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Cuando el bondi promociona a su competencia: la paradoja que circula por la Ciudad de Buenos Aires

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En plena circulación por las calles de Buenos Aires, una escena tan cotidiana como llamativa captó la atención de pasajeros y transeúntes: un colectivo de línea urbana luciendo en su lateral una publicidad de Uber. Sí, el mismo servicio que compite —al menos en parte— con el transporte público, ahora viaja “arriba” del bondi.

El mensaje no pasa desapercibido. Mientras el colectivo avanza entre el tránsito, el cartel sugiere una alternativa que, en muchos casos, promete mayor rapidez o comodidad. La contradicción es evidente: el propio sistema de transporte masivo promocionando una opción que podría invitar a sus usuarios a bajarse antes de llegar a destino.

Negocio es negocio

Detrás de esta aparente paradoja hay una lógica clara: la publicidad en unidades de transporte es una fuente de ingresos clave para las empresas. En un contexto económico desafiante para el sector —con costos en alza y subsidios en discusión— monetizar cada espacio disponible se vuelve una necesidad.

En ese escenario, el origen del anunciante pasa a un segundo plano. Lo importante es que pague. Así, Uber, Cabify u otras plataformas pueden utilizar estos soportes para ganar visibilidad en la vía pública, incluso sobre vehículos que representan una alternativa directa.

Competencia… y convivencia

Más allá de la ironía, la imagen también refleja una realidad más profunda: la convivencia entre distintos modos de transporte en la ciudad. Colectivos, taxis, apps y bicicletas comparten el mismo espacio urbano y, en muchos casos, también a los mismos usuarios.

El pasajero ya no es exclusivo de un sistema. Puede combinar opciones según precio, tiempo o comodidad. Y en ese juego, cada actor busca posicionarse como la mejor alternativa, incluso desde el lugar menos esperado.

Ironía sobre ruedas

La situación no tardó en viralizarse en redes sociales, donde abundaron los comentarios y memes:

  • “El bondi te lleva… pero no tan convencido”
  • “Subite al colectivo… que te recomienda bajarte”
  • “Llegás mejor… pero en otro vehículo”

El humor aparece como una forma de procesar esta contradicción, que mezcla lógica comercial con una cuota de absurdo urbano.

Más que un meme

Lejos de ser solo una curiosidad, la escena abre el debate sobre el presente del transporte en las grandes ciudades. ¿Hasta qué punto compiten realmente estos servicios? ¿Y cuánto hay de complementariedad?

Mientras tanto, en alguna avenida porteña, un colectivo sigue su recorrido… llevando pasajeros y, al mismo tiempo, sugiriendo otras formas de viajar.

Porque en la ciudad, al final del día, todos circulan por la misma calle.

Caída histórica de circulación de unidades

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El sistema de colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa un deterioro profundo. Un reciente informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) revela que la cantidad de unidades en circulación cayó de manera significativa, con picos que alcanzan hasta un 40% de reducción en algunos servicios.

El dato surge del Reporte de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), que analiza el funcionamiento del transporte público en el actual contexto económico.

Menos colectivos en la calle

Según el estudio, la oferta total de colectivos en el AMBA se redujo en torno al 30% respecto de los niveles habituales, aunque el impacto no es uniforme en todas las jurisdicciones.

Los servicios interjurisdiccionales —aquellos que dependen del Estado nacional y la Provincia— son los más afectados, con caídas que llegan al 40%. En contraste, las líneas que operan exclusivamente dentro de la Ciudad de Buenos Aires presentan una merma mucho menor, cercana al 5%.

El impacto del combustible

Uno de los principales factores detrás de este escenario es el fuerte incremento en el precio del gasoil. El informe señala que el aumento del combustible generó un “shock” en los costos operativos, obligando a las empresas a reducir la cantidad de unidades en circulación.

Este aumento, vinculado a factores internacionales, desacomodó la ecuación económica del sistema, que depende en gran medida de subsidios y tarifas reguladas.

Una crisis que ya venía gestándose

El deterioro no es nuevo. Antes incluso de los recortes recientes, la flota operativa ya mostraba signos de retroceso: a marzo de 2026 había un 12% menos de colectivos que en 2019, lo que equivale a más de 2.300 unidades fuera de servicio.

Esto evidencia que la crisis actual no responde únicamente a factores coyunturales, sino también a problemas estructurales del sistema.

Subsidios desactualizados y presión financiera

El informe también pone el foco en el esquema de subsidios. Las compensaciones vigentes fueron calculadas con un precio del combustible considerablemente menor al actual, lo que genera un desfasaje en los ingresos de las empresas.

Para sostener el nivel de servicio sin recortes, los especialistas estiman que sería necesario un refuerzo de aproximadamente $17.500 millones mensuales en subsidios.

En caso contrario, una de las alternativas sería trasladar el aumento de costos a los usuarios, lo que implicaría una suba adicional del boleto cercana al 16%.

Un sistema bajo presión

El análisis concluye que la actual caída en la circulación de colectivos es el resultado de una combinación de factores: aumento de costos, atraso en subsidios y una estructura que ya venía debilitada.

En este contexto, el transporte público en el AMBA enfrenta un escenario de alta fragilidad. Con menos unidades en la calle y una demanda que se mantiene elevada, el impacto en los usuarios ya es evidente: más espera, mayor saturación y un servicio cada vez más tensionado.

Cómo evolucionó el puesto del conductor: Del volante duro a la conducción asistida

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Durante décadas, el puesto del conductor fue el verdadero centro de mando del colectivo. Desde ahí no solo se manejaba una máquina grande, pesada y exigente: también se administraba el ritmo del viaje, el vínculo con los pasajeros, la lectura del tránsito y, muchas veces, una parte importante del orden cotidiano arriba del bondi. Mirar cómo cambió ese espacio es, en el fondo, mirar cómo cambió el propio sistema de transporte urbano.

En los colectivos de otras épocas, el puesto del conductor tenía una lógica mucho más simple y más ruda. El volante era grande, el tablero era básico, los comandos eran mecánicos y la cabina casi no estaba separada del salón de pasajeros. El chofer manejaba en un entorno más expuesto, con menos aislamiento del ruido, más vibraciones y una relación física mucho más directa con la máquina. Conducir un colectivo implicaba fuerza, resistencia y oficio.

