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Rawson normalizó los colectivos, pero sigue abierta una disputa millonaria con Ceferino

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El servicio urbano de Rawson y Playa Unión volvió a la normalidad después de que el Municipio depositara fondos, Ceferino pagara los salarios atrasados y los trabajadores levantaran las medidas de fuerza. Pero detrás del conflicto laboral quedó abierta una disputa mucho mayor: la empresa reclama una deuda multimillonaria y el intendente Damián Biss reconoce, como máximo, apenas un tercio de esa cifra. Entre ambos números existe una diferencia de por lo menos $1.200 millones.

Los colectivos volvieron a circular con normalidad en Rawson durante la tarde del miércoles 9 de septiembre.

Pero el problema que desencadenó el conflicto está lejos de haberse terminado.

Después de varios días de interrupciones, asambleas y retenciones parciales, la Municipalidad realizó el depósito correspondiente al subsidio pendiente a Transporte Ceferino. La empresa utilizó esos fondos para cancelar los salarios adeudados y los trabajadores levantaron las medidas de fuerza.

Para los pasajeros de Rawson y Playa Unión, la consecuencia inmediata es concreta: el servicio volvió a funcionar normalmente.

Sin embargo, detrás del reclamo salarial apareció una discusión económica mucho más profunda.

Transporte Ceferino sostiene que arrastra acreencias vinculadas con el servicio desde finales de 2024. El intendente de Rawson, Damián Biss, rechaza los montos planteados por la empresa.

Y la diferencia no es pequeña.

Según explicó el jefe comunal, Ceferino reclama alrededor de $1.800 millones, mientras que el Municipio reconoce que la deuda podría alcanzar, como máximo, aproximadamente $600 millones.

Entre una cifra y otra hay $1.200 millones que, por ahora, ninguna documentación pública permite conciliar.

De un problema salarial a una disputa de $1.800 millones

El conflicto se hizo visible el lunes 7 de septiembre, cuando los trabajadores de Ceferino iniciaron medidas de fuerza ante la falta de pago de sus salarios.

Durante varias horas Rawson quedó sin servicio urbano.

Desde la empresa atribuyeron las dificultades para pagar los haberes a los atrasos en los fondos que debía transferir la Municipalidad y aseguraron que la situación no era nueva.

El gerente de Ceferino, Ariel Jones, sostuvo inicialmente que existía una deuda acumulada cercana a los $2.000 millones, originada —según la empresa— en diferencias que se fueron generando desde diciembre de 2024.

Jones planteó que para afrontar los salarios necesitaba entre $80 y $90 millones, a los que se sumaban aproximadamente $100 millones en gastos de combustible.

El planteo trasladó rápidamente la discusión desde los sueldos de los trabajadores hacia el modelo económico con el que se sostiene el transporte urbano de la capital chubutense.

Biss: no son $2.000 millones

La respuesta municipal llegó poco después.

Damián Biss rechazó que la deuda reconocida por el Municipio se acercara a los $2.000 millones mencionados inicialmente por la empresa.

Según el intendente, el reclamo formal de Ceferino sería por $1.800 millones, pero desde la Municipalidad consideran que el eventual saldo adeudado no superaría los $600 millones.

Biss añadió otro número importante.

De acuerdo con su explicación, el aporte correspondiente al último período rondaba los $80 millones, fondos que el Municipio buscaba completar para permitir que la empresa regularizara el pago de los salarios.

Ese depósito finalmente se realizó y permitió destrabar el conflicto laboral.

Pero pagar un mes no resolvió la discusión acumulada.

$1.200 millones sin explicar

Si se toman las propias cifras mencionadas públicamente por el intendente, aparece el verdadero tamaño del desacuerdo.

Ceferino reclama:

$1.800 millones.

El Municipio admite como máximo:

$600 millones.

La diferencia alcanza:

$1.200 millones.

Es decir, la Municipalidad estaría reconociendo solamente un tercio del monto reclamado por la prestataria.

O visto desde el otro lado: alrededor de dos tercios de la supuesta deuda están directamente en discusión.

Y esa diferencia es demasiado grande como para explicarla únicamente como una demora de algunos días en una transferencia mensual.

¿De dónde salen los $1.800 millones?

Esa es ahora la principal pregunta.

La empresa atribuye la deuda acumulada a desfasajes entre los aportes municipales y los costos reales del servicio, con incrementos vinculados, entre otros factores, a salarios y combustible.

Pero públicamente todavía no se conoce un detalle contable que permita reconstruir esos $1.800 millones.

Para hacerlo sería necesario conocer, mes por mes:

cuál era el costo reconocido del sistema;

cuánto debía aportar el Municipio;

qué certificados presentó la empresa;

qué montos fueron aprobados;

qué pagos efectivamente se realizaron;

qué diferencias quedaron pendientes;

qué actualizaciones fueron reconocidas;

y qué partidas eventualmente fueron rechazadas por la Municipalidad.

Sin esa información resulta imposible determinar si los $1.800 millones representan efectivamente una deuda contractual exigible, una estimación empresarial del déficit de explotación o una combinación de distintos conceptos.

¿Y de dónde salen los $600 millones?

La misma pregunta vale para la Municipalidad.

Biss dijo que el Municipio podría reconocer hasta aproximadamente $600 millones, pero tampoco se difundió hasta ahora una conciliación detallada que permita conocer cómo se llega a ese monto.

Por eso, actualmente existen dos versiones y ningún balance público que permita determinar cuál refleja correctamente la situación contractual.

La diferencia no es solamente contable.

De ella depende comprender si el sistema de Rawson atraviesa un atraso transitorio de pagos o un desequilibrio económico mucho más profundo.

El problema no empezó en septiembre

Las dificultades salariales ya habían provocado problemas en el servicio algunos meses antes.

En julio, los trabajadores de Ceferino habían implementado un esquema de trabajo a reglamento por atrasos en los salarios de junio.

En aquel momento llegaron a omitirse vueltas completas y las frecuencias entre servicios se extendieron a más de una hora.

La reiteración es relevante.

Cuando un atraso financiero termina afectando salarios una vez puede tratarse de un problema puntual.

Cuando ocurre repetidamente y empieza a alterar las frecuencias del transporte, deja de ser solamente una discusión administrativa entre empresa y Municipio.

Se transforma en un problema para los pasajeros.

El pasajero queda en el medio

Ese es el aspecto más delicado de la situación.

El Municipio sostiene que su obligación es cumplir con los aportes previstos y que el pago de los salarios corresponde a la empresa.

Ceferino argumenta que necesita recibir los fondos para poder afrontar sus obligaciones.

Los trabajadores, mientras tanto, reclaman cobrar los salarios en término.

Y en el último eslabón aparece el usuario.

Cada vez que alguna parte de esa cadena falla, el pasajero termina esperando un colectivo que no llega.

Eso ocurrió nuevamente durante esta semana.

El lunes hubo una interrupción total durante varias horas. Luego continuaron asambleas y retenciones parciales. Incluso el miércoles unos 25 trabajadores llevaron colectivos hasta la Municipalidad para reclamar por los salarios.

Horas después, el depósito destrabó el pago y permitió recuperar la normalidad.

Una curiosa protesta: seis colectivos terminaron multados

La jornada del 9 de septiembre dejó incluso una situación particular.

Mientras los choferes se encontraban frente al edificio municipal reclamando por sus haberes, seis unidades de Ceferino fueron multadas por encontrarse estacionadas en doble fila.

El episodio sintetizó de alguna manera el nivel de tensión alcanzado durante el conflicto.

Los colectivos que debían estar prestando servicio terminaron estacionados frente a la Municipalidad, los trabajadores reclamaban por salarios impagos y las propias unidades terminaron sancionadas por infracciones de tránsito.

Pocas horas después llegó el dinero y la medida fue levantada.

Subsidios, costos y una discusión que se repite en todo el país

El caso Rawson también expone un problema que excede ampliamente a una sola ciudad.

El costo real de operar un colectivo está compuesto principalmente por salarios, combustible, mantenimiento, neumáticos, seguros, repuestos, amortización de unidades y gastos administrativos.

Cuando la tarifa abonada por el pasajero no alcanza para cubrir esos costos, el sistema necesita alguna forma de compensación pública.

Si esos aportes llegan tarde, son insuficientes o existen diferencias respecto de cómo actualizar los costos, el desequilibrio aparece rápidamente.

Los primeros afectados suelen ser proveedores y empresas.

Luego aparecen los salarios.

Y finalmente se deteriora el servicio.

Rawson ofrece esta semana un ejemplo concreto de esa cadena.

El subsidio provincial es otro componente del sistema

Además de los aportes municipales discutidos actualmente, las empresas de transporte urbano de Chubut reciben fondos provinciales.

Los registros oficiales correspondientes a 2025 muestran, por ejemplo, que Autotransporte Ceferino tenía asignado entonces un aporte provincial mensual de aproximadamente $40,46 millones dentro del esquema de subsidios al transporte.

Ese aporte provincial no debe confundirse con la deuda municipal que hoy está en discusión.

Pero muestra otra característica de la economía del transporte: el funcionamiento del servicio depende de distintas fuentes de recursos que deben combinarse para cerrar la ecuación mensual.

Tarifa, aportes municipales, compensaciones provinciales y otros ingresos terminan formando parte del mismo esquema.

Cuando una pieza se atrasa, el equilibrio puede romperse.

Lo que falta conocer

Para determinar realmente quién tiene razón en la disputa entre Rawson y Ceferino, las declaraciones públicas no alcanzan.

La discusión podría aclararse con tres grupos de documentos.

Primero, el contrato de concesión y sus modificaciones, para conocer exactamente qué obligación financiera corresponde a cada parte y bajo qué mecanismo se actualizan los costos.

Segundo, los certificados o liquidaciones mensuales desde diciembre de 2024, período desde el cual la empresa asegura que comenzaron a acumularse diferencias.

Y tercero, el detalle de todas las transferencias efectivamente realizadas por la Municipalidad, con fechas e importes.

Con esos elementos podría construirse una cuenta relativamente sencilla:

monto reconocido – pagos realizados = saldo pendiente.

Hasta que esa documentación sea pública, afirmar que Rawson debe $1.800 millones sería tomar como cierta la posición empresarial.

Pero afirmar que solamente debe $600 millones implicaría hacer exactamente lo mismo con la versión municipal.

Por ahora, ambas son cifras declaradas por las partes.

Volvió el servicio, no terminó el conflicto

El miércoles por la tarde los colectivos volvieron a circular normalmente.

El Municipio depositó el aporte pendiente, Ceferino pagó los salarios y los trabajadores levantaron las medidas.

Para los usuarios, esa es la buena noticia.

Pero la solución parece haber atacado solamente la consecuencia inmediata del problema.

Si la empresa efectivamente considera que existe una deuda acumulada de $1.800 millones y el Municipio sólo reconoce hasta $600 millones, todavía queda por resolver una diferencia de al menos $1.200 millones.

Y mientras ese número permanezca sin conciliar, existe una pregunta inevitable:

¿qué impedirá que el mismo conflicto vuelva a repetirse el próximo mes?

Rawson logró que sus colectivos volvieran a circular.

Ahora necesita algo probablemente más difícil: que Municipio y prestataria logren ponerse de acuerdo sobre cuánto cuesta realmente el servicio, cuánto se pagó y cuánto se debe.

Porque si ni siquiera existe consenso sobre esos tres números, la normalidad recuperada esta semana puede ser solamente transitoria.

¿Batería más grande o colectivo más eficiente? Cuánto se puede ganar con peso, neumáticos, climatización, aerodinámica y regeneración

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Agregar capacidad aumenta la autonomía, pero también suma peso, costo y tiempo de carga. Distintos estudios muestran que aligerar el vehículo, reducir la resistencia al rodamiento, mejorar la climatización, recuperar más energía al frenar y optimizar la carrocería puede permitir recorrer más kilómetros sin instalar necesariamente una batería mayor.

Cuando un colectivo eléctrico necesita más autonomía, existe una solución aparentemente evidente: ponerle una batería más grande.

Si 350 kWh no alcanzan, instalar 400. Si 400 quedan justos, subir a 450.

