Entre junio de 2024 y junio de 2026, los colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires perdieron cerca de 1,67 millones de viajes por día hábil. Casi 1,2 millones corresponden solamente a las líneas reguladas por la Provincia de Buenos Aires. La caída bonaerense alcanza el 23% durante la semana y trepa al 31% los domingos.
La caída de pasajeros en los colectivos del AMBA es generalizada, pero cuando los datos se separan por jurisdicción aparece una diferencia difícil de pasar por alto.
Entre junio de 2024 y junio de 2026, el sistema pasó de registrar un promedio de 9.862.272 viajes por día hábil a 8.196.300.
Son 1.665.972 viajes diarios menos, equivalentes a una contracción cercana al 17%. Pero esa pérdida no se repartió de manera uniforme.
Las 254 líneas reguladas por la Provincia de Buenos Aires concentraron por sí solas 1.191.930 de esos viajes perdidos: pasaron de 5.288.385 pasajeros por día hábil en junio de 2024 a 4.096.455 dos años después. La reducción alcanza el 23%.
Dicho de otra manera: más de siete de cada diez viajes que desaparecieron del sistema de colectivos del AMBA durante los días laborales corresponden a líneas bonaerenses.
Provincia explica el 72% de la caída
El dato surge de comparar la pérdida absoluta de cada jurisdicción.
Las líneas exclusivamente porteñas redujeron sus viajes diarios en alrededor de 64.900, mientras que las nacionales —las que cruzan entre CABA y el conurbano— perdieron cerca de 409.000.
Provincia perdió casi 1,2 millones. Así, aunque las líneas bonaerenses representaban aproximadamente el 54% de los viajes del AMBA en junio de 2024, terminaron explicando cerca del 72% de toda la caída posterior. La diferencia porcentual también resulta significativa.
Mientras los colectivos que circulan íntegramente dentro de la Ciudad de Buenos Aires muestran retrocesos del orden del 7% al 8%, las líneas provinciales llegan al 23% durante los días hábiles, 28% los sábados y 31% los domingos.
No parece, entonces, simplemente una reducción homogénea de la movilidad metropolitana. Hay algo que está golpeando con mucha mayor intensidad al transporte público del conurbano.
El domingo es el punto más crítico
La pérdida se profundiza cuando desaparece la obligación de viajar por trabajo o estudio.
Los domingos de junio de 2024, las líneas provinciales transportaban un promedio de 1.627.979 pasajeros.
Dos años después, la cifra cayó a 1.127.818. Son aproximadamente 500.000 viajes dominicales menos, una reducción del 31%.

Los sábados presentan un comportamiento similar: de 3.295.262 pasajeros se pasó a 2.381.378, una caída de alrededor de 914.000 viajes diarios, equivalente al 28%.
La diferencia entre semana y fin de semana plantea una primera hipótesis.
Quien necesita llegar todos los días a su trabajo tiene menos posibilidades de eliminar ese viaje. En cambio, una salida recreativa, una visita familiar, una compra o cualquier desplazamiento no obligatorio puede postergarse, combinarse con otra actividad o directamente desaparecer cuando viajar se vuelve más caro o incómodo.
La investigación que dio origen a los datos menciona precisamente entre las posibles causas el deterioro del poder adquisitivo, el aumento de las tarifas, modificaciones en los hábitos posteriores a la pandemia y una menor cantidad de viajes vinculados al trabajo presencial.
¿Cuánto explica el boleto?
La tarifa aparece inevitablemente dentro de la discusión.
No permite explicar por sí sola toda la pérdida de pasajeros, pero existe una coincidencia que merece atención: la jurisdicción que más aumentó el boleto es también la que está perdiendo usuarios con mayor velocidad.
Los datos de julio de 2026, que Colectibondi analizó anteriormente, muestran que mientras el boleto mínimo con SUBE registrada alcanzaba los $742,81 en las líneas nacionales y $820,99 en CABA, las líneas provinciales bonaerenses ya llegaban a $1.063,98. En un año, el aumento provincial había alcanzado el 117,3%.
La relación, sin embargo, debe analizarse con cautela.
Que aumente la tarifa al mismo tiempo que caen los pasajeros no demuestra automáticamente que todo el descenso sea consecuencia del precio.
También intervienen el nivel de actividad económica, la cantidad de empleos, el teletrabajo, los cambios demográficos, la expansión de la moto, las aplicaciones de movilidad y la calidad ofrecida por cada servicio. Pero la brecha tarifaria vuelve imposible ignorar el factor económico.
¿Y las frecuencias?
