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El TramBus empieza a cambiar el viaje antes de su llegada: 13 líneas ya usan sus nuevos carriles exclusivos

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La avenida Rivadavia estrenó dos carriles reservados al transporte público entre Yatay/Muñiz e Hidalgo/Ángel Giménez. Funcionan las 24 horas y ya son utilizados por 13 líneas de colectivos. La infraestructura formará parte de la futura T1 del TramBus, prevista para fines de 2026 entre Nueva Pompeya y Aeroparque.

El TramBus todavía no comenzó a transportar pasajeros, pero parte de la infraestructura construida para su llegada ya está modificando la circulación de los colectivos porteños.

Desde el 29 de septiembre funcionan sobre la avenida Rivadavia dos nuevos carriles exclusivos para transporte público, en un tramo de aproximadamente diez cuadras comprendido entre Yatay/Muñiz e Hidalgo/Ángel Giménez, en los barrios de Almagro y Caballito. Los carriles permanecerán operativos durante las 24 horas.

Y no estarán reservados únicamente para la futura T1.

Desde su habilitación comenzaron a utilizarlos las líneas 2, 8, 15, 26, 55, 65, 85, 86, 88, 103, 119, 132 y 145, por lo que el proyecto empieza a generar cambios concretos en el transporte público varios meses antes de que los nuevos vehículos eléctricos entren en servicio.

Trece líneas ya circulan con prioridad

La intervención sobre Rivadavia funciona como una primera muestra de la infraestructura que utilizará el nuevo sistema.

La calzada fue señalizada para diferenciar los sectores de circulación exclusiva de aquellos puntos en los que otros vehículos pueden atravesar el corredor. Cuando la demarcación roja es continua, el espacio queda reservado al transporte público; en sectores con línea punteada se habilitan determinadas maniobras de vehículos particulares.

Los automovilistas podrán, por ejemplo, realizar giros a la derecha, aunque deberán incorporarse previamente al carril correspondiente. También existen excepciones para quienes necesiten acceder a cocheras ubicadas sobre el tramo intervenido.

Para los colectivos, en cambio, el objetivo es reducir uno de los principales factores que afectan la velocidad comercial en avenidas congestionadas: quedar atrapados detrás del tránsito general.

Y allí aparece uno de los puntos más interesantes de esta primera etapa.

Los beneficios —o las limitaciones— de la infraestructura podrán comenzar a observarse antes de que circule un solo TramBus.

El TramBus T1 llegará a fines de 2026

Según la información difundida por el Gobierno porteño, la primera línea del sistema, denominada T1, está prevista para fines de 2026 y conectará Nueva Pompeya con Aeroparque mediante vehículos 100% eléctricos.

La traza anunciada tendrá alrededor de 22 kilómetros y contará con 71 paradores, atravesando sectores de Nueva Pompeya, Parque Patricios, Parque Chacabuco, Boedo, Almagro, Caballito, Villa Crespo y Palermo. La proyección difundida más recientemente habla de unos 60.000 pasajeros diarios.

Además, permitirá combinar con las líneas A, B, D, E y H del subte, junto con distintos servicios ferroviarios metropolitanos.

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La infraestructura no estará formada únicamente por carriles segregados. El proyecto contempla también prioridad semafórica, de manera que determinados semáforos puedan extender la fase verde al detectar la aproximación de las unidades.

Según las estimaciones difundidas por la Ciudad, ese conjunto de medidas podría mejorar hasta un 30% la velocidad promedio del corredor.

De una hora y 40 minutos a alrededor de una hora

Uno de los principales objetivos anunciados para la T1 es reducir el tiempo necesario para conectar los extremos de su recorrido.

Actualmente, el desplazamiento entre la zona de Pompeya y Aeroparque puede demandar alrededor de una hora y 40 minutos utilizando el transporte público.

Cambio de paradas de colectivos:

Cambio de sentidos de circulación:

Con el TramBus, carriles prioritarios y semáforos coordinados, la estimación oficial difundida es llevar ese recorrido a aproximadamente una hora.

La diferencia sería considerable: unos 40 minutos menos por viaje entre ambos extremos.

Pero el corredor de Rivadavia permitirá comenzar a comprobar antes de la inauguración cuánto puede aportar realmente la separación física respecto del tránsito general.

Octubre traerá otra etapa de cambios

La transformación vial asociada al proyecto continuará durante octubre.

Entre las próximas modificaciones previstas aparecen cambios en avenida Acoyte, que pasará a funcionar con sentido único sur-norte e incorporará un carril exclusivo, y en avenida Honorio Pueyrredón, que tendrá circulación en sentido contrario.

Las obras también produjeron modificaciones previas en avenida La Plata, Quito, José Mármol, Pringles e Hipólito Yrigoyen, además de cambios de recorrido para algunas líneas, como la 2.

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De esta manera, el TramBus no implica únicamente incorporar una nueva línea eléctrica: también supone reconfigurar calles, sentidos de circulación, estacionamiento y prioridades del transporte público a lo largo de su recorrido.

Una oportunidad para medir si realmente mejora el viaje

La habilitación de estos diez primeros bloques sobre Rivadavia abre además una posibilidad particularmente interesante para analizar el proyecto.

Las 13 líneas que utilizan el corredor ya circulaban por la zona antes de la intervención. Por lo tanto, existe una oportunidad concreta de comparar los tiempos de viaje antes y después de la implementación de los carriles exclusivos.

Para Colectibondi, el seguimiento podría realizarse tomando varios servicios testigo de las líneas que atraviesan Rivadavia, registrando cuánto tardan en recorrer el tramo Yatay/Muñiz–Hidalgo/Ángel Giménez en diferentes horarios.

La comparación permitiría observar no solamente el tiempo promedio, sino también algo igualmente importante: la regularidad.

Si un colectivo tardaba, por ejemplo, seis minutos un día y quince al siguiente debido a la congestión, una infraestructura segregada podría resultar relevante incluso aunque la reducción del promedio no fuera extraordinaria, siempre que disminuyera esa variabilidad.

El TramBus comienza antes que sus colectivos

La imagen más visible del proyecto serán los nuevos vehículos eléctricos que recorrerán la Ciudad hacia fines de año.

Sin embargo, el cambio empieza antes.

Desde esta semana, 13 líneas convencionales ya utilizan una parte de la infraestructura construida para el futuro TramBus. Es una primera prueba en condiciones reales sobre uno de los ejes centrales del proyecto: separar al transporte público del tránsito general para aumentar su velocidad y previsibilidad.

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Por eso, quizás el dato más relevante de estas primeras diez cuadras de Rivadavia no sea solamente que el TramBus está cada vez más cerca.

Es que el corredor ya puede empezar a demostrar, con colectivos que circulan todos los días, si la infraestructura funciona como fue proyectada.

La Línea 64 apuesta por el GNC: tiene listo un nuevo Agrale con carrocería Todo Bus y prueba un King Long

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La empresa Vuelta de Rocha avanza con la incorporación de nuevas tecnologías para su flota. Ya se encuentra terminado un Agrale MT17 GNV carrozado por Todo Bus, mientras que, en paralelo, la compañía está evaluando un colectivo King Long a GNC cedido temporalmente por Pudong Motors en carácter de demostración.

La Línea 64, operada por la Empresa Vuelta de Rocha, suma novedades en materia de renovación de flota y motorizaciones alternativas. La compañía tiene lista una nueva unidad montada sobre un chasis Agrale MT17 GNV con carrocería Todo Bus, desarrollada específicamente para funcionar con Gas Natural Comprimido (GNC).

El vehículo fue presentado por Megacar, concesionario oficial Agrale, y luce el tradicional esquema cromático de la línea, con predominio del azul y detalles en amarillo, además de una identificación visible en el sector superior que destaca su tecnología: Propulsado a GNC.

La incorporación representa un nuevo paso hacia la diversificación de las motorizaciones utilizadas en el transporte público metropolitano.

Un Agrale MT17 GNV con carrocería Todo Bus

La nueva unidad combina el chasis MT17 GNV de Agrale con una carrocería desarrollada por la firma argentina Todo Bus, una configuración que comienza a ganar presencia entre las empresas del Área Metropolitana de Buenos Aires.

El colectivo ya se encuentra terminado y preparado para su incorporación a la flota de Vuelta de Rocha.

Su llegada también se suma a las recientes novedades de otras líneas que eligieron esta misma combinación de fabricante de chasis y carrocero, entre ellas las líneas 42 y 45, que también presentaron unidades equipadas con tecnología a gas natural.

En paralelo, la Línea 64 prueba un King Long a GNC

Pero esta no es la única novedad relacionada con el GNC dentro de la empresa.

Vuelta de Rocha también se encuentra probando un colectivo King Long impulsado a gas natural, facilitado por Pudong Motors mediante un préstamo temporal bajo la modalidad DEMO (demostración).

La unidad, que ya luce la identificación de la Línea 64, presenta una configuración urbana integral, con carrocería de color blanco, detalles en gris y la inscripción 100% a GNC en su frente.

La 64 prueba un KingLong GNC (Interno 59). Foto: MundoBusOficial

A diferencia del Agrale con carrocería Todo Bus, el King Long se encuentra en una etapa de evaluación, por lo que su presencia en la línea no implica necesariamente una compra definitiva por parte de la empresa.

Este tipo de pruebas permite a las operadoras conocer el comportamiento de diferentes modelos en condiciones reales de utilización, evaluar su desempeño operativo y analizar su adaptación a los recorridos habituales.

Dos fabricantes y una misma alternativa energética

La particularidad de estas novedades es que la Línea 64 se encuentra vinculada simultáneamente con dos propuestas tecnológicas diferentes: por un lado, el Agrale MT17 GNV con carrocería nacional Todo Bus y, por otro, una unidad integral del fabricante chino King Long.

Ambas comparten la utilización de gas natural comprimido como combustible, una alternativa al diésel convencional que viene ganando protagonismo en las renovaciones de flota del transporte público argentino.

Si bien el GNC continúa siendo un combustible fósil y no representa una solución de cero emisiones, las motorizaciones desarrolladas específicamente para su utilización pueden ofrecer ventajas en determinados aspectos ambientales y operativos, dependiendo de las condiciones de explotación.

Con el nuevo Agrale ya terminado y el King Long en período de evaluación, Vuelta de Rocha se suma al grupo de empresas del AMBA que están explorando distintas alternativas de propulsión a gas natural para sus servicios urbanos.

Por el momento, no se informó si las pruebas del vehículo chino derivarán en futuras incorporaciones permanentes.

La Línea 181 también sumará King Long a GNC y mantendrá su histórica identidad de colores

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Una imagen de la llegada de las nuevas unidades King Long adquiridas por Misión Buenos Aires dejó ver un detalle que anticipa otra renovación dentro del grupo: la Línea 181 incorporará colectivos impulsados a GNC y conservará su esquema cromático propio, siguiendo una lógica similar a la aplicada con la Línea 109.

La renovación de flota de Misión Buenos Aires con unidades King Long a GNC comienza a revelar nuevos detalles.

Una fotografía tomada durante la llegada de los vehículos muestra, en primer plano, una de las nuevas unidades con una decoración que permite asociarla con la Línea 181, uno de los servicios operados por la empresa. El detalle cobra relevancia porque confirma que la incorporación de buses a gas natural comprimido no estaría limitada a una única línea del grupo.

La imagen también permite observar otro aspecto importante: la 181 mantendrá su identidad visual tradicional, en lugar de adoptar una decoración uniforme para todas las unidades de Misión Buenos Aires.

King Long a GNC también para la 181

La llegada de estos colectivos forma parte del proceso de renovación que Misión Buenos Aires viene realizando con vehículos de origen chino.

En este caso, la elección recayó sobre King Long, con unidades preparadas para funcionar con GNC, una tecnología que comienza a ganar mayor presencia dentro del transporte urbano argentino como alternativa al diésel convencional.

La fotografía permite advertir sobre uno de los laterales de la unidad una ornamentación en tonos verdes y negros sobre fondo blanco, correspondiente al esquema que identificaría a la Línea 181.

De esta manera, la línea se sumaría a la renovación tecnológica iniciada por la empresa y comenzaría a recibir unidades King Long alimentadas a gas.

Una estrategia similar a la Línea 109

El criterio elegido recuerda a lo ocurrido recientemente con la Línea 109.