La lógica parece indiscutible: más energía almacenada equivale a más kilómetros disponibles. Pero aparece una paradoja.

La batería que permite recorrer más kilómetros también pesa. Y cuanto más pesa el colectivo, más energía necesita para acelerar, subir pendientes y vencer la resistencia al rodamiento.

Además cuesta más dinero, ocupa espacio, puede limitar la capacidad de pasajeros y requiere almacenar y posteriormente recargar una cantidad mayor de electricidad.

Un estudio publicado en Energy sobre dimensionamiento de baterías para colectivos eléctricos advierte justamente que aumentar capacidad para extender la autonomía puede incrementar innecesariamente costos y peso. Sus simulaciones encontraron consumos muy diferentes según el tipo de servicio, desde aproximadamente 2 hasta 4,6 kWh por kilómetro, demostrando que no todos los recorridos necesitan el mismo tamaño de batería.

Incluso organismos dedicados a la planificación del transporte eléctrico advierten que los buses de gran autonomía suelen incorporar más baterías, con el intercambio correspondiente entre mayor alcance, mayor costo, más peso y, potencialmente, menor capacidad legal de pasajeros.

La pregunta empieza entonces a cambiar.

Quizás no sea solamente: ¿Cómo podemos guardar más electricidad?

Sino también: ¿Cómo hacemos para necesitar menos electricidad para recorrer cada kilómetro?

La otra manera de ganar autonomía

La autonomía de un colectivo eléctrico puede mejorarse desde cualquiera de los dos lados de la ecuación.

Se puede aumentar la energía disponible. O se puede reducir el consumo.

Supongamos, solamente como ejemplo, un colectivo con 350 kWh utilizables que consume en promedio 1,30 kWh/km. Su autonomía teórica sería cercana a 269 kilómetros.

Si lográramos reducir el consumo un 10%, hasta aproximadamente 1,17 kWh/km, con exactamente la misma batería podría recorrer alrededor de 299 kilómetros.

Casi 30 kilómetros adicionales.

Para conseguir esos mismos 299 kilómetros manteniendo el consumo original habría que disponer de aproximadamente 389 kWh.

Es decir: unos 39 kWh adicionales de batería.

El ejemplo es deliberadamente simplificado —no contempla reserva operativa, degradación, temperatura ni otras variables— pero permite comprender el concepto.

Ahorrar energía puede funcionar, desde el punto de vista de la autonomía, de manera similar a instalar más batería.

Con una diferencia: reducir el consumo beneficia al vehículo durante cada kilómetro de toda su vida útil.

El círculo vicioso de agregar batería

Existe además un efecto que complica la lógica de aumentar capacidad indefinidamente.

Más batería significa más masa.

Más masa aumenta la energía necesaria durante las aceleraciones, pendientes y rodamiento.

Eso significa que parte de la capacidad adicional se utiliza simplemente para transportar la propia batería adicional.

La autonomía sigue aumentando, pero no necesariamente de manera perfectamente proporcional.

Un estudio sobre colectivos eléctricos analizó precisamente la relación entre masa y consumo y estimó que reducir un 10% el peso total del bus podía disminuir aproximadamente entre 4,2% y 4,8% el consumo energético en las condiciones simuladas.

Otro trabajo de 2026 resume el dilema con claridad: una batería de mayor capacidad permite aumentar el alcance, pero su masa adicional también incrementa el consumo energético del vehículo.

Por eso el objetivo de ingeniería no necesariamente consiste en instalar la mayor batería físicamente posible.

Consiste en instalar la batería necesaria para cumplir el servicio, con margen suficiente, dentro del vehículo más eficiente posible.

1. Peso: cada tonelada viaja durante toda la jornada

El peso afecta al colectivo cada vez que acelera.

Y un urbano puede hacerlo cientos de veces durante una jornada.

Carrocería, chasis, baterías, aire acondicionado, asientos, sistemas auxiliares y pasajeros forman una masa que debe ponerse en movimiento nuevamente después de cada parada.

Por eso los fabricantes investigan estructuras más livianas, materiales de mayor resistencia, componentes integrados y diseños que permitan reducir kilos sin comprometer seguridad o durabilidad.

La investigación que estimó una reducción de alrededor de 4,2–4,8% en el consumo ante una disminución del 10% de masa sirve para dimensionar el efecto potencial. No significa que todos los colectivos obtendrán automáticamente ese resultado: depende del ciclo de conducción, pendientes y cantidad de aceleraciones.

El ahorro tiende a resultar especialmente interesante en recorridos urbanos con muchas detenciones.

En una autopista a velocidad constante, la masa tiene menor incidencia sobre la energía necesaria para mantener la velocidad.

En una línea donde el vehículo acelera desde cero constantemente, cada kilogramo vuelve a entrar en juego una y otra vez.

2. Neumáticos: una resistencia pequeña repetida millones de veces

Un neumático se deforma al entrar en contacto con el pavimento. Esa deformación consume energía. Se conoce como resistencia al rodamiento.

En un vehículo pesado, circulando cientos de kilómetros diariamente durante años, pequeñas diferencias en esa resistencia pueden acumular un gasto energético considerable.

Los modelos científicos de consumo para buses eléctricos incluyen al coeficiente de resistencia al rodamiento como uno de los principales componentes de las pérdidas mecánicas, junto con masa, aerodinámica, pendientes y aceleraciones.

Una investigación de Aalto University comparó distintas estrategias para mejorar la eficiencia de buses eléctricos, incluyendo neumáticos de baja resistencia, chasis de aluminio, carrocería aerodinámica, bomba de calor y conducción predictiva.

Entre sus conclusiones, los neumáticos de baja resistencia al rodamiento fueron una de las soluciones que produjo ahorros más consistentes entre distintos ciclos de operación.

No significa simplemente colocar cualquier neumático que “ruede más”.

El desafío es reducir resistencia sin comprometer frenado, adherencia, duración, capacidad de carga ni seguridad.

También importa algo aparentemente mucho más simple: mantener la presión correcta.

Un neumático trabajando fuera de sus condiciones óptimas aumenta pérdidas, desgaste y consumo.

En la electrificación, hasta el mantenimiento de una cubierta empieza a convertirse en parte de la gestión energética.

3. Aerodinámica: importa poco a baja velocidad y muchísimo más cuando aumenta

Un colectivo parece, desde el punto de vista aerodinámico, una caja enorme empujando aire. Tiene una gran superficie frontal. Y la resistencia aerodinámica aumenta fuertemente con la velocidad.

Los modelos físicos utilizados para buses eléctricos calculan la fuerza aerodinámica en función de la superficie frontal, densidad del aire, coeficiente aerodinámico y el cuadrado de la velocidad.

Por eso modificar mínimamente la carrocería de un colectivo que circula a 15 km/h entre paradas puede producir un beneficio menor que hacerlo en un vehículo que pasa buena parte de su operación a 70, 80 o 90 km/h.

La investigación de Aalto llegó precisamente a esa conclusión: una carrocería de bajo arrastre presenta un potencial especialmente interesante en rutas de mayor velocidad.

Ahí entran detalles como: frente, techo, retrovisores, equipos de aire acondicionado, transiciones entre superficies, bajos de carrocería, y turbulencias generadas en la parte trasera. En un ómnibus urbano tradicional, la aerodinámica nunca fue irrelevante.

Pero cuando cada kWh tiene que salir de una batería limitada, comienza a adquirir otro valor.

4. Climatización: mejorarla puede equivaler a agregar muchos kilómetros

El aire acondicionado y la calefacción son probablemente los mejores ejemplos de energía que desaparece sin mover una sola rueda.

Un trabajo técnico publicado por SAE International en enero de 2026 combinó datos reales y pruebas de laboratorio a temperaturas de entre -5 °C y 45 °C.

En situaciones de máxima demanda del HVAC encontró reducciones de autonomía de aproximadamente 20% a 40%, dependiendo del aislamiento, estrategia de climatización y características de operación.

Otro estudio experimental descompuso el consumo diario de un colectivo eléctrico y encontró, en las condiciones ensayadas, que el motor de tracción representó alrededor del 44,9% de la energía, mientras los sistemas de aire acondicionado de alta y baja tensión sumaron más de un tercio del consumo observado.

Ahí aparece una enorme oportunidad. No se trata de apagar el aire acondicionado. Se trata de obtener el mismo confort utilizando menos energía. Mejor aislamiento. Vidrios con control solar. Películas inteligentes. Preacondicionamiento durante la carga. Climatización por zonas. Control automático. Y bombas de calor.

En simulaciones desarrolladas por Aalto University, sustituir calefacción eléctrica resistiva por una bomba de calor redujo en promedio 12,7% el consumo total del vehículo bajo condiciones frías de -10 °C.

Es una cifra especialmente interesante porque permite entender algo importante:

una mejora en un sistema auxiliar puede tener un efecto sobre la autonomía comparable al de agregar una cantidad significativa de batería.

5. Vidrios y aislamiento: energía que no entra no hace falta expulsarla

Este punto conecta directamente con los vidrios inteligentes que Marcopolo presentó durante Lat.Bus 2026.

La energía más barata de refrigerar es aquella que nunca ingresó al salón.

Si radiación solar atraviesa las enormes superficies vidriadas del colectivo y aumenta la temperatura interior, posteriormente habrá que extraer ese calor utilizando electricidad.

Por eso vidrios con control infrarrojo, películas electrocrómicas, aislación en techo y paredes y mejor control de infiltraciones pueden tener incidencia indirecta sobre la autonomía.

No necesariamente aportarán decenas de kilómetros individualmente.

Pero forman parte de una lógica completamente distinta a la de “resolver todo con batería”.

Cada watt térmico que no entra es un watt que el sistema de climatización potencialmente no deberá retirar.

Y la misma lógica funciona al revés en invierno: cada unidad de calor que no escapa necesita menos energía para ser reemplazada.

6. Regeneración: recuperar la energía que antes terminaba convertida en calor

Un colectivo urbano frena constantemente.

En un diésel tradicional, gran parte de la energía cinética acumulada durante la aceleración termina disipándose como calor en los frenos.

Un eléctrico puede recuperar parte de ella.

Durante la desaceleración, el motor funciona como generador y devuelve electricidad hacia la batería.

En una investigación basada en un año completo de datos de una flota eléctrica, los buses de 40 pies recuperaron mediante frenado regenerativo una cantidad de energía equivalente a aproximadamente 37,3% de la energía media requerida para la operación, mientras que en los articulados de 60 pies la cifra fue de 40,2%.

Esto no significa que el colectivo reduzca automáticamente su consumo un 40% respecto de otro idéntico sin regeneración en cualquier recorrido.

La cantidad recuperable depende de velocidad, pendientes, tránsito, temperatura, estado de carga, conducción y estrategia de control.

Un estudio con datos reales de Montreal encontró precisamente variaciones estacionales en el desempeño de la regeneración y señaló que su eficiencia resulta especialmente favorable en determinados rangos intermedios de velocidad.

Pero demuestra por qué un colectivo eléctrico urbano posee una ventaja particular.

Cuanto más frena, más oportunidades tiene de recuperar una parte de la energía utilizada previamente para acelerar.

7. El chofer puede convertirse en parte del sistema de recuperación

La regeneración depende también de cómo se conduce.

Anticipar una parada y desacelerar progresivamente puede permitir utilizar durante más tiempo el freno regenerativo.

Llegar rápidamente al semáforo y realizar una frenada intensa puede obligar a que una mayor proporción de la desaceleración sea absorbida por el sistema mecánico.

De ahí surge el concepto de eco-driving o conducción eficiente.

Una investigación sobre componentes y estrategias de conducción estimó que técnicas de conducción eficiente podían mejorar alrededor de 22% la eficiencia de un colectivo eléctrico dentro de los ciclos analizados.

Otro estudio basado en conducción predictiva encontró reducciones de consumo de aproximadamente 9,5% en condiciones frías mediante un sistema capaz de anticipar la evolución del recorrido.

Nuevamente, no son porcentajes universales. Pero muestran algo interesante: existe autonomía escondida no solamente dentro del hardware, sino también dentro del software y de la operación.

¿Qué conviene mejorar primero?

No existe una respuesta única. Depende del recorrido.

