En un contexto donde las ciudades buscan reducir drásticamente las emisiones del transporte público, los autobuses propulsados por hidrógeno mediante pilas de combustible están ganando cada vez más atención como una alternativa limpia y eficiente a los modelos tradicionales con motores de combustión interna y, en algunos casos, a los buses totalmente eléctricos con baterías.
A diferencia de los buses diésel, que emiten gases contaminantes, y de los eléctricos a batería (BEV), que requieren largos tiempos de recarga y dependen de la disponibilidad de infraestructura de carga, los autobuses de pila de combustible de hidrógeno (FCEB, por sus siglas en inglés) generan electricidad a bordo mediante una reacción química entre hidrógeno y oxígeno. El único subproducto de esta reacción es agua, lo que los convierte en vehículos de cero emisiones locales.
Crecimiento global, aunque aún marginal
Hasta mediados de 2025, Europa registró un importante incremento en el número de buses de hidrógeno operativos, con 279 unidades registradas sólo en el primer semestre, un crecimiento del 426 % respecto al mismo período del año anterior. A pesar de este aumento sostenido, los buses de hidrógeno aún representan una porción pequeña del mercado total de vehículo cero emisiones: alrededor de 5 % frente al 95 % que ocupan los buses eléctricos a batería.
Este crecimiento se enmarca en una visión que combina proyectos piloto con ambiciones de escala mayor. Fueron planeados despliegues de cientos de buses de hidrógeno en varias ciudades europeas, con líderes de mercado como Solaris, que ha encabezado importantes pedidos en los últimos años.
Ventajas y retos de la tecnología
Los autobuses con pila de combustible ofrecen ventajas claras en algunos aspectos del transporte urbano pesado:
Recarga rápida y mayor autonomía: A diferencia de muchos buses eléctricos con carga por enchufe, los FCEB pueden repostar hidrógeno en tiempos cortos, más cercanos a los de un bus convencional de diésel, lo que permite un uso intensivo en rutas largas o con alta demanda de servicio.
Infraestructura más simple en ruta: Aunque la infraestructura de hidrógeno es costosa de implementar, una vez establecida puede servir a múltiples vehículos sin necesidad de estaciones de carga eléctrica de alta potencia.
Emisiones cero durante la operación: Al no producir gases contaminantes locales, mejoran la calidad del aire en zonas urbanas densas, algo crucial en ciudades con altos niveles de polución.
Sin embargo, la adopción generalizada enfrenta retos importantes:
Costos de inversión y operación: Los buses de hidrógeno suelen tener un costo inicial mayor que los buses eléctricos a batería, y su operación puede resultar más cara debido al precio del hidrógeno como combustible y a la infraestructura asociada.
Infraestructura de suministro de hidrógeno: La falta de estaciones de hidrógeno generalizadas es una barrera para la expansión rápida de flotas de FCEB.
Producción de hidrógeno “verde”: Para que esta tecnología sea verdaderamente sustentable, el hidrógeno debe producirse a partir de energías renovables (hidrógeno verde), lo que aún demanda inversiones en capacidades de generación limpia.
Perspectivas futuras
Mientras los buses eléctricos a batería dominan actualmente el segmento de vehículos cero emisiones, el interés por los autobuses de hidrógeno sigue creciendo, especialmente en regiones que buscan soluciones flexibles para rutas largas o con alta demanda operativa. Proyectos innovadores, políticas de apoyo y alianzas público-privadas serán clave para facilitar la transición hacia un transporte público más limpio y sostenible en las próximas décadas.





