A pesar de formar parte de Misión Buenos Aires, los nuevos vehículos de esa línea conservaron elementos visuales propios, evitando que la incorporación de nuevas unidades implicara perder completamente la identidad histórica del servicio.

Todo indica que la misma filosofía será aplicada ahora en la 181.

Más allá de compartir fabricante, tecnología y operador, cada línea mantendría elementos diferenciadores en su decoración.

Para los pasajeros y aficionados al transporte, no es un detalle menor: durante décadas, los colores de las líneas formaron parte de la identidad visual del colectivo porteño y del Gran Buenos Aires, incluso después de los procesos de concentración empresarial que hicieron que numerosas líneas pasaran a manos de un mismo grupo.

El GNC gana espacio en la renovación de flotas

La incorporación de los King Long también vuelve a poner el foco sobre el crecimiento del gas natural comprimido en colectivos urbanos.

Frente a una flota históricamente dominada por motores diésel, diferentes operadores comenzaron a evaluar o incorporar alternativas que permitan reducir determinadas emisiones y diversificar la matriz energética.

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El GNC aparece en ese contexto como una tecnología intermedia entre el colectivo diésel convencional y la electrificación total.

Para las empresas, además, permite aprovechar una infraestructura energética ampliamente desarrollada en Argentina y avanzar en la renovación sin depender de sistemas de carga eléctrica de alta potencia.

Una foto que anticipó la próxima renovación

Por ahora, la imagen deja una señal concreta: la Línea 181 tendrá presencia dentro de la nueva generación de colectivos King Long a GNC de Misión Buenos Aires.

Y, además, lo hará aparentemente sin resignar uno de sus elementos más reconocibles.

En la cenefa se alcana a leer «San Juan y Boedo», destino de la Línea 181…

Así como ocurrió con la Línea 109, la renovación tecnológica no necesariamente significará uniformidad visual.

Los nuevos colectivos podrán cambiar de fabricante, motorización y equipamiento, pero la 181 conservará su propia combinación de colores, manteniendo una parte de la identidad histórica que permite reconocerla inmediatamente en la calle.

Misión Buenos Aires incorporará colectivos King Long a GNC: las nuevas unidades llegarán en noviembre

La llegada de las nuevas unidades abre ahora otra expectativa: cuándo comenzarán a prestar servicio y cuántos King Long a GNC serán destinados finalmente a la Línea 181.

Misión Buenos Aires incorporará colectivos King Long a GNC: las nuevas unidades llegarán en noviembre

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La empresa Misión Buenos Aires sumará a su flota nuevas unidades de la marca china King Long impulsadas a gas natural comprimido (GNC). Según informó Pudong Motors, los vehículos arribarán al país durante noviembre y formarán parte del proceso de renovación tecnológica de la compañía.

Misión Buenos Aires avanza con la incorporación de nuevos colectivos equipados con tecnología a GNC. La operación fue anunciada por Pudong Motors, que confirmó que la transportista eligió unidades King Long para ampliar y modernizar su parque móvil.

De acuerdo con la información difundida por la compañía, los nuevos vehículos llegarán durante noviembre. Por el momento no se informó públicamente la cantidad de unidades involucradas ni las líneas o servicios específicos en los que serán incorporadas.

La publicación estuvo acompañada por imágenes de una de las unidades King Long durante el proceso logístico de embarque, anticipando la llegada de los vehículos a la Argentina.

Una nueva incorporación de tecnología china

King Long es uno de los fabricantes chinos con presencia internacional dentro del segmento de autobuses y vehículos para transporte de pasajeros. En este caso, las unidades destinadas a Misión Buenos Aires estarán configuradas para funcionar 100% con GNC, según la información publicada por Pudong Motors.

La utilización de gas natural aparece como una de las alternativas que distintas empresas están evaluando para reducir la dependencia del diésel convencional. Aunque el GNC continúa siendo un combustible fósil y no constituye una tecnología de cero emisiones, puede ofrecer diferencias en emisiones contaminantes y costos operativos dependiendo del vehículo, la operación y la infraestructura utilizada.

Pudong Motors destacó precisamente la eficiencia operativa y la reducción de emisiones como algunos de los objetivos de la incorporación.

La renovación de flotas suma nuevas alternativas

La llegada de estos King Long se produce en un escenario en el que el transporte público argentino comienza a mostrar una mayor diversidad tecnológica. Junto con los tradicionales colectivos diésel aparecen progresivamente vehículos a GNC, eléctricos y otras configuraciones de bajas emisiones.

Para Misión Buenos Aires, la operación representa un nuevo paso dentro de la renovación de su flota, mientras que para King Long supone una nueva incorporación de sus productos al transporte de pasajeros argentino.

Las unidades tienen previsto arribar al país en noviembre, momento en el que podrán conocerse más detalles sobre su configuración, cantidad, características técnicas y los servicios a los que serán destinadas.

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Fuente:

Información e imágenes difundidas por Pudong Motors

La línea 42 estrena su primer Todo Bus con chasis Agrale a GNC y anticipa la llegada de más unidades

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La renovación de flota de la línea 42 suma una novedad tecnológica: comenzó a incorporarse un Todo Bus Retiro montado sobre chasis Agrale MT17 Plus GNV. La unidad, identificada con el interno 24, es además el primer vehículo de la carrocera Todo Bus y el primer Agrale que se incorpora a esta línea.

La línea 42 continúa avanzando con la renovación de su parque móvil y suma una nueva configuración a su flota. Se trata de un Todo Bus Retiro sobre chasis Agrale MT17 Plus GNV, preparado para funcionar con gas natural comprimido (GNC).

La unidad cero kilómetro lleva el interno 24 y representa dos novedades para la empresa: de acuerdo con la información difundida en redes sociales especializadas, se trata tanto del primer colectivo carrozado por Todo Bus como del primer chasis Agrale que presta servicio en la línea.

Además, no sería una incorporación aislada. La cuenta oficial de la línea 42 anticipó que este vehículo es “el primero de varios que llegarán”, por lo que la empresa continuará incorporando unidades con esta tecnología.

Un Todo Bus Retiro con Agrale MT17 Plus GNV

El nuevo interno utiliza el modelo Retiro de la carrocera argentina Todo Bus, combinado con un Agrale MT17 Plus GNV.

Visualmente conserva el tradicional esquema cromático de la línea 42, con predominio del rojo, amarillo y azul, aunque con una estética exterior marcada por el diseño moderno de la carrocería Retiro.

Las imágenes difundidas muestran al vehículo durante sus primeros días en las instalaciones de la empresa, luciendo ya su identificación definitiva como interno 24.

La línea 42 apuesta por el GNC

La incorporación también profundiza el avance de las tecnologías a gas dentro del transporte urbano del Área Metropolitana de Buenos Aires.

La Línea 42 ya pintó su flamante unidad propulsada a GNC

El GNC viene ganando terreno como alternativa al diésel convencional en distintas flotas. Si bien continúa siendo un combustible fósil y no constituye una solución de cero emisiones, los nuevos motores específicamente desarrollados para funcionar con gas permiten diversificar la matriz energética del transporte y, dependiendo de las condiciones operativas, reducir determinadas emisiones contaminantes.

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La llegada del Agrale MT17 Plus GNV a la línea 42 se suma así a un proceso que empieza a mostrar cada vez más colectivos a GNC circulando por el AMBA.

El primero de una nueva serie

Por ahora no trascendió públicamente cuántas unidades conformarán el lote completo, aunque desde las redes vinculadas con la línea adelantaron que habrá más vehículos de estas características.

Con el interno 24, la línea 42 inaugura entonces una nueva etapa dentro de su flota: Todo Bus, Agrale y GNC aparecen por primera vez juntos dentro de sus servicios, mientras se aguarda la llegada de las próximas unidades.

La línea 45 suma un nuevo colectivo a GNC: un Agrale MT17 GNV carrozado por Todo Bus

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La línea 45 continúa renovando su flota y se incorpora al grupo de servicios del AMBA que comienzan a apostar por unidades impulsadas a gas natural. La empresa M.O. 45 S.A. recibió un nuevo Agrale MT17 GNV equipado con carrocería Todo Bus, preparado para prestar servicio en el recorrido que une Remedios de Escalada con Retiro.

La incorporación de colectivos propulsados a gas natural comprimido (GNC) continúa expandiéndose dentro del transporte urbano del Área Metropolitana de Buenos Aires. Ahora es el turno de la línea 45, que presentó una nueva unidad montada sobre chasis Agrale MT17 GNV y carrozada por Todo Bus.

La novedad fue difundida por Megacar, concesionario oficial de Agrale, que confirmó que el vehículo ya se encuentra terminado y destinado a M.O. 45 S.A., operadora de la línea.

En las imágenes difundidas puede verse al colectivo completamente terminado, conservando la tradicional combinación de verde y blanco característica de la 45 y con la identificación de su recorrido hacia Remedios de Escalada y Retiro.

Agrale MT17 GNV y carrocería Todo Bus

La nueva unidad combina la plataforma MT17 GNV de Agrale con una carrocería desarrollada por Todo Bus, una configuración que comienza a ganar presencia dentro de las renovaciones de flota del transporte metropolitano.

El vehículo fue concebido para operar con gas natural, en lugar del tradicional combustible diésel utilizado históricamente por la mayor parte del parque automotor de colectivos urbanos.

También puede observarse en el exterior la identificación “Propulsado a GNC”, destacando la tecnología utilizada por la unidad.

Otra línea del AMBA que incorpora GNC

La llegada del nuevo colectivo de la línea 45 se suma a una tendencia que comenzó a hacerse más visible durante los últimos meses: cada vez más empresas de transporte están incorporando vehículos específicamente desarrollados para funcionar con GNC.

En los últimos días también se conocieron nuevas unidades con esta tecnología destinadas a otras líneas metropolitanas, lo que muestra una diversificación progresiva de las motorizaciones disponibles para el transporte público.

El GNC continúa siendo un combustible fósil y, por lo tanto, no representa una tecnología de cero emisiones. Sin embargo, los motores diseñados específicamente para utilizar gas natural pueden ofrecer diferencias respecto del diésel en materia de emisiones locales y costos operativos, dependiendo del vehículo y de las condiciones de explotación.

Renovación de la línea 45

Con esta incorporación, M.O. 45 S.A. suma una nueva alternativa tecnológica a su parque móvil mientras mantiene la identidad visual histórica del servicio.

La combinación Agrale MT17 GNV + Todo Bus permitirá además observar en operación real cómo se comporta esta nueva generación de vehículos a gas dentro de uno de los recorridos metropolitanos que conectan el sur del Gran Buenos Aires con el centro porteño.

La nueva unidad se encuentra terminada y lista para incorporarse al servicio, de acuerdo con la información difundida por Megacar.

 

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La Línea 132 ya muestra uno de sus nuevos Yutong a GNC: el interno 112 se prepara para salir a las calles

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La renovación de flota de Nuevos Rumbos comienza a tomar forma. El interno 112 de la Línea 132 ya luce sus colores definitivos sobre una unidad Yutong impulsada a Gas Natural Comprimido (GNC), una incorporación que había sido anticipada meses atrás durante la producción de los vehículos en China.

La Línea 132 suma una de las novedades más importantes de los últimos años dentro de su parque móvil. En las últimas horas aparecieron las primeras imágenes del interno 112, un colectivo Yutong propulsado a GNC que ya se encuentra completamente identificado con los colores y gráfica de Nuevos Rumbos.

La unidad forma parte del proceso de incorporación de colectivos de la fabricante china que había comenzado a trascender durante julio, cuando se conocieron imágenes desde las instalaciones industriales de Yutong en China de vehículos destinados a distintas empresas argentinas, entre ellas precisamente la Línea 132.

Ahora, aquel proyecto comienza a materializarse en Buenos Aires.

Del proyecto en China a la flota de la 132

El nuevo interno mantiene la renovada imagen institucional de la Línea 132, con una base predominantemente blanca y negra y detalles gráficos vinculados con la Ciudad de Buenos Aires.

En el vehículo puede observarse claramente la identificación 112, junto con la numeración de la línea y el nombre de Nuevos Rumbos.

El «Nuevo Rumbo» de la Línea 132: Sumará unidades Yutong propulsadas a GNC

La unidad es de fabricación integral Yutong y corresponde a la generación de colectivos urbanos preparados especialmente para operar con Gas Natural Comprimido. Las imágenes permiten distinguir además los grandes módulos instalados sobre el techo, correspondientes al sistema asociado a su propulsión a gas.