En una línea urbana muy lenta y con cientos de paradas, reducir peso, mejorar neumáticos, climatización y regeneración probablemente tenga más impacto relativo que una optimización aerodinámica extrema.

En un servicio interurbano o BRT de alta velocidad, la resistencia del aire comienza a adquirir mayor protagonismo. En una región fría, una bomba de calor puede resultar decisiva. En una ciudad muy calurosa, vidrios, aislamiento y refrigeración eficiente adquieren mayor valor. En rutas montañosas, peso y regeneración ganan protagonismo.

Y en líneas con jornadas extremadamente largas puede seguir siendo inevitable instalar una batería de gran capacidad.

Precisamente por eso un estudio de dimensionamiento encontró necesidades tan diferentes según el servicio: el consumo modelado varió entre unos 2 y 4,6 kWh/km, y los servicios interurbanos fueron los que necesitaron las baterías de mayor tamaño. La batería ideal no se determina solamente por el vehículo. Se determina también por la línea.

Más batería no es gratis

Agregar capacidad tiene ventajas evidentes. Proporciona mayor autonomía. Permite afrontar contingencias. Reduce la necesidad de carga durante el día. Y puede simplificar la operación. Pero también implica compromisos. Más costo inicial. Mayor masa. Potencial reducción de pasajeros. Más materiales. Mayor energía para desplazar el vehículo. Y más electricidad que deberá ser repuesta durante cada ciclo de carga.

Los estudios sobre buses eléctricos reconocen justamente esta tensión: baterías grandes aumentan autonomía y reducen necesidades de recarga, pero incrementan peso, utilización energética y costo.

Incluso algunas investigaciones han encontrado que determinados colectivos urbanos terminan sobredimensionando sus baterías para poder cubrir una pequeña cantidad de jornadas excepcionalmente exigentes, por ejemplo bajo condiciones climáticas extremas.

Esto abre otra discusión. Quizás resulte más económico diseñar infraestructura para resolver esos pocos días excepcionales que transportar durante todos los días del año una batería sobredimensionada.

Una batería más pequeña también puede generar un círculo virtuoso

Existe además el fenómeno inverso. Si un colectivo necesita menos energía por kilómetro, quizás pueda utilizar una batería ligeramente menor. Una batería menor pesa menos. Al pesar menos, el vehículo necesita menos energía. Al consumir menos energía, puede necesitar todavía menos capacidad.

Este efecto es particularmente interesante en sistemas con carga de oportunidad, donde los vehículos recuperan energía durante la jornada.

Un estudio sobre carga ultrarrápida de colectivos urbanos concluyó que disponer de infraestructura de recarga durante la operación puede permitir reducir considerablemente el tamaño necesario de las baterías.

Esto explica por qué existen filosofías tan diferentes de electrificación. Una consiste en instalar enormes baterías y cargar principalmente durante la noche.

Otra utiliza baterías menores y cargas frecuentes en cabeceras o estaciones. Ninguna es universalmente mejor.

La respuesta depende de infraestructura, tarifas eléctricas, recorrido, tiempos de espera, vida útil de la batería y organización del servicio.

El colectivo eléctrico convierte cada componente en una cuestión energética

La electrificación está produciendo un cambio conceptual muy profundo dentro de la industria. Antes, un neumático era fundamentalmente un elemento de seguridad, costo y mantenimiento.

Ahora también representa autonomía. Un vidrio era visibilidad y confort. Una carrocería más liviana era capacidad de carga. El aire acondicionado era confort. El software de frenos era comportamiento dinámico. Incluso el estilo del conductor puede terminar expresándose en kWh por kilómetro. todos estos componentes representan autonomía.

Por eso el desarrollo del colectivo eléctrico probablemente no avance solamente mediante baterías cada vez mayores.

También avanzará mediante vehículos que necesiten cada vez menos batería para realizar el mismo trabajo.

La verdadera carrera puede ser bajar los kWh por kilómetro

Durante los primeros años de electrificación, buena parte de la competencia entre fabricantes estuvo centrada en una cifra sencilla de comunicar: la capacidad de batería.

400 kWh. 500 kWh. 600 kWh.

Y detrás de ella, otra cifra todavía más atractiva: los kilómetros de autonomía. Pero quizá el indicador tecnológico más interesante empiece a ser otro.

¿Cuánta energía necesita ese colectivo para transportar determinada cantidad de pasajeros durante un kilómetro real de servicio?

Porque colocar más batería tiene un límite físico y económico. La eficiencia, en cambio, puede mejorarse desde decenas de lugares diferentes.

Peso. Neumáticos. Motores. Electrónica. Aerodinámica. Climatización. Vidrios. Aislamiento. Regeneración. Software. Conducción. Infraestructura.

Ninguno resolverá individualmente todos los problemas. Pero cuando varias mejoras pequeñas se acumulan, pueden terminar produciendo un cambio importante.

Y ahí aparece posiblemente uno de los principios que definirá a la próxima generación de colectivos eléctricos:

el mejor vehículo no necesariamente será el que pueda llevar la batería más grande, sino el que necesite menos energía para llevar a los mismos pasajeros hasta el mismo destino.

Siete de cada diez viajes que perdió el AMBA corresponden a líneas provinciales

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Entre junio de 2024 y junio de 2026, los colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires perdieron cerca de 1,67 millones de viajes por día hábil. Casi 1,2 millones corresponden solamente a las líneas reguladas por la Provincia de Buenos Aires. La caída bonaerense alcanza el 23% durante la semana y trepa al 31% los domingos.

La caída de pasajeros en los colectivos del AMBA es generalizada, pero cuando los datos se separan por jurisdicción aparece una diferencia difícil de pasar por alto.

Entre junio de 2024 y junio de 2026, el sistema pasó de registrar un promedio de 9.862.272 viajes por día hábil a 8.196.300.

Son 1.665.972 viajes diarios menos, equivalentes a una contracción cercana al 17%. Pero esa pérdida no se repartió de manera uniforme.

Las 254 líneas reguladas por la Provincia de Buenos Aires concentraron por sí solas 1.191.930 de esos viajes perdidos: pasaron de 5.288.385 pasajeros por día hábil en junio de 2024 a 4.096.455 dos años después. La reducción alcanza el 23%.

Dicho de otra manera: más de siete de cada diez viajes que desaparecieron del sistema de colectivos del AMBA durante los días laborales corresponden a líneas bonaerenses.

Provincia explica el 72% de la caída

El dato surge de comparar la pérdida absoluta de cada jurisdicción.

Las líneas exclusivamente porteñas redujeron sus viajes diarios en alrededor de 64.900, mientras que las nacionales —las que cruzan entre CABA y el conurbano— perdieron cerca de 409.000.

Provincia perdió casi 1,2 millones. Así, aunque las líneas bonaerenses representaban aproximadamente el 54% de los viajes del AMBA en junio de 2024, terminaron explicando cerca del 72% de toda la caída posterior. La diferencia porcentual también resulta significativa.

Mientras los colectivos que circulan íntegramente dentro de la Ciudad de Buenos Aires muestran retrocesos del orden del 7% al 8%, las líneas provinciales llegan al 23% durante los días hábiles, 28% los sábados y 31% los domingos.

No parece, entonces, simplemente una reducción homogénea de la movilidad metropolitana. Hay algo que está golpeando con mucha mayor intensidad al transporte público del conurbano.

El domingo es el punto más crítico

La pérdida se profundiza cuando desaparece la obligación de viajar por trabajo o estudio.

Los domingos de junio de 2024, las líneas provinciales transportaban un promedio de 1.627.979 pasajeros.

Dos años después, la cifra cayó a 1.127.818. Son aproximadamente 500.000 viajes dominicales menos, una reducción del 31%.

Los sábados presentan un comportamiento similar: de 3.295.262 pasajeros se pasó a 2.381.378, una caída de alrededor de 914.000 viajes diarios, equivalente al 28%.

La diferencia entre semana y fin de semana plantea una primera hipótesis.

Quien necesita llegar todos los días a su trabajo tiene menos posibilidades de eliminar ese viaje. En cambio, una salida recreativa, una visita familiar, una compra o cualquier desplazamiento no obligatorio puede postergarse, combinarse con otra actividad o directamente desaparecer cuando viajar se vuelve más caro o incómodo.

La investigación que dio origen a los datos menciona precisamente entre las posibles causas el deterioro del poder adquisitivo, el aumento de las tarifas, modificaciones en los hábitos posteriores a la pandemia y una menor cantidad de viajes vinculados al trabajo presencial.

¿Cuánto explica el boleto?

La tarifa aparece inevitablemente dentro de la discusión.

No permite explicar por sí sola toda la pérdida de pasajeros, pero existe una coincidencia que merece atención: la jurisdicción que más aumentó el boleto es también la que está perdiendo usuarios con mayor velocidad.

Los datos de julio de 2026, que Colectibondi analizó anteriormente, muestran que mientras el boleto mínimo con SUBE registrada alcanzaba los $742,81 en las líneas nacionales y $820,99 en CABA, las líneas provinciales bonaerenses ya llegaban a $1.063,98. En un año, el aumento provincial había alcanzado el 117,3%.

La relación, sin embargo, debe analizarse con cautela.

Que aumente la tarifa al mismo tiempo que caen los pasajeros no demuestra automáticamente que todo el descenso sea consecuencia del precio.

También intervienen el nivel de actividad económica, la cantidad de empleos, el teletrabajo, los cambios demográficos, la expansión de la moto, las aplicaciones de movilidad y la calidad ofrecida por cada servicio. Pero la brecha tarifaria vuelve imposible ignorar el factor económico.

¿Y las frecuencias?

Existe otra variable que puede actuar al mismo tiempo: la oferta. Los datos de julio permiten ver que los pasajeros disminuyeron mucho más rápido que los kilómetros recorridos.

En el conjunto del AMBA, entre julio de 2025 y julio de 2026 la cantidad de viajes cayó 19,1%, mientras que los kilómetros recorridos por los colectivos se redujeron 8,9%. En las líneas bonaerenses, específicamente, la demanda bajó 22,6% mientras que los kilómetros ofrecidos disminuyeron alrededor de 9,2%.

Esto indica que no toda la caída puede adjudicarse simplemente a que dejaron de circular colectivos.

Sin embargo, el dato agregado tampoco permite saber qué ocurre en cada línea, franja horaria o ramal.

Una reducción relativamente pequeña de kilómetros puede traducirse en esperas mucho mayores si se concentra durante la noche, los fines de semana o en servicios de menor demanda. Y allí puede comenzar un problema difícil de revertir.

El riesgo del círculo vicioso

Menos pasajeros significa menos recaudación tarifaria. Si esa pérdida lleva a las empresas a reducir frecuencias o ajustar kilómetros, el servicio se vuelve menos atractivo.

Si el colectivo tarda más en llegar, algunos pasajeros buscan otra alternativa. Entonces vuelven a caer los pasajeros. Y con ellos, nuevamente, la recaudación.

Es el riesgo de entrar en un círculo de menos demanda, menos ingresos, menos oferta y nuevamente menos demanda.

Los datos todavía no permiten afirmar que todo el sistema bonaerense haya ingresado en esa dinámica, pero sí muestran que la caída de pasajeros está siendo considerablemente más profunda que en las otras jurisdicciones del AMBA.

¿Se están eliminando combinaciones?

Hay además una pregunta que los datos de cantidad total de pasajeros no responden: ¿están desapareciendo viajes completos o los usuarios están haciendo menos combinaciones?

Una persona que antes utilizaba dos colectivos para llegar a destino generaba dos validaciones SUBE.

Si por el aumento del costo decide caminar parte del recorrido y utilizar solamente uno, estadísticamente desaparece un pasajero del sistema aunque la persona continúe realizando el mismo desplazamiento.

Lo mismo puede ocurrir con quienes combinan colectivo y tren, utilizan bicicleta para un tramo o caminan una distancia que anteriormente realizaban en transporte público.

Comprender cuánto de la caída corresponde a personas que dejaron de viajar y cuánto a viajes que ahora necesitan menos etapas sería fundamental para interpretar el fenómeno.

