spot_img

¿Batería más grande o colectivo más eficiente? Cuánto se puede ganar con peso, neumáticos, climatización, aerodinámica y regeneración

Agregar capacidad aumenta la autonomía, pero también suma peso, costo y tiempo de carga. Distintos estudios muestran que aligerar el vehículo, reducir la resistencia al rodamiento, mejorar la climatización, recuperar más energía al frenar y optimizar la carrocería puede permitir recorrer más kilómetros sin instalar necesariamente una batería mayor.

Cuando un colectivo eléctrico necesita más autonomía, existe una solución aparentemente evidente: ponerle una batería más grande.

Si 350 kWh no alcanzan, instalar 400. Si 400 quedan justos, subir a 450.

La lógica parece indiscutible: más energía almacenada equivale a más kilómetros disponibles. Pero aparece una paradoja.

La batería que permite recorrer más kilómetros también pesa. Y cuanto más pesa el colectivo, más energía necesita para acelerar, subir pendientes y vencer la resistencia al rodamiento.

Además cuesta más dinero, ocupa espacio, puede limitar la capacidad de pasajeros y requiere almacenar y posteriormente recargar una cantidad mayor de electricidad.

Un estudio publicado en Energy sobre dimensionamiento de baterías para colectivos eléctricos advierte justamente que aumentar capacidad para extender la autonomía puede incrementar innecesariamente costos y peso. Sus simulaciones encontraron consumos muy diferentes según el tipo de servicio, desde aproximadamente 2 hasta 4,6 kWh por kilómetro, demostrando que no todos los recorridos necesitan el mismo tamaño de batería.

Incluso organismos dedicados a la planificación del transporte eléctrico advierten que los buses de gran autonomía suelen incorporar más baterías, con el intercambio correspondiente entre mayor alcance, mayor costo, más peso y, potencialmente, menor capacidad legal de pasajeros.

La pregunta empieza entonces a cambiar.

Quizás no sea solamente: ¿Cómo podemos guardar más electricidad?

Sino también: ¿Cómo hacemos para necesitar menos electricidad para recorrer cada kilómetro?

La otra manera de ganar autonomía

La autonomía de un colectivo eléctrico puede mejorarse desde cualquiera de los dos lados de la ecuación.

Se puede aumentar la energía disponible. O se puede reducir el consumo.

Supongamos, solamente como ejemplo, un colectivo con 350 kWh utilizables que consume en promedio 1,30 kWh/km. Su autonomía teórica sería cercana a 269 kilómetros.

Si lográramos reducir el consumo un 10%, hasta aproximadamente 1,17 kWh/km, con exactamente la misma batería podría recorrer alrededor de 299 kilómetros.

Casi 30 kilómetros adicionales.

Para conseguir esos mismos 299 kilómetros manteniendo el consumo original habría que disponer de aproximadamente 389 kWh.

Es decir: unos 39 kWh adicionales de batería.

El ejemplo es deliberadamente simplificado —no contempla reserva operativa, degradación, temperatura ni otras variables— pero permite comprender el concepto.

Ahorrar energía puede funcionar, desde el punto de vista de la autonomía, de manera similar a instalar más batería.

Con una diferencia: reducir el consumo beneficia al vehículo durante cada kilómetro de toda su vida útil.

El círculo vicioso de agregar batería

Existe además un efecto que complica la lógica de aumentar capacidad indefinidamente.

Más batería significa más masa.

Más masa aumenta la energía necesaria durante las aceleraciones, pendientes y rodamiento.

Eso significa que parte de la capacidad adicional se utiliza simplemente para transportar la propia batería adicional.

La autonomía sigue aumentando, pero no necesariamente de manera perfectamente proporcional.

Un estudio sobre colectivos eléctricos analizó precisamente la relación entre masa y consumo y estimó que reducir un 10% el peso total del bus podía disminuir aproximadamente entre 4,2% y 4,8% el consumo energético en las condiciones simuladas.

Otro trabajo de 2026 resume el dilema con claridad: una batería de mayor capacidad permite aumentar el alcance, pero su masa adicional también incrementa el consumo energético del vehículo.

Por eso el objetivo de ingeniería no necesariamente consiste en instalar la mayor batería físicamente posible.

Consiste en instalar la batería necesaria para cumplir el servicio, con margen suficiente, dentro del vehículo más eficiente posible.

1. Peso: cada tonelada viaja durante toda la jornada

El peso afecta al colectivo cada vez que acelera.

Y un urbano puede hacerlo cientos de veces durante una jornada.

Carrocería, chasis, baterías, aire acondicionado, asientos, sistemas auxiliares y pasajeros forman una masa que debe ponerse en movimiento nuevamente después de cada parada.

