Hay historias del transporte argentino que parecen sacadas de una película. Cruzan rutas, mezclan nombres ilustres y dejan, con el paso del tiempo, una postal difícil de olvidar. Una de ellas tiene como protagonista a la histórica Línea 60, a la ciudad de Zárate y nada menos que a Juan Manuel Fangio, el quíntuple campeón mundial de Fórmula 1.
En tiempos en los que la Línea 60 extendía su presencia mucho más allá de los recorridos urbanos y suburbanos que hoy forman parte de la memoria colectiva del AMBA, hubo un servicio que quedó grabado en la historia: el que llegaba hasta Zárate.
La inauguración de ese recorrido se realizó en 1962 y fue todo un acontecimiento. No se trataba simplemente de sumar un nuevo destino, sino de poner en marcha una conexión importante para la época, con unidades especialmente preparadas para viajes de mayor distancia. Según recordaba Norberto, un exchofer de la línea, aquel día partieron desde Buenos Aires en caravana unos 20 vehículos de larga distancia, todos cero kilómetro y equipados con asientos reclinables.

“Era una cosa importante, allá nos estaba esperando hasta el intendente”, contó años después. La escena resume la magnitud de aquella jornada: colectivos nuevos, choferes alineados, autoridades esperando en destino y una expectativa que convertía al viaje inaugural en mucho más que un simple recorrido.
Pero el detalle que transformó esa inauguración en leyenda fue quién se sentó al volante del primer coche. El encargado de iniciar simbólicamente el servicio fue Juan Manuel Fangio, una de las máximas figuras del automovilismo mundial y orgullo argentino.
El “Chueco” no necesitaba presentación. Para entonces ya era una gloria viviente, admirado por su talento, su precisión y su capacidad única para dominar cualquier máquina. Por eso, verlo al mando de un colectivo de la Línea 60 rumbo a Zárate fue una imagen tan inesperada como inolvidable.
Claro que Fangio no completó todo el trayecto. Según el testimonio de Norberto, el campeón manejó apenas unas cuadras: “Salió de acá, hizo tres cuadras y después lo tomó el chofer oficial”. Pero alcanzó. Esas tres cuadras bastaron para que la historia quedara instalada para siempre en la memoria busóloga.

La anécdota cobra todavía más valor cada 24 de junio, cuando en Argentina se celebra el Día del Piloto en homenaje al nacimiento de Juan Manuel Fangio, quien nació el 24 de junio de 1911 en Balcarce, provincia de Buenos Aires. Una fecha que recuerda al hombre que llevó la bandera argentina a lo más alto del automovilismo, pero que también permite rescatar estas pequeñas grandes historias donde el mito se baja de la pista y se sube al colectivo.

Porque Fangio fue campeón en los circuitos más exigentes del mundo, pero también quedó unido, aunque sea por unas cuadras, a la historia de una de las líneas más emblemáticas del transporte argentino.
Y ahí aparece la magia de la nostalgia: imaginar aquella caravana de colectivos nuevos saliendo de Buenos Aires, el entusiasmo por llegar a Zárate, la expectativa de todo un pueblo esperando el servicio y, al frente de la fila, el quíntuple campeón del mundo tomando el volante de un 60.
Una escena breve, casi mínima, pero suficiente para convertirse en leyenda. Porque a veces la historia no necesita recorrer muchos kilómetros: con tres cuadras alcanza para quedar para siempre en la memoria.
CURIOSIDADES
- Este autobús es un Alfa Romeo 902 A Casaro Tubocar de principios de la década de 1950.
- Fue un modelo de autobús carrozado por Casaro en Italia, conocido por su diseño aerodinámico característico.
- Algunas unidades fueron importadas a Sudamérica, particularmente a Uruguay, por concesionarios como Ferruccio Guidi.
- Contaban con características avanzadas para la época, incluyendo asientos reclinables, calefacción y un motor de 6 cilindros capaz de alcanzar los 105 km/h.

En la siguiente imagen se lo ve a Juan Manuel Fangio al volante… en una foto que se convirtió en postal autografiada por él mismo.

A 115 años de su nacimiento, Fangio sigue siendo mucho más que una leyenda del automovilismo: es parte de la memoria popular argentina. Su historia se escribió en las pistas del mundo, pero también en escenas simples y entrañables como aquella, cuando por unas cuadras dejó de ser el campeón de la velocidad para convertirse en el primer conductor simbólico de un Línea 60 rumbo a Zárate.
Porque los grandes mitos no solo viven en los podios: también viajan, de vez en cuando, arriba de un colectivo.