Tres jurisdicciones, tres comportamientos

La fotografía termina exponiendo también un problema estructural del AMBA.

Existe una única región metropolitana, pero no un único sistema de transporte.

Hay líneas reguladas por Nación, otras por la Ciudad y centenares bajo jurisdicción provincial y municipal, con diferentes esquemas tarifarios, mecanismos de actualización, niveles de subsidios y políticas de transporte.

Los resultados tampoco están siendo iguales.

En los dos años analizados, las 27 líneas exclusivamente porteñas registraron las menores caídas. Las 102 nacionales quedaron en una situación intermedia. Y las 254 provinciales concentraron, por una amplia diferencia, el mayor retroceso.

La tendencia continuó posteriormente: los datos de julio de 2026 mostraron una baja interanual del 7,2% en las líneas porteñas, del 12,6% en las nacionales y del 22,6% en las bonaerenses.

Es decir, no se trata solamente de una anomalía estadística de junio.

1,2 millones de viajes diarios que desaparecieron

El número permite dimensionar la transformación.

En apenas dos años, las líneas provinciales bonaerenses dejaron de registrar casi 1,2 millones de viajes en un día hábil promedio.

No significa necesariamente que 1,2 millones de personas diferentes hayan abandonado el colectivo: una misma persona puede generar varias validaciones durante una jornada.

Pero sí significa que existen casi 1,2 millones menos de etapas de viaje realizadas diariamente sobre esos servicios.

Y probablemente la pregunta más importante ya no sea simplemente por qué cayó la cantidad de pasajeros.

La pregunta es por qué cayó tres veces más rápido en buena parte del conurbano que dentro de la Ciudad de Buenos Aires.

Tarifa, poder adquisitivo, calidad, frecuencias, combinaciones y cambios en los hábitos de movilidad seguramente expliquen distintas partes de la respuesta.

Determinar cuánto pesa cada una será fundamental.

Porque si el colectivo comienza a perder pasajeros precisamente en los sectores metropolitanos donde constituye una de las pocas alternativas disponibles, el problema deja de ser solamente económico para las empresas.

Se convierte en un problema de accesibilidad y movilidad para todo el AMBA.

De un colectivo a una flota: ¿a cuántas casas equivale la electricidad necesaria para electrificar una línea del AMBA?

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Un colectivo eléctrico que recorra unos 240 kilómetros diarios puede demandar cerca de 281 kWh de la red por jornada. Es casi el consumo mensual completo de una vivienda de 300 kWh. Cuando el ejercicio se lleva a una flota de 60 unidades, la demanda escala hasta unos 16,8 MWh diarios y 5,26 GWh anuales: tanta electricidad como la que utilizarían durante un año alrededor de 1.750 hogares argentinos de consumo promedio.

¿Cuánta electricidad consume realmente un colectivo eléctrico?

La respuesta expresada en kilovatios hora puede resultar técnicamente correcta pero difícil de visualizar.

281 kWh por día.

¿Es mucho? ¿Es poco?

La dimensión aparece cuando esa cantidad se compara con algo mucho más cotidiano: el consumo eléctrico de una casa, un departamento o incluso un edificio entero.

Y cuando ese único colectivo se transforma en una flota de 60 unidades, la escala cambia completamente.

Tomando como punto de partida la experiencia realizada con los colectivos eléctricos Yutong de la Línea 59 de Buenos Aires, es posible construir una comparación sencilla que permita entender qué significaría energéticamente electrificar una línea completa del AMBA.

No se trata de un proyecto actualmente anunciado para la Línea 59, sino de un ejercicio técnico-periodístico construido a partir de datos reales de operación.

El punto de partida: 240 kilómetros diarios

Durante la prueba realizada en Buenos Aires, dos Yutong eléctricos de la Línea 59 llegaron a realizar aproximadamente 240 kilómetros diarios cada uno sin necesidad de carga intermedia.

Los consumos específicos medidos fueron de 0,974 y 1,038 kWh por kilómetro, con un promedio cercano a 1,01 kWh/km.

Pero esa es la electricidad efectivamente almacenada y utilizada por el vehículo.

Cuando se incorpora la eficiencia del proceso de carga, la cuenta aumenta.

Un análisis posterior de la experiencia argentina consideró aproximadamente 13,6% de pérdidas durante la carga, llevando el consumo real desde el cargador hasta alrededor de 1,17 kWh/km.

La cuenta queda entonces:

240 km × 1,17 kWh/km = 280,8 kWh

Redondeando:

Un colectivo eléctrico: 281 kWh por día

Ese es el número desde el cual puede comenzar la comparación.

¿A cuánto equivale cargar un solo colectivo?

Para visualizarlo utilizaremos tres escenarios residenciales sencillos.

Un departamento con un consumo de 150 kWh mensuales, una casa con 300 kWh mensuales y un edificio de 20 departamentos más espacios comunes con un consumo conjunto de 3.500 kWh mensuales.

No son promedios oficiales del AMBA: son referencias ilustrativas que permiten transformar los kWh en escalas fáciles de comprender.

Si dividimos esos consumos por 30 días, obtenemos aproximadamente:

Y aparece la primera comparación llamativa.

Un único colectivo eléctrico consume en un día la misma electricidad que un departamento de 150 kWh/mes utilizaría durante unos 56 días.

Frente a una casa de 300 kWh mensuales, equivale a unos 28 días de consumo.

Y frente al edificio completo utilizado como referencia, los 281 kWh representan aproximadamente 2,4 días de consumo del edificio.

Dicho todavía más gráficamente:

un día de operación de un colectivo equivale a casi dos meses de electricidad de un departamento de bajo consumo, o casi un mes entero de una casa de 300 kWh.

Un colectivo durante todo un mes

Para mantener los mismos supuestos utilizados en nuestro ejercicio sobre electrificación de una línea, consideramos 26 jornadas operativas mensuales.

Entonces:

281 kWh × 26 días = 7.306 kWh

Es decir:

7,3 MWh por colectivo y por mes

Esa electricidad equivale aproximadamente al consumo mensual completo de:

49 departamentos de 150 kWh/mes,

24 casas de 300 kWh/mes,

o algo más de 2 edificios completos de 3.500 kWh/mes.

Y esto es solamente un colectivo.

Un colectivo durante un año: casi 88 MWh

Manteniendo 26 jornadas mensuales durante doce meses:

7,306 MWh × 12 = 87,7 MWh anuales.

Por lo tanto, un único colectivo eléctrico podría consumir en un año aproximadamente la misma electricidad que:

49 departamentos funcionando durante todo un año,

24 viviendas de 300 kWh mensuales durante un año,

o algo más de dos edificios de 20 departamentos durante un año.

La cifra permite empezar a dimensionar una característica fundamental de la movilidad eléctrica.

El colectivo no solamente consume mucha energía porque es un vehículo pesado.

También trabaja muchísimas horas.

Un automóvil particular puede permanecer estacionado la mayor parte del día.

Un colectivo urbano puede circular dos turnos consecutivos y completar cientos de kilómetros antes de regresar a su cabecera.

De uno a 60 colectivos

Ahora multipliquemos el ejercicio.

Si una unidad requiere aproximadamente 281 kWh diarios:

60 × 281 = 16.860 kWh diarios.

Redondeando, la infografía utiliza:

16,8 MWh diarios

Es aquí donde la electrificación deja de parecer un problema exclusivamente automotor y empieza a convertirse en una cuestión de infraestructura eléctrica.

Porque en un solo día esa flota necesitaría tanta electricidad como la que consumirían durante todo un mes aproximadamente:

112 departamentos de 150 kWh,

56 casas de 300 kWh,

o casi 5 edificios completos de 20 departamentos.

Es una de las comparaciones más potentes de todo el ejercicio:

Lo que 60 colectivos eléctricos necesitan durante una sola jornada equivale aproximadamente a un mes completo de electricidad de 112 departamentos.

¿Qué representan entonces los 2.920 departamentos de la infografía?

Aquí conviene explicar bien cómo leer la placa.

La cifra de 2.920 departamentos no corresponde al consumo de un solo día.

Corresponde al consumo eléctrico de la flota durante un mes de operación.

Manteniendo 26 jornadas:

16,8 MWh/día × 26 ≈ 438 MWh mensuales.

Son aproximadamente:

438.000 kWh.

Si cada departamento utilizara 150 kWh por mes:

438.000 ÷ 150 = 2.920

Por eso la infografía muestra que un mes de operación de esos 60 colectivos consume aproximadamente la misma energía que 2.920 departamentos durante un mes completo.

Para casas de 300 kWh:

438.000 ÷ 300 = 1.460 casas.

Y para edificios de 3.500 kWh:

438.000 ÷ 3.500 ≈ 125 edificios.

Un año completo: 5,26 GWh

Cuando la operación se proyecta durante doce meses aparece otra escala.

438 MWh × 12 ≈ 5.256 MWh

o:

5,26 GWh anuales

Eso equivale aproximadamente a mantener durante un año:

2.922 departamentos de 150 kWh mensuales,

1.461 casas de 300 kWh mensuales,

o cerca de 125 edificios de veinte departamentos y espacios comunes bajo el supuesto de 3.500 kWh mensuales.

La cifra anual prácticamente coincide con la comparación mensual porque en ambos casos estamos enfrentando períodos equivalentes: un mes de flota contra un mes residencial, o un año de flota contra un año residencial.

Hay otra referencia todavía más interesante: el hogar argentino promedio

Existe una cuarta comparación que puede incorporarse a la nota con una referencia oficial.

En 2024, la Secretaría de Energía señaló un consumo eléctrico promedio nacional de aproximadamente 250 kWh mensuales por hogar. Es importante remarcar que se trata de una referencia nacional y no específicamente del AMBA.

Con esa referencia:

un hogar promedio consume aproximadamente 3.000 kWh al año.

Entonces:

5.260.000 kWh ÷ 3.000 kWh/año ≈ 1.753 hogares.

Es decir:

Una flota de 60 colectivos eléctricos consumiría al año aproximadamente lo mismo que 1.750 hogares argentinos promedio.

Y la comparación también puede hacerse con una sola unidad.

Los aproximadamente 87.700 kWh anuales de un colectivo equivaldrían al consumo anual de alrededor de:

29 hogares promedio.

Es una forma particularmente clara de observar el salto de escala:

1 colectivo ≈ 29 hogares promedio por año.

60 colectivos ≈ 1.750 hogares promedio por año.

La comparación completa

¿Entonces los colectivos eléctricos consumen “demasiado”?

La comparación puede producir una impresión engañosa si se la observa fuera de contexto.

Sí: un colectivo eléctrico demanda muchísima más electricidad que una vivienda.

Pero tampoco realiza el mismo trabajo.

Un departamento utiliza energía para iluminación, climatización y electrodomésticos.

El colectivo está desplazando un vehículo de varias toneladas durante 240 kilómetros diarios, transportando potencialmente a cientos o miles de pasajeros a lo largo de la jornada.

Por eso la comparación residencial no sirve para determinar si un bus eléctrico es eficiente o ineficiente.

Sirve para otra cosa:

hacer visible la escala energética de la electrificación del transporte público.

La comparación correcta entre tecnologías debería realizarse frente a la energía, combustible, emisiones y costos del colectivo diésel que sustituye.

Pero desde el punto de vista de la infraestructura eléctrica, conocer la equivalencia con hogares resulta extremadamente útil.

Porque permite entender qué ocurre cuando una empresa decide electrificar cincuenta, cien o doscientos vehículos.

El problema no son solamente los kWh

Incluso los 5,26 GWh anuales cuentan solamente una parte de la historia.

Para la red eléctrica existe otra pregunta tan importante como cuánta energía se consume:

¿en cuánto tiempo hay que entregarla?

Si los 60 colectivos regresan al depósito durante la noche y buena parte de los 16,8 MWh diarios debe reponerse en unas ocho horas, la instalación debería administrar una potencia promedio cercana a 2,1 MW.

Esa demanda equivale a transformar una cabecera tradicional de colectivos en una instalación eléctrica de escala industrial.

Transformadores.

Celdas.

Tableros.

Cargadores.

Cableado.

Sistemas de gestión de potencia.

Y eventualmente ampliaciones de la red de distribución.