Ya en julio, Revista Colectibondi había adelantado que Yutong estaba preparando unidades a GNC con configuración de tres puertas para las líneas 34, 132 y 180, como parte de una nueva etapa de desembarco de la marca china en el transporte metropolitano.

El regreso del GNC a una línea con historia en esta tecnología

La incorporación tiene además un componente histórico particular.

La relación entre Nuevos Rumbos y el gas natural no comenzó en 2026. La Línea 132 ya había experimentado décadas atrás con diferentes desarrollos y prototipos impulsados por GNC, incluyendo vehículos de distintas marcas y configuraciones.

De los prototipos de los años 80 al Yutong: la Línea 132 vuelve a apostar por el GNC

Por eso, la llegada de los nuevos Yutong puede interpretarse como el regreso de una tecnología que la empresa ya había explorado, aunque ahora mediante vehículos concebidos industrialmente desde origen para trabajar con este combustible. Revista Colectibondi había repasado precisamente esos antecedentes cuando se conoció el proyecto de incorporación de los Yutong.

Una nueva generación para el corredor Flores–Retiro

La Línea 132 es operada por Nuevos Rumbos S.A. y cuenta con servicios que vinculan distintos sectores de Flores y Plaza Miserere con Retiro. La información oficial de la Ciudad identifica a Nuevos Rumbos como la empresa responsable de la línea y detalla actualmente sus recorridos A, B y C.

La aparición del interno 112 confirma que aquella renovación que meses atrás solamente podía observarse en fotografías tomadas en China ya comenzó una nueva etapa.

Yutong se suma así a la flota porteña con unidades específicamente configuradas para las necesidades operativas locales, mientras el GNC sigue ganando presencia como alternativa al diésel entre distintas empresas del AMBA.

Vale aclarar que el gas natural no es una energía renovable ni una tecnología de cero emisiones. Se trata de un combustible fósil que, dependiendo de la motorización y las condiciones de operación, puede ofrecer diferencias frente al diésel en emisiones contaminantes locales y costos de explotación.

La renovación a GNC empieza a hacerse visible

La llegada de la unidad de la Línea 132 no aparece como un hecho aislado. Durante las últimas semanas comenzaron a conocerse colectivos nuevos a GNC destinados a distintas líneas metropolitanas, con modelos de Agrale, Todo Bus, King Long y Yutong, entre otros fabricantes.

Para la 132, sin embargo, hay un elemento adicional: se cierra el círculo iniciado meses atrás cuando las primeras unidades todavía estaban del otro lado del mundo.

El interno 112 ya está en Buenos Aires, vestido con los colores de Nuevos Rumbos y preparado para convertirse en una de las nuevas caras de la tradicional Línea 132.

Capacitarán a conductores en inclusión y accesibilidad

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La Secretaría Nacional de Discapacidad (SENADIS) y la Asociación Civil para la Capacitación de los Trabajadores del Transporte Automotor de Pasajeros (ACCTAP) llevan adelante una iniciativa destinada a formar docentes que luego capacitarán a conductores en inclusión dentro del transporte público. Como parte de la actividad, SAES aportó una unidad equipada con señalización pictográfica adaptada.

La accesibilidad en el transporte público suma una nueva experiencia orientada no solamente a la infraestructura de los vehículos, sino también a la capacitación de quienes trabajan diariamente en contacto con los pasajeros.

Según informó SAES, la Secretaría Nacional de Discapacidad y ACCTAP están desarrollando instancias de formación para docentes vinculadas con la inclusión en el transporte automotor de pasajeros, con especial foco en la posterior capacitación de conductores.

Para acompañar la propuesta, la empresa facilitó uno de sus colectivos equipado con Señalización Pictográfica Adaptada, un recurso pensado para facilitar la comprensión de distintas situaciones y elementos presentes durante un viaje.

Pictogramas para hacer más accesible el viaje

La unidad utilizada durante la actividad cuenta con diferentes señales visuales y pictogramas incorporados en el interior del colectivo.

Este tipo de herramientas busca ofrecer información mediante representaciones gráficas sencillas y reconocibles, reduciendo la dependencia exclusiva de carteles escritos o indicaciones verbales.

La línea 85 de Quilmes, pionera en sumar pictogramas para facilitar el viaje a personas con TEA

De acuerdo con SAES, la implementación está orientada particularmente a mejorar la experiencia de viaje de personas neurodivergentes, aunque los sistemas de comunicación visual también pueden resultar útiles para otros pasajeros que encuentren barreras en la comprensión de información dentro del transporte.

Capacitar también forma parte de la accesibilidad

La iniciativa pone el foco en un aspecto que muchas veces queda por fuera de las modificaciones físicas realizadas en los colectivos: la preparación del personal.

La accesibilidad en el transporte puede involucrar elementos como rampas, espacios reservados, señalización y dispositivos tecnológicos, pero también depende de la capacidad de conductores y trabajadores para reconocer diferentes necesidades y responder adecuadamente ante ellas.

La formación impulsada por SENADIS y ACCTAP busca precisamente trabajar sobre ese componente humano, preparando docentes que posteriormente puedan transmitir estos conocimientos a los conductores.

Una experiencia aplicada sobre una unidad en servicio

Para las actividades fue utilizada una unidad de SAES, que ya cuenta con la mencionada señalización pictográfica adaptada.

Las imágenes difundidas muestran al colectivo durante una de las jornadas de capacitación, permitiendo observar cómo las herramientas de accesibilidad pueden ser aplicadas directamente sobre vehículos utilizados en el sistema de transporte.

Unas 150 líneas de colectivos del AMBA utilizan pictogramas para chicos con TEA

La experiencia suma así otra dimensión al debate sobre la modernización del colectivo urbano: además de incorporar nuevas tecnologías de propulsión, seguridad o información al pasajero, el diseño de los vehículos y la formación del personal también pueden contribuir a construir un transporte más accesible para distintos perfiles de usuarios.

Bangladesh prepara una flota de 1.412 colectivos eléctricos y cargadores abiertos a operadores privados

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El Gobierno prepara varios proyectos para electrificar el transporte público de Daca y extender posteriormente la tecnología a otras ciudades. La primera etapa contempla 200 unidades, incluidas 100 destinadas al transporte de mujeres, pero buena parte del programa todavía depende de aprobaciones financieras y técnicas.

Bangladesh prepara una transformación de gran escala para su sistema de transporte público. El Gobierno trabaja sobre una cartera de proyectos que, en conjunto, permitiría incorporar 1.412 colectivos eléctricos y desarrollar una red nacional de estaciones de carga con estándares técnicos compartidos.

La iniciativa será implementada por organismos como la empresa estatal Bangladesh Road Transport Corporation —BRTC— y la Autoridad de Coordinación del Transporte de Daca. La capital será el primer escenario de operación, aunque el objetivo oficial es extender progresivamente los vehículos y la infraestructura hacia otras ciudades del país.

La cifra de 1.412 unidades no corresponde a una compra única ni a un contrato ya adjudicado. Surge de sumar varios programas con fuentes de financiación, cantidades y estados administrativos diferentes. Algunos todavía están siendo revisados por la Comisión de Planificación, mientras que otros esperan definiciones del Ministerio de Finanzas.

Los primeros 200 colectivos podrían llegar en diciembre

La etapa inicial comprende 200 vehículos eléctricos divididos en dos paquetes.

El primero incluye 100 colectivos convencionales con capacidad para 45 pasajeros sentados, junto con cargadores y la infraestructura necesaria para operarlos. El segundo contempla 100 minibuses eléctricos de entre 28 y 32 plazas, destinados específicamente al transporte de mujeres.

Cada paquete fue calculado inicialmente en 4.000 millones de takas. El Ministerio de Finanzas aceptó aportar los 8.000 millones necesarios, aunque bajo la modalidad de préstamo y no como una transferencia directa no reembolsable.

Si se completan las aprobaciones pendientes, las primeras unidades podrían comenzar a llegar durante diciembre de 2026. Las autoridades todavía están definiendo los recorridos, la ubicación de los cargadores y las condiciones operativas para su puesta en servicio en el área metropolitana de Daca.

La fecha funciona, por lo tanto, como una meta oficial y no como un cronograma contractual cerrado. El secretario de Carreteras y Autopistas, Mohammed Ziaul Haque, indicó que el despliegue se realizará por etapas y que el impacto comenzaría a ser visible entre diciembre y comienzos de 2027.

Cinco proyectos para alcanzar las 1.412 unidades

El programa completo está integrado por iniciativas independientes.

Uno de los componentes más grandes prevé adquirir 400 colectivos eléctricos mediante el Bangladesh Clean Air Project, respaldado por el Banco Mundial. La propuesta continúa en proceso de revisión y todavía debe completar las instancias de aprobación correspondientes.

Otro proyecto contempla 300 colectivos eléctricos climatizados con financiación del Fondo de Cooperación para el Desarrollo Económico de Corea del Sur. Esta iniciativa incluye además la instalación de 25 estaciones de carga y se encuentra bajo evaluación de la Comisión de Planificación.

A ese paquete se suman 500 colectivos eléctricos climatizados respaldados por financiación china. El proyecto también incorpora 25 estaciones de carga, pero las autoridades solicitaron revisar sus costos y presentar una propuesta modificada antes de avanzar.

El conjunto se completa con los primeros 200 vehículos financiados localmente y un programa piloto adicional de 12 colectivos eléctricos, cargadores e infraestructura asociada. La suma de esas iniciativas alcanza las 1.412 unidades anunciadas.

Una flota dedicada al transporte de mujeres

La incorporación de 100 minibuses reservados para pasajeras constituye una de las particularidades del plan.

Bangladesh busca utilizar estos vehículos para ofrecer una alternativa de movilidad específica para mujeres dentro de Daca. Los minibuses tendrán entre 28 y 32 asientos y contarán con infraestructura de carga propia dentro del paquete de adquisición.

El proyecto todavía deberá definir los recorridos, las frecuencias, el sistema tarifario y la forma en que esos servicios convivirán con el resto de la red urbana.

Las autoridades también analizan si la cantidad destinada a este esquema podría superar las 100 unidades previstas inicialmente.

Al menos 50 estaciones de carga

Las compras respaldadas por Corea del Sur y China incluyen, entre ambas, al menos 50 estaciones de carga. A ellas deberán añadirse las instalaciones previstas para los primeros 200 colectivos y el proyecto piloto de 12 unidades.

BRTC pretende aprovechar terrenos propios ubicados en los 64 distritos de Bangladesh para construir una red de carga progresivamente nacional.

La intención es que las instalaciones no queden vinculadas exclusivamente con una marca, empresa o contrato. Cuando exista capacidad disponible, los cargadores también podrían ser utilizados comercialmente por operadores privados.

Esta decisión busca evitar que cada adquisición genere un sistema incompatible con el resto. Una flota compuesta por vehículos de fabricantes y países diferentes podría enfrentar dificultades si utiliza conectores, tensiones, protocolos de comunicación o procedimientos de mantenimiento sin criterios comunes.

Estándares compartidos para fabricantes y operadores

Un comité técnico integrado por especialistas de la Universidad de Ingeniería y Tecnología de Bangladesh y del Instituto Militar de Ciencia y Tecnología está preparando especificaciones unificadas para los vehículos y la infraestructura.

El trabajo contempla aspectos como baterías, sistemas de carga, compatibilidad técnica y soporte mecánico. En una primera etapa, los estándares estarán dirigidos a colectivos, pero posteriormente podrían extenderse a minibuses y camiones eléctricos.

La decisión resulta especialmente importante porque Bangladesh no seleccionó todavía a los fabricantes.

Empresas de China, India, Corea del Sur y Hong Kong ya presentaron propuestas y exposiciones técnicas ante las autoridades. Los modelos continúan bajo análisis y no existe, hasta el momento, una adjudicación que determine qué marcas suministrarán los distintos paquetes.

El desafío será conseguir que vehículos procedentes de varios países puedan utilizar la misma red de carga y recibir mantenimiento sin que cada flota dependa de una infraestructura cerrada.

Participación privada y tarifas

El Gobierno también abrió conversaciones con operadores privados, entidades financieras y organismos tributarios para estudiar su participación en la transición eléctrica.

