Un hombre tomó el interno 404 de la línea 236 desde una terminal de la Empresa 216 en Merlo y circuló durante varios kilómetros como si fuera el chofer asignado. Respetó el recorrido, se detuvo en las paradas y llegó a transportar pasajeros. La insólita aventura terminó en Morón, luego de rozar otra unidad y ser interceptado por la Policía.
Una situación tan insólita como peligrosa se vivió durante la mañana del domingo 23 de agosto en el oeste del Gran Buenos Aires. Un hombre se apoderó de un colectivo de la Empresa 216, salió a realizar el recorrido habitual y llegó incluso a transportar pasajeros antes de ser descubierto y detenido.
El episodio comenzó cerca de las 6.30 de la mañana, cuando el hombre llegó hasta la terminal de la compañía en Merlo y abordó el interno 404 de la línea 236, que se encontraba estacionado y sin el conductor que debía tomar servicio. Luego puso en marcha la unidad y comenzó a circular.

Pero, a diferencia de lo que podría esperarse de alguien que sustrae un vehículo, no intentó escapar rápidamente ni abandonar la zona. Por el contrario, comenzó a comportarse como si realmente fuera el conductor de la línea: siguió el recorrido, pasó por Pontevedra y el centro de Morón, se detuvo en las paradas correspondientes y permitió el ascenso de pasajeros que aparentemente desconocían que quien estaba detrás del volante no pertenecía al servicio asignado.
Un choque permitió descubrir al falso colectivero
La particular maniobra podría haber continuado durante más tiempo de no ser por un incidente con otro colectivo de la misma empresa.
Durante el recorrido, el interno 404 rozó a otra unidad. El conductor del segundo vehículo advirtió la situación y alertó a sus compañeros. A partir de esa comunicación se comprobó que el colectivo había salido de la terminal sin el chofer que debía encontrarse al mando.

Uno de los delegados de los trabajadores se presentó entonces en una dependencia policial para denunciar la sustracción de la unidad, mientras se alertaba a las comisarías de la zona para localizar el vehículo.
Para ese momento, el colectivo seguía circulando con pasajeros a bordo.
Un policía levantó la mano como un pasajero y lo detuvo
El desenlace tuvo otra escena digna de una película.
La unidad fue localizada mientras circulaba por la zona sur de Morón. El oficial de Servicio de la comisaría 4ª de Gervasio Pavón se dirigió hasta una parada situada en la intersección de Santo Domingo y Eva Perón, muy cerca de la propia dependencia policial.
En lugar de intentar detener el colectivo desde un patrullero, el efectivo se ubicó en la parada y levantó el brazo como si fuera un pasajero.
El falso chofer hizo exactamente lo que había venido haciendo durante su particular recorrido: frenó para permitirle subir.
Una vez dentro del colectivo, el policía se identificó y le informó que estaba detenido, ante la sorpresa de quienes viajaban en la unidad.
“Quería cumplir mi sueño de ser colectivero”
Fue entonces cuando llegó la explicación que convirtió al episodio en un caso todavía más llamativo.
Al ser consultado por lo ocurrido, el hombre respondió:
“Quería cumplir mi sueño de ser colectivero”.
Incluso llevaba puesta una chomba oficial de la Empresa 216, lo que le había permitido aparentar con mayor facilidad que realmente formaba parte del personal de la compañía.
Según información policial publicada posteriormente, el recorrido realizado con la unidad habría superado los 11 kilómetros antes de la intervención definitiva. También se informó que al momento de su aprehensión le fue secuestrado un cuchillo.
La Justicia ordenó una evaluación psiquiátrica
La investigación quedó a cargo de la Fiscalía Nº2 de Morón, encabezada por el fiscal Fernando Capello.
Entre las primeras medidas se dispuso que el detenido sea sometido a una evaluación psiquiátrica para determinar su estado y establecer si es imputable. La causa se investiga como hurto.
El colectivo, por su parte, sufrió daños en la carrocería como consecuencia del roce con la otra unidad y quedó nuevamente en poder de la empresa para ser reparado.
Más allá de lo pintoresco de la explicación y de una secuencia que rápidamente se volvió viral, el episodio expuso una situación de enorme riesgo: durante varios kilómetros un vehículo de transporte público circuló con pasajeros conducido por una persona que no era el chofer habilitado para prestar el servicio.
Una historia que comenzó con el supuesto deseo de “cumplir un sueño” y terminó con una causa judicial, un colectivo dañado y una investigación sobre cómo fue posible que una unidad pudiera salir de una terminal y realizar parte de su recorrido sin que inicialmente nadie advirtiera la situación.