Ahí está probablemente una de las conclusiones más importantes del ejercicio.

Electrificar un colectivo es cargar un vehículo; electrificar una línea es alimentar una pequeña central de consumo

Un único colectivo eléctrico ya representa una demanda energética significativa.

Alrededor de 281 kWh diarios.

Casi 88 MWh por año.

El equivalente a unas 29 viviendas promedio argentinas durante doce meses.

Pero todavía puede integrarse dentro de una infraestructura relativamente contenida.

Cuando ese vehículo se multiplica por 60, cambia la naturaleza del problema.

Ya no hablamos solamente de buses.

Hablamos de 5,26 GWh anuales, megavatios de potencia de carga y una cabecera convertida en un nodo energético.

Esa quizá sea la mejor manera de leer la infografía.

No pretende decir que “un colectivo consume como tantas casas” para juzgar su eficiencia.

Pretende mostrar el tamaño de la transformación.

Porque electrificar el transporte público significa retirar motores diésel de las calles.

Pero también significa algo menos visible:

trasladar una enorme demanda de energía desde el surtidor de combustible hacia la red eléctrica.

Y entre cargar un colectivo y cargar una flota completa hay una diferencia mucho mayor que simplemente multiplicar por 60.

Proponen eliminar cinco ramales de la línea 143, sumar un expreso y operar con hasta 47 colectivos

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La Secretaría de Transporte abrió el procedimiento para analizar una profunda reestructuración de la línea 143, operada por La Central de Vicente López. El proyecto contempla la eliminación de cinco recorridos, cambios en otros servicios, el desdoblamiento de un ramal y la creación de un expreso. El parque móvil proyectado quedaría establecido entre 33 y 47 unidades.

La línea 143 podría atravesar una importante reorganización de sus servicios. La Secretaría de Transporte publicó el 25 de septiembre de 2026 un edicto mediante el cual puso a consideración una propuesta de modificación presentada en el marco del expediente EX-2025-115382239-APN-DGDA#MEC, que involucra a La Central de Vicente López S.A.C.

El proyecto plantea una transformación significativa del esquema actual de la línea, ya que contempla la supresión total de los recorridos B, C, E, F y G.

A eso se agregan modificaciones en los recorridos A y D, incluyendo cambios de trazado e internación de cabecera. Según la descripción oficial, parte de esta reorganización dará lugar también a nuevas denominaciones dentro del esquema proyectado.

Desdoblamiento y un nuevo servicio expreso

Otro de los puntos centrales de la iniciativa es el desdoblamiento del actual recorrido A, que daría origen a un nuevo servicio dentro de la estructura propuesta.

Asimismo, se proyecta la creación de un servicio expreso D sobre el actual recorrido C, incorporando así una modalidad de prestación diferente dentro de la línea.

La propuesta incluye además una variación de las frecuencias de los servicios y modificaciones en la cantidad de colectivos afectados a la operación.

Entre 33 y 47 colectivos

El edicto establece que el parque móvil proyectado para la línea 143 tendría un máximo de 47 vehículos y un mínimo de 33 unidades.

La cifra resulta relevante porque acompaña una reorganización que no se limita únicamente a modificar recorridos: también podría alterar la distribución de unidades, las frecuencias y la forma en que se presta el servicio en las distintas zonas actualmente cubiertas.

En concreto, el proyecto oficial contempla:

  • la eliminación completa de los recorridos B, C, E, F y G;
  • cambios de recorrido e internación de cabecera para los actuales servicios A y D;
  • el desdoblamiento del recorrido A;
  • la incorporación de un nuevo servicio expreso sobre el actual recorrido C;
  • modificaciones en las frecuencias;
  • cambios en el parque móvil, con entre 33 y 47 colectivos.

Los cambios todavía no están aprobados

La publicación del edicto no implica que esta reestructuración ya haya sido autorizada ni que exista una fecha definida para su implementación.

La Secretaría de Transporte abrió un plazo de cinco días hábiles administrativos, contado desde el día siguiente a la publicación, para que personas humanas o jurídicas, públicas o privadas, presenten opiniones, observaciones o sugerencias sobre la propuesta.

Esas presentaciones tendrán carácter no vinculante, según establece expresamente el aviso oficial.

Por lo tanto, el esquema difundido debe considerarse por el momento como un proyecto sometido al procedimiento administrativo correspondiente.

De concretarse en los términos planteados, representaría una de las modificaciones más profundas de la estructura operativa de la línea 143, al reducir la cantidad de ramales actuales, redistribuir recorridos, incorporar una alternativa expresa y redefinir tanto las frecuencias como la cantidad de unidades utilizadas.

Fuente:

Secretaría de Transporte

Boletín Oficial de la República Argentina, edicto publicado el 25 de septiembre de 2026.

Sargento Cabral pidió dejar de operar las líneas 136 y 163

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La empresa solicitó el cese de la autorización para explotar ambas líneas nacionales. La Secretaría de Transporte abrió el expediente a observaciones durante cinco días hábiles administrativos. Por el momento, la publicación no implica que los servicios hayan sido dados de baja ni informa quién podría hacerse cargo de los recorridos.

Sargento Cabral S.A. de Transporte inició formalmente el trámite para dejar de explotar las líneas nacionales 136 y 163, según un edicto publicado el 25 de septiembre de 2026 por la Secretaría de Transporte en el Boletín Oficial.

El organismo informó que se encuentra en trámite una solicitud de cese de la autorización de explotación correspondiente a ambas trazas, dentro del expediente EX-2026-77878226-APN-DGDA#MEC.

La presentación tiene como solicitante y empresa involucrada a Sargento Cabral S.A. de Transporte, mientras que la descripción oficial del trámite establece específicamente el “cese de autorización para la explotación de los servicios” de las líneas 136 y 163.

Se abrió un período para presentar observaciones

Como parte del procedimiento, la Secretaría de Transporte puso a disposición de los interesados la propuesta, sus antecedentes y la documentación correspondiente.

Además, cualquier persona humana o jurídica, tanto pública como privada, puede presentar opiniones, observaciones o sugerencias sobre el proyecto. Estas presentaciones tendrán carácter no vinculante y podrán realizarse durante un plazo de cinco días hábiles administrativos contados desde el día siguiente a la publicación del edicto.

Las observaciones deben ingresarse únicamente a través del sitio oficial de la Secretaría de Transporte.

El cese todavía no está aprobado

La publicación del edicto constituye una instancia dentro del procedimiento administrativo y no significa que las líneas 136 y 163 hayan dejado de funcionar ni que el cese solicitado por la empresa ya haya sido autorizado.

El texto oficial señala expresamente que la solicitud “se encuentra en trámite”, por lo que resta conocer la resolución que adopte la autoridad de aplicación una vez cumplidas las instancias correspondientes.

Este punto resulta especialmente relevante para los pasajeros de ambas líneas: el edicto no especifica qué ocurriría con la continuidad de los servicios en caso de aprobarse el pedido, ni informa si las trazas serían asignadas a otro operador.

Tampoco brinda precisiones sobre eventuales modificaciones de frecuencias, flota, personal o recorridos.

Dos líneas metropolitanas bajo análisis

La solicitud abre así una nueva instancia administrativa que podría derivar en modificaciones dentro del esquema operativo del transporte automotor metropolitano.

Por ahora, las líneas 136 y 163 continúan formando parte del trámite bajo análisis y habrá que esperar la resolución de la Secretaría de Transporte para conocer cuál será el futuro de ambas trazas y, eventualmente, qué mecanismo se adoptará para garantizar su prestación.

El edicto fue publicado el 25 de septiembre de 2026 y lleva la firma del secretario de Transporte, Mariano Ignacio Plencovich.

Comodoro ajusta su nuevo sistema de transporte: De cambiar 95 colectivos a ordenar toda la red

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A poco más de un mes del desembarco de SolBus, Comodoro Rivadavia atraviesa la etapa menos visible de una renovación del transporte: corregir recorridos, frecuencias y paradas mientras los colectivos ya están circulando. La ciudad opera con 95 unidades y sumó herramientas digitales para consultar recorridos y seguir el servicio.

Cambiar de empresa de colectivos no termina el día que los nuevos vehículos salen por primera vez a la calle.

En Comodoro Rivadavia, el desembarco de SolBus el 1° de agosto abrió una segunda etapa mucho más compleja: hacer que una red completamente reorganizada funcione en la práctica, detectar problemas y modificarla mientras miles de pasajeros continúan utilizándola todos los días.

Durante los primeros 25 días de operación, la nueva prestataria puso 95 colectivos en servicio y el esquema contemplaba recorrer aproximadamente 634.000 kilómetros durante ese período inicial. Pero esos números cuentan solamente una parte de la transformación.

El nuevo contrato prevé un período inicial de 90 días de implementación, durante el cual el Municipio puede realizar correcciones sobre recorridos, frecuencias, paradas e infraestructura en función de lo que sucede efectivamente en la calle.

En otras palabras: el nuevo sistema nació con margen para ser corregido.

Del papel a la calle

Diseñar un recorrido sobre un mapa es relativamente sencillo.

Determinar si ese recorrido responde realmente a los viajes diarios de estudiantes, trabajadores, pacientes de hospitales y vecinos de distintos barrios es bastante más complejo.

Durante las primeras semanas, la Secretaría de Servicios Públicos y Control de Concesiones relevó reclamos y sugerencias recibidos a través del EnCoSeP y del 0800 municipal. Además, mantuvo reuniones con más de 18 instituciones, centros de salud y escuelas para analizar los itinerarios.

A partir de ese trabajo comenzaron las modificaciones. Uno de los cambios más importantes estuvo relacionado con el Hospital Regional, uno de los principales generadores de viajes de la ciudad.

El esquema reorganizado terminó llevando 17 líneas hasta la zona del establecimiento, ampliando nuevamente su conectividad con distintos sectores de Comodoro. También se modificaron sectores del centro y algunas líneas comenzaron a utilizar la Terminal de Ómnibus de larga distancia como punto de ascenso y descenso. El objetivo es descongestionar determinados sectores de la trama urbana y, al mismo tiempo, convertir a la terminal en un nodo más importante dentro del sistema.

Más de 1.000 paradas bajo la lupa

La reorganización no afecta solamente a los colectivos.

Un equipo municipal comenzó a relevar en territorio más de 1.000 paradas y alrededor de 60 refugios.

El trabajo implica verificar coordenadas, determinar cuáles siguen siendo necesarias, retirar puntos que quedaron fuera de uso y definir nuevas ubicaciones.

Posteriormente, la reorganización que comenzó a regir en septiembre quedó estructurada sobre alrededor de 960 paradas y 24 líneas, con modificaciones significativas en varios sectores de la ciudad.

Y este punto resulta clave. Cuando cambia una red de transporte, mover una parada algunos cientos de metros puede parecer una modificación menor desde la planificación, pero puede alterar completamente el viaje cotidiano de una persona mayor, un estudiante o alguien con movilidad reducida.

Por eso, la infraestructura de parada forma parte del sistema tanto como los propios colectivos.

Los colectivos ahora también generan datos

La otra gran transformación ocurre fuera de la calle.

Comodoro comenzó a centralizar digitalmente información sobre líneas, recorridos, paradas y horarios, mientras que SolBus habilitó su propia plataforma para consultar el servicio.

El Municipio había anticipado que la herramienta permitiría visualizar frecuencias, horarios, líneas, trayectos y ubicación de los colectivos, después de un proceso técnico que exigía mapear recorridos, parametrizar líneas y cargar cada parada dentro del sistema. La validación de esos datos se realizó con intervención de Nación Servicios y SUBE.

Para principios de septiembre, el Municipio ya informaba que el enlace de SolBus se encontraba operativo y que los pasajeros podían acceder también a la plataforma oficial de transporte de la ciudad.

Esto introduce algo que durante décadas no existió en buena parte de los sistemas urbanos argentinos: la posibilidad de contrastar la frecuencia programada con lo que realmente sucede en la calle.

Hasta ahora, para el pasajero una frecuencia de “cada 15 minutos” era básicamente una promesa. Con vehículos geolocalizados puede transformarse en un dato medible.

De la frecuencia declarada a la frecuencia real

Allí aparece una de las grandes oportunidades del nuevo sistema.