Por eso los fabricantes investigan estructuras más livianas, materiales de mayor resistencia, componentes integrados y diseños que permitan reducir kilos sin comprometer seguridad o durabilidad.

La investigación que estimó una reducción de alrededor de 4,2–4,8% en el consumo ante una disminución del 10% de masa sirve para dimensionar el efecto potencial. No significa que todos los colectivos obtendrán automáticamente ese resultado: depende del ciclo de conducción, pendientes y cantidad de aceleraciones.

El ahorro tiende a resultar especialmente interesante en recorridos urbanos con muchas detenciones.

En una autopista a velocidad constante, la masa tiene menor incidencia sobre la energía necesaria para mantener la velocidad.

En una línea donde el vehículo acelera desde cero constantemente, cada kilogramo vuelve a entrar en juego una y otra vez.

2. Neumáticos: una resistencia pequeña repetida millones de veces

Un neumático se deforma al entrar en contacto con el pavimento. Esa deformación consume energía. Se conoce como resistencia al rodamiento.

En un vehículo pesado, circulando cientos de kilómetros diariamente durante años, pequeñas diferencias en esa resistencia pueden acumular un gasto energético considerable.

Los modelos científicos de consumo para buses eléctricos incluyen al coeficiente de resistencia al rodamiento como uno de los principales componentes de las pérdidas mecánicas, junto con masa, aerodinámica, pendientes y aceleraciones.

Una investigación de Aalto University comparó distintas estrategias para mejorar la eficiencia de buses eléctricos, incluyendo neumáticos de baja resistencia, chasis de aluminio, carrocería aerodinámica, bomba de calor y conducción predictiva.

Entre sus conclusiones, los neumáticos de baja resistencia al rodamiento fueron una de las soluciones que produjo ahorros más consistentes entre distintos ciclos de operación.

No significa simplemente colocar cualquier neumático que “ruede más”.

El desafío es reducir resistencia sin comprometer frenado, adherencia, duración, capacidad de carga ni seguridad.

También importa algo aparentemente mucho más simple: mantener la presión correcta.

Un neumático trabajando fuera de sus condiciones óptimas aumenta pérdidas, desgaste y consumo.

En la electrificación, hasta el mantenimiento de una cubierta empieza a convertirse en parte de la gestión energética.

3. Aerodinámica: importa poco a baja velocidad y muchísimo más cuando aumenta

Un colectivo parece, desde el punto de vista aerodinámico, una caja enorme empujando aire. Tiene una gran superficie frontal. Y la resistencia aerodinámica aumenta fuertemente con la velocidad.

Los modelos físicos utilizados para buses eléctricos calculan la fuerza aerodinámica en función de la superficie frontal, densidad del aire, coeficiente aerodinámico y el cuadrado de la velocidad.

Por eso modificar mínimamente la carrocería de un colectivo que circula a 15 km/h entre paradas puede producir un beneficio menor que hacerlo en un vehículo que pasa buena parte de su operación a 70, 80 o 90 km/h.

La investigación de Aalto llegó precisamente a esa conclusión: una carrocería de bajo arrastre presenta un potencial especialmente interesante en rutas de mayor velocidad.

Ahí entran detalles como: frente, techo, retrovisores, equipos de aire acondicionado, transiciones entre superficies, bajos de carrocería, y turbulencias generadas en la parte trasera. En un ómnibus urbano tradicional, la aerodinámica nunca fue irrelevante.

Pero cuando cada kWh tiene que salir de una batería limitada, comienza a adquirir otro valor.

4. Climatización: mejorarla puede equivaler a agregar muchos kilómetros

El aire acondicionado y la calefacción son probablemente los mejores ejemplos de energía que desaparece sin mover una sola rueda.

Un trabajo técnico publicado por SAE International en enero de 2026 combinó datos reales y pruebas de laboratorio a temperaturas de entre -5 °C y 45 °C.

En situaciones de máxima demanda del HVAC encontró reducciones de autonomía de aproximadamente 20% a 40%, dependiendo del aislamiento, estrategia de climatización y características de operación.

Otro estudio experimental descompuso el consumo diario de un colectivo eléctrico y encontró, en las condiciones ensayadas, que el motor de tracción representó alrededor del 44,9% de la energía, mientras los sistemas de aire acondicionado de alta y baja tensión sumaron más de un tercio del consumo observado.

Ahí aparece una enorme oportunidad. No se trata de apagar el aire acondicionado. Se trata de obtener el mismo confort utilizando menos energía. Mejor aislamiento. Vidrios con control solar. Películas inteligentes. Preacondicionamiento durante la carga. Climatización por zonas. Control automático. Y bombas de calor.

