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Editorial: Antes de eliminar el amarillo en los semáforos de CABA, ¿Por qué no darle más información al conductor?

Editorial Revista Colectibondi

El proyecto presentado en la Legislatura porteña propone eliminar el amarillo previo al verde y sumar intervalos de “todo rojo”. Pero el debate podría ser más amplio: existen tecnologías que permiten anticipar el cambio de fase sin modificar la secuencia tradicional. Los contadores regresivos LED son una de ellas.

La discusión sobre cómo deben funcionar los semáforos de la Ciudad de Buenos Aires acaba de abrirse.

Un proyecto presentado en la Legislatura propone que el amarillo aparezca únicamente entre el verde y el rojo. Al finalizar el rojo, el tránsito pasaría directamente al verde. Además, contempla incorporar en determinados cruces un intervalo de “todo rojo” para permitir el despeje completo de la intersección antes de habilitar el movimiento siguiente.

Semáforos en CABA: proponen eliminar el amarillo antes del verde y sumar el ‘todo rojo’

El argumento merece ser analizado: evitar que el amarillo previo al verde genere una expectativa de arranque anticipado mientras todavía existe tránsito transversal.

Pero existe otra pregunta posible.

¿El problema es realmente el amarillo o la falta de información que tiene el conductor sobre cuánto falta para que cambie el semáforo?

El semáforo también puede informar

Quien circula diariamente sabe que una de las situaciones más incómodas se produce al aproximarse a una intersección con luz verde sin saber cuánto tiempo queda disponible.

¿Acaba de ponerse en verde?

¿Está por cambiar?

¿Conviene continuar normalmente o comenzar a reducir la velocidad?

El sistema convencional no brinda esa información hasta que aparece el amarillo.

Una alternativa tecnológica son los contadores regresivos LED sincronizados con el semáforo, que muestran los segundos restantes hasta el cambio de fase.

No se trata de reemplazar los tres colores que todos conocen sino de agregar una cuarta pieza de información.

Así, por ejemplo, un conductor que observa a distancia que quedan pocos segundos de verde puede disponer de una referencia adicional para decidir su aproximación al cruce. Del mismo modo, durante el rojo, el contador permite saber cuánto falta para que se habilite nuevamente la circulación.

Los ejemplos que acompañan esta nota muestran dos de los diseños posibles. Existen módulos compactos, integrados visualmente al cuerpo semafórico, y también pantallas rectangulares independientes, con números LED de mayor tamaño y mejor lectura a distancia.

Para avenidas y corredores de mayor velocidad o amplitud, este último formato resulta especialmente interesante para estudiar.

Anticipar en lugar de sorprender

La lógica detrás del contador es sencilla: convertir una transición desconocida en una transición previsible.

Hay investigaciones que encontraron que los contadores pueden modificar favorablemente determinadas conductas. Un estudio experimental publicado en 2017 observó una mayor probabilidad de detenerse y menores tasas de desaceleración cuando los conductores contaban con información regresiva antes del cambio de señal.

Otro trabajo publicado en 2025 encontró que la presencia del contador permitía a los conductores anticipar el comienzo del amarillo y modificaba el momento en el que comenzaban a frenar.

Y una investigación publicada en 2026, basada en simulaciones de tránsito, encontró reducciones en indicadores de conflicto y desaceleraciones más suaves en determinados escenarios con contadores de verde y rojo.

Esto se acerca precisamente al problema que intenta abordar el proyecto porteño: qué información recibe el conductor antes de que cambie la prioridad de paso.

Pero un contador tampoco es una solución mágica

Hay una advertencia indispensable.

Dar más información también puede generar comportamientos no deseados.

Otros estudios encontraron que algunos conductores aceleran cuando observan que quedan pocos segundos, intentando superar la intersección antes del rojo. Un estudio basado en observaciones y simulación señaló incluso que determinados efectos positivos iniciales de los contadores de verde no necesariamente se mantuvieron en el tiempo.

Una investigación sobre señales regresivas visibles desde los vehículos encontró además aumentos en la velocidad de aproximación bajo determinadas condiciones.