La posición de manejo también respondía a otra época. Había menos regulación ergonómica, menos diseño pensado para reducir el cansancio y menos asistencia técnica. El puesto estaba hecho para funcionar, no necesariamente para cuidar al conductor durante jornadas largas. A eso se sumaba una visibilidad más limitada, especialmente en unidades con parabrisas más pequeños, columnas más invasivas o espejos menos eficientes que los actuales.

Pero el trabajo del conductor no era solo manejar. También debía interactuar con los pasajeros de forma constante. Durante muchos años, cobraba boletos o convivía de manera directa con la máquina expendedora, respondía consultas, indicaba recorridos y sostenía un contacto permanente con la gente que subía y bajaba. La cabina abierta convertía al puesto de conducción en una frontera muy difusa entre el trabajo técnico y la atención al público.

Con el paso del tiempo, todo eso empezó a cambiar. La modernización del transporte urbano transformó el puesto del conductor en un espacio mucho más especializado. El tablero se volvió más completo, los mandos más integrados y la posición de manejo empezó a pensarse desde la ergonomía. Asientos con mejor regulación, mejor ubicación de pedales y comandos, dirección más asistida y suspensión más amable hicieron que conducir dejara de ser una tarea tan físicamente hostil como antes.

La cabina también se rediseñó. En muchas unidades actuales, el puesto del conductor aparece más delimitado, más protegido y mejor organizado. Eso mejora la concentración, ordena la circulación interna y reduce parte de la sobreexposición que históricamente tuvo el chofer. Al mismo tiempo, los parabrisas panorámicos, espejos más eficientes y, en algunos casos, cámaras o asistentes visuales ampliaron la percepción del entorno y elevaron los estándares de seguridad operativa.

La tecnología introdujo un cambio todavía más profundo. Hoy, el conductor ya no depende solo de su experiencia y reflejos: en muchos colectivos modernos aparecen sistemas de asistencia a la conducción, indicadores digitales, monitoreo de puertas, sensores y alertas que ayudan a tomar decisiones o a prevenir maniobras riesgosas. El puesto dejó de ser un espacio puramente mecánico para convertirse en una interfaz entre persona, vehículo y sistema.

Eso también cambió la relación emocional con la conducción. Antes, el chofer parecía dominar una máquina más áspera y temperamental; hoy opera un entorno más inteligente, más estandarizado y, en ciertos aspectos, más automatizado. El oficio sigue siendo central, pero se expresa de otra manera. Menos fuerza bruta, más gestión de información. Menos improvisación mecánica, más lectura integral del entorno urbano.

La transición energética agrega una nueva capa a esa evolución. En los buses eléctricos, por ejemplo, el puesto del conductor cambia incluso en su percepción sensorial. Hay menos ruido, menos vibración y otra respuesta del vehículo en aceleración y frenado. El espacio de manejo se vuelve más silencioso, más limpio y más cercano a una lógica tecnológica que mecánica. Eso modifica tanto la experiencia laboral del conductor como la experiencia general de viaje.

Sin embargo, algo no cambió del todo: el puesto del conductor sigue siendo uno de los lugares más simbólicos del colectivo. Ahí todavía se concentra una parte clave de la identidad del sistema. Aunque cambien el tablero, los materiales o los asistentes electrónicos, el conductor sigue siendo quien interpreta la calle, quien resuelve imprevistos y quien sostiene el movimiento cotidiano de la ciudad.

En definitiva, la evolución del puesto del conductor resume una historia más amplia: la del paso de un transporte más artesanal, físico y expuesto, a otro más ergonómico, asistido y profesionalizado. Del volante duro a la conducción inteligente, del chofer mecánico al operador urbano, ese pequeño espacio detrás del parabrisas también cuenta cómo evolucionó el colectivo.

Fuerte caída en la frecuencia de colectivos en el AMBA

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El sistema de colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa uno de sus momentos más críticos en los últimos años. La combinación entre el fuerte aumento del precio del gasoil y el atraso en el pago de subsidios provocó una caída significativa en la frecuencia del servicio, con impacto directo en millones de usuarios.

Según datos del sector, durante abril se registró una reducción generalizada de los servicios, con demoras que en muchos casos duplicaron los tiempos de espera habituales en las paradas.

Menos colectivos en la calle

El deterioro del servicio no es homogéneo, pero sí extendido. De acuerdo con relevamientos empresariales, la frecuencia promedio en el AMBA cayó alrededor de un 18% en comparación con el año pasado, aunque en algunas líneas la reducción llegó hasta el 40%, e incluso hubo casos de servicios que directamente dejaron de operar.

Esta situación generó escenas cada vez más frecuentes de pasajeros acumulados en paradas, especialmente en horarios pico, en un contexto donde el colectivo sigue siendo el principal medio de transporte para moverse en la región.

El impacto del gasoil

Uno de los principales factores detrás de esta crisis es el aumento del costo del combustible. El precio del gasoil, que a comienzos de año rondaba los $1.740 por litro, superó los $2.100 en marzo, generando un fuerte desfasaje en la estructura de costos del sistema.

El combustible representa uno de los gastos más importantes para las empresas, por lo que cualquier variación impacta de forma inmediata en la operación diaria. Sin una actualización acorde en los ingresos o subsidios, sostener la frecuencia habitual se vuelve inviable.

Subsidios atrasados y deuda millonaria

A la presión por los costos se suma un problema estructural: el atraso en los pagos estatales. Las empresas denuncian una deuda acumulada cercana a los $130.000 millones en subsidios, lo que compromete seriamente la continuidad del servicio.

Parte de esa deuda corresponde a compensaciones vinculadas a tarifas sociales y beneficios para sectores vulnerables, que aún no fueron transferidas desde el Estado nacional a la provincia y, luego, a las empresas operadoras.

Riesgo de profundización del conflicto

Desde el sector advierten que la situación podría agravarse en el corto plazo. Las empresas aseguran que, si no se regularizan los pagos o se actualiza el esquema de ingresos, la reducción de frecuencias continuará e incluso podría intensificarse en los próximos días.