Si los colectivos transmiten permanentemente su posición, el GPS no debería servir solamente para mostrar un puntito moviéndose sobre un mapa.

También permite conocer cuánto tarda realmente cada unidad en completar un recorrido, cuánto permanece detenida en las cabeceras, qué sectores concentran demoras y cuál es el intervalo efectivo entre dos coches.

Es decir, la misma información que mejora la experiencia del pasajero puede convertirse en una herramienta de fiscalización del contrato.

Y esa diferencia es fundamental. Una empresa puede programar determinados horarios. Otra cosa es cumplirlos.

Un sistema que todavía está siendo construido

El modelo implementado desde agosto todavía atraviesa su período inicial.

La Municipalidad dejó en claro desde el comienzo que los primeros 90 días funcionarían como una etapa de ajuste y que los recorridos podrían modificarse en función de las necesidades detectadas.

De hecho, la reorganización ya produjo cambios de trazas, incorporación de nuevas conexiones, modificación de paradas y ajustes en puntos estratégicos como avenida Rivadavia, el Hospital Regional y la Terminal de Ómnibus.

Eso permite observar el cambio de concesionaria desde otra perspectiva. La renovación del transporte no consiste solamente en reemplazar colectivos viejos por unidades nuevas.

También implica reconstruir la red invisible que existe detrás de ellos: recorridos, horarios, kilómetros, cabeceras, frecuencias, paradas, refugios, datos y mecanismos de control.

95 colectivos son apenas el comienzo

La llegada de una flota renovada es probablemente la parte más visible de cualquier transformación del transporte público.

Pero no necesariamente es la más difícil. Comodoro tiene ahora 95 unidades operando dentro de un sistema que todavía está encontrando su configuración definitiva.

Los primeros meses servirán para conocer si los recorridos responden a las necesidades de los pasajeros, si las frecuencias son suficientes, qué paradas deben modificarse y qué tan confiable resulta la información digital.

Y allí estará el verdadero examen. Porque modernizar el transporte no es solamente poner colectivos nuevos en la calle. Es conseguir que pasen por donde hacen falta, cuando hacen falta y que el pasajero pueda saberlo antes de llegar a la parada.

Tandil declaró la emergencia del transporte: qué puede cambiar durante los próximos 12 meses

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El Concejo Deliberante aprobó una ordenanza que amplía temporalmente las facultades del Ejecutivo municipal para intervenir sobre frecuencias, horarios, recorridos, compensaciones y tarifas. Las empresas advierten una fuerte caída en la venta de boletos y reclaman medidas urgentes.

El Concejo Deliberante de Tandil aprobó por mayoría la declaración de emergencia del transporte público de pasajeros por un plazo de 12 meses. La medida, sancionada el 10 de septiembre, busca acelerar la toma de decisiones ante la crisis económica y operativa que atraviesa el sistema urbano de colectivos.

Durante la vigencia de la emergencia, el Departamento Ejecutivo municipal estará facultado para readecuar frecuencias, modificar horarios y recorridos, establecer compensaciones económicas y adoptar decisiones vinculadas con el valor del boleto.

Esto no significa que todas esas modificaciones vayan a aplicarse de manera inmediata. La ordenanza crea un marco excepcional para que el Municipio pueda intervenir con mayor rapidez, evitando que cada cambio deba atravesar los tiempos habituales del debate legislativo.

Qué puede cambiar para los pasajeros

Las atribuciones otorgadas al Ejecutivo podrían traducirse en modificaciones concretas sobre la prestación cotidiana del servicio. Entre ellas se encuentran:

  • Cambios en las frecuencias de las líneas.
  • Reorganización de horarios.
  • Modificaciones parciales o integrales de recorridos.
  • Reasignación de recursos entre los distintos servicios.
  • Implementación de compensaciones económicas.
  • Revisión del cuadro tarifario y del precio del boleto.

El alcance de cada medida dependerá de las decisiones que adopte el Municipio durante los próximos meses. Por el momento, la declaración de emergencia no implica por sí sola un aumento tarifario ni una reducción automática de servicios.

El concejal Marcos Nicolini explicó que la herramienta busca evitar un eventual colapso del transporte y reconoció que no constituye una solución definitiva. También planteó la necesidad de discutir a futuro el esquema de concesiones bajo el cual funciona el sistema. El Eco de Tandil

Las empresas advierten una caída en la cantidad de pasajeros

La Cámara de Transporte de Tandil respaldó la aprobación de la emergencia y pidió que las nuevas facultades sean utilizadas con rapidez.

Según datos difundidos por la propia entidad empresaria, la venta de boletos registró durante julio una caída interanual cercana al 15%. Su presidente, Daniel Albanese, también afirmó que el patrimonio de las compañías prestadoras se redujo más de un 50%.

Estas cifras fueron aportadas por los operadores del servicio y no corresponden, hasta el momento, a una auditoría económica publicada por el Municipio.

Albanese sostuvo además que durante 2025 la inflación alcanzó el 31,5%, mientras que la actualización reconocida en los costos del transporte se ubicó alrededor del 16%. Para la Cámara, esa diferencia afectó la capacidad de las empresas para sostener la operación y renovar sus recursos. LU22 Radio Tandil

La situación de la Línea 502

Dentro del sistema tandilense, la Cámara identificó a la Línea 502 como uno de los servicios en situación más crítica. El deterioro de sus números operativos ya había motivado discusiones sobre cambios en su funcionamiento y la necesidad de revisar su recorrido.

La emergencia habilita al Ejecutivo a avanzar con este tipo de readecuaciones, aunque cada modificación deberá ser anunciada oficialmente antes de entrar en vigencia.

El escenario combina una menor cantidad de pasajeros, mayores costos operativos y la reducción de los subsidios nacionales que históricamente ayudaban a sostener los sistemas urbanos del interior.

Un año para intervenir y discutir el sistema

La ordenanza tendrá vigencia durante 12 meses. En ese período, el Municipio deberá definir cómo utilizará las facultades extraordinarias y qué medidas aplicará para evitar un mayor deterioro del servicio.

La declaración permite actuar sobre los problemas inmediatos, pero deja abierta la discusión estructural: cómo financiar el transporte público, qué nivel de servicio puede sostenerse y cuánto deberán aportar el Estado, las empresas y los pasajeros.

Para los usuarios, la principal consecuencia será un año con posibles modificaciones en líneas, horarios, frecuencias y tarifas. Cada decisión deberá observarse también en función de su impacto sobre los barrios que dependen del colectivo como principal medio de movilidad.

El Calafate fue habilitado para emitir licencias profesionales para transporte interjurisdiccional

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La Agencia Nacional de Seguridad Vial certificó al centro emisor del municipio santacruceño como CEL Tipo A. La categoría le permite otorgar la Licencia Nacional de Conducir en todas sus clases, incluidas las profesionales C, D y E utilizadas para el transporte de cargas y pasajeros.

La Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) certificó y homologó al Centro de Emisión de Licencias de Conducir de El Calafate, provincia de Santa Cruz, como Centro Emisor de Licencias Tipo A (avanzado), habilitándolo para emitir la Licencia Nacional de Conducir.

La medida fue establecida mediante la Disposición 280/2026, firmada el 4 de septiembre y publicada este martes 8 de septiembre de 2026 en el Boletín Oficial de la República Argentina.

La habilitación resulta especialmente relevante para el transporte profesional, ya que los denominados CEL Tipo A son aquellos centros autorizados para emitir todas las clases de licencias de conducir. A diferencia de los Tipo B, que se limitan a las clases A, B y G, los centros avanzados pueden intervenir también en el otorgamiento de las categorías profesionales C, D y E.

En el caso del transporte de pasajeros, la clase D es la correspondiente a vehículos destinados a ese servicio, mientras que las clases C y E están principalmente vinculadas con vehículos de carga y combinaciones de mayor porte.

Santa Cruz ya tenía delegadas las facultades

La decisión se enmarca en el convenio firmado el 28 de mayo de 2025 entre la ANSV y la provincia de Santa Cruz, mediante el cual el organismo nacional delegó en la provincia la facultad de otorgar licencias nacionales de conducir de las clases C, D y E para transporte de pasajeros y cargas de carácter interjurisdiccional.

Posteriormente, el 24 de junio de 2025, ambas partes suscribieron una adenda por la cual Santa Cruz se reservó la posibilidad de continuar emitiendo determinadas subclases profesionales —entre ellas D1, D2 y D3— bajo los parámetros previstos para las licencias particulares dentro del territorio provincial.

A partir de ese esquema, la provincia solicitó formalmente que el centro de El Calafate fuera certificado como CEL Tipo A, pedido que finalmente recibió la aprobación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.

Según señala la disposición, las áreas técnicas de la ANSV determinaron que el municipio cumplió con los procedimientos y condiciones establecidos por la normativa vigente para obtener la certificación.

¿Qué significa ser un CEL Tipo A?

La normativa nacional establece dos niveles principales para los Centros Emisores de Licencias.

Los CEL Tipo B o intermedios pueden otorgar únicamente licencias de las clases A, B y G, mientras que los CEL Tipo A o avanzados están preparados para emitir todas las categorías, incluidas las profesionales.

Además, para alcanzar la categoría avanzada existen mayores exigencias de infraestructura, equipamiento, recursos humanos y procedimientos de evaluación, y debe existir previamente una delegación de facultades de Nación hacia la provincia para las licencias profesionales C, D y E.

Esto significa que El Calafate queda incorporado a la red de centros habilitados dentro del nuevo esquema nacional para tramitar habilitaciones destinadas a conductores profesionales, entre ellos quienes se desempeñan en el transporte automotor de pasajeros.

El nuevo esquema de licencias profesionales

La incorporación también se produce en medio de los cambios introducidos al sistema nacional de licencias.

Tras las modificaciones realizadas al régimen de tránsito, las Licencias Nacionales de Conducir profesionales clases C, D y E emitidas por jurisdicciones autorizadas por la ANSV son las habilitantes para realizar transporte interjurisdiccional de cargas y pasajeros. El nuevo sistema reemplazó el esquema que anteriormente requería una Licencia Nacional de Transporte Interjurisdiccional (LiNTI) adicional.

En ese contexto, la certificación de nuevos CEL Tipo A amplía la red disponible para gestionar las habilitaciones profesionales bajo el Sistema Nacional de Licencias de Conducir.

La Disposición 280/2026 también autoriza la emisión del correspondiente Certificado de Centro Emisor de Licencias Nacionales de Conducir a favor de El Calafate, formalizando así su incorporación al sistema.

Con la publicación de la medida en el Boletín Oficial, El Calafate suma así capacidad para tramitar licencias nacionales profesionales, incluyendo la clase D necesaria para conducir vehículos afectados al transporte de pasajeros, además de las restantes categorías contempladas por el sistema.

 

Fuente:

Agencia Nacional de Seguridad Vial –

Disposición 280/2026, publicada en el Boletín Oficial de la República Argentina el 8 de septiembre de 2026.

Mar del Plata intenta destrabar una concesión de colectivos que definirá el sistema durante 20 años

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El Concejo Deliberante continúa discutiendo el nuevo pliego para licitar el transporte urbano de pasajeros. El proyecto contempla una concesión por dos décadas y busca establecer las reglas con las que funcionarán los colectivos de la ciudad hasta aproximadamente 2046. Una mesa especial creada para acelerar los acuerdos terminó naufragando y el debate regresó a la Comisión de Movilidad Urbana.

Mar del Plata vuelve a discutir una de las decisiones más importantes para el futuro de su transporte público: cómo funcionará el sistema de colectivos durante los próximos 20 años.

La Comisión de Movilidad Urbana del Concejo Deliberante retomó el 24 de agosto el tratamiento del expediente 1729/25, que busca autorizar al Departamento Ejecutivo a convocar una licitación pública nacional e internacional para concesionar el servicio de transporte urbano colectivo de pasajeros del partido de General Pueyrredon.

No se trata de una discusión menor. De avanzar en los términos planteados, el próximo contrato podría extenderse durante dos décadas y establecer buena parte de las condiciones con las que viajarán marplatenses y turistas hasta aproximadamente 2046.