Los empresarios solicitaron préstamos blandos, incentivos y reglas que les permitan adquirir unidades sin depender exclusivamente de proyectos estatales. También advirtieron que el sector privado deberá participar en la operación, el mantenimiento y la gestión de largo plazo si el objetivo es transformar de manera efectiva el transporte urbano.

Las autoridades analizan mecanismos de subsidio y estructuras tarifarias que permitan afrontar el mayor costo inicial de los colectivos eléctricos sin trasladarlo completamente al boleto. Muchos operadores privados esperan comprobar primero el desempeño de las unidades estatales antes de comprometer nuevas inversiones.

No alcanza con incorporar vehículos

Especialistas consultados en Bangladesh advirtieron que la llegada de una flota numerosa no resolverá por sí sola los problemas del transporte de Daca.

Antes de incorporar cientos de colectivos, será necesario ordenar recorridos, racionalizar líneas superpuestas, preparar talleres, capacitar personal y garantizar una estructura sostenible de mantenimiento y repuestos. Sin esas condiciones, existe el riesgo de que vehículos de elevado costo terminen inmovilizados después de los primeros años de funcionamiento.

La observación resulta particularmente relevante porque el programa combina adquisiciones financiadas por organismos y países diferentes. La coordinación entre proyectos será tan importante como la compra de las unidades.

Cada paquete podría tener sus propios plazos, proveedores, cargadores y condiciones financieras. Convertirlos en una operación integrada requerirá una autoridad capaz de unificar criterios técnicos, asignar recorridos y sostener la infraestructura durante toda la vida útil de la flota.

Una posible referencia para el sur de Asia

Por su escala, la incorporación de 1.412 vehículos podría colocar a Bangladesh entre los programas de colectivos eléctricos más importantes del sur de Asia. Sin embargo, esa dimensión solamente se alcanzará si las distintas iniciativas superan las revisiones financieras y se convierten efectivamente en contratos, entregas y servicios regulares.

La principal fortaleza del plan es que no se limita a los vehículos. También aborda cargadores, compatibilidad técnica, terrenos para depósitos, participación privada, financiación y capacitación.

Su mayor debilidad es el estado fragmentado de los proyectos: todavía no hay un proveedor seleccionado, varias propuestas continúan bajo revisión y la flota total depende de distintas fuentes de recursos.

Bangladesh planteó una meta ambiciosa: pasar de experiencias limitadas a una operación eléctrica de más de mil unidades. El verdadero desafío comenzará cuando deba transformar esa cartera de proyectos en una única red coordinada, con colectivos disponibles, cargadores compatibles y servicios capaces de responder a la demanda cotidiana.

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Mumbai apuesta por el colectivo mediano: incorporará 1.500 eléctricos y recuperará hasta 125 recorridos

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Mumbai prepara una importante ampliación de su transporte público con la incorporación de 1.500 colectivos eléctricos medianos. El plan fue aprobado por el comité de la empresa municipal BEST y podría permitir la recuperación de entre 100 y 125 recorridos que fueron suspendidos durante los últimos años.

No se tratará solamente de reemplazar colectivos diésel por eléctricos. La ciudad eligió vehículos de nueve metros de largo, más pequeños que los modelos urbanos convencionales, para llegar a calles estrechas, sectores congestionados y zonas con pendientes donde las unidades de doce metros presentan dificultades operativas.

La red de BEST dispone actualmente de alrededor de 2.800 colectivos distribuidos en 400 recorridos. Con la llegada de las nuevas unidades, la empresa proyecta ampliar la cobertura hasta aproximadamente 525 servicios, incluyendo líneas recuperadas y nuevos alimentadores de estaciones ferroviarias y de Metro.

Una flota pensada para recuperar cobertura

La elección de colectivos medianos responde a una necesidad concreta. Mumbai posee una trama urbana extremadamente densa, con numerosos barrios donde el ancho de las calles, el tránsito y las pendientes limitan la circulación de vehículos de mayor tamaño.

Los nuevos eléctricos podrán ingresar en sectores de Vikhroli, Bhandup y Kanjurmarg, entre otros puntos de la ciudad, y reforzar las conexiones de última milla. La intención es que funcionen como alimentadores de los principales centros de transporte, acercando pasajeros a estaciones de tren, Metro y otros corredores troncales.

En lugar de concentrar toda la incorporación en las avenidas de mayor demanda, BEST pretende utilizar parte de la flota para reconstruir una red que perdió servicios por falta de vehículos.

La operación también representa una reivindicación del colectivo mediano como herramienta de planificación. Frente a la tendencia de utilizar unidades grandes para aumentar la capacidad, Mumbai adaptará el tamaño de los coches a las características de cada recorrido.

Dos proveedores y cuatro etapas de incorporación

La contratación se dividirá entre dos empresas. GreenCell Mobility proporcionará 1.050 colectivos eléctricos EKA, equivalentes al 70% del total, mientras que Sai Green Projects aportará otras 450 unidades Switch EiV9.

El ingreso se realizará en cuatro etapas:

  • Una primera tanda de 225 colectivos.
  • Una segunda entrega de 375 unidades.
  • Una tercera etapa de 450 coches.
  • Una última incorporación de otros 450 vehículos.

Las entregas se extenderán durante aproximadamente 18 meses desde el inicio de la producción. Las autoridades esperan que los primeros coches comiencen a llegar después de la festividad de Diwali y que el despliegue continúe durante 2027. Por lo tanto, la aprobación no implica que las 1.500 unidades estén disponibles inmediatamente.

La distribución se realizará entre distintos depósitos de BEST, que deberán contar con cargadores y con la infraestructura eléctrica necesaria para sostener la operación diaria.

Piso ultrabajo, baterías LFP y carga rápida

Todos los colectivos tendrán aire acondicionado y un piso ultrabajo ubicado a 400 milímetros, una configuración destinada a facilitar el ascenso y descenso de los pasajeros y mejorar la accesibilidad para personas en silla de ruedas.

Las unidades estarán equipadas con baterías de litio-ferrofosfato —LFP—, suspensión neumática y sistemas de carga rápida en corriente continua. También incorporarán cámaras con cobertura de 360 grados, gestión inteligente de flota y dispositivos de detección y extinción de incendios en el compartimiento de las baterías.

El equipamiento apunta a mejorar simultáneamente la seguridad, el seguimiento de la operación y la respuesta frente a incidentes asociados al sistema eléctrico.

Una contratación con operación privada

Los vehículos serán incorporados mediante un esquema de wet lease, similar a un contrato de costo bruto. Bajo esta modalidad, las empresas adjudicatarias se encargan de aportar los colectivos, operarlos, mantenerlos y desarrollar parte de la infraestructura necesaria, mientras que la autoridad de transporte remunera el servicio según las condiciones establecidas en el contrato.

El mecanismo forma parte del programa nacional PM E-DRIVE, mediante el cual el Gobierno de India asignó 1.500 eléctricos a Mumbai. El esquema utiliza compras agrupadas y contratos de largo plazo para facilitar la renovación sin que las empresas públicas deban afrontar inicialmente la totalidad del costo de los vehículos.

A escala nacional, PM E-DRIVE contempla apoyo para desplegar más de 14.000 colectivos eléctricos en grandes ciudades. La asignación para Mumbai había sido anunciada en diciembre de 2025; la novedad ahora es la aprobación operativa local, la definición de los proveedores y el cronograma de incorporación.

El desafío de convertir la aprobación en servicio

El efecto definitivo del proyecto dependerá del cumplimiento de las entregas, la preparación de los depósitos y la disponibilidad de personal e infraestructura de carga. La llegada de los coches por sí sola tampoco garantiza la recuperación de 125 recorridos: será necesario definir diagramas, frecuencias y recursos operativos para sostenerlos.

Si el programa se completa, BEST aumentará su flota en más de un 50% respecto de los aproximadamente 2.800 colectivos que opera actualmente. La renovación no solamente ampliará la cantidad de vehículos eléctricos, sino que permitirá recuperar conexiones perdidas y llevar el transporte público a lugares donde las unidades grandes no resultan adecuadas.

Mumbai utilizará así la electrificación como una herramienta para reconstruir su red. La apuesta combina unidades más limpias con un cambio de escala: colectivos más pequeños para llegar a más barrios y devolver servicios a una ciudad que necesita ampliar urgentemente su oferta de transporte.

 

Fuentes:

Gobierno de India

Rawson normalizó los colectivos, pero sigue abierta una disputa millonaria con Ceferino

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El servicio urbano de Rawson y Playa Unión volvió a la normalidad después de que el Municipio depositara fondos, Ceferino pagara los salarios atrasados y los trabajadores levantaran las medidas de fuerza. Pero detrás del conflicto laboral quedó abierta una disputa mucho mayor: la empresa reclama una deuda multimillonaria y el intendente Damián Biss reconoce, como máximo, apenas un tercio de esa cifra. Entre ambos números existe una diferencia de por lo menos $1.200 millones.

Los colectivos volvieron a circular con normalidad en Rawson durante la tarde del miércoles 9 de septiembre.

Pero el problema que desencadenó el conflicto está lejos de haberse terminado.

Después de varios días de interrupciones, asambleas y retenciones parciales, la Municipalidad realizó el depósito correspondiente al subsidio pendiente a Transporte Ceferino. La empresa utilizó esos fondos para cancelar los salarios adeudados y los trabajadores levantaron las medidas de fuerza.

Para los pasajeros de Rawson y Playa Unión, la consecuencia inmediata es concreta: el servicio volvió a funcionar normalmente.

Sin embargo, detrás del reclamo salarial apareció una discusión económica mucho más profunda.

Transporte Ceferino sostiene que arrastra acreencias vinculadas con el servicio desde finales de 2024. El intendente de Rawson, Damián Biss, rechaza los montos planteados por la empresa.

Y la diferencia no es pequeña.

Según explicó el jefe comunal, Ceferino reclama alrededor de $1.800 millones, mientras que el Municipio reconoce que la deuda podría alcanzar, como máximo, aproximadamente $600 millones.

Entre una cifra y otra hay $1.200 millones que, por ahora, ninguna documentación pública permite conciliar.

De un problema salarial a una disputa de $1.800 millones

El conflicto se hizo visible el lunes 7 de septiembre, cuando los trabajadores de Ceferino iniciaron medidas de fuerza ante la falta de pago de sus salarios.

Durante varias horas Rawson quedó sin servicio urbano.

Desde la empresa atribuyeron las dificultades para pagar los haberes a los atrasos en los fondos que debía transferir la Municipalidad y aseguraron que la situación no era nueva.

El gerente de Ceferino, Ariel Jones, sostuvo inicialmente que existía una deuda acumulada cercana a los $2.000 millones, originada —según la empresa— en diferencias que se fueron generando desde diciembre de 2024.

Jones planteó que para afrontar los salarios necesitaba entre $80 y $90 millones, a los que se sumaban aproximadamente $100 millones en gastos de combustible.

El planteo trasladó rápidamente la discusión desde los sueldos de los trabajadores hacia el modelo económico con el que se sostiene el transporte urbano de la capital chubutense.

Biss: no son $2.000 millones

La respuesta municipal llegó poco después.

Damián Biss rechazó que la deuda reconocida por el Municipio se acercara a los $2.000 millones mencionados inicialmente por la empresa.

Según el intendente, el reclamo formal de Ceferino sería por $1.800 millones, pero desde la Municipalidad consideran que el eventual saldo adeudado no superaría los $600 millones.

Biss añadió otro número importante.

De acuerdo con su explicación, el aporte correspondiente al último período rondaba los $80 millones, fondos que el Municipio buscaba completar para permitir que la empresa regularizara el pago de los salarios.

Ese depósito finalmente se realizó y permitió destrabar el conflicto laboral.

Pero pagar un mes no resolvió la discusión acumulada.

$1.200 millones sin explicar

Si se toman las propias cifras mencionadas públicamente por el intendente, aparece el verdadero tamaño del desacuerdo.

Ceferino reclama:

$1.800 millones.

El Municipio admite como máximo:

$600 millones.

La diferencia alcanza:

$1.200 millones.

Es decir, la Municipalidad estaría reconociendo solamente un tercio del monto reclamado por la prestataria.

O visto desde el otro lado: alrededor de dos tercios de la supuesta deuda están directamente en discusión.