El escenario se vuelve aún más delicado ante el calendario de pagos salariales: el cuarto día hábil de cada mes es clave para el sistema. Si no hay fondos disponibles, podrían surgir conflictos con el gremio, lo que sumaría tensión a un servicio ya debilitado.

Una “tormenta perfecta” para el transporte

La crisis actual combina múltiples factores: aumento de costos, atraso en subsidios, menor disponibilidad de unidades y una demanda que se mantiene alta. Incluso, los problemas en otros medios como el tren terminan trasladando más presión sobre los colectivos.

El resultado es un sistema que opera al límite, con menor oferta y mayor demanda, generando un deterioro visible en la calidad del servicio.

Un sistema en tensión

El conflicto por los colectivos en el AMBA refleja un problema estructural más amplio: la dificultad para sostener el equilibrio entre tarifas accesibles, subsidios estatales y costos reales de operación.

Mientras no haya una definición clara sobre el financiamiento del sistema, el transporte público seguirá atravesando un escenario de incertidumbre, con los usuarios como principales afectados.

Se cumplen 32 años de la muerte del boleto (De colores)

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Hace 32 años el gobierno de Carlos Menem intimó a las empresas de colectivos para que instalen máquinas expendedoras de boletos. El sistema tenía que ponerse en marcha obligatoriamente el 2 de mayo de 1994, pero pocos pudieron cumplir. El nuevo método, que eliminó los viejos boletos cortados por los choferes, duró más de dos décadas y causó enormes trastornos en sus etapas iniciales.

1) La situación

Los colectiveros estaban obligados a cortar los boletos, atender a los pasajeros y dar vuelto. Muchas veces lo hacían al mismo tiempo que manejaban, con la tensión y el riesgo que todo eso significaba. Además, eran responsables de la recaudación, por lo que quedaban expuestos a robos. Por esas razones, principalmente, el gobierno decidió reglamentar la utilización de las máquinas expendedoras que funcionaban con monedas.

Una imagen de 1994, año en el que el viaje en colectivo cambió para siempre Fuente: LA NACION – Crédito: Lucio Solari

2) Los plazos

El gobierno les dio a las empresas de transporte plazo hasta el 1° de mayo para comprar e instalar las máquinas. Pero muy pocas fueron las que pudieron cumplir. A medida que se acercaba el tiempo límite, la situación se volvía más difícil. Las 250 líneas, que contaban en ese momento con 10.460 unidades en funcionamiento, pidieron una prórroga de 180 días, pero se la negaron.

El subsecretario de Transporte, Alberto Corcuera, informó: «No habrá prórroga, así que las empresas deberán definir obligatoriamente si instalan las expendedoras o un sistema alternativo con guardas». A aquellos que no cumplieran con una de las dos opciones, les cabrían severas sanciones, que podían incluir hasta la pérdida de la licencia.

Tres lectoras de monedas que se instalaron en Buenos Aires: TCS-IBM (izquierda), Klussendorf (centro) y Monebus (derecha); todas de industria nacional. Avisos publicados en Microbús y El Auto Colectivo, 1995.

El gobierno, además, instrumentó una línea de crédito de 30 millones de pesos para las empresas que no pudieran afrontar los gastos. Y les prohibió aumentar las tarifas para solventar el costo del nuevo sistema.

Las máquinas trajeron varios dolores de cabeza en los comienzos del sistema en 1994
Fuente: LA NACION – Crédito: Rafael Yohai

3) El rechazo

Algunos empresarios transportistas dijeron que el sistema les impedía controlar bien el ingreso de la gente y que iban a perder en la recaudación. Pero el secretario de Transporte y Obras Públicas Edmundo Soria denunció otros motivos por los que los colectiveros y los transportistas rechazaban las máquinas. «Los choferes quieren seguir cortando boletos porque hace extras con maniobras en los vueltos. Los transportistas no quieren que tengamos un sistema para controlar la recaudación», los acusó.

Algunas líneas que no tenian las máquinas, cobraban los boletos en las paradas antes de subir Fuente: LA NACION – Crédito: Juan José Rojas

4) Las denuncias

Luis Drago, gerente de la Cámara de Transporte, explicó que cumplir con la norma iba a ser imposible: «Las autoridades tendrán que diferir el plazo, porque las empresas proveedoras de las máquinas no dan abasto con la entrega e instalación». Pero no fue el único problema. Rodolfo Pasini, el presidente de Automación Aplicada (ASA), una de las empresas que vendían las máquinas, dijo: «El problema es la corrupción privada. Los dirigentes de las cámaras de transportes hicieron sus componendas con las empresas extranjeras y se convirtieron en gerentes. Importan las máquinas al doble del costo de las nacionales». Las boleteras de ASA costaban 3331 pesos. Las BRD, también argentinas, 4300. Pero la mayoría de las empresas eligió adquirirlas en el exterior y eso demoró las entregas. Las firmas involucradas en los negocios fueron Klussendorf, de Alemania (costaban 6000 pesos) e IBM (9000).

A cinco días de cumplirse el plazo se habían comprado 5700 máquinas, pero se habían instalado solamente 250. «Ni Mandrake las va a instalar antes del domingo», dijo Pasini.

5) Los guardas

Como no había manera de estar en regla, se buscó una alternativa que iba a subsistir algunos meses: los guardas. Pero eso significaba un costo extra. El ministerio de Trabajo ordenó que se emplee a aquellas personas que estaban cobrando seguros de desempleos. Luis Drago, gerente de la Cámara de transporte, reclamó: «Lo que piden es inédito e inconcebible. Esta gente no tiene la preparación adecuada para el trabajo y eso incidirá finalmente en la recaudación». Algunas empresas utilizaron a sus inspectores para esas funciones.

El estado intimó a las empresas de transportes y aquellas que no tuvieran instaladas las máquinas expendedoras, tuvieron que contratar guardas para cortar boletos Fuente: LA NACION – Crédito: Rafael Yohai

6) Las máquinas

Otro de los retos fue acostumbrar a los usuarios a utilizar la máquina. El sistema no era complejo. Sólo había que introducir las monedas en una ranura en la parte superior, esperar que se emitiera el boleto y retirarlo junto con le vuelto en un compartimiento inferior.