En simulaciones desarrolladas por Aalto University, sustituir calefacción eléctrica resistiva por una bomba de calor redujo en promedio 12,7% el consumo total del vehículo bajo condiciones frías de -10 °C.

Es una cifra especialmente interesante porque permite entender algo importante:

una mejora en un sistema auxiliar puede tener un efecto sobre la autonomía comparable al de agregar una cantidad significativa de batería.

5. Vidrios y aislamiento: energía que no entra no hace falta expulsarla

Este punto conecta directamente con los vidrios inteligentes que Marcopolo presentó durante Lat.Bus 2026.

La energía más barata de refrigerar es aquella que nunca ingresó al salón.

Si radiación solar atraviesa las enormes superficies vidriadas del colectivo y aumenta la temperatura interior, posteriormente habrá que extraer ese calor utilizando electricidad.

Por eso vidrios con control infrarrojo, películas electrocrómicas, aislación en techo y paredes y mejor control de infiltraciones pueden tener incidencia indirecta sobre la autonomía.

No necesariamente aportarán decenas de kilómetros individualmente.

Pero forman parte de una lógica completamente distinta a la de “resolver todo con batería”.

Cada watt térmico que no entra es un watt que el sistema de climatización potencialmente no deberá retirar.

Y la misma lógica funciona al revés en invierno: cada unidad de calor que no escapa necesita menos energía para ser reemplazada.

6. Regeneración: recuperar la energía que antes terminaba convertida en calor

Un colectivo urbano frena constantemente.

En un diésel tradicional, gran parte de la energía cinética acumulada durante la aceleración termina disipándose como calor en los frenos.

Un eléctrico puede recuperar parte de ella.

Durante la desaceleración, el motor funciona como generador y devuelve electricidad hacia la batería.

En una investigación basada en un año completo de datos de una flota eléctrica, los buses de 40 pies recuperaron mediante frenado regenerativo una cantidad de energía equivalente a aproximadamente 37,3% de la energía media requerida para la operación, mientras que en los articulados de 60 pies la cifra fue de 40,2%.

Esto no significa que el colectivo reduzca automáticamente su consumo un 40% respecto de otro idéntico sin regeneración en cualquier recorrido.

La cantidad recuperable depende de velocidad, pendientes, tránsito, temperatura, estado de carga, conducción y estrategia de control.

Un estudio con datos reales de Montreal encontró precisamente variaciones estacionales en el desempeño de la regeneración y señaló que su eficiencia resulta especialmente favorable en determinados rangos intermedios de velocidad.

Pero demuestra por qué un colectivo eléctrico urbano posee una ventaja particular.

Cuanto más frena, más oportunidades tiene de recuperar una parte de la energía utilizada previamente para acelerar.

7. El chofer puede convertirse en parte del sistema de recuperación

La regeneración depende también de cómo se conduce.

Anticipar una parada y desacelerar progresivamente puede permitir utilizar durante más tiempo el freno regenerativo.

Llegar rápidamente al semáforo y realizar una frenada intensa puede obligar a que una mayor proporción de la desaceleración sea absorbida por el sistema mecánico.

De ahí surge el concepto de eco-driving o conducción eficiente.

Una investigación sobre componentes y estrategias de conducción estimó que técnicas de conducción eficiente podían mejorar alrededor de 22% la eficiencia de un colectivo eléctrico dentro de los ciclos analizados.

Otro estudio basado en conducción predictiva encontró reducciones de consumo de aproximadamente 9,5% en condiciones frías mediante un sistema capaz de anticipar la evolución del recorrido.

Nuevamente, no son porcentajes universales. Pero muestran algo interesante: existe autonomía escondida no solamente dentro del hardware, sino también dentro del software y de la operación.

¿Qué conviene mejorar primero?

No existe una respuesta única. Depende del recorrido.

En una línea urbana muy lenta y con cientos de paradas, reducir peso, mejorar neumáticos, climatización y regeneración probablemente tenga más impacto relativo que una optimización aerodinámica extrema.

En un servicio interurbano o BRT de alta velocidad, la resistencia del aire comienza a adquirir mayor protagonismo. En una región fría, una bomba de calor puede resultar decisiva. En una ciudad muy calurosa, vidrios, aislamiento y refrigeración eficiente adquieren mayor valor. En rutas montañosas, peso y regeneración ganan protagonismo.

Y en líneas con jornadas extremadamente largas puede seguir siendo inevitable instalar una batería de gran capacidad.

