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Comodoro ajusta su nuevo sistema de transporte: De cambiar 95 colectivos a ordenar toda la red

A poco más de un mes del desembarco de SolBus, Comodoro Rivadavia atraviesa la etapa menos visible de una renovación del transporte: corregir recorridos, frecuencias y paradas mientras los colectivos ya están circulando. La ciudad opera con 95 unidades y sumó herramientas digitales para consultar recorridos y seguir el servicio.

Cambiar de empresa de colectivos no termina el día que los nuevos vehículos salen por primera vez a la calle.

En Comodoro Rivadavia, el desembarco de SolBus el 1° de agosto abrió una segunda etapa mucho más compleja: hacer que una red completamente reorganizada funcione en la práctica, detectar problemas y modificarla mientras miles de pasajeros continúan utilizándola todos los días.

Durante los primeros 25 días de operación, la nueva prestataria puso 95 colectivos en servicio y el esquema contemplaba recorrer aproximadamente 634.000 kilómetros durante ese período inicial. Pero esos números cuentan solamente una parte de la transformación.

El nuevo contrato prevé un período inicial de 90 días de implementación, durante el cual el Municipio puede realizar correcciones sobre recorridos, frecuencias, paradas e infraestructura en función de lo que sucede efectivamente en la calle.

En otras palabras: el nuevo sistema nació con margen para ser corregido.

Del papel a la calle

Diseñar un recorrido sobre un mapa es relativamente sencillo.

Determinar si ese recorrido responde realmente a los viajes diarios de estudiantes, trabajadores, pacientes de hospitales y vecinos de distintos barrios es bastante más complejo.

Durante las primeras semanas, la Secretaría de Servicios Públicos y Control de Concesiones relevó reclamos y sugerencias recibidos a través del EnCoSeP y del 0800 municipal. Además, mantuvo reuniones con más de 18 instituciones, centros de salud y escuelas para analizar los itinerarios.

A partir de ese trabajo comenzaron las modificaciones. Uno de los cambios más importantes estuvo relacionado con el Hospital Regional, uno de los principales generadores de viajes de la ciudad.

El esquema reorganizado terminó llevando 17 líneas hasta la zona del establecimiento, ampliando nuevamente su conectividad con distintos sectores de Comodoro. También se modificaron sectores del centro y algunas líneas comenzaron a utilizar la Terminal de Ómnibus de larga distancia como punto de ascenso y descenso. El objetivo es descongestionar determinados sectores de la trama urbana y, al mismo tiempo, convertir a la terminal en un nodo más importante dentro del sistema.

Más de 1.000 paradas bajo la lupa

La reorganización no afecta solamente a los colectivos.

Un equipo municipal comenzó a relevar en territorio más de 1.000 paradas y alrededor de 60 refugios.

El trabajo implica verificar coordenadas, determinar cuáles siguen siendo necesarias, retirar puntos que quedaron fuera de uso y definir nuevas ubicaciones.

Posteriormente, la reorganización que comenzó a regir en septiembre quedó estructurada sobre alrededor de 960 paradas y 24 líneas, con modificaciones significativas en varios sectores de la ciudad.

Y este punto resulta clave. Cuando cambia una red de transporte, mover una parada algunos cientos de metros puede parecer una modificación menor desde la planificación, pero puede alterar completamente el viaje cotidiano de una persona mayor, un estudiante o alguien con movilidad reducida.

Por eso, la infraestructura de parada forma parte del sistema tanto como los propios colectivos.

Los colectivos ahora también generan datos

La otra gran transformación ocurre fuera de la calle.

Comodoro comenzó a centralizar digitalmente información sobre líneas, recorridos, paradas y horarios, mientras que SolBus habilitó su propia plataforma para consultar el servicio.

El Municipio había anticipado que la herramienta permitiría visualizar frecuencias, horarios, líneas, trayectos y ubicación de los colectivos, después de un proceso técnico que exigía mapear recorridos, parametrizar líneas y cargar cada parada dentro del sistema. La validación de esos datos se realizó con intervención de Nación Servicios y SUBE.

Para principios de septiembre, el Municipio ya informaba que el enlace de SolBus se encontraba operativo y que los pasajeros podían acceder también a la plataforma oficial de transporte de la ciudad.

Esto introduce algo que durante décadas no existió en buena parte de los sistemas urbanos argentinos: la posibilidad de contrastar la frecuencia programada con lo que realmente sucede en la calle.

Hasta ahora, para el pasajero una frecuencia de “cada 15 minutos” era básicamente una promesa. Con vehículos geolocalizados puede transformarse en un dato medible.

De la frecuencia declarada a la frecuencia real

Allí aparece una de las grandes oportunidades del nuevo sistema.

Si los colectivos transmiten permanentemente su posición, el GPS no debería servir solamente para mostrar un puntito moviéndose sobre un mapa.

También permite conocer cuánto tarda realmente cada unidad en completar un recorrido, cuánto permanece detenida en las cabeceras, qué sectores concentran demoras y cuál es el intervalo efectivo entre dos coches.

Es decir, la misma información que mejora la experiencia del pasajero puede convertirse en una herramienta de fiscalización del contrato.

Y esa diferencia es fundamental. Una empresa puede programar determinados horarios. Otra cosa es cumplirlos.

Un sistema que todavía está siendo construido

El modelo implementado desde agosto todavía atraviesa su período inicial.

La Municipalidad dejó en claro desde el comienzo que los primeros 90 días funcionarían como una etapa de ajuste y que los recorridos podrían modificarse en función de las necesidades detectadas.

De hecho, la reorganización ya produjo cambios de trazas, incorporación de nuevas conexiones, modificación de paradas y ajustes en puntos estratégicos como avenida Rivadavia, el Hospital Regional y la Terminal de Ómnibus.

Eso permite observar el cambio de concesionaria desde otra perspectiva. La renovación del transporte no consiste solamente en reemplazar colectivos viejos por unidades nuevas.

También implica reconstruir la red invisible que existe detrás de ellos: recorridos, horarios, kilómetros, cabeceras, frecuencias, paradas, refugios, datos y mecanismos de control.

95 colectivos son apenas el comienzo

La llegada de una flota renovada es probablemente la parte más visible de cualquier transformación del transporte público.

Pero no necesariamente es la más difícil. Comodoro tiene ahora 95 unidades operando dentro de un sistema que todavía está encontrando su configuración definitiva.

Los primeros meses servirán para conocer si los recorridos responden a las necesidades de los pasajeros, si las frecuencias son suficientes, qué paradas deben modificarse y qué tan confiable resulta la información digital.

Y allí estará el verdadero examen. Porque modernizar el transporte no es solamente poner colectivos nuevos en la calle. Es conseguir que pasen por donde hacen falta, cuando hacen falta y que el pasajero pueda saberlo antes de llegar a la parada.

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