Existe otra variable que puede actuar al mismo tiempo: la oferta. Los datos de julio permiten ver que los pasajeros disminuyeron mucho más rápido que los kilómetros recorridos.
En el conjunto del AMBA, entre julio de 2025 y julio de 2026 la cantidad de viajes cayó 19,1%, mientras que los kilómetros recorridos por los colectivos se redujeron 8,9%. En las líneas bonaerenses, específicamente, la demanda bajó 22,6% mientras que los kilómetros ofrecidos disminuyeron alrededor de 9,2%.
Esto indica que no toda la caída puede adjudicarse simplemente a que dejaron de circular colectivos.
Sin embargo, el dato agregado tampoco permite saber qué ocurre en cada línea, franja horaria o ramal.
Una reducción relativamente pequeña de kilómetros puede traducirse en esperas mucho mayores si se concentra durante la noche, los fines de semana o en servicios de menor demanda. Y allí puede comenzar un problema difícil de revertir.
El riesgo del círculo vicioso
Menos pasajeros significa menos recaudación tarifaria. Si esa pérdida lleva a las empresas a reducir frecuencias o ajustar kilómetros, el servicio se vuelve menos atractivo.
Si el colectivo tarda más en llegar, algunos pasajeros buscan otra alternativa. Entonces vuelven a caer los pasajeros. Y con ellos, nuevamente, la recaudación.
Es el riesgo de entrar en un círculo de menos demanda, menos ingresos, menos oferta y nuevamente menos demanda.
Los datos todavía no permiten afirmar que todo el sistema bonaerense haya ingresado en esa dinámica, pero sí muestran que la caída de pasajeros está siendo considerablemente más profunda que en las otras jurisdicciones del AMBA.
¿Se están eliminando combinaciones?
Hay además una pregunta que los datos de cantidad total de pasajeros no responden: ¿están desapareciendo viajes completos o los usuarios están haciendo menos combinaciones?
Una persona que antes utilizaba dos colectivos para llegar a destino generaba dos validaciones SUBE.
Si por el aumento del costo decide caminar parte del recorrido y utilizar solamente uno, estadísticamente desaparece un pasajero del sistema aunque la persona continúe realizando el mismo desplazamiento.
Lo mismo puede ocurrir con quienes combinan colectivo y tren, utilizan bicicleta para un tramo o caminan una distancia que anteriormente realizaban en transporte público.
Comprender cuánto de la caída corresponde a personas que dejaron de viajar y cuánto a viajes que ahora necesitan menos etapas sería fundamental para interpretar el fenómeno.
Tres jurisdicciones, tres comportamientos
La fotografía termina exponiendo también un problema estructural del AMBA.
Existe una única región metropolitana, pero no un único sistema de transporte.
Hay líneas reguladas por Nación, otras por la Ciudad y centenares bajo jurisdicción provincial y municipal, con diferentes esquemas tarifarios, mecanismos de actualización, niveles de subsidios y políticas de transporte.
Los resultados tampoco están siendo iguales.
En los dos años analizados, las 27 líneas exclusivamente porteñas registraron las menores caídas. Las 102 nacionales quedaron en una situación intermedia. Y las 254 provinciales concentraron, por una amplia diferencia, el mayor retroceso.
La tendencia continuó posteriormente: los datos de julio de 2026 mostraron una baja interanual del 7,2% en las líneas porteñas, del 12,6% en las nacionales y del 22,6% en las bonaerenses.
Es decir, no se trata solamente de una anomalía estadística de junio.
1,2 millones de viajes diarios que desaparecieron
El número permite dimensionar la transformación.
En apenas dos años, las líneas provinciales bonaerenses dejaron de registrar casi 1,2 millones de viajes en un día hábil promedio.
No significa necesariamente que 1,2 millones de personas diferentes hayan abandonado el colectivo: una misma persona puede generar varias validaciones durante una jornada.
Pero sí significa que existen casi 1,2 millones menos de etapas de viaje realizadas diariamente sobre esos servicios.
Y probablemente la pregunta más importante ya no sea simplemente por qué cayó la cantidad de pasajeros.
La pregunta es por qué cayó tres veces más rápido en buena parte del conurbano que dentro de la Ciudad de Buenos Aires.
Tarifa, poder adquisitivo, calidad, frecuencias, combinaciones y cambios en los hábitos de movilidad seguramente expliquen distintas partes de la respuesta.
Determinar cuánto pesa cada una será fundamental.
Porque si el colectivo comienza a perder pasajeros precisamente en los sectores metropolitanos donde constituye una de las pocas alternativas disponibles, el problema deja de ser solamente económico para las empresas.
Se convierte en un problema de accesibilidad y movilidad para todo el AMBA.