En cuatro pasos, la explicación para que la gente aprenda a utilizar las nuevas expendedoras de boletos en 1994
Fuente: LA NACION – Crédito: Juan José Rojas

Había, también, máquinas con tarjetas con chip y cospeles. Pero la mayor parte instaló las de monedas.Claro que nada es perfecto. Las expendedoras presentaban cinco tipos de problemas:

  • Si una persona ingresaba dos monedas juntas, se trababa la máquina.
  • Si las monedas estaban gastadas y la lectora no las identificaba correctamente, las rechazaba. En algunos casos caía en el compartimiento inferior, pero en otros quedaba adentro. Los choferes tenían que asistir a los pasajeros. El trámite podía ser engorroso en esos primeros días.
  • Los días de lluvia, las monedas húmedas no eran reconocidas por las lectoras.
  • La emisión del boleto no siempre era correcta. Muchas veces los rollos de papel se atascaban. Los colectiveros, sin tener un protocolo claro ante esas dificultades, en algunos casos permitían pasar a los pasajeros sin pagar; en otros, dejaban de detenerse en las paradas.
  • Por último, los transportistas culparon al gobierno por. las calles. Las lectoras de las máquinas eran muy sensibles. La vibración y los movimientos bruscos descalibraban los sensores y dejaban de funcionar. Un bache, un lomo de burro, una cuneta, un empedrado. Decían que todo iba a afectar a la máquina y ellos no iban a poder cobrar.

7) Las monedas

Cualquier cambio es traumático. Pero en nuestro país muchas veces encontramos formas de llevar las incomodidades a extremos insospechados.

El boleto mínimo costaba 40 centavos en el momento de la instrumentación del nuevo formato. Ante la falta de monedas, algunos choferes se negaron a llevar a la gente. Otros, dejaban viajar a todos gratis.

Algunos bancos, para abastecer a los usuarios, utilizaron camiones de caudales como puestos de canje de monedas; una fila para obtener monedas y otra para tomar el colectivo
Fuente: LA NACION – Crédito: Gustavo Amarelle

Las empresas proveyeron de monedas a algunos colectiveros para que ellos cambien el dinero, algo que estaba prohibido, ya que ubicaba a los conductores en una situación idéntica a la anterior. Pero aún así, ocurría. La gente que no tenía monedas, agitaba el brazo mostrando el billete al colectivero, para saber si podía conseguir cambio arriba.

Sin monedas, nadie viajaba. Una persona que llegaba a la ciudad desde el Gran Buenos Aires, y que debía tomar tres colectivos (seis, entre ida y vuelta), necesitaba tener al menos 24 monedas por día. La muerte del boleto le dio continuidad al drama de las monedas.

Los usuarios que no conseguían monedas, intentaba subir mostrando sus billetes; algunos colectiveros dejaban viajar a la gente gratis; otros, no paraban
Fuente: LA NACION – Crédito: Gustavo Amarelle

Para intentar superar el conflicto, algunos bancos improvisaron camiones de traslado de caudales como puestos de canje.

El Banco Central reconoció que el sistema iba a provocar una escasez de monedas. El cálculo fue que en la calle había 1133 monedas en circulación, lo que daba un promedio de 70 monedas por cada habitante activo. Debería ser suficiente, pero. El cambio coincidió con el auge de las máquinas de venta de bebidas y snacks. Las firmas que tenían el control de esas máquinas acopiaban una enorme cantidad de monedas y el proceso de reincorporación a través de los bancos, siempre causaba demoras.

Algunos bancos, para abastecer a los usuarios, utilizaron camiones de caudales como puestos de canje de monedas; una fila para obtener monedas y otra para tomar el colectivo Fuente: LA NACION – Crédito: Gustavo Amarelle

8) Los coleccionistas

¿Había suficientes conflictos? En medio de una situación compleja, hubo una serie de reclamos que pasó casi inadvertida, pero que, aunque parezca un chiste, en algún momento se hizo escuchar. Los coleccionistas. Muchos fanáticos de los boletos capicúa, sintieron que el cambio le daba fin a una tradición y también se mostraron contrariados por la imposición del gobierno.

Algunos viejos modelos de boletos de colectivos
Fuente: LA NACION

9) Los aprovechadores

En menos de una semana, aparecieron los oportunistas. Las personas que tenían acceso a una gran cantidad de monedas, ofrecían el cambio. pero lo cobraban. Aunque la maniobra era ilegal, en algunos comercios se ofrecían 9 monedas de 10 centavos a cambio de un peso. El Banco Central aumentó la emisión de dinero en metal para tratar de mejorar la situación. Con el tiempo, la situación se normalizó.

10) El fin de las monedas

Fueron 18 años hasta que en 2012 comenzó a instrumentarse el nuevo sistema SUBE, aunque recién fue obligatorio en 2015. Fue el final de las monedas para viajar. Y el comienzo de otra forma de corrupción. Por las irregularidades en la contratación del servicio en Inglaterra. Y porque aún hoy varios comercios que están habilitados para cargar la tarjeta SUBE, siguen cobrándole un extra a los usuarios pese a que no corresponde. Porque los avances tecnológicos nos imponen modificaciones día a día, pero algunas cosas nunca cambian.

 

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Fuente:

La Nación

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Escocia: McGill’s superó los 20 millones de millas con buses de cero emisiones y consolida su apuesta eléctrica

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El operador escocés McGill’s Group alcanzó un nuevo hito en su proceso de descarbonización al superar los 20 millones de millas recorridas con buses de cero emisiones. La marca fue celebrada en un evento especial realizado el 6 de marzo en el centro de Paisley, y refleja el avance de una de las experiencias de electrificación más importantes del transporte público en el Reino Unido.

Según informó Route One, el logro fue posible gracias a una flota de más de 200 buses eléctricos a batería, con la que la empresa ya evitó la emisión de unas 22.540 toneladas de dióxido de carbono. McGill’s destacó que este despliegue fue acompañado por una inversión de 95 millones de libras en vehículos e infraestructura de carga.

La compañía remarcó que las regiones de Inverclyde y Renfrewshire están encabezando esta transformación desde el diésel hacia tecnologías más limpias, en un proceso que combina renovación de flota, adaptación operativa y cambios estructurales en sus bases. Como parte de ese plan, McGill’s ya instaló equipamiento de carga en cinco depósitos y desarrolló un amplio programa de capacitación para ingenieros y personal técnico.

