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De cero a 3.000 en ocho años: cómo Moscú construyó una de las mayores redes de colectivos eléctricos del mundo

La capital rusa puso en servicio su colectivo eléctrico número 3.000 y ya utiliza esta tecnología en más de 300 recorridos. El programa combina vehículos de fabricación nacional, carga ultrarrápida en cabeceras, doce centros operativos y contratos de mantenimiento de largo plazo. Para 2030 se proyecta incorporar otras 2.300 unidades.

Lo que comenzó en 2018 como una prueba de electromovilidad se convirtió, ocho años después, en una operación masiva. Moscú puso en circulación su colectivo eléctrico número 3.000, un hito que ubica a la capital rusa entre las ciudades con mayor despliegue de esta tecnología en el transporte público urbano.

El anuncio fue realizado el 30 de julio de 2026 por el sistema de transporte de Moscú. Según la información oficial, Mosgortrans ya dispone de más de 3.000 colectivos eléctricos y los utiliza en más de 300 recorridos, equivalentes a aproximadamente un tercio de toda la red de transporte de superficie de la ciudad.

El dato más relevante, sin embargo, no es únicamente la cantidad de vehículos. Moscú desarrolló en paralelo una estructura de carga, mantenimiento y asistencia técnica capaz de sostener diariamente una flota de miles de unidades.

La experiencia muestra que electrificar el transporte público no consiste solamente en comprar colectivos: también requiere depósitos adaptados, cargadores distribuidos estratégicamente, personal especializado y contratos que garanticen la disponibilidad de los vehículos durante toda su vida útil.

Más de 2.400 KAMAZ y 570 LiAZ

La flota eléctrica de Mosgortrans está integrada por vehículos fabricados íntegramente en Rusia.

El principal proveedor es KAMAZ, con más de 2.430 unidades en operación. A ellas se suman alrededor de 570 colectivos eléctricos LiAZ, otro de los grandes fabricantes rusos de vehículos para el transporte urbano.

De este modo, la electrificación también funciona como una política de desarrollo industrial. El crecimiento de la demanda pública permitió ampliar la producción local de baterías, sistemas de tracción, componentes electrónicos y estructuras específicas para vehículos eléctricos.

Los fabricantes, además, no se limitan a entregar las unidades. De acuerdo con la información oficial, deben garantizar su funcionamiento durante un período de 15 años, bajo un modelo contractual que vincula el pago con la disponibilidad y el mantenimiento del vehículo.

Ese mecanismo busca reducir uno de los principales riesgos de las grandes compras de colectivos eléctricos: que las unidades queden fuera de servicio por falta de repuestos, asistencia técnica o capacidad de diagnóstico.

La nueva generación A5

La renovación continuó acelerándose durante los últimos dos años. Desde 2025, Moscú recibió más de 500 colectivos eléctricos de la generación A5, desarrollada por KAMAZ para mejorar las condiciones de operación y el confort de los pasajeros.

Entre sus características aparecen una plataforma interior más amplia para cochecitos, bicicletas y personas con movilidad reducida, sectores destinados al equipaje, puertas que ocupan menos espacio al abrirse y sistemas de climatización más eficientes.

También incorporan iluminación indicadora en las puertas, conectores para cargar dispositivos móviles, pantallas de información y un diseño completamente accesible.

En mayo de 2026, Mosgortrans informó que ya circulaban en la ciudad alrededor de 440 unidades KAMAZ A5 y que un nuevo contrato permitirá entregar otros 700 vehículos hasta finales de 2027.

Más de 300 recorridos eléctricos

Moscú cuenta con más de 900 líneas de transporte de superficie, de las cuales más de 760 son atendidas directamente por Mosgortrans.

Los colectivos eléctricos ya están presentes en más de 300 recorridos, una cifra que representa aproximadamente un tercio de la red total. En conjunto, los servicios operados por la empresa pública registran más de tres millones de viajes diarios.

La expansión territorial también alcanzó un nuevo punto durante 2026. Con la llegada de colectivos eléctricos a Zelenograd, la tecnología pasó a estar presente en todos los distritos administrativos de la capital rusa.

Esto marca una diferencia respecto de las primeras etapas del programa, cuando las unidades se concentraban en un grupo limitado de recorridos próximos a estaciones de carga.

La ampliación de la infraestructura permitió llevar los vehículos a zonas cada vez más alejadas y reemplazar servicios diésel completos, en lugar de utilizar los eléctricos solamente como refuerzo o demostración tecnológica.

La infraestructura detrás de los 3.000 colectivos

Para sostener esta operación, Moscú instaló 470 estaciones de carga ultrarrápida.

Los equipos se encuentran distribuidos entre los depósitos de Mosgortrans y 59 cabeceras de recorridos, donde los vehículos pueden recuperar energía durante las pausas previstas entre un servicio y otro.