Por eso, cada definición que se incorpore hoy al pliego —desde la antigüedad permitida para los colectivos hasta las frecuencias, la accesibilidad o la tecnología exigida— puede tener consecuencias durante muchos años.

Una mesa para intentar alcanzar acuerdos

Ante las diferencias surgidas durante el debate legislativo, el presidente de la Comisión de Movilidad Urbana, Guido García, impulsó el 24 de agosto la creación de un espacio especial de trabajo.

La propuesta contemplaba tres encuentros, con la participación de un representante de cada bloque político y funcionarios del Ejecutivo municipal, con el objetivo de analizar modificaciones y alcanzar un texto consensuado antes de emitir un despacho definitivo.

Sin embargo, la iniciativa encontró resistencia.

El 31 de agosto se realizó el denominado “Espacio de Trabajo Complementario”, aunque buena parte de la oposición decidió no participar al considerar que la instancia quedaba por fuera del funcionamiento reglamentario habitual del Concejo.

El intento terminó prácticamente en su primera reunión y se resolvió que el expediente volviera a discutirse dentro de la Comisión de Movilidad Urbana.

El proceso, por lo tanto, continúa abierto. Todavía no existe una aprobación definitiva del pliego ni una convocatoria abierta para que las empresas presenten ofertas.

Una licitación que condicionará dos décadas

El plazo de 20 años convierte al futuro contrato en algo mucho más amplio que una simple renovación de operadores.

Una concesión de semejante duración debería intentar anticipar cómo evolucionará la movilidad urbana durante las próximas dos décadas.

En 2046 probablemente sean diferentes las tecnologías de propulsión, los sistemas de pago, las herramientas de información al pasajero y hasta las formas en las que los usuarios planifican sus viajes.

Por eso, un pliego pensado solamente para resolver las necesidades actuales corre el riesgo de quedar desactualizado mucho antes de finalizar el contrato.

La discusión debería establecer no sólo quién prestará el servicio, sino bajo qué condiciones deberá modernizarlo.

Qué debería quedar escrito ahora

Uno de los puntos centrales es la renovación de la flota.

El contrato debería establecer claramente cuál será la antigüedad máxima permitida para las unidades, la edad promedio que deberá mantener cada operador y un cronograma verificable de incorporación de nuevos colectivos.

La accesibilidad aparece como otro aspecto fundamental. El Consejo Municipal de Discapacidad ya reclamó que el pliego establezca pautas mínimas obligatorias y plazos concretos para incorporar unidades de piso bajo y garantizar condiciones de accesibilidad universal.

Pero hay otros elementos que resultarán determinantes.

Deberían establecerse frecuencias mínimas verificables, indicadores de regularidad y mecanismos automáticos de sanción cuando los operadores incumplan. No alcanza con establecer cuántos colectivos debe tener una línea: también será necesario controlar cuánto esperan realmente los pasajeros en las paradas.

La tecnología también debería formar parte estructural de la concesión.

GPS obligatorio, información de arribos en tiempo real, datos abiertos sobre recorridos y frecuencias, aplicaciones interoperables y sistemas que permitan al municipio fiscalizar la operación podrían convertirse en herramientas básicas para controlar el servicio.

¿Y la transición energética?

Veinte años representan además un período particularmente largo frente a la transformación que atraviesa actualmente la industria del transporte.

Durante la vigencia del próximo contrato podrían generalizarse tecnologías que hoy todavía están iniciando su expansión en Argentina: colectivos eléctricos, híbridos, unidades a GNC y otras alternativas destinadas a reducir consumo y emisiones.

Por eso, más que exigir una única tecnología desde el primer día, el pliego podría establecer objetivos progresivos de renovación y descarbonización, capaces de adaptarse a los cambios tecnológicos sin obligar a la ciudad a mantener durante décadas una solución que eventualmente quede obsoleta.

También deberían contemplarse las inversiones necesarias para acompañar esa transformación: infraestructura de carga, adecuación de cabeceras, talleres, capacitación y disponibilidad energética.

Un sistema que ya lleva años esperando una definición

El actual constituye el tercer intento de avanzar con una licitación de largo plazo, después de procesos anteriores que no lograron concretarse. La propuesta vigente plantea una concesión por 20 años y busca rediseñar un sistema cuya estructura tradicional, fuertemente orientada hacia el centro de la ciudad, es considerada insuficiente frente a las nuevas necesidades de movilidad.

El desafío será lograr un equilibrio entre generar condiciones suficientemente atractivas para que existan inversiones y competencia empresarial, y evitar que un contrato tan prolongado reduzca la capacidad del Estado municipal para exigir mejoras durante su vigencia.

Porque discutir una concesión hasta aproximadamente 2046 no significa solamente definir qué empresas manejarán los colectivos de Mar del Plata.

Significa decidir qué calidad de servicio deberán ofrecer, con qué unidades, con qué frecuencias, qué información tendrán los pasajeros, cómo se controlará a los operadores y qué inversiones deberán realizarse para que el sistema pueda evolucionar durante los próximos 20 años.

El nuevo pliego, en definitiva, no debería limitarse a garantizar que los colectivos sigan circulando.

Debería intentar definir qué transporte público quiere tener Mar del Plata para las próximas dos décadas.

La Línea 102 podría llegar hasta el Estadio Monumental

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La Ciudad analiza la creación de un nuevo Recorrido C de la Línea 102 que uniría el Parque de la Innovación / Estadio Monumental, en Núñez, con Barracas. La propuesta extendería 3,9 kilómetros el servicio desde la Estación Lisandro de la Torre y también modificaría frecuencias y parámetros operativos. Por ahora, el proyecto se encuentra en instancia de participación ciudadana y todavía no fue aprobado.

La Línea 102 podría sumar una nueva extensión hacia el norte de la Ciudad de Buenos Aires y llegar hasta el Parque de la Innovación, en Núñez.

La propuesta contempla la creación de un Recorrido C entre el Parque de la Innovación y Barracas, que compartiría buena parte de la traza actual de la línea y agregaría aproximadamente 3,9 kilómetros desde la zona de la Estación Lisandro de la Torre.

El proyecto fue presentado por Línea 102 – Sargento Cabral S.A. y quedó sujeto a un Foro de Participación Ciudadana convocado por la Secretaría de Transporte porteña mediante la Resolución 198/SECT/26.

Esto significa que, al menos por ahora, los colectivos de la 102 no cambiarán su recorrido: la modificación todavía debe completar el procedimiento administrativo antes de una eventual aprobación.

Un nuevo ramal entre Núñez y Barracas

La gran novedad del proyecto es la creación del denominado Recorrido C.

Su cabecera norte estaría ubicada en el entorno de Avenida Guillermo Udaondo y Avenida Figueroa Alcorta, junto al Parque de la Innovación.

Desde allí, los colectivos continuarían hacia el sur a través de sectores de Núñez, Palermo, Recoleta, el área central y Constitución, para finalmente llegar a Barracas, en la zona de Avenida Regimiento de Patricios y Rocha.

En sentido hacia Núñez, la traza volvería a atravesar el centro porteño y continuaría por Recoleta y Palermo hasta alcanzar nuevamente el Parque de la Innovación.

De esta manera, la Línea 102 incorporaría una conexión directa entre uno de los nuevos polos urbanos, científicos y educativos del norte de Buenos Aires y los barrios del sur de la Ciudad.

Una extensión de 3,9 kilómetros

El proyecto busca prolongar el actual corredor de la línea desde Lisandro de la Torre hasta el Parque de la Innovación, agregando unos 3,9 kilómetros.

La documentación técnica argumenta que la modificación permitiría mejorar la cobertura de transporte público en el entorno del nuevo desarrollo urbano.

El Parque de la Innovación, desarrollado en los terrenos del antiguo Tiro Federal, concentra actividades vinculadas con educación, ciencia, tecnología y emprendimientos y continuará sumando instituciones y usuarios.

La llegada de la 102 permitiría reforzar su conectividad con distintas zonas de la Ciudad.

Cada cuánto pasaría el nuevo Recorrido C

La propuesta no solamente define la traza.

También establece cómo debería funcionar el nuevo servicio.

El Recorrido C circularía todos los días entre las 5:30 y las 21, con una frecuencia prevista en hora pico de entre 12 minutos y 17 minutos y 30 segundos, dependiendo de la cantidad de unidades asignadas.

La reorganización también alcanzaría a los actuales recorridos A y B, aunque no se plantea modificar sus trazas.

El Recorrido A, que conecta Lisandro de la Torre con Barracas, tendría frecuencias de entre 9 y 13 minutos durante las horas pico.

El Recorrido B, entre Lisandro de la Torre y Constitución, tendría servicios cada 18 a 26 minutos en hora pico.

Para este último también se propone un esquema horario específico: funcionaría de lunes a viernes entre las 6 y las 20, los sábados entre las 6 y las 14 y no tendría servicio los domingos.

Entre 32 y 45 colectivos

Otro punto importante del proyecto es el tamaño del parque móvil.

La propuesta establece para la Línea 102 un mínimo de 32 unidades y un máximo de 45 colectivos.

La cantidad finalmente asignada tendrá relación directa con las frecuencias que puedan mantenerse en los tres recorridos.

La incorporación del Recorrido C implicaría, de esta manera, una reorganización operativa de la línea y no solamente la extensión física de una de sus cabeceras.

¿Cuándo podría comenzar a funcionar?

Todavía no hay una fecha de implementación.

La Resolución 198/SECT/26, publicada el 21 de septiembre, abrió un período de participación ciudadana de 15 días corridos, contado desde el día siguiente a su publicación.

Durante ese período, vecinos, pasajeros y otros interesados pueden realizar observaciones, propuestas o impugnaciones vinculadas con la modificación. Los aportes del foro no son vinculantes.

Una vez concluida esa instancia, la Ciudad deberá continuar con el procedimiento correspondiente antes de aprobar —o eventualmente modificar— el proyecto definitivo.

Por eso, aunque la extensión se encuentra formalmente en estudio, todavía no debe considerarse un recorrido vigente de la Línea 102.

De Núñez a Barracas en la 102

Si la propuesta finalmente avanza, el cambio agregará un nuevo capítulo a la evolución reciente de la Línea 102.

Con el Recorrido C, sus colectivos podrían partir desde el Parque de la Innovación, atravesar buena parte de la Ciudad y continuar hasta Barracas, mientras los actuales servicios hacia Lisandro de la Torre seguirían funcionando mediante los recorridos A y B.

Una extensión de menos de cuatro kilómetros en el extremo norte terminaría produciendo algo mucho más visible en el mapa: una Línea 102 capaz de conectar Núñez con Barracas de punta a punta de Buenos Aires.

 

Fuente:

Resolución 198/SECT/26 de la Secretaría de Transporte de la Ciudad de Buenos Aires

 

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Vietnam apuesta por sus propios colectivos eléctricos: una operadora compró 100 unidades nacionales

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Phương Trinh Buslines encargó tres modelos urbanos fabricados por Kim Long Motor en su planta de Huế. Las unidades tendrán capacidades de entre 30 y 60 pasajeros, baterías BYD y autonomías anunciadas de hasta 350 kilómetros.

La industria vietnamita de vehículos eléctricos sumó un nuevo contrato de escala. Kim Long Motor y Phương Trinh Buslines firmaron un acuerdo para la provisión de 100 colectivos urbanos eléctricos destinados a los servicios de transporte público que la operadora administra en el área de Bình Dương, actualmente incorporada administrativamente a Ciudad Ho Chi Minh.

La firma se realizó el 24 de julio de 2026 en la ciudad de Huế y marca el comienzo de la relación comercial entre ambas compañías. El objetivo declarado es modernizar la flota, mejorar la calidad del servicio y avanzar en la sustitución de vehículos convencionales por unidades de cero emisiones directas.

Tres modelos fabricados en Vietnam

El pedido estará compuesto por tres modelos de la familia eléctrica de Kim Long Motor: el KIMLONG B30-EV, con capacidad para 30 pasajeros; el B40-EV, preparado para 40 personas; y el B60-EV, con una capacidad máxima anunciada de 60 pasajeros.