Desde la empresa señalaron que este proceso no solo apunta a reducir emisiones, sino también a mejorar la calidad del servicio. En esa línea, el grupo destacó que la electrificación permite ofrecer viajes más silenciosos y confortables para los millones de pasajeros que utilizan sus servicios cada año. Esa conclusión surge de las declaraciones difundidas por la compañía durante el anuncio del hito.

El director ejecutivo de McGill’s Group, Tony Williamson, sostuvo que alcanzar los 20 millones de millas representa una prueba concreta de la escala de la inversión realizada en descarbonización. También subrayó que el proyecto fue posible por el trabajo conjunto de conductores, ingenieros y equipos responsables de adaptar los depósitos y sostener la transición tecnológica.

Más allá de la cifra, el caso de McGill’s muestra cómo la electrificación del transporte ya dejó de ser una etapa piloto en algunos operadores europeos y pasó a una dimensión de despliegue masivo, con impacto real sobre kilómetros recorridos, emisiones evitadas e infraestructura instalada. En este caso, el salto de escala aparece respaldado por una flota numerosa, inversión sostenida y una red operativa preparada para sostenerla.

Reino Unido: South Yorkshire presentó su nueva marca de transporte y prepara el relanzamiento de su red de buses bajo control público

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La región de South Yorkshire, en el norte de Inglaterra, presentó oficialmente la nueva identidad de su futura red de transporte integrada. Bajo el nombre South Yorkshire People’s Network, el proyecto busca unificar la imagen y la visión del sistema mientras la autoridad regional avanza en el regreso de los buses al control público desde los próximos años.

El anuncio fue realizado por el alcalde de South Yorkshire, Oliver Coppard, quien describió la iniciativa como una transformación “histórica” para el transporte de la región. La nueva marca no se limitará a los colectivos: forma parte de una estrategia más amplia de integración que incluye también tranvías, ferrocarril, ciclismo y movilidad peatonal, con la idea de construir una red más coordinada y reconocible para los usuarios.

Según lo informado por Route One, el programa está vinculado a una inversión global de 1.500 millones de libras en el sistema de transporte de South Yorkshire. De ese total, 630 millones estarán destinados a la renovación y mejora de la red de tranvías, mientras que 350 millones se aplicarán a la reforma del sistema de buses en la antesala de la franquicia pública.

El cronograma prevé que la franquicia de buses comience en Doncaster y Sheffield en septiembre de 2027, para luego expandirse al conjunto de los cuatro distritos de la región hacia 2029. En paralelo, la red de tranvías ya regresó al control público, lo que refuerza la idea de una reorganización más amplia del transporte bajo conducción estatal.

La nueva identidad visual irá reemplazando gradualmente a la actual marca Travel South Yorkshire. Desde este año comenzará a verse en paradas, refugios, intercambiadores e información al pasajero, mientras que a partir de 2027 aparecerá en los buses franquiciados, en los uniformes de los conductores y también en la red tranviaria. La librea elegida para esta nueva etapa combina naranja, gris y negro.

Junto con el cambio de imagen, la autoridad regional anticipó una simplificación del sistema tarifario. En los servicios franquiciados se introducirán boletos más simples e integrados entre bus y tranvía, y durante la transición los pasajeros podrán utilizar tickets válidos tanto en líneas franquiciadas como no franquiciadas. También se anunció el inicio de trabajos de modernización en paradas y refugios, además de la futura implementación de viajes gratuitos para menores de 18 años entre Barnsley y Sheffield, antes de extender la medida a toda la región en 2027.

La South Yorkshire Mayoral Combined Authority sostuvo además que buscará mejorar desde el primer día de la franquicia aspectos como los tiempos de viaje y la conectividad con hospitales, dos puntos sensibles para la movilidad cotidiana. En el plano de más largo plazo, la estrategia regional también contempla una expansión del tranvía, nuevas estaciones ferroviarias y mejoras en la conectividad metropolitana.

Más allá del cambio de nombre y colores, el lanzamiento de People’s Network muestra cómo varias regiones británicas intentan reconstruir el transporte público con una lógica más integrada, visible y planificada. En este caso, la nueva marca funciona como anticipo de un cambio más profundo: el paso de un sistema fragmentado a otro donde la imagen, la tarifa y la gestión buscan responder a una misma visión de red. Esta última lectura surge del alcance del programa presentado y del calendario de franquiciado anunciado.

Cayó la banda de pungas que robaba celulares en colectivos

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En un operativo coordinado que combinó tecnología y rápida respuesta policial, efectivos de la Policía de la Ciudad lograron desbaratar una organización criminal dedicada al robo de teléfonos celulares a pasajeros del transporte público en el barrio de Palermo.

Todo comenzó a partir de una alerta al 911 que activó el seguimiento en tiempo real mediante las cámaras de seguridad urbanas. Gracias a este sistema de monitoreo, se pudo identificar la unidad en la que se desplazaban los sospechosos y trazar su recorrido para proceder a la intervención.

El procedimiento culminó con la interceptación del colectivo y la inmediata identificación de los implicados. Nueve personas fueron obligadas a descender del vehículo y quedaron detenidas en el lugar. Durante la requisa, los efectivos lograron recuperar doce teléfonos celulares que habían sido sustraídos a lo largo de su raid delictivo.

Según informaron fuentes policiales, los detenidos integraban una banda organizada que operaba de manera sistemática en el transporte público, abordando unidades para cometer robos bajo distintas modalidades. Además, se confirmó que los delincuentes provenían desde la Provincia de Buenos Aires con el objetivo específico de delinquir en territorio porteño.

El prontuario de los arrestados refleja la peligrosidad de la organización: en conjunto acumulaban 25 antecedentes penales por diversos delitos, lo que refuerza la hipótesis de una estructura delictiva consolidada.

Desde la Policía de la Ciudad destacaron la importancia del sistema de videovigilancia y la articulación operativa para lograr este tipo de resultados. Asimismo, remarcaron que continuarán intensificando los controles y acciones preventivas en el transporte público, uno de los ámbitos más sensibles en materia de seguridad urbana.

El objetivo, señalaron, es claro: desarticular bandas delictivas y garantizar que los pasajeros puedan viajar con mayor tranquilidad en colectivos y otros medios de transporte de la Ciudad.