El sistema tradicional utilizado por Moscú se basa en la carga de oportunidad. Al llegar a la terminal, el colectivo se conecta mediante un pantógrafo y recibe una recarga rápida antes de iniciar el siguiente viaje.

Esta modalidad permite trabajar con baterías de menor tamaño que las utilizadas en unidades diseñadas exclusivamente para carga nocturna. Como contrapartida, exige una red confiable y distribuida de estaciones, además de una programación que contemple los tiempos necesarios para recuperar energía.

La generación A5 comenzó a incorporar pantógrafos invertidos: el mecanismo móvil se encuentra en la estación y desciende sobre los contactos instalados en el techo del vehículo. La solución reduce el peso y la complejidad del equipamiento colocado en cada colectivo.

Moscú también inició pruebas con vehículos de mayor autonomía y carga nocturna, especialmente para recorridos largos o zonas donde no resulta conveniente instalar cargadores en todas las cabeceras.

Doce centros para mantener la flota

Los colectivos eléctricos son atendidos en doce instalaciones especializadas de Mosgortrans.

En esos predios se realizan tareas de diagnóstico, inspección, mantenimiento preventivo, reparación y preparación de las unidades antes de su salida diaria.

La existencia de estos centros es una de las claves del modelo. Una flota eléctrica de gran escala necesita técnicos capacitados para trabajar con sistemas de alta tensión, electrónica de potencia, baterías, motores eléctricos y equipamiento de carga.

También requiere espacios de estacionamiento adaptados, herramientas específicas, protocolos de seguridad y capacidad para retirar temporalmente una unidad sin afectar las frecuencias.

Por eso, el crecimiento de la flota fue acompañado por la inauguración de grandes complejos especializados, como Krasnaya Pakhra, Mitino y Saltykovka. El objetivo fue distribuir las unidades en diferentes áreas de la ciudad y evitar que debieran recorrer grandes distancias sin pasajeros para comenzar o terminar sus servicios.

Más de 1.100 millones de viajes

Desde el inicio del programa en 2018, los pasajeros realizaron más de 1.100 millones de viajes en colectivos eléctricos, según las estadísticas difundidas por el sistema de transporte moscovita.

La magnitud acumulada permite afirmar que Moscú ya superó la etapa experimental. Los eléctricos forman parte de la operación cotidiana y atienden recorridos con distintas extensiones, niveles de demanda y condiciones climáticas.

Este último punto resulta especialmente importante: los vehículos deben trabajar durante los inviernos rusos, con bajas temperaturas que pueden reducir la capacidad de las baterías e incrementar el consumo energético de la calefacción.

La expansión muestra que esas dificultades pueden resolverse, pero también que se necesita adaptar la tecnología, dimensionar correctamente la infraestructura y mantener una reserva operativa suficiente.

Otras 2.300 unidades antes de 2030

El programa todavía no alcanzó su techo. Moscú planea incorporar más de 2.300 colectivos eléctricos adicionales antes de 2030, todos de fabricación rusa.

De concretarse el plan, la flota superaría las 5.300 unidades y los eléctricos pasarían a ocupar una proporción todavía mayor dentro del transporte de superficie.

La ampliación obligará a continuar instalando cargadores, adaptar nuevos depósitos y fortalecer la red eléctrica que abastece a los puntos de recarga.

También requerirá coordinar las entregas de vehículos con la construcción de infraestructura. Incorporar cientos de colectivos sin disponer previamente de cargadores, potencia eléctrica o capacidad de mantenimiento podría generar unidades inmovilizadas y mayores costos operativos.

Una referencia sobre cómo electrificar a gran escala

La experiencia de Moscú aporta una conclusión concreta para otras ciudades que estudian reemplazar flotas diésel.

El éxito de un programa de electromovilidad no depende solamente de la autonomía declarada por los fabricantes o del precio inicial de los vehículos. La operación necesita una planificación integral que contemple la energía, el mantenimiento, la disponibilidad de repuestos, la capacitación y la distribución territorial de los puntos de carga.

Moscú pasó de las primeras unidades de 2018 a más de 3.000 vehículos en ocho años porque la compra de colectivos estuvo acompañada por 470 cargadores ultrarrápidos, 59 cabeceras preparadas y doce centros especializados.

Ese ecosistema es el verdadero soporte de la electrificación. Los colectivos son la parte visible; detrás de ellos existe una estructura industrial y operativa diseñada para mantener miles de unidades circulando todos los días.

Con un tercio de su red ya atendida por vehículos eléctricos y otras 2.300 unidades previstas antes de 2030, Moscú dejó de considerar esta tecnología como una prueba de futuro. La convirtió en uno de los pilares de su sistema actual de transporte público.

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