Y esa diferencia es demasiado grande como para explicarla únicamente como una demora de algunos días en una transferencia mensual.

¿De dónde salen los $1.800 millones?

Esa es ahora la principal pregunta.

La empresa atribuye la deuda acumulada a desfasajes entre los aportes municipales y los costos reales del servicio, con incrementos vinculados, entre otros factores, a salarios y combustible.

Pero públicamente todavía no se conoce un detalle contable que permita reconstruir esos $1.800 millones.

Para hacerlo sería necesario conocer, mes por mes:

cuál era el costo reconocido del sistema;

cuánto debía aportar el Municipio;

qué certificados presentó la empresa;

qué montos fueron aprobados;

qué pagos efectivamente se realizaron;

qué diferencias quedaron pendientes;

qué actualizaciones fueron reconocidas;

y qué partidas eventualmente fueron rechazadas por la Municipalidad.

Sin esa información resulta imposible determinar si los $1.800 millones representan efectivamente una deuda contractual exigible, una estimación empresarial del déficit de explotación o una combinación de distintos conceptos.

¿Y de dónde salen los $600 millones?

La misma pregunta vale para la Municipalidad.

Biss dijo que el Municipio podría reconocer hasta aproximadamente $600 millones, pero tampoco se difundió hasta ahora una conciliación detallada que permita conocer cómo se llega a ese monto.

Por eso, actualmente existen dos versiones y ningún balance público que permita determinar cuál refleja correctamente la situación contractual.

La diferencia no es solamente contable.

De ella depende comprender si el sistema de Rawson atraviesa un atraso transitorio de pagos o un desequilibrio económico mucho más profundo.

El problema no empezó en septiembre

Las dificultades salariales ya habían provocado problemas en el servicio algunos meses antes.

En julio, los trabajadores de Ceferino habían implementado un esquema de trabajo a reglamento por atrasos en los salarios de junio.

En aquel momento llegaron a omitirse vueltas completas y las frecuencias entre servicios se extendieron a más de una hora.

La reiteración es relevante.

Cuando un atraso financiero termina afectando salarios una vez puede tratarse de un problema puntual.

Cuando ocurre repetidamente y empieza a alterar las frecuencias del transporte, deja de ser solamente una discusión administrativa entre empresa y Municipio.

Se transforma en un problema para los pasajeros.

El pasajero queda en el medio

Ese es el aspecto más delicado de la situación.

El Municipio sostiene que su obligación es cumplir con los aportes previstos y que el pago de los salarios corresponde a la empresa.

Ceferino argumenta que necesita recibir los fondos para poder afrontar sus obligaciones.

Los trabajadores, mientras tanto, reclaman cobrar los salarios en término.

Y en el último eslabón aparece el usuario.

Cada vez que alguna parte de esa cadena falla, el pasajero termina esperando un colectivo que no llega.

Eso ocurrió nuevamente durante esta semana.

El lunes hubo una interrupción total durante varias horas. Luego continuaron asambleas y retenciones parciales. Incluso el miércoles unos 25 trabajadores llevaron colectivos hasta la Municipalidad para reclamar por los salarios.

Horas después, el depósito destrabó el pago y permitió recuperar la normalidad.

Una curiosa protesta: seis colectivos terminaron multados

La jornada del 9 de septiembre dejó incluso una situación particular.

Mientras los choferes se encontraban frente al edificio municipal reclamando por sus haberes, seis unidades de Ceferino fueron multadas por encontrarse estacionadas en doble fila.

El episodio sintetizó de alguna manera el nivel de tensión alcanzado durante el conflicto.

Los colectivos que debían estar prestando servicio terminaron estacionados frente a la Municipalidad, los trabajadores reclamaban por salarios impagos y las propias unidades terminaron sancionadas por infracciones de tránsito.

Pocas horas después llegó el dinero y la medida fue levantada.

Subsidios, costos y una discusión que se repite en todo el país

El caso Rawson también expone un problema que excede ampliamente a una sola ciudad.

El costo real de operar un colectivo está compuesto principalmente por salarios, combustible, mantenimiento, neumáticos, seguros, repuestos, amortización de unidades y gastos administrativos.

Cuando la tarifa abonada por el pasajero no alcanza para cubrir esos costos, el sistema necesita alguna forma de compensación pública.

Si esos aportes llegan tarde, son insuficientes o existen diferencias respecto de cómo actualizar los costos, el desequilibrio aparece rápidamente.

Los primeros afectados suelen ser proveedores y empresas.

Luego aparecen los salarios.

Y finalmente se deteriora el servicio.

Rawson ofrece esta semana un ejemplo concreto de esa cadena.

El subsidio provincial es otro componente del sistema

Además de los aportes municipales discutidos actualmente, las empresas de transporte urbano de Chubut reciben fondos provinciales.

Los registros oficiales correspondientes a 2025 muestran, por ejemplo, que Autotransporte Ceferino tenía asignado entonces un aporte provincial mensual de aproximadamente $40,46 millones dentro del esquema de subsidios al transporte.

Ese aporte provincial no debe confundirse con la deuda municipal que hoy está en discusión.

Pero muestra otra característica de la economía del transporte: el funcionamiento del servicio depende de distintas fuentes de recursos que deben combinarse para cerrar la ecuación mensual.

Tarifa, aportes municipales, compensaciones provinciales y otros ingresos terminan formando parte del mismo esquema.

Cuando una pieza se atrasa, el equilibrio puede romperse.

Lo que falta conocer

Para determinar realmente quién tiene razón en la disputa entre Rawson y Ceferino, las declaraciones públicas no alcanzan.

La discusión podría aclararse con tres grupos de documentos.

Primero, el contrato de concesión y sus modificaciones, para conocer exactamente qué obligación financiera corresponde a cada parte y bajo qué mecanismo se actualizan los costos.

Segundo, los certificados o liquidaciones mensuales desde diciembre de 2024, período desde el cual la empresa asegura que comenzaron a acumularse diferencias.

Y tercero, el detalle de todas las transferencias efectivamente realizadas por la Municipalidad, con fechas e importes.

Con esos elementos podría construirse una cuenta relativamente sencilla:

monto reconocido – pagos realizados = saldo pendiente.

Hasta que esa documentación sea pública, afirmar que Rawson debe $1.800 millones sería tomar como cierta la posición empresarial.

Pero afirmar que solamente debe $600 millones implicaría hacer exactamente lo mismo con la versión municipal.

Por ahora, ambas son cifras declaradas por las partes.

Volvió el servicio, no terminó el conflicto

El miércoles por la tarde los colectivos volvieron a circular normalmente.

El Municipio depositó el aporte pendiente, Ceferino pagó los salarios y los trabajadores levantaron las medidas.

Para los usuarios, esa es la buena noticia.

Pero la solución parece haber atacado solamente la consecuencia inmediata del problema.

Si la empresa efectivamente considera que existe una deuda acumulada de $1.800 millones y el Municipio sólo reconoce hasta $600 millones, todavía queda por resolver una diferencia de al menos $1.200 millones.

Y mientras ese número permanezca sin conciliar, existe una pregunta inevitable:

¿qué impedirá que el mismo conflicto vuelva a repetirse el próximo mes?

Rawson logró que sus colectivos volvieran a circular.

Ahora necesita algo probablemente más difícil: que Municipio y prestataria logren ponerse de acuerdo sobre cuánto cuesta realmente el servicio, cuánto se pagó y cuánto se debe.

Porque si ni siquiera existe consenso sobre esos tres números, la normalidad recuperada esta semana puede ser solamente transitoria.

¿Batería más grande o colectivo más eficiente? Cuánto se puede ganar con peso, neumáticos, climatización, aerodinámica y regeneración

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Agregar capacidad aumenta la autonomía, pero también suma peso, costo y tiempo de carga. Distintos estudios muestran que aligerar el vehículo, reducir la resistencia al rodamiento, mejorar la climatización, recuperar más energía al frenar y optimizar la carrocería puede permitir recorrer más kilómetros sin instalar necesariamente una batería mayor.

Cuando un colectivo eléctrico necesita más autonomía, existe una solución aparentemente evidente: ponerle una batería más grande.

Si 350 kWh no alcanzan, instalar 400. Si 400 quedan justos, subir a 450.

La lógica parece indiscutible: más energía almacenada equivale a más kilómetros disponibles. Pero aparece una paradoja.

La batería que permite recorrer más kilómetros también pesa. Y cuanto más pesa el colectivo, más energía necesita para acelerar, subir pendientes y vencer la resistencia al rodamiento.

Además cuesta más dinero, ocupa espacio, puede limitar la capacidad de pasajeros y requiere almacenar y posteriormente recargar una cantidad mayor de electricidad.

Un estudio publicado en Energy sobre dimensionamiento de baterías para colectivos eléctricos advierte justamente que aumentar capacidad para extender la autonomía puede incrementar innecesariamente costos y peso. Sus simulaciones encontraron consumos muy diferentes según el tipo de servicio, desde aproximadamente 2 hasta 4,6 kWh por kilómetro, demostrando que no todos los recorridos necesitan el mismo tamaño de batería.

Incluso organismos dedicados a la planificación del transporte eléctrico advierten que los buses de gran autonomía suelen incorporar más baterías, con el intercambio correspondiente entre mayor alcance, mayor costo, más peso y, potencialmente, menor capacidad legal de pasajeros.

La pregunta empieza entonces a cambiar.

Quizás no sea solamente: ¿Cómo podemos guardar más electricidad?

Sino también: ¿Cómo hacemos para necesitar menos electricidad para recorrer cada kilómetro?

La otra manera de ganar autonomía

La autonomía de un colectivo eléctrico puede mejorarse desde cualquiera de los dos lados de la ecuación.

Se puede aumentar la energía disponible. O se puede reducir el consumo.

Supongamos, solamente como ejemplo, un colectivo con 350 kWh utilizables que consume en promedio 1,30 kWh/km. Su autonomía teórica sería cercana a 269 kilómetros.

Si lográramos reducir el consumo un 10%, hasta aproximadamente 1,17 kWh/km, con exactamente la misma batería podría recorrer alrededor de 299 kilómetros.

Casi 30 kilómetros adicionales.

Para conseguir esos mismos 299 kilómetros manteniendo el consumo original habría que disponer de aproximadamente 389 kWh.

Es decir: unos 39 kWh adicionales de batería.

El ejemplo es deliberadamente simplificado —no contempla reserva operativa, degradación, temperatura ni otras variables— pero permite comprender el concepto.

Ahorrar energía puede funcionar, desde el punto de vista de la autonomía, de manera similar a instalar más batería.

Con una diferencia: reducir el consumo beneficia al vehículo durante cada kilómetro de toda su vida útil.

El círculo vicioso de agregar batería

Existe además un efecto que complica la lógica de aumentar capacidad indefinidamente.

Más batería significa más masa.

Más masa aumenta la energía necesaria durante las aceleraciones, pendientes y rodamiento.

Eso significa que parte de la capacidad adicional se utiliza simplemente para transportar la propia batería adicional.

La autonomía sigue aumentando, pero no necesariamente de manera perfectamente proporcional.

Un estudio sobre colectivos eléctricos analizó precisamente la relación entre masa y consumo y estimó que reducir un 10% el peso total del bus podía disminuir aproximadamente entre 4,2% y 4,8% el consumo energético en las condiciones simuladas.

Otro trabajo de 2026 resume el dilema con claridad: una batería de mayor capacidad permite aumentar el alcance, pero su masa adicional también incrementa el consumo energético del vehículo.

Por eso el objetivo de ingeniería no necesariamente consiste en instalar la mayor batería físicamente posible.

Consiste en instalar la batería necesaria para cumplir el servicio, con margen suficiente, dentro del vehículo más eficiente posible.

1. Peso: cada tonelada viaja durante toda la jornada

El peso afecta al colectivo cada vez que acelera.

Y un urbano puede hacerlo cientos de veces durante una jornada.

Carrocería, chasis, baterías, aire acondicionado, asientos, sistemas auxiliares y pasajeros forman una masa que debe ponerse en movimiento nuevamente después de cada parada.

Por eso los fabricantes investigan estructuras más livianas, materiales de mayor resistencia, componentes integrados y diseños que permitan reducir kilos sin comprometer seguridad o durabilidad.

