilómetro como parte de las primeras acciones de recuperación del sistema. La transformación completa continuará de manera escalonada hasta 2028, cuando la nueva red debería alcanzar 34 lotes operativos.

Una alternativa regional al diésel

La inclusión de un incentivo concreto para el biometano resulta especialmente relevante para América Latina. A diferencia de otras regiones, Brasil posee una importante capacidad potencial para producir este combustible a partir de residuos urbanos, agroindustriales, cloacales y de rellenos sanitarios.

Además, el biometano puede utilizarse en vehículos desarrollados originalmente para gas natural, ofreciendo una alternativa para ciudades donde la capacidad de la red eléctrica o el costo de instalar cargadores dificultan una electrificación inmediata y masiva.

La iniciativa de Río no establece una tecnología única para reemplazar al diésel. En cambio, propone dos instrumentos diferentes: una tarifa superior para los colectivos eléctricos y una redistribución entre inversión y operación para los vehículos a biometano.

La efectividad del modelo dependerá ahora de las propuestas presentadas por las empresas, la disponibilidad del combustible y la cantidad de unidades limpias que finalmente lleguen a las calles.

Río comienza así a ensayar una transición energética con más de un camino posible: colectivos eléctricos donde exista infraestructura para cargarlos y unidades a biometano donde el combustible renovable pueda ofrecer una solución operativa y ambientalmente competitiva.

 

Fuente:

Prefeitura Río