Comodoro Rivadavia: El “Bus Bala” de Gimnasia será restaurado

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El histórico colectivo que durante décadas acompañó a Gimnasia y Esgrima de Comodoro por las rutas del país volverá a ponerse en valor a partir de un proyecto. Se trata del mítico Scania modelo 88, incorporado por el club a comienzos de los años noventa, que con el tiempo se transformó en mucho más que un medio de transporte para el plantel del Verde.
 El “Bala” quedó grabado en la memoria de generaciones enteras por su diseño inconfundible y por todo lo que ofrecía en su interior: 12 camas, dos baños, dos televisores, butacas y una mesa para cartas y mates, en una estructura pensada para acompañar los largos viajes del equipo por la Liga Nacional. Durante cerca de dos décadas recorrió el país de punta a punta y acumuló, según los recuerdos ligados a su historia, más de un millón y medio de kilómetros.
Detrás de esa travesía también quedó una figura: Arnold “Yaca” Ingram, el histórico chofer que se volvió parte fundamental de la identidad del colectivo y de una etapa inolvidable del club. Con el paso del tiempo, el micro salió de circulación, pero nunca perdió su enorme valor simbólico para jugadores, dirigentes, hinchas y ex juveniles que todavía lo recuerdan como una auténtica reliquia del básquet argentino.
Ahora, Gimnasia pondrá en marcha su recuperación junto al Colegio Provincial Nº 749, ex ENET Nº 1, en una propuesta que no solo busca rescatar el patrimonio del club, sino también sumar una experiencia educativa muy valiosa.
Los estudiantes de sexto y séptimo año participarán en las tareas de restauración, primero sobre la parte mecánica y luego sobre la estructura general del vehículo, trabajando con sistemas complejos y situaciones reales de diagnóstico y resolución.

El Ministerio de Economía designó a Mariano Plencovich como Secretario de Transporte

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Tras la renuncia de Frugoni, el Ministerio de Economía reorganizó el área de Infraestructura y Transporte. Designan a Fernando Herrmann y a Mariano Plencovich como reemplazantes.

El Ministerio de Economía avanzó con una reestructuración en áreas clave tras la salida de Carlos María Frugoni, envuelto en un escándalo por la omisión de bienes en el exterior. El ministro Luis Caputo aceptó la renuncia del funcionario y oficializó a Fernando Herrmann y Mariano Plencovich como nuevas autoridades en Infraestructura y Transporte, en un intento por encauzar la gestión en sectores sensibles para el plan fiscal.

La psicología del viaje en colectivo: mucho más que ir de un punto a otro

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Viajar en colectivo parece, a simple vista, una acción puramente práctica. Subir, pagar, avanzar unas cuadras, bajar y seguir el día. Pero en ciudades como Buenos Aires, el viaje en bondi es mucho más que un traslado: es una experiencia emocional, un ritual cotidiano y un espacio donde se condensan rutinas, vínculos, cansancio, observación y memoria urbana.

Cada viaje, incluso el más breve, tiene una carga psicológica particular. No se sube al colectivo del mismo modo cuando uno va al trabajo, cuando vuelve cansado a casa, cuando está apurado, cuando viaja enamorado o cuando simplemente mira la ciudad sin pensar demasiado. El mismo recorrido puede sentirse como trámite, refugio, pausa o escenario. El colectivo no solo mueve cuerpos: también acompaña estados de ánimo.

Parte de su peso simbólico está en la repetición. Para millones de personas, el viaje en colectivo estructura el día. Marca horarios, ordena rutinas, anticipa obligaciones y también anuncia el regreso. En ese sentido, el bondi funciona como una especie de frontera psicológica entre distintos momentos de la vida cotidiana: entre la casa y el trabajo, entre el estudio y la salida, entre el cansancio y el descanso. Hay un antes y un después del viaje.

Pero además el colectivo es un lugar de observación. Desde la ventanilla, la ciudad se presenta como una película fragmentada: rostros, negocios, persianas bajas, escuelas, veredas mojadas, esquinas conocidas, carteles, árboles, embotellamientos, escenas mínimas que cambian según la hora y el barrio. El pasajero mira, interpreta, recuerda y compara. En muchos casos, el vínculo con la ciudad no se construye caminando, sino viajándola.

Esa observación también se dirige hacia adentro. El colectivo es uno de los pocos espacios urbanos donde convivimos durante varios minutos con desconocidos en una cercanía total, sin conocernos y sin hablar. Ahí aparecen códigos silenciosos, pequeñas tensiones, gestos de cortesía, fastidios compartidos y formas muy precisas de habitar un espacio común. Ceder un asiento, correrse al fondo, dejar pasar, avisar que bajan o simplemente no molestar forman parte de una micropsicología del viaje que todos aprenden sin que nadie la enseñe formalmente.

También está el cansancio. El colectivo absorbe el peso del día. En la mañana concentra apuro, sueño y anticipación; a la tarde, agotamiento y deseo de llegar. Muchas veces el viaje no es descanso, pero sí una pausa intermedia donde la mente cambia de velocidad. Algunos miran el celular, otros se pierden en la ventana, otros duermen apenas unos minutos. En todos los casos, el colectivo actúa como un espacio de transición mental.

Sin embargo, no todo es agotamiento o rutina. También hay nostalgia. Para mucha gente, viajar en colectivo guarda recuerdos muy precisos: ir al colegio, visitar a los abuelos, cruzar la ciudad para ver a alguien, volver de noche después de una salida, aprender barrios nuevos o reconocer sonidos y olores que ya forman parte de la memoria. El bondi tiene la capacidad de fijar escenas emocionales. A veces uno no recuerda solo un lugar, sino cómo llegaba a ese lugar en determinada línea, en determinado horario, viendo determinada esquina por la ventanilla.

Esa dimensión afectiva explica por qué el colectivo ocupa un lugar tan fuerte en la cultura urbana. No es solo infraestructura ni movilidad: es experiencia compartida. Es uno de los pocos escenarios donde la ciudad aparece en tiempo real, sin filtros, mezclando clases sociales, edades, urgencias y estados de ánimo. En un mismo viaje conviven quien arranca el día, quien vuelve de trabajar, quien sale del médico, quien va a una cita y quien no tiene más compañía que ese trayecto.