Precisamente por eso un estudio de dimensionamiento encontró necesidades tan diferentes según el servicio: el consumo modelado varió entre unos 2 y 4,6 kWh/km, y los servicios interurbanos fueron los que necesitaron las baterías de mayor tamaño. La batería ideal no se determina solamente por el vehículo. Se determina también por la línea.

Más batería no es gratis

Agregar capacidad tiene ventajas evidentes. Proporciona mayor autonomía. Permite afrontar contingencias. Reduce la necesidad de carga durante el día. Y puede simplificar la operación. Pero también implica compromisos. Más costo inicial. Mayor masa. Potencial reducción de pasajeros. Más materiales. Mayor energía para desplazar el vehículo. Y más electricidad que deberá ser repuesta durante cada ciclo de carga.

Los estudios sobre buses eléctricos reconocen justamente esta tensión: baterías grandes aumentan autonomía y reducen necesidades de recarga, pero incrementan peso, utilización energética y costo.

Incluso algunas investigaciones han encontrado que determinados colectivos urbanos terminan sobredimensionando sus baterías para poder cubrir una pequeña cantidad de jornadas excepcionalmente exigentes, por ejemplo bajo condiciones climáticas extremas.

Esto abre otra discusión. Quizás resulte más económico diseñar infraestructura para resolver esos pocos días excepcionales que transportar durante todos los días del año una batería sobredimensionada.

Una batería más pequeña también puede generar un círculo virtuoso

Existe además el fenómeno inverso. Si un colectivo necesita menos energía por kilómetro, quizás pueda utilizar una batería ligeramente menor. Una batería menor pesa menos. Al pesar menos, el vehículo necesita menos energía. Al consumir menos energía, puede necesitar todavía menos capacidad.

Este efecto es particularmente interesante en sistemas con carga de oportunidad, donde los vehículos recuperan energía durante la jornada.

Un estudio sobre carga ultrarrápida de colectivos urbanos concluyó que disponer de infraestructura de recarga durante la operación puede permitir reducir considerablemente el tamaño necesario de las baterías.

Esto explica por qué existen filosofías tan diferentes de electrificación. Una consiste en instalar enormes baterías y cargar principalmente durante la noche.

Otra utiliza baterías menores y cargas frecuentes en cabeceras o estaciones. Ninguna es universalmente mejor.

La respuesta depende de infraestructura, tarifas eléctricas, recorrido, tiempos de espera, vida útil de la batería y organización del servicio.

El colectivo eléctrico convierte cada componente en una cuestión energética

La electrificación está produciendo un cambio conceptual muy profundo dentro de la industria. Antes, un neumático era fundamentalmente un elemento de seguridad, costo y mantenimiento.

Ahora también representa autonomía. Un vidrio era visibilidad y confort. Una carrocería más liviana era capacidad de carga. El aire acondicionado era confort. El software de frenos era comportamiento dinámico. Incluso el estilo del conductor puede terminar expresándose en kWh por kilómetro. todos estos componentes representan autonomía.

Por eso el desarrollo del colectivo eléctrico probablemente no avance solamente mediante baterías cada vez mayores.

También avanzará mediante vehículos que necesiten cada vez menos batería para realizar el mismo trabajo.

La verdadera carrera puede ser bajar los kWh por kilómetro

Durante los primeros años de electrificación, buena parte de la competencia entre fabricantes estuvo centrada en una cifra sencilla de comunicar: la capacidad de batería.

400 kWh. 500 kWh. 600 kWh.

Y detrás de ella, otra cifra todavía más atractiva: los kilómetros de autonomía. Pero quizá el indicador tecnológico más interesante empiece a ser otro.

¿Cuánta energía necesita ese colectivo para transportar determinada cantidad de pasajeros durante un kilómetro real de servicio?

Porque colocar más batería tiene un límite físico y económico. La eficiencia, en cambio, puede mejorarse desde decenas de lugares diferentes.

Peso. Neumáticos. Motores. Electrónica. Aerodinámica. Climatización. Vidrios. Aislamiento. Regeneración. Software. Conducción. Infraestructura.

Ninguno resolverá individualmente todos los problemas. Pero cuando varias mejoras pequeñas se acumulan, pueden terminar produciendo un cambio importante.

Y ahí aparece posiblemente uno de los principios que definirá a la próxima generación de colectivos eléctricos:

el mejor vehículo no necesariamente será el que pueda llevar la batería más grande, sino el que necesite menos energía para llevar a los mismos pasajeros hasta el mismo destino.

Artículos Relacionados

Redes Sociales

255,500FansMe gusta
52,600SeguidoresSeguir
10,360SeguidoresSeguir
spot_img

Últimas Noticias

spot_img
error: Contenido Protegido