Los tres vehículos fueron investigados, diseñados y fabricados en el complejo industrial que la compañía posee en Huế. La combinación de diferentes tamaños permitirá utilizar las unidades tanto en recorridos urbanos de alta densidad como en servicios que conectan barrios, centros poblados y destinos turísticos.

El autobús cama KIMLONG99-G22

El contrato difundido públicamente no detalla cuántas unidades corresponderán a cada modelo. Tampoco informa un cronograma preciso de producción y entrega. Phương Trinh Buslines indicó únicamente que espera incorporar próximamente los colectivos a su operación.

Baterías BYD y hasta 350 kilómetros de autonomía

Aunque los vehículos serán producidos en Vietnam, una parte central de su sistema de propulsión tendrá origen tecnológico chino. Los tres modelos utilizarán baterías suministradas por BYD, uno de los mayores fabricantes mundiales de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético.

Según los datos anunciados por Kim Long, el B30-EV podrá recorrer aproximadamente 270 kilómetros por carga; el B40-EV alcanzará cerca de 300 kilómetros; y el B60-EV ofrecerá una autonomía máxima estimada de 350 kilómetros.

Se trata de cifras declaradas por el fabricante, que pueden variar según el número de pasajeros, el uso del aire acondicionado, la velocidad, el tránsito, la topografía y las condiciones climáticas. En principio, permitirían completar una jornada de numerosos servicios urbanos sin necesidad de realizar cargas intermedias.

La relación industrial entre Kim Long y BYD va más allá de esta operación. En enero de 2026, ambas empresas iniciaron en Huế un proyecto de fabricación de baterías para vehículos eléctricos con una inversión anunciada de 135 millones de dólares. La planta fue proyectada inicialmente para una capacidad de 3 GWh anuales, con una segunda etapa que podría elevarla hasta 6 GWh.

Aire acondicionado, cámaras y cartelería electrónica

Las unidades estarán equipadas con sistemas de aire acondicionado de alta capacidad, cámaras de vigilancia y paneles electrónicos para mostrar información sobre las líneas y los destinos.

Además de reducir las emisiones locales y el ruido, el pedido busca mejorar la experiencia de viaje mediante vehículos nuevos, silenciosos y preparados específicamente para la operación urbana.

Kim Long también aseguró que acompañará la entrega con servicios de posventa, garantía, mantenimiento y asistencia técnica, un aspecto especialmente importante para una flota eléctrica que necesitará infraestructura de carga y personal capacitado.

Una marca que ya circula en varias ciudades

Los colectivos eléctricos de Kim Long ya se encuentran en funcionamiento en Ciudad Ho Chi Minh, Đà Nẵng, Côn Đảo y Đắk Lắk. La marca ganó presencia principalmente a través de contratos con operadores locales y programas de renovación del transporte público.

En Ciudad Ho Chi Minh, los modelos B30-EV y B60-EV fueron incorporados en diferentes corredores urbanos y servicios de conexión con el sistema de metro. Esta experiencia previa permitirá a Phương Trinh Buslines utilizar vehículos que ya cuentan con antecedentes operativos en redes de transporte vietnamitas.

La nueva operación tendrá como destino el área de Bình Dương, una región industrial y urbana que fue integrada administrativamente a Ciudad Ho Chi Minh. Phương Trinh Buslines ya presta servicios en ese territorio y plantea la compra de las 100 unidades como parte de una estrategia para modernizar su flota.

Fabricación local con tecnología internacional

El contrato tiene una relevancia que excede la cantidad de vehículos. Vietnam busca consolidar una industria propia de colectivos eléctricos capaz de investigar, diseñar y fabricar unidades adaptadas a las necesidades de sus ciudades.

El caso de Kim Long muestra, al mismo tiempo, cómo se estructura actualmente la producción de movilidad eléctrica: fabricación y ensamblaje nacional, acompañados por componentes y tecnología aportados por proveedores internacionales especializados.

En este caso, la utilización de baterías BYD permite combinar una marca y una producción vietnamitas con la experiencia tecnológica de uno de los principales grupos chinos del sector eléctrico.

La estrategia también apunta a incrementar progresivamente la integración nacional de componentes. El proyecto conjunto de baterías en Huế podría permitir que una parte cada vez mayor del valor industrial de estos vehículos sea generada dentro de Vietnam.

Una compra de escala para la transición eléctrica

La incorporación de 100 colectivos representa una operación relevante para una sola empresa y confirma que la electromovilidad comienza a avanzar desde experiencias aisladas hacia renovaciones de flota de mayor volumen.

Para Phương Trinh Buslines, el desafío será integrar los vehículos, construir o adaptar la infraestructura de recarga y organizar su mantenimiento. Para Kim Long Motor, el contrato constituye una nueva oportunidad para demostrar la capacidad de producción de su planta y ampliar la presencia de sus modelos en el mercado local.

Vietnam avanza así con una fórmula industrial propia: colectivos diseñados y fabricados en el país, diferentes configuraciones para cada tipo de recorrido y baterías desarrolladas junto con un socio tecnológico internacional.

Con 100 unidades encargadas y autonomías anunciadas de hasta 350 kilómetros, la operación muestra que el país no sólo busca electrificar sus sistemas de transporte público, sino también desarrollar una industria nacional capaz de abastecer esa transformación.

 

Fuentes:

Kim Long Motor

Gobierno de Vietnam

París estrena Tzen 4: una línea BRT eléctrica que renueva la movilidad en el Gran París

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PARÍS (Francia) — La región metropolitana de París ha dado un paso decisivo hacia la movilidad sostenible con la inauguración de la línea Tzen 4, un corredor de Bus Rapid Transit (BRT) completamente eléctrico que comenzó a operar el 10 de febrero de 2026 conectando los suburbios del sur de la ciudad con el centro urbano mediante tecnología de alta capacidad y mínima huella ambiental.

La línea une Viry-Châtillon con Corbeil-Essonnes, atravesando los municipios de Grigny, Ris-Orangis y Évry-Courcouronnes a lo largo de un corredor de alrededor de 14,8 km dedicado, con carriles exclusivos para buses, prioridad semafórica y 30 paradas diseñadas especialmente para facilitar el flujo de pasajeros.

Autobuses eléctricos de alta capacidad listos para operar

El corazón de la nueva línea es una flota de 30 autobuses eléctricos biarticulados de 24 metros de longitud —vehículos capaces de transportar hasta 140 pasajeros cada uno, con gran espacio interior y accesibilidad universal— equipada con las últimas tecnologías de propulsión y recarga rápida.

Estos autobuses estaban originalmente encargados al fabricante belga Van Hool bajo el nombre Van Hool Exqui.City 24 Electric, pero la quiebra de la empresa en 2024 retrasó el proyecto más de 18 meses, dejando solo cinco unidades entregadas.

Gracias a una negociación entre la autoridad regional Île-de-France Mobilités y los administradores de la quiebra, la propiedad y producción de las unidades fue transferida a la empresa suiza Hess, que completó la ensambladura final en una planta arrendada del antiguo sitio de Van Hool, con apoyo de personal técnico especializado.

Tecnología de recarga innovadora y servicio ampliado

Los buses utilizan baterías de alta potencia suministradas por Kiepe Electric y se recargan mediante el sistema SRS de Alstom, una solución de recarga en tierra que permite reabastecer energía en cuestión de minutos sin necesidad de infraestructura aérea o cables aéreos complejos.

El corredor Tzen 4 fue concebido como reemplazo de la antigua línea 402, una de las rutas más concurridas del área metropolitana con más de 26.000 pasajeros diarios, y se espera que la nueva línea soporte una demanda aún mayor al ofrecer un servicio frecuente, eficiente y amigable con el medio ambiente.

Hacia una red de transporte público más sostenible

La Tzen 4 no es un proyecto aislado: forma parte de la ambiciosa estrategia de Île-de-France Mobilités para renovar el transporte público con modos de alta capacidad que combinen el rendimiento de un tranvía con la flexibilidad de un bus. Además, se planea la extensión de esta red con nuevas líneas BRT como la Tzen 5, que está prevista para entrar en servicio entre 2027 y 2028.

Con esta inauguración, París se posiciona como una de las ciudades líderes en Europa en la adopción de soluciones de transporte público eléctrico de alto rendimiento, consolidando una alternativa que reduce emisiones, mejora la calidad de vida urbana y optimiza la conectividad entre las zonas periféricas y el centro de la metrópoli.

¡Un pasito para el fondo! Celebramos el 98° Aniversario del Día del Colectivo

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El 24 de septiembre de 1928 tiene lugar en Buenos Aires el primer viaje en colectivo, que partía desde Primera Junta, paraba en Plaza Flores y finalizaba en Lacarra y Rivadavia.

La diferencia entre el Día del Colectivo y el Día del Colectivero

Un grupo de taxistas porteños, afectados por la crisis económica que había disminuido alarmantemente el número de pasajeros, decide ofrecer viajes colectivos a lo largo de la calle Rivadavia.

Algunas fotos de los primeros autocolectivos que circularon por Buenos Aires

Fueron José García Alvarez, Rogelio Fernández, Pedro Etchegaray, Manuel Pazos, Felipe Quintana, Antonio González y Lorenzo Porte, que entretenían su ocio en un cafetín de Lacarra y Rivadavia, quienes decidieron (hay quién dice que asesorados por el anarquista Diego Abad de Santillán) ofrecer viajes colectivos a razón de 10 centavos por pasajeros hasta Flores y 20 centavos hasta Caballito.

Sin embargo, algunos estudiosos aseguran que los viajes ofrecidos eran a Plaza Once por 10 centavos, y como el negocio fructificó se extendieron hasta Plaza de Mayo por 20 centavos.

Como sea, el nuevo sistema pronto ganó el favor de los porteños y, a lo largo del siglo, fue reemplazando a los mucho más económicos y seguros tranvías y ómnibus de gran porte.

 

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Fuente: Argentina.ar

La diferencia entre el Día del Colectivo y el Día del Colectivero

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El 24 de septiembre de 1928 tiene lugar en Buenos Aires el primer viaje en colectivo, que partía desde Primera Junta, paraba en Plaza Flores y finalizaba en Lacarra y Rivadavia. Desde el año 2004 (ley 1475 – GCBA) se celebra el «Día del colectivo» aunque las empresas de colectivos lo vienen celebrando desde la década del ’40 aproximadamente.

Por otra parte, el día del colectivero o también conocido como de los trabajadores del transporte de pasajeros se celebra todos los 10 de Enero –por el histórico 10 de enero de 1919- cuando se forma la Unión Tranviarios, el primer sindicato nacional de la actividad.
En sus albores el gremio, llamado Unión Tranviarios Automotor, debió enfrentar luchas desgarrantes en condiciones sumamente desfavorables, contra las empresas sobre el ensoberbecimiento de las mismas y prepotentes, que trataban a los choferes como bestias de carga, entregándoles por sola satisfacción, jornadas extenuantes, de 12 horas mínimas y pésimas remuneraciones.

Las condiciones de la época, imponían la no-existencia del descanso semanal o mensual, no se conocían vacaciones anuales pagas ni otras conquistas que se gozan actualmente, merced a la organización y el esfuerzo.
Las suspensiones y despidos del personal, eran a voluntad de los empresarios y ni hablar de la situación de los suplentes, ahora relevantes, que formaban un núcleo de esclavos, ya que estando en sus lugares de trabajo si no le asignaban tareas, perdían el jornal.
Todo lo que fuera intento de organización en defensa de justos reclamos, se ahogaba por la fuerza y el miedo, contando las grandes empresas con el apoyo explícito del estamento político de turno.

El texto original cuando se sancionó la ley 1475 (Día del Colectivo)

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sanciona con fuerza de Ley

Artículo 1º.- Institúyese el 24 de septiembre de cada año como «Día del colectivo» en conmemoración de la fecha en que inició su recorrido la primera línea de colectivos de Buenos Aires.

Artículo 2º.- Comuníquese,etc.

SANTIAGO DE ESTRADA

JUAN MANUEL ALEMANY

LEY N° 1.475

Sanción: 30/09/2004

Promulgación: Decreto Nº 1913/004 del 26/10/2004

Publicación: BOCBA N° 2058 del 02/11/2004

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