La investigación que estimó una reducción de alrededor de 4,2–4,8% en el consumo ante una disminución del 10% de masa sirve para dimensionar el efecto potencial. No significa que todos los colectivos obtendrán automáticamente ese resultado: depende del ciclo de conducción, pendientes y cantidad de aceleraciones.

El ahorro tiende a resultar especialmente interesante en recorridos urbanos con muchas detenciones.

En una autopista a velocidad constante, la masa tiene menor incidencia sobre la energía necesaria para mantener la velocidad.

En una línea donde el vehículo acelera desde cero constantemente, cada kilogramo vuelve a entrar en juego una y otra vez.

2. Neumáticos: una resistencia pequeña repetida millones de veces

Un neumático se deforma al entrar en contacto con el pavimento. Esa deformación consume energía. Se conoce como resistencia al rodamiento.

En un vehículo pesado, circulando cientos de kilómetros diariamente durante años, pequeñas diferencias en esa resistencia pueden acumular un gasto energético considerable.

Los modelos científicos de consumo para buses eléctricos incluyen al coeficiente de resistencia al rodamiento como uno de los principales componentes de las pérdidas mecánicas, junto con masa, aerodinámica, pendientes y aceleraciones.

Una investigación de Aalto University comparó distintas estrategias para mejorar la eficiencia de buses eléctricos, incluyendo neumáticos de baja resistencia, chasis de aluminio, carrocería aerodinámica, bomba de calor y conducción predictiva.

Entre sus conclusiones, los neumáticos de baja resistencia al rodamiento fueron una de las soluciones que produjo ahorros más consistentes entre distintos ciclos de operación.

No significa simplemente colocar cualquier neumático que “ruede más”.

El desafío es reducir resistencia sin comprometer frenado, adherencia, duración, capacidad de carga ni seguridad.

También importa algo aparentemente mucho más simple: mantener la presión correcta.

Un neumático trabajando fuera de sus condiciones óptimas aumenta pérdidas, desgaste y consumo.

En la electrificación, hasta el mantenimiento de una cubierta empieza a convertirse en parte de la gestión energética.

3. Aerodinámica: importa poco a baja velocidad y muchísimo más cuando aumenta

Un colectivo parece, desde el punto de vista aerodinámico, una caja enorme empujando aire. Tiene una gran superficie frontal. Y la resistencia aerodinámica aumenta fuertemente con la velocidad.

Los modelos físicos utilizados para buses eléctricos calculan la fuerza aerodinámica en función de la superficie frontal, densidad del aire, coeficiente aerodinámico y el cuadrado de la velocidad.

Por eso modificar mínimamente la carrocería de un colectivo que circula a 15 km/h entre paradas puede producir un beneficio menor que hacerlo en un vehículo que pasa buena parte de su operación a 70, 80 o 90 km/h.

La investigación de Aalto llegó precisamente a esa conclusión: una carrocería de bajo arrastre presenta un potencial especialmente interesante en rutas de mayor velocidad.

Ahí entran detalles como: frente, techo, retrovisores, equipos de aire acondicionado, transiciones entre superficies, bajos de carrocería, y turbulencias generadas en la parte trasera. En un ómnibus urbano tradicional, la aerodinámica nunca fue irrelevante.

Pero cuando cada kWh tiene que salir de una batería limitada, comienza a adquirir otro valor.

4. Climatización: mejorarla puede equivaler a agregar muchos kilómetros

El aire acondicionado y la calefacción son probablemente los mejores ejemplos de energía que desaparece sin mover una sola rueda.

Un trabajo técnico publicado por SAE International en enero de 2026 combinó datos reales y pruebas de laboratorio a temperaturas de entre -5 °C y 45 °C.

En situaciones de máxima demanda del HVAC encontró reducciones de autonomía de aproximadamente 20% a 40%, dependiendo del aislamiento, estrategia de climatización y características de operación.

Otro estudio experimental descompuso el consumo diario de un colectivo eléctrico y encontró, en las condiciones ensayadas, que el motor de tracción representó alrededor del 44,9% de la energía, mientras los sistemas de aire acondicionado de alta y baja tensión sumaron más de un tercio del consumo observado.

Ahí aparece una enorme oportunidad. No se trata de apagar el aire acondicionado. Se trata de obtener el mismo confort utilizando menos energía. Mejor aislamiento. Vidrios con control solar. Películas inteligentes. Preacondicionamiento durante la carga. Climatización por zonas. Control automático. Y bombas de calor.

En simulaciones desarrolladas por Aalto University, sustituir calefacción eléctrica resistiva por una bomba de calor redujo en promedio 12,7% el consumo total del vehículo bajo condiciones frías de -10 °C.

Es una cifra especialmente interesante porque permite entender algo importante:

una mejora en un sistema auxiliar puede tener un efecto sobre la autonomía comparable al de agregar una cantidad significativa de batería.

5. Vidrios y aislamiento: energía que no entra no hace falta expulsarla

Este punto conecta directamente con los vidrios inteligentes que Marcopolo presentó durante Lat.Bus 2026.

La energía más barata de refrigerar es aquella que nunca ingresó al salón.

Si radiación solar atraviesa las enormes superficies vidriadas del colectivo y aumenta la temperatura interior, posteriormente habrá que extraer ese calor utilizando electricidad.

Por eso vidrios con control infrarrojo, películas electrocrómicas, aislación en techo y paredes y mejor control de infiltraciones pueden tener incidencia indirecta sobre la autonomía.

No necesariamente aportarán decenas de kilómetros individualmente.

Pero forman parte de una lógica completamente distinta a la de “resolver todo con batería”.

Cada watt térmico que no entra es un watt que el sistema de climatización potencialmente no deberá retirar.

Y la misma lógica funciona al revés en invierno: cada unidad de calor que no escapa necesita menos energía para ser reemplazada.

6. Regeneración: recuperar la energía que antes terminaba convertida en calor

Un colectivo urbano frena constantemente.

En un diésel tradicional, gran parte de la energía cinética acumulada durante la aceleración termina disipándose como calor en los frenos.

Un eléctrico puede recuperar parte de ella.

Durante la desaceleración, el motor funciona como generador y devuelve electricidad hacia la batería.

En una investigación basada en un año completo de datos de una flota eléctrica, los buses de 40 pies recuperaron mediante frenado regenerativo una cantidad de energía equivalente a aproximadamente 37,3% de la energía media requerida para la operación, mientras que en los articulados de 60 pies la cifra fue de 40,2%.

Esto no significa que el colectivo reduzca automáticamente su consumo un 40% respecto de otro idéntico sin regeneración en cualquier recorrido.

La cantidad recuperable depende de velocidad, pendientes, tránsito, temperatura, estado de carga, conducción y estrategia de control.

Un estudio con datos reales de Montreal encontró precisamente variaciones estacionales en el desempeño de la regeneración y señaló que su eficiencia resulta especialmente favorable en determinados rangos intermedios de velocidad.

Pero demuestra por qué un colectivo eléctrico urbano posee una ventaja particular.

Cuanto más frena, más oportunidades tiene de recuperar una parte de la energía utilizada previamente para acelerar.

7. El chofer puede convertirse en parte del sistema de recuperación

La regeneración depende también de cómo se conduce.

Anticipar una parada y desacelerar progresivamente puede permitir utilizar durante más tiempo el freno regenerativo.

Llegar rápidamente al semáforo y realizar una frenada intensa puede obligar a que una mayor proporción de la desaceleración sea absorbida por el sistema mecánico.

De ahí surge el concepto de eco-driving o conducción eficiente.

Una investigación sobre componentes y estrategias de conducción estimó que técnicas de conducción eficiente podían mejorar alrededor de 22% la eficiencia de un colectivo eléctrico dentro de los ciclos analizados.

Otro estudio basado en conducción predictiva encontró reducciones de consumo de aproximadamente 9,5% en condiciones frías mediante un sistema capaz de anticipar la evolución del recorrido.

Nuevamente, no son porcentajes universales. Pero muestran algo interesante: existe autonomía escondida no solamente dentro del hardware, sino también dentro del software y de la operación.

¿Qué conviene mejorar primero?

No existe una respuesta única. Depende del recorrido.

En una línea urbana muy lenta y con cientos de paradas, reducir peso, mejorar neumáticos, climatización y regeneración probablemente tenga más impacto relativo que una optimización aerodinámica extrema.

En un servicio interurbano o BRT de alta velocidad, la resistencia del aire comienza a adquirir mayor protagonismo. En una región fría, una bomba de calor puede resultar decisiva. En una ciudad muy calurosa, vidrios, aislamiento y refrigeración eficiente adquieren mayor valor. En rutas montañosas, peso y regeneración ganan protagonismo.

Y en líneas con jornadas extremadamente largas puede seguir siendo inevitable instalar una batería de gran capacidad.

Precisamente por eso un estudio de dimensionamiento encontró necesidades tan diferentes según el servicio: el consumo modelado varió entre unos 2 y 4,6 kWh/km, y los servicios interurbanos fueron los que necesitaron las baterías de mayor tamaño. La batería ideal no se determina solamente por el vehículo. Se determina también por la línea.

Más batería no es gratis

Agregar capacidad tiene ventajas evidentes. Proporciona mayor autonomía. Permite afrontar contingencias. Reduce la necesidad de carga durante el día. Y puede simplificar la operación. Pero también implica compromisos. Más costo inicial. Mayor masa. Potencial reducción de pasajeros. Más materiales. Mayor energía para desplazar el vehículo. Y más electricidad que deberá ser repuesta durante cada ciclo de carga.

Los estudios sobre buses eléctricos reconocen justamente esta tensión: baterías grandes aumentan autonomía y reducen necesidades de recarga, pero incrementan peso, utilización energética y costo.

Incluso algunas investigaciones han encontrado que determinados colectivos urbanos terminan sobredimensionando sus baterías para poder cubrir una pequeña cantidad de jornadas excepcionalmente exigentes, por ejemplo bajo condiciones climáticas extremas.

Esto abre otra discusión. Quizás resulte más económico diseñar infraestructura para resolver esos pocos días excepcionales que transportar durante todos los días del año una batería sobredimensionada.

Una batería más pequeña también puede generar un círculo virtuoso

Existe además el fenómeno inverso. Si un colectivo necesita menos energía por kilómetro, quizás pueda utilizar una batería ligeramente menor. Una batería menor pesa menos. Al pesar menos, el vehículo necesita menos energía. Al consumir menos energía, puede necesitar todavía menos capacidad.

Este efecto es particularmente interesante en sistemas con carga de oportunidad, donde los vehículos recuperan energía durante la jornada.

Un estudio sobre carga ultrarrápida de colectivos urbanos concluyó que disponer de infraestructura de recarga durante la operación puede permitir reducir considerablemente el tamaño necesario de las baterías.

Esto explica por qué existen filosofías tan diferentes de electrificación. Una consiste en instalar enormes baterías y cargar principalmente durante la noche.

Otra utiliza baterías menores y cargas frecuentes en cabeceras o estaciones. Ninguna es universalmente mejor.

La respuesta depende de infraestructura, tarifas eléctricas, recorrido, tiempos de espera, vida útil de la batería y organización del servicio.

El colectivo eléctrico convierte cada componente en una cuestión energética

La electrificación está produciendo un cambio conceptual muy profundo dentro de la industria. Antes, un neumático era fundamentalmente un elemento de seguridad, costo y mantenimiento.

Ahora también representa autonomía. Un vidrio era visibilidad y confort. Una carrocería más liviana era capacidad de carga. El aire acondicionado era confort. El software de frenos era comportamiento dinámico. Incluso el estilo del conductor puede terminar expresándose en kWh por kilómetro. todos estos componentes representan autonomía.

Por eso el desarrollo del colectivo eléctrico probablemente no avance solamente mediante baterías cada vez mayores.

También avanzará mediante vehículos que necesiten cada vez menos batería para realizar el mismo trabajo.

La verdadera carrera puede ser bajar los kWh por kilómetro

Durante los primeros años de electrificación, buena parte de la competencia entre fabricantes estuvo centrada en una cifra sencilla de comunicar: la capacidad de batería.

400 kWh. 500 kWh. 600 kWh.

Y detrás de ella, otra cifra todavía más atractiva: los kilómetros de autonomía. Pero quizá el indicador tecnológico más interesante empiece a ser otro.

¿Cuánta energía necesita ese colectivo para transportar determinada cantidad de pasajeros durante un kilómetro real de servicio?

