Entre septiembre de 2021 y febrero de 2026, la cantidad de unidades con más de diez años pasó de 2.695 a 6.164. Mientras el parque total se redujo 3,8%, la edad promedio de los colectivos aumentó de 6,7 a 7,7 años.
La flota de colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires atraviesa un acelerado proceso de envejecimiento. En poco más de cuatro años, la proporción de unidades con más de una década de antigüedad pasó del 15% al 35% del parque móvil.
El dato surge de la “Radiografía del Transporte Urbano en el AMBA”, elaborada por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), que compara la composición de la flota en septiembre de 2021 con la registrada en febrero de 2026.

La variación no representa solamente un aumento de 20 puntos porcentuales. En valores absolutos, los colectivos con más de diez años pasaron de 2.695 a 6.164 unidades. Son 3.469 coches antiguos adicionales, equivalentes a un crecimiento cercano al 129%.
En otras palabras, en 2021 aproximadamente uno de cada siete colectivos superaba los diez años. En 2026, la relación ya es superior a uno de cada tres.
Menos colectivos y una flota más antigua
El envejecimiento se produjo al mismo tiempo que se redujo el tamaño general del parque analizado.
En septiembre de 2021, la base utilizada por AAETA contabilizaba 18.321 unidades. Para febrero de 2026, el total había descendido a 17.617 colectivos. La diferencia es de 704 unidades, lo que representa una contracción del 3,8%.
La combinación de ambos movimientos resulta especialmente significativa: mientras la flota total perdió colectivos, el grupo de unidades más antiguas prácticamente se multiplicó por 2,3.

Cómo está compuesto el parque de 2026
Según la distribución por año-modelo presentada en el informe, 6.164 colectivos son modelo 2016 o anteriores. A continuación aparecen 1.671 unidades de 2017 y 1.538 de 2018.
La renovación más importante de los últimos años se observa en los modelos 2021, con 1.764 colectivos, y 2022, con otros 1.484. Sin embargo, las incorporaciones posteriores no alcanzaron para impedir el envejecimiento general.
La flota contabiliza 1.059 unidades modelo 2023, 873 de 2024 y 1.065 de 2025. También aparecen 57 colectivos modelo 2026, aunque este último dato corresponde a febrero y, por lo tanto, no representa un año completo de incorporaciones.
La fotografía muestra que hubo renovación, pero con un ritmo insuficiente para compensar simultáneamente las unidades que fueron cumpliendo diez años y la reducción del parque total.
Qué consecuencias puede tener el envejecimiento
Una mayor antigüedad no implica automáticamente que un colectivo se encuentre en malas condiciones. El mantenimiento, la intensidad de uso, la disponibilidad de repuestos y las reconstrucciones pueden producir diferencias importantes entre unidades del mismo año.
Sin embargo, una flota más antigua suele enfrentar mayores exigencias de mantenimiento preventivo y correctivo. También puede aumentar la cantidad de días de inmovilización en talleres y dificultar la disponibilidad necesaria para cumplir con todas las frecuencias programadas.
El fenómeno puede impactar sobre diferentes aspectos del servicio:
- Costos de mantenimiento y necesidad de repuestos.
- Disponibilidad diaria de unidades.
- Regularidad y cumplimiento de frecuencias.
- Consumo de combustible.
- Emisiones contaminantes y nivel sonoro.
- Incorporación de nuevas tecnologías de seguridad.
- Accesibilidad y confort para los pasajeros.
El informe de AAETA no presenta indicadores sobre desperfectos, cancelaciones, consumo o emisiones. Por eso, sus datos permiten identificar el envejecimiento, pero no medir directamente cuánto afectó la calidad del servicio.
Una señal sobre la capacidad de inversión
AAETA denomina a esta evolución como un “proceso de desinversión”. Desde la perspectiva empresaria, el envejecimiento estaría relacionado con la dificultad de sostener programas permanentes de renovación dentro del actual esquema de tarifas, costos y compensaciones.
El mismo documento asegura que el boleto mínimo cubre entre 31,9% y 49,7% del costo real de operación, dependiendo de la jurisdicción. En ese contexto, la compra de nuevas unidades compite con los gastos cotidianos necesarios para mantener los servicios.
La renovación de flota requiere financiamiento de largo plazo y previsibilidad. No se trata solamente de reemplazar colectivos antiguos: también demanda decidir qué tecnologías se incorporarán durante los próximos años, desde motores de menor nivel de emisiones hasta unidades eléctricas o impulsadas por GNC.
El desafío que viene
Si el ritmo de renovación no se acelera, una parte importante de los colectivos modelo 2017, 2018 y 2019 se incorporará progresivamente al grupo de más de diez años.
Actualmente, esos tres años reúnen aproximadamente 4.200 unidades. Esto no significa que todas continuarán operativas al superar la década, pero permite dimensionar la presión de renovación que enfrentará el sistema.
La discusión sobre la flota del AMBA no pasa únicamente por retirar los colectivos más antiguos. El desafío consiste en construir un mecanismo estable que permita renovar unidades sin reducir la cantidad de vehículos disponibles ni trasladar todo el costo al boleto.
La radiografía deja una advertencia clara: en poco más de cuatro años, el AMBA perdió 704 colectivos y sumó 3.469 unidades al segmento de mayor antigüedad. El sistema todavía mantiene una flota gigantesca, pero cada vez una porción mayor de ella pertenece a generaciones anteriores.
Fuente:
AAETA – Cuadro de antigüedad: 18.321 unidades en septiembre de 2021 y 17.617 en febrero de 2026.