Por eso, hablar de la psicología del viaje en colectivo es hablar de una forma de vivir la ciudad. El viaje puede ser ansiedad, distracción, observación, cansancio, compañía, aburrimiento o refugio. Puede sentirse largo o breve según el estado de ánimo. Puede ser una obligación o un pequeño momento personal en medio del ruido urbano. Y aunque la tecnología cambie, los vehículos se modernicen y las ciudades evolucionen, esa dimensión emocional sigue intacta.

En definitiva, el colectivo representa algo muy profundo en la vida cotidiana: el movimiento constante entre lo íntimo y lo público. Uno sube con sus pensamientos, sus problemas, sus ganas o su sueño, y viaja rodeado de otros que hacen exactamente lo mismo. Tal vez por eso el bondi nunca fue solamente un medio de transporte. También es una forma de habitar el tiempo, de mirar la ciudad y de sentirse parte de una rutina compartida.

La nueva «Etapsa» de la Línea 24: Mantiene el verde pero pierde colores

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En el siempre dinámico mapa del transporte porteño, la Línea 24 – ETAPSA vuelve a ser noticia. Tras la reciente ruptura entre Nuevos Rumbos y el grupo DOTA, la histórica traza que une distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires inició una nueva etapa bajo una única conducción: la de “la abeja”.

Con la salida del esquema compartido, la línea pasó a operar de manera 100% bajo el control de DOTA, lo que ya comenzó a reflejarse en uno de los aspectos más visibles para los usuarios: su identidad visual.

Del rojo y azul al regreso del verde

Durante los últimos años, las unidades de la Línea 24 habían adoptado una combinación de rojo y azul, asociada a la gestión anterior. Sin embargo, ese esquema comenzó a desaparecer progresivamente. En su lugar, reaparece un color con fuerte carga simbólica para los fanáticos del transporte: el verde, tonalidad que remite a etapas pasadas de la línea y que muchos vinculan con su identidad más clásica.

Este cambio no es solo estético. Representa, en términos operativos y empresariales, una reconfiguración total de la línea, que busca consolidar una imagen alineada con el resto de las compañías del grupo.

Un 0 km que marca el rumbo

El punto de inflexión llegó con la incorporación de un Todobus Retiro MT17 0 km, que ya luce el nuevo esquema verde. Esta unidad no solo simboliza la renovación de flota, sino también el inicio visible de esta “nueva Etapsa” que propone el título: una reinterpretación moderna de una identidad histórica.

La llegada de estos coches marca el camino que seguirán, con el correr del tiempo, el resto de las unidades que aún conservan vestigios del esquema anterior.

Más que un cambio de pintura

En el universo “bondi”, los colores no son un detalle menor. Son parte de la cultura, de la memoria colectiva y del sentido de pertenencia de usuarios y trabajadores. Por eso, el regreso del verde en la Línea 24 no pasa desapercibido: es, en definitiva, un guiño al pasado con mirada hacia el futuro.

Así, entre decisiones empresariales y nostalgia fierrera, la Línea 24 comienza a escribir un nuevo capítulo. Uno que, al menos en su imagen, ya tiene color propio.

Finlandia podría sumar producción local de buses eléctricos

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Finlandia podría dar un paso importante en la industria de la electromovilidad con un nuevo proyecto orientado a la fabricación de buses eléctricos. Las compañías Valmet Automotive y JETI Industries firmaron un acuerdo preliminar para evaluar la producción conjunta de este tipo de vehículos en territorio finlandés, en una iniciativa que apunta a fortalecer la cadena industrial local y ampliar la presencia del país en el segmento del transporte público de cero emisiones.

Según lo informado, el plan contempla estudiar la viabilidad de fabricar buses eléctricos en las instalaciones de Valmet Automotive en Uusikaupunki, una planta conocida por su trayectoria en la industria automotriz y por su participación en proyectos vinculados a vehículos electrificados. La idea es aprovechar esa capacidad industrial para abrir una nueva línea de negocios vinculada al transporte pesado sustentable.

JETI Industries, por su parte, aportaría el desarrollo del producto y su estrategia dentro del mercado de buses eléctricos. El objetivo del acuerdo es combinar la experiencia manufacturera de Valmet con la especialización tecnológica de JETI para crear una base de producción competitiva dentro del norte de Europa. Aunque por ahora se trata de una fase exploratoria, el entendimiento entre ambas empresas muestra que la fabricación de buses eléctricos empieza a ganar atractivo también en países con tradición industrial fuera de los grandes polos históricos del sector.

Uno de los puntos centrales del proyecto es justamente su potencial estratégico. En un contexto donde Europa acelera la descarbonización del transporte y exige cada vez más renovación de flotas urbanas, contar con producción regional aparece como una ventaja clave tanto en costos logísticos como en capacidad de respuesta para futuros contratos. Esa lectura surge del propio enfoque industrial del acuerdo, que se plantea como una plataforma para atender la demanda creciente de movilidad eléctrica.

La noticia también refuerza una tendencia más amplia: la convergencia entre fabricantes con experiencia en automoción y nuevas empresas orientadas a soluciones eléctricas para transporte público. En vez de partir desde cero, varios proyectos europeos buscan apoyarse en plantas existentes, conocimiento industrial acumulado y estructuras ya preparadas para procesos complejos de ensamblaje. En ese marco, Finlandia aparece como un candidato interesante para ganar protagonismo en un mercado cada vez más competitivo. Esta última interpretación se desprende del perfil de ambas compañías y del tipo de cooperación anunciada.

Por ahora no se difundieron detalles sobre volúmenes de producción, cronograma industrial definitivo ni posibles clientes iniciales. Sin embargo, el anuncio deja en claro que el interés por ampliar la fabricación de buses eléctricos en Europa sigue creciendo y que nuevas alianzas industriales empiezan a tomar forma para responder a esa demanda.

El Gobierno lanza una licitación para remodelar la terminal de ómnibus de Retiro

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El Gobierno nacional puso en marcha un ambicioso proceso para renovar integralmente la Terminal de Ómnibus de Retiro, uno de los nodos clave del transporte de larga distancia en la Argentina. La iniciativa, oficializada a través del Decreto 273/2026, abre el camino a una licitación pública con financiamiento totalmente privado, en lo que se perfila como una de las mayores transformaciones de infraestructura del sector en décadas.