Porque colocar más batería tiene un límite físico y económico. La eficiencia, en cambio, puede mejorarse desde decenas de lugares diferentes.

Peso. Neumáticos. Motores. Electrónica. Aerodinámica. Climatización. Vidrios. Aislamiento. Regeneración. Software. Conducción. Infraestructura.

Ninguno resolverá individualmente todos los problemas. Pero cuando varias mejoras pequeñas se acumulan, pueden terminar produciendo un cambio importante.

Y ahí aparece posiblemente uno de los principios que definirá a la próxima generación de colectivos eléctricos:

el mejor vehículo no necesariamente será el que pueda llevar la batería más grande, sino el que necesite menos energía para llevar a los mismos pasajeros hasta el mismo destino.

Siete de cada diez viajes que perdió el AMBA corresponden a líneas provinciales

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Entre junio de 2024 y junio de 2026, los colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires perdieron cerca de 1,67 millones de viajes por día hábil. Casi 1,2 millones corresponden solamente a las líneas reguladas por la Provincia de Buenos Aires. La caída bonaerense alcanza el 23% durante la semana y trepa al 31% los domingos.

La caída de pasajeros en los colectivos del AMBA es generalizada, pero cuando los datos se separan por jurisdicción aparece una diferencia difícil de pasar por alto.

Entre junio de 2024 y junio de 2026, el sistema pasó de registrar un promedio de 9.862.272 viajes por día hábil a 8.196.300.

Son 1.665.972 viajes diarios menos, equivalentes a una contracción cercana al 17%. Pero esa pérdida no se repartió de manera uniforme.

Las 254 líneas reguladas por la Provincia de Buenos Aires concentraron por sí solas 1.191.930 de esos viajes perdidos: pasaron de 5.288.385 pasajeros por día hábil en junio de 2024 a 4.096.455 dos años después. La reducción alcanza el 23%.

Dicho de otra manera: más de siete de cada diez viajes que desaparecieron del sistema de colectivos del AMBA durante los días laborales corresponden a líneas bonaerenses.

Provincia explica el 72% de la caída

El dato surge de comparar la pérdida absoluta de cada jurisdicción.

Las líneas exclusivamente porteñas redujeron sus viajes diarios en alrededor de 64.900, mientras que las nacionales —las que cruzan entre CABA y el conurbano— perdieron cerca de 409.000.

Provincia perdió casi 1,2 millones. Así, aunque las líneas bonaerenses representaban aproximadamente el 54% de los viajes del AMBA en junio de 2024, terminaron explicando cerca del 72% de toda la caída posterior. La diferencia porcentual también resulta significativa.

Mientras los colectivos que circulan íntegramente dentro de la Ciudad de Buenos Aires muestran retrocesos del orden del 7% al 8%, las líneas provinciales llegan al 23% durante los días hábiles, 28% los sábados y 31% los domingos.

No parece, entonces, simplemente una reducción homogénea de la movilidad metropolitana. Hay algo que está golpeando con mucha mayor intensidad al transporte público del conurbano.

El domingo es el punto más crítico

La pérdida se profundiza cuando desaparece la obligación de viajar por trabajo o estudio.

Los domingos de junio de 2024, las líneas provinciales transportaban un promedio de 1.627.979 pasajeros.

Dos años después, la cifra cayó a 1.127.818. Son aproximadamente 500.000 viajes dominicales menos, una reducción del 31%.

Los sábados presentan un comportamiento similar: de 3.295.262 pasajeros se pasó a 2.381.378, una caída de alrededor de 914.000 viajes diarios, equivalente al 28%.

La diferencia entre semana y fin de semana plantea una primera hipótesis.

Quien necesita llegar todos los días a su trabajo tiene menos posibilidades de eliminar ese viaje. En cambio, una salida recreativa, una visita familiar, una compra o cualquier desplazamiento no obligatorio puede postergarse, combinarse con otra actividad o directamente desaparecer cuando viajar se vuelve más caro o incómodo.

La investigación que dio origen a los datos menciona precisamente entre las posibles causas el deterioro del poder adquisitivo, el aumento de las tarifas, modificaciones en los hábitos posteriores a la pandemia y una menor cantidad de viajes vinculados al trabajo presencial.

¿Cuánto explica el boleto?

La tarifa aparece inevitablemente dentro de la discusión.

No permite explicar por sí sola toda la pérdida de pasajeros, pero existe una coincidencia que merece atención: la jurisdicción que más aumentó el boleto es también la que está perdiendo usuarios con mayor velocidad.

Los datos de julio de 2026, que Colectibondi analizó anteriormente, muestran que mientras el boleto mínimo con SUBE registrada alcanzaba los $742,81 en las líneas nacionales y $820,99 en CABA, las líneas provinciales bonaerenses ya llegaban a $1.063,98. En un año, el aumento provincial había alcanzado el 117,3%.

La relación, sin embargo, debe analizarse con cautela.

Que aumente la tarifa al mismo tiempo que caen los pasajeros no demuestra automáticamente que todo el descenso sea consecuencia del precio.

También intervienen el nivel de actividad económica, la cantidad de empleos, el teletrabajo, los cambios demográficos, la expansión de la moto, las aplicaciones de movilidad y la calidad ofrecida por cada servicio. Pero la brecha tarifaria vuelve imposible ignorar el factor económico.

¿Y las frecuencias?

Existe otra variable que puede actuar al mismo tiempo: la oferta. Los datos de julio permiten ver que los pasajeros disminuyeron mucho más rápido que los kilómetros recorridos.

En el conjunto del AMBA, entre julio de 2025 y julio de 2026 la cantidad de viajes cayó 19,1%, mientras que los kilómetros recorridos por los colectivos se redujeron 8,9%. En las líneas bonaerenses, específicamente, la demanda bajó 22,6% mientras que los kilómetros ofrecidos disminuyeron alrededor de 9,2%.

Esto indica que no toda la caída puede adjudicarse simplemente a que dejaron de circular colectivos.

Sin embargo, el dato agregado tampoco permite saber qué ocurre en cada línea, franja horaria o ramal.

Una reducción relativamente pequeña de kilómetros puede traducirse en esperas mucho mayores si se concentra durante la noche, los fines de semana o en servicios de menor demanda. Y allí puede comenzar un problema difícil de revertir.

El riesgo del círculo vicioso

Menos pasajeros significa menos recaudación tarifaria. Si esa pérdida lleva a las empresas a reducir frecuencias o ajustar kilómetros, el servicio se vuelve menos atractivo.

Si el colectivo tarda más en llegar, algunos pasajeros buscan otra alternativa. Entonces vuelven a caer los pasajeros. Y con ellos, nuevamente, la recaudación.

Es el riesgo de entrar en un círculo de menos demanda, menos ingresos, menos oferta y nuevamente menos demanda.

Los datos todavía no permiten afirmar que todo el sistema bonaerense haya ingresado en esa dinámica, pero sí muestran que la caída de pasajeros está siendo considerablemente más profunda que en las otras jurisdicciones del AMBA.

¿Se están eliminando combinaciones?

Hay además una pregunta que los datos de cantidad total de pasajeros no responden: ¿están desapareciendo viajes completos o los usuarios están haciendo menos combinaciones?

Una persona que antes utilizaba dos colectivos para llegar a destino generaba dos validaciones SUBE.

Si por el aumento del costo decide caminar parte del recorrido y utilizar solamente uno, estadísticamente desaparece un pasajero del sistema aunque la persona continúe realizando el mismo desplazamiento.

Lo mismo puede ocurrir con quienes combinan colectivo y tren, utilizan bicicleta para un tramo o caminan una distancia que anteriormente realizaban en transporte público.

Comprender cuánto de la caída corresponde a personas que dejaron de viajar y cuánto a viajes que ahora necesitan menos etapas sería fundamental para interpretar el fenómeno.

Tres jurisdicciones, tres comportamientos

La fotografía termina exponiendo también un problema estructural del AMBA.

Existe una única región metropolitana, pero no un único sistema de transporte.

Hay líneas reguladas por Nación, otras por la Ciudad y centenares bajo jurisdicción provincial y municipal, con diferentes esquemas tarifarios, mecanismos de actualización, niveles de subsidios y políticas de transporte.

Los resultados tampoco están siendo iguales.

En los dos años analizados, las 27 líneas exclusivamente porteñas registraron las menores caídas. Las 102 nacionales quedaron en una situación intermedia. Y las 254 provinciales concentraron, por una amplia diferencia, el mayor retroceso.

La tendencia continuó posteriormente: los datos de julio de 2026 mostraron una baja interanual del 7,2% en las líneas porteñas, del 12,6% en las nacionales y del 22,6% en las bonaerenses.

Es decir, no se trata solamente de una anomalía estadística de junio.

1,2 millones de viajes diarios que desaparecieron

El número permite dimensionar la transformación.

En apenas dos años, las líneas provinciales bonaerenses dejaron de registrar casi 1,2 millones de viajes en un día hábil promedio.

No significa necesariamente que 1,2 millones de personas diferentes hayan abandonado el colectivo: una misma persona puede generar varias validaciones durante una jornada.

Pero sí significa que existen casi 1,2 millones menos de etapas de viaje realizadas diariamente sobre esos servicios.

Y probablemente la pregunta más importante ya no sea simplemente por qué cayó la cantidad de pasajeros.

La pregunta es por qué cayó tres veces más rápido en buena parte del conurbano que dentro de la Ciudad de Buenos Aires.

Tarifa, poder adquisitivo, calidad, frecuencias, combinaciones y cambios en los hábitos de movilidad seguramente expliquen distintas partes de la respuesta.

Determinar cuánto pesa cada una será fundamental.

Porque si el colectivo comienza a perder pasajeros precisamente en los sectores metropolitanos donde constituye una de las pocas alternativas disponibles, el problema deja de ser solamente económico para las empresas.

Se convierte en un problema de accesibilidad y movilidad para todo el AMBA.

De un colectivo a una flota: ¿a cuántas casas equivale la electricidad necesaria para electrificar una línea del AMBA?

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Un colectivo eléctrico que recorra unos 240 kilómetros diarios puede demandar cerca de 281 kWh de la red por jornada. Es casi el consumo mensual completo de una vivienda de 300 kWh. Cuando el ejercicio se lleva a una flota de 60 unidades, la demanda escala hasta unos 16,8 MWh diarios y 5,26 GWh anuales: tanta electricidad como la que utilizarían durante un año alrededor de 1.750 hogares argentinos de consumo promedio.

¿Cuánta electricidad consume realmente un colectivo eléctrico?

La respuesta expresada en kilovatios hora puede resultar técnicamente correcta pero difícil de visualizar.

281 kWh por día.

¿Es mucho? ¿Es poco?

La dimensión aparece cuando esa cantidad se compara con algo mucho más cotidiano: el consumo eléctrico de una casa, un departamento o incluso un edificio entero.

Y cuando ese único colectivo se transforma en una flota de 60 unidades, la escala cambia completamente.

Tomando como punto de partida la experiencia realizada con los colectivos eléctricos Yutong de la Línea 59 de Buenos Aires, es posible construir una comparación sencilla que permita entender qué significaría energéticamente electrificar una línea completa del AMBA.

No se trata de un proyecto actualmente anunciado para la Línea 59, sino de un ejercicio técnico-periodístico construido a partir de datos reales de operación.

El punto de partida: 240 kilómetros diarios

Durante la prueba realizada en Buenos Aires, dos Yutong eléctricos de la Línea 59 llegaron a realizar aproximadamente 240 kilómetros diarios cada uno sin necesidad de carga intermedia.

Los consumos específicos medidos fueron de 0,974 y 1,038 kWh por kilómetro, con un promedio cercano a 1,01 kWh/km.

Pero esa es la electricidad efectivamente almacenada y utilizada por el vehículo.

Cuando se incorpora la eficiencia del proceso de carga, la cuenta aumenta.

Un análisis posterior de la experiencia argentina consideró aproximadamente 13,6% de pérdidas durante la carga, llevando el consumo real desde el cargador hasta alrededor de 1,17 kWh/km.

La cuenta queda entonces:

240 km × 1,17 kWh/km = 280,8 kWh

Redondeando:

Un colectivo eléctrico: 281 kWh por día

Ese es el número desde el cual puede comenzar la comparación.

¿A cuánto equivale cargar un solo colectivo?

