Viajar en colectivo dentro de la Ciudad de Buenos Aires cuesta hoy $788 para el pasajero, pero ese valor está lejos de representar el costo real del servicio. Según un informe citado por Infobae, el costo técnico del boleto sin subsidios asciende a $2.014 por pasajero, y llega a $2.225 si se incluye el IVA.
La diferencia entre lo que paga el usuario y lo que cuesta realmente mover el sistema revela el peso que todavía tienen los subsidios en el transporte público del AMBA. Aunque en los últimos meses las tarifas tuvieron aumentos importantes, el valor final que abona el pasajero sigue cubriendo solo una parte del costo total.
De acuerdo con el Reporte de Tarifas y Subsidios del Observatorio de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política, IIEP UBA-CONICET, la brecha entre el boleto que paga el usuario y el costo técnico real alcanza el 155%. Es decir, sin asistencia estatal, el pasaje base en CABA más que duplicaría su valor actual.
Cuánto paga el pasajero y cuánto cuesta el viaje
El boleto base de colectivo en la Ciudad de Buenos Aires se ubica en $788. Sin embargo, el costo técnico estimado para prestar ese servicio es de $2.014 por pasajero a mayo de 2026. Si se suma el IVA, el número trepa hasta $2.225.
Ese costo técnico contempla los gastos necesarios para sostener el funcionamiento del sistema: combustible, salarios, mantenimiento, renovación de unidades, seguros, repuestos y otros componentes operativos.
La diferencia entre ambos valores es cubierta a través de transferencias estatales. En otras palabras, el pasajero paga una parte del viaje y el resto se financia mediante subsidios.

El costo reconocido también queda por debajo
Otro dato relevante del informe es que el costo reconocido por el Estado nacional asciende a $1.597, un valor que también queda por debajo del costo técnico real calculado por el instituto.
Esto significa que la discusión no se limita únicamente a la diferencia entre tarifa y costo final. También existe una brecha entre lo que el sistema estima como costo real y lo que oficialmente se reconoce para compensar a las empresas.
Ese desfasaje es uno de los puntos que suelen aparecer en los reclamos del sector empresario, especialmente cuando aumentan insumos clave como el gasoil, los repuestos o los salarios.
Subsidios en retroceso
El informe también marca una caída fuerte de los subsidios al transporte. Según los datos publicados, las transferencias destinadas al sector bajaron 39% en términos reales.
Además, el Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte, que financia compensaciones a los colectivos, no registró devengamientos en mayo ni en junio.
El dato es clave porque muestra que, aunque los subsidios siguen siendo centrales para sostener la tarifa final, el nivel de asistencia viene reduciéndose en términos reales. Como consecuencia, la presión sobre el boleto, las empresas y los usuarios aumenta.
El transporte, cada vez más pesado en el presupuesto familiar
El relevamiento citado por Infobae también señala que el transporte es el rubro de mayor peso dentro de la canasta de servicios públicos del AMBA. Para un hogar promedio, el gasto mensual en movilidad alcanza los $116.688 y representa el 41% de esa canasta.
En el último año, el transporte acumuló una suba del 75%, frente a una inflación interanual del 33,2%. Esto lo convierte en uno de los componentes que más aumentó dentro de los servicios públicos, por encima de otros rubros como agua, electricidad o gas.
El dato permite dimensionar el impacto que tiene cada actualización tarifaria en el bolsillo de los usuarios, especialmente en quienes utilizan el colectivo todos los días para trabajar, estudiar o trasladarse dentro del AMBA.
Una discusión que sigue abierta
La diferencia entre el boleto visible y el costo real del sistema vuelve a poner sobre la mesa una discusión central: cuánto debe pagar el pasajero, cuánto debe cubrir el Estado y cómo se financia un transporte público que sea sostenible para las empresas pero accesible para los usuarios.
Si el boleto se llevara directamente al costo técnico sin subsidios, el impacto social sería enorme. Pero si las compensaciones no se actualizan al ritmo de los costos, el sistema acumula tensiones que pueden traducirse en reclamos empresarios, problemas de frecuencia, menor inversión o dificultades para renovar unidades.
Por eso, el número de $2.014 funciona como una especie de boleto oculto: no es lo que paga el pasajero al subir al colectivo, pero sí representa el costo que alguien debe cubrir para que el servicio siga funcionando.
En CABA, el usuario paga $788. El sistema, según el informe, cuesta más de $2.000 por viaje. La diferencia es el corazón de una discusión que atraviesa a todo el transporte público argentino.