Una renovación tras más de tres décadas

La terminal será licitada por primera vez en 33 años, poniendo fin a una concesión vigente desde 1993 que evidenciaba un deterioro progresivo en sus instalaciones y servicios.

Desde el Ejecutivo señalaron que la decisión busca revertir años de falta de inversión que impactaron negativamente en la experiencia de los millones de pasajeros que utilizan diariamente este espacio.

Actualmente, por Retiro circulan entre 10 y 12 millones de personas al año y se realizan más de 300.000 servicios, lo que la posiciona como el principal centro de transporte terrestre del país.

Terminal de Retiro: La galería de fotos antes de la inauguración en 1983

Un modelo sin fondos del Estado

El proyecto se desarrollará bajo un esquema de concesión con inversión 100% privada, donde la empresa adjudicataria será responsable de financiar, ejecutar y operar las obras durante un plazo estimado de hasta 30 años.

A cambio, el concesionario podrá explotar comercialmente el predio y deberá abonar un canon al Estado. Este modelo busca avanzar con la modernización sin comprometer recursos públicos.

Cómo será la nueva terminal

El plan contempla una transformación profunda que apunta a convertir Retiro en un “hub intermodal moderno”, incorporando nuevos servicios y ampliando su capacidad operativa.

Entre los principales cambios previstos se destacan:

  • Ampliación de áreas comerciales y gastronómicas
  • Desarrollo de espacios logísticos y de encomiendas
  • Incorporación de oficinas, coworking y áreas VIP
  • Construcción de un hotel y un centro de convenciones
  • Creación de espacios públicos y plazas
  • Nuevas dársenas para micros y operaciones logísticas
  • Mejores condiciones de seguridad, iluminación y confort

En total, el proyecto prevé una superficie cercana a los 90.000 m² y se ejecutará en etapas durante aproximadamente cinco años, sin interrumpir el funcionamiento de la terminal.

Un cambio estructural en el transporte

La iniciativa no solo apunta a mejorar la infraestructura, sino también a redefinir el rol de Retiro dentro del sistema de movilidad, integrándola con nuevas dinámicas urbanas y comerciales.

Según fuentes oficiales, el objetivo es transformar un espacio históricamente saturado y obsoleto en un centro moderno, eficiente y competitivo a nivel regional.

Radiografía del proyecto

  • 📍 Ubicación: Ciudad de Buenos Aires
  • 👥 Usuarios anuales: 10 a 12 millones
  • 🏗️ Inversión: 100% privada
  • 📆 Concesión: hasta 30 años
  • ⏳ Obras: en etapas durante 5 años
  • 🎯 Objetivo: hub intermodal moderno

 

La licitación de Retiro marca un punto de inflexión en la historia del transporte argentino. No solo implica renovar una terminal deteriorada, sino también redefinir la experiencia del viaje en larga distancia.

El desafío será doble: modernizar sin frenar la operación y garantizar que la nueva concesión logre lo que durante décadas no ocurrió —invertir, mantener y elevar el estándar de uno de los puntos neurálgicos del sistema de transporte nacional.

Transporte en alerta: empresas del AMBA se declaran en emergencia por falta de definiciones sobre subsidios

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Las principales cámaras empresarias del transporte público automotor del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) emitieron un duro comunicado en el que advierten sobre una situación crítica que atraviesa el sector. A pesar de los esfuerzos realizados para sostener el servicio, aseguran que la falta de respuestas por parte del Estado nacional y de la Provincia de Buenos Aires pone en riesgo la continuidad normal de las prestaciones.

Según indicaron, ya ha transcurrido un tiempo considerable desde la implementación de medidas de racionalización —como la reducción de frecuencias— sin que se haya definido cómo se compensarán los mayores costos operativos. Entre ellos, se destaca el fuerte incremento del precio del gasoil, junto con otros insumos clave para el funcionamiento diario del sistema.

Una deuda millonaria y costos en alza

El comunicado también revela que, si bien hubo avances parciales en la cancelación de compensaciones adeudadas, el Estado aún mantiene una deuda superior a los 128 mil millones de pesos con el sector. Esta situación, señalan, obliga a las empresas a sostener el servicio mediante un “significativo esfuerzo financiero y operativo”, en un contexto cada vez más complejo.

A esto se suma que, pese a las múltiples instancias de diálogo mantenidas con las autoridades, las propuestas presentadas por las cámaras —orientadas a mejorar la eficiencia del sistema— no han tenido, hasta el momento, una traducción concreta en medidas efectivas.

Estado de emergencia y advertencia al sistema

Frente a este escenario, las entidades firmantes —entre ellas la Cámara del Transporte de la Provincia de Buenos Aires (CTPBA), la Cámara Empresaria de Autotransporte de Pasajeros (CEAP), la Cámara Empresaria del Transporte Urbano de Buenos Aires (CETUBA) y CEUTUPBA— declararon al sector en estado de emergencia.

Asimismo, confirmaron que el próximo 30 de abril se llevará a cabo una reunión clave en el ámbito de la Secretaría de Transporte de la Nación, donde esperan recibir respuestas “concretas, inmediatas y verificables” respecto a los mecanismos de reconocimiento de los mayores costos.

Posibles recortes y más racionalización

Las empresas remarcaron su compromiso con la continuidad del servicio público, pero advirtieron que la situación actual es “insostenible”. En ese sentido, anticiparon que, de no mediar soluciones en el corto plazo, se verán obligadas a profundizar las medidas de ajuste en la operación, lo que impactará directamente en los usuarios.

La advertencia no es menor: el sistema de transporte automotor en el AMBA es utilizado diariamente por millones de personas, y cualquier deterioro en su funcionamiento repercute de forma inmediata en la vida cotidiana y en la actividad económica.

Un sistema clave que pide previsibilidad

Finalmente, las cámaras empresarias insistieron en la necesidad urgente de adoptar decisiones que permitan recuperar condiciones mínimas de previsibilidad y garantizar el funcionamiento de un servicio esencial. El desenlace de la reunión del 30 de abril será determinante para definir el rumbo inmediato del transporte en la región.

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