Es decir: la literatura disponible no permite afirmar que poner un número al lado de todos los semáforos mejore automáticamente la seguridad vial.

Precisamente por eso el debate resulta más interesante que simplemente optar entre “amarillo sí” o “amarillo no”.

Amarillo, contador y “todo rojo” no necesariamente son excluyentes

Hay otro elemento particularmente relevante.

La propuesta legislativa incorpora el denominado intervalo de “todo rojo”, durante el cual ninguna de las corrientes recibe verde para permitir que termine de despejarse la intersección.

Ese concepto tampoco resulta necesariamente incompatible con un contador regresivo.

De hecho, un estudio publicado en Safety Science analizó conjuntamente el contador de verde, la duración del amarillo y el intervalo de todo rojo, y encontró que la combinación podía reducir determinados conflictos en las intersecciones estudiadas.

Esto abre una posibilidad bastante más amplia:

verde → amarillo → rojo → intervalo de seguridad → verde, acompañado por información temporal cuando las características del cruce lo justifiquen.

En otras palabras, modernizar el sistema no obliga necesariamente a eliminar una señal para incorporar otra herramienta.

Buenos Aires ya tiene una red que puede evolucionar

La Ciudad viene incorporando desde hace años tecnología LED y sistemas de gestión sobre su red semafórica. Entre las ventajas oficialmente señaladas para el LED aparecen una mayor visibilidad, menor consumo y menores necesidades de mantenimiento.

En el Gran Buenos Aires también existen experiencias de modernización. San Isidro, por ejemplo, informó en 2025 que ya había centralizado la totalidad de su red semafórica para supervisarla en tiempo real.

Los contadores regresivos, además, no son una tecnología experimental. Pliegos técnicos recientes de municipios argentinos ya especifican equipos LED independientes sincronizados con el controlador principal y destinados a mostrar los segundos restantes hasta el cambio de señal.

Por eso existe otra vía posible para estudiar en Buenos Aires: hacer pilotos controlados antes de modificar de manera generalizada el comportamiento de toda la red.

Seleccionar avenidas con características diferentes, instalar contadores de distintos formatos y medir durante varios meses velocidades de aproximación, frenadas bruscas, cruces en amarillo y rojo, siniestros, tiempos de despeje y comportamiento peatonal.

Después, comparar.

Dos diseños, una misma idea

También debería discutirse el diseño.

Los pequeños módulos circulares pueden resultar adecuados en determinados cruces urbanos, pero una pantalla rectangular independiente permite utilizar dígitos considerablemente mayores, visibles desde más distancia.

En una avenida eso no es un detalle menor.

Si la información pretende ayudar a anticipar una maniobra, tiene que poder leerse con suficiente anticipación. El tamaño de los números, luminosidad, contraste, distancia de lectura y ubicación deberían formar parte del estudio tanto como la propia secuencia de colores.

Y tampoco necesariamente tendría que mostrarse toda la cuenta regresiva.

Es posible evaluar sistemas que sólo presenten los últimos segundos de una fase, evitando convertir cada semáforo en una especie de carrera contra el reloj.

Una oportunidad para discutir qué semáforo queremos

El proyecto que comenzó a transitar la Legislatura todavía se encuentra en una etapa inicial y, de aprobarse, prevé hasta 365 días para adaptar los equipos existentes.

Eso significa que todavía existe espacio para discutir el problema desde un punto de vista técnico.

La cuestión puede ser más profunda que decidir si el amarillo debe encenderse antes del verde.

Los semáforos prácticamente no cambiaron en su lenguaje básico durante décadas. Hoy existen controladores centralizados, ópticas LED, sensores, cámaras, sistemas adaptativos y displays capaces de transmitir mucha más información que tres luces.

La discusión que vale la pena dar es entonces otra:

¿conviene quitar información al conductor o estudiar cómo ofrecerle información más precisa y previsible?

Los contadores regresivos son una de las alternativas posibles. La evidencia indica beneficios en algunos contextos y riesgos en otros, por lo que una implementación seria debería comenzar con pruebas, datos y evaluación local.

Porque quizás el próximo paso del semáforo porteño no sea tener una luz menos. Quizás sea informar mejor cuándo va a cambiar.

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