Para visualizarlo utilizaremos tres escenarios residenciales sencillos.

Un departamento con un consumo de 150 kWh mensuales, una casa con 300 kWh mensuales y un edificio de 20 departamentos más espacios comunes con un consumo conjunto de 3.500 kWh mensuales.

No son promedios oficiales del AMBA: son referencias ilustrativas que permiten transformar los kWh en escalas fáciles de comprender.

Si dividimos esos consumos por 30 días, obtenemos aproximadamente:

Y aparece la primera comparación llamativa.

Un único colectivo eléctrico consume en un día la misma electricidad que un departamento de 150 kWh/mes utilizaría durante unos 56 días.

Frente a una casa de 300 kWh mensuales, equivale a unos 28 días de consumo.

Y frente al edificio completo utilizado como referencia, los 281 kWh representan aproximadamente 2,4 días de consumo del edificio.

Dicho todavía más gráficamente:

un día de operación de un colectivo equivale a casi dos meses de electricidad de un departamento de bajo consumo, o casi un mes entero de una casa de 300 kWh.

Un colectivo durante todo un mes

Para mantener los mismos supuestos utilizados en nuestro ejercicio sobre electrificación de una línea, consideramos 26 jornadas operativas mensuales.

Entonces:

281 kWh × 26 días = 7.306 kWh

Es decir:

7,3 MWh por colectivo y por mes

Esa electricidad equivale aproximadamente al consumo mensual completo de:

49 departamentos de 150 kWh/mes,

24 casas de 300 kWh/mes,

o algo más de 2 edificios completos de 3.500 kWh/mes.

Y esto es solamente un colectivo.

Un colectivo durante un año: casi 88 MWh

Manteniendo 26 jornadas mensuales durante doce meses:

7,306 MWh × 12 = 87,7 MWh anuales.

Por lo tanto, un único colectivo eléctrico podría consumir en un año aproximadamente la misma electricidad que:

49 departamentos funcionando durante todo un año,

24 viviendas de 300 kWh mensuales durante un año,

o algo más de dos edificios de 20 departamentos durante un año.

La cifra permite empezar a dimensionar una característica fundamental de la movilidad eléctrica.

El colectivo no solamente consume mucha energía porque es un vehículo pesado.

También trabaja muchísimas horas.

Un automóvil particular puede permanecer estacionado la mayor parte del día.

Un colectivo urbano puede circular dos turnos consecutivos y completar cientos de kilómetros antes de regresar a su cabecera.

De uno a 60 colectivos

Ahora multipliquemos el ejercicio.

Si una unidad requiere aproximadamente 281 kWh diarios:

60 × 281 = 16.860 kWh diarios.

Redondeando, la infografía utiliza:

16,8 MWh diarios

Es aquí donde la electrificación deja de parecer un problema exclusivamente automotor y empieza a convertirse en una cuestión de infraestructura eléctrica.

Porque en un solo día esa flota necesitaría tanta electricidad como la que consumirían durante todo un mes aproximadamente:

112 departamentos de 150 kWh,

56 casas de 300 kWh,

o casi 5 edificios completos de 20 departamentos.

Es una de las comparaciones más potentes de todo el ejercicio:

Lo que 60 colectivos eléctricos necesitan durante una sola jornada equivale aproximadamente a un mes completo de electricidad de 112 departamentos.

¿Qué representan entonces los 2.920 departamentos de la infografía?

Aquí conviene explicar bien cómo leer la placa.

La cifra de 2.920 departamentos no corresponde al consumo de un solo día.

Corresponde al consumo eléctrico de la flota durante un mes de operación.

Manteniendo 26 jornadas:

16,8 MWh/día × 26 ≈ 438 MWh mensuales.

Son aproximadamente:

438.000 kWh.

Si cada departamento utilizara 150 kWh por mes:

438.000 ÷ 150 = 2.920

Por eso la infografía muestra que un mes de operación de esos 60 colectivos consume aproximadamente la misma energía que 2.920 departamentos durante un mes completo.

Para casas de 300 kWh:

438.000 ÷ 300 = 1.460 casas.

Y para edificios de 3.500 kWh:

438.000 ÷ 3.500 ≈ 125 edificios.

Un año completo: 5,26 GWh

Cuando la operación se proyecta durante doce meses aparece otra escala.

438 MWh × 12 ≈ 5.256 MWh

o:

5,26 GWh anuales

Eso equivale aproximadamente a mantener durante un año:

2.922 departamentos de 150 kWh mensuales,

1.461 casas de 300 kWh mensuales,

o cerca de 125 edificios de veinte departamentos y espacios comunes bajo el supuesto de 3.500 kWh mensuales.

La cifra anual prácticamente coincide con la comparación mensual porque en ambos casos estamos enfrentando períodos equivalentes: un mes de flota contra un mes residencial, o un año de flota contra un año residencial.

Hay otra referencia todavía más interesante: el hogar argentino promedio

Existe una cuarta comparación que puede incorporarse a la nota con una referencia oficial.

En 2024, la Secretaría de Energía señaló un consumo eléctrico promedio nacional de aproximadamente 250 kWh mensuales por hogar. Es importante remarcar que se trata de una referencia nacional y no específicamente del AMBA.

Con esa referencia:

un hogar promedio consume aproximadamente 3.000 kWh al año.

Entonces:

5.260.000 kWh ÷ 3.000 kWh/año ≈ 1.753 hogares.

Es decir:

Una flota de 60 colectivos eléctricos consumiría al año aproximadamente lo mismo que 1.750 hogares argentinos promedio.

Y la comparación también puede hacerse con una sola unidad.

Los aproximadamente 87.700 kWh anuales de un colectivo equivaldrían al consumo anual de alrededor de:

29 hogares promedio.

Es una forma particularmente clara de observar el salto de escala:

1 colectivo ≈ 29 hogares promedio por año.

60 colectivos ≈ 1.750 hogares promedio por año.

La comparación completa

¿Entonces los colectivos eléctricos consumen “demasiado”?

La comparación puede producir una impresión engañosa si se la observa fuera de contexto.

Sí: un colectivo eléctrico demanda muchísima más electricidad que una vivienda.

Pero tampoco realiza el mismo trabajo.

Un departamento utiliza energía para iluminación, climatización y electrodomésticos.

El colectivo está desplazando un vehículo de varias toneladas durante 240 kilómetros diarios, transportando potencialmente a cientos o miles de pasajeros a lo largo de la jornada.

Por eso la comparación residencial no sirve para determinar si un bus eléctrico es eficiente o ineficiente.

Sirve para otra cosa:

hacer visible la escala energética de la electrificación del transporte público.

La comparación correcta entre tecnologías debería realizarse frente a la energía, combustible, emisiones y costos del colectivo diésel que sustituye.

Pero desde el punto de vista de la infraestructura eléctrica, conocer la equivalencia con hogares resulta extremadamente útil.

Porque permite entender qué ocurre cuando una empresa decide electrificar cincuenta, cien o doscientos vehículos.

El problema no son solamente los kWh

Incluso los 5,26 GWh anuales cuentan solamente una parte de la historia.

Para la red eléctrica existe otra pregunta tan importante como cuánta energía se consume:

¿en cuánto tiempo hay que entregarla?

Si los 60 colectivos regresan al depósito durante la noche y buena parte de los 16,8 MWh diarios debe reponerse en unas ocho horas, la instalación debería administrar una potencia promedio cercana a 2,1 MW.

Esa demanda equivale a transformar una cabecera tradicional de colectivos en una instalación eléctrica de escala industrial.

Transformadores.

Celdas.

Tableros.

Cargadores.

Cableado.

Sistemas de gestión de potencia.

Y eventualmente ampliaciones de la red de distribución.

Ahí está probablemente una de las conclusiones más importantes del ejercicio.

Electrificar un colectivo es cargar un vehículo; electrificar una línea es alimentar una pequeña central de consumo

Un único colectivo eléctrico ya representa una demanda energética significativa.

Alrededor de 281 kWh diarios.

Casi 88 MWh por año.

El equivalente a unas 29 viviendas promedio argentinas durante doce meses.

Pero todavía puede integrarse dentro de una infraestructura relativamente contenida.

Cuando ese vehículo se multiplica por 60, cambia la naturaleza del problema.

Ya no hablamos solamente de buses.

Hablamos de 5,26 GWh anuales, megavatios de potencia de carga y una cabecera convertida en un nodo energético.

Esa quizá sea la mejor manera de leer la infografía.

No pretende decir que “un colectivo consume como tantas casas” para juzgar su eficiencia.

Pretende mostrar el tamaño de la transformación.

Porque electrificar el transporte público significa retirar motores diésel de las calles.

Pero también significa algo menos visible:

trasladar una enorme demanda de energía desde el surtidor de combustible hacia la red eléctrica.

Y entre cargar un colectivo y cargar una flota completa hay una diferencia mucho mayor que simplemente multiplicar por 60.

Proponen eliminar cinco ramales de la línea 143, sumar un expreso y operar con hasta 47 colectivos

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La Secretaría de Transporte abrió el procedimiento para analizar una profunda reestructuración de la línea 143, operada por La Central de Vicente López. El proyecto contempla la eliminación de cinco recorridos, cambios en otros servicios, el desdoblamiento de un ramal y la creación de un expreso. El parque móvil proyectado quedaría establecido entre 33 y 47 unidades.

La línea 143 podría atravesar una importante reorganización de sus servicios. La Secretaría de Transporte publicó el 25 de septiembre de 2026 un edicto mediante el cual puso a consideración una propuesta de modificación presentada en el marco del expediente EX-2025-115382239-APN-DGDA#MEC, que involucra a La Central de Vicente López S.A.C.

El proyecto plantea una transformación significativa del esquema actual de la línea, ya que contempla la supresión total de los recorridos B, C, E, F y G.

A eso se agregan modificaciones en los recorridos A y D, incluyendo cambios de trazado e internación de cabecera. Según la descripción oficial, parte de esta reorganización dará lugar también a nuevas denominaciones dentro del esquema proyectado.

Desdoblamiento y un nuevo servicio expreso

Otro de los puntos centrales de la iniciativa es el desdoblamiento del actual recorrido A, que daría origen a un nuevo servicio dentro de la estructura propuesta.

Asimismo, se proyecta la creación de un servicio expreso D sobre el actual recorrido C, incorporando así una modalidad de prestación diferente dentro de la línea.

La propuesta incluye además una variación de las frecuencias de los servicios y modificaciones en la cantidad de colectivos afectados a la operación.

Entre 33 y 47 colectivos

El edicto establece que el parque móvil proyectado para la línea 143 tendría un máximo de 47 vehículos y un mínimo de 33 unidades.

La cifra resulta relevante porque acompaña una reorganización que no se limita únicamente a modificar recorridos: también podría alterar la distribución de unidades, las frecuencias y la forma en que se presta el servicio en las distintas zonas actualmente cubiertas.

En concreto, el proyecto oficial contempla:

  • la eliminación completa de los recorridos B, C, E, F y G;
  • cambios de recorrido e internación de cabecera para los actuales servicios A y D;
  • el desdoblamiento del recorrido A;
  • la incorporación de un nuevo servicio expreso sobre el actual recorrido C;
  • modificaciones en las frecuencias;
  • cambios en el parque móvil, con entre 33 y 47 colectivos.

Los cambios todavía no están aprobados

La publicación del edicto no implica que esta reestructuración ya haya sido autorizada ni que exista una fecha definida para su implementación.

La Secretaría de Transporte abrió un plazo de cinco días hábiles administrativos, contado desde el día siguiente a la publicación, para que personas humanas o jurídicas, públicas o privadas, presenten opiniones, observaciones o sugerencias sobre la propuesta.

Esas presentaciones tendrán carácter no vinculante, según establece expresamente el aviso oficial.

Por lo tanto, el esquema difundido debe considerarse por el momento como un proyecto sometido al procedimiento administrativo correspondiente.

De concretarse en los términos planteados, representaría una de las modificaciones más profundas de la estructura operativa de la línea 143, al reducir la cantidad de ramales actuales, redistribuir recorridos, incorporar una alternativa expresa y redefinir tanto las frecuencias como la cantidad de unidades utilizadas.

Fuente:

Secretaría de Transporte

Boletín Oficial de la República Argentina, edicto publicado el 25 de septiembre de 2026.