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Italia: Trieste Trasporti inauguró una nueva estación de carga para buses eléctricos con 14 puntos de recarga

La ciudad italiana acelera su transición hacia una flota urbana más limpia, con 25 eléctricos ya en servicio y un plan para superar las 130 unidades a batería hacia 2030

La electrificación del transporte público no depende solo de incorporar buses eléctricos. También exige preparar depósitos, redes de carga, obras civiles, planificación energética y nuevos esquemas de operación. En esa dirección avanzó Trieste Trasporti, operador de transporte público de la ciudad italiana de Trieste, con la inauguración de una nueva estación de carga para buses eléctricos en su depósito Broletto.

La nueva infraestructura fue puesta en marcha a mediados de mayo de 2026 y cuenta con 14 puntos de carga: 12 posiciones dedicadas a buses eléctricos dentro del predio principal y 2 puntos adicionales ubicados en el edificio contiguo Esercito. La obra forma parte de un programa más amplio de electrificación de flota e infraestructura impulsado por la compañía.

Una red urbana que empieza a cambiar de tecnología

Actualmente, 25 buses eléctricos ya circulan en la red urbana de Trieste. A esa flota se sumarán 15 unidades adicionales antes de septiembre de 2026, en el marco de una inversión superior a los 24 millones de euros.

El objetivo de Trieste Trasporti es mucho más ambicioso: la empresa proyecta adquirir 137 buses eléctricos a batería para 2030, una cifra que representaría más de la mitad de su flota total. De concretarse, la ciudad daría un salto significativo en la reducción de emisiones locales y en la modernización de su sistema de transporte urbano.

La apertura de la estación de carga en Broletto aparece, entonces, como una pieza clave dentro de ese proceso. No se trata únicamente de sumar cargadores, sino de preparar la base operativa para una flota que, en los próximos años, tendrá una presencia eléctrica cada vez mayor.

Depósitos: el nuevo corazón de la electromovilidad

La transición hacia buses eléctricos está transformando el rol tradicional de los depósitos. Antes, estos espacios estaban pensados principalmente para guarda, mantenimiento, limpieza y abastecimiento de combustible. Ahora, también deben funcionar como centros energéticos capaces de cargar decenas o cientos de unidades durante la noche o en ventanas operativas específicas.

En ese sentido, el caso de Trieste refleja una tendencia cada vez más visible en Europa: la infraestructura de carga comienza a planificarse en paralelo con la compra de vehículos. Sin cargadores suficientes, potencia disponible y obras adaptadas, la incorporación de buses eléctricos puede convertirse en un cuello de botella para la operación diaria.

La compañía también prevé ampliar su infraestructura a medida que crezca la flota. Según la información difundida, a fines de mayo comenzará una nueva intervención estructural en el depósito San Marco, ubicado en via Caduti sul Lavoro, con finalización prevista para 2028.

Nuevas licitaciones y horizonte 2030

Además de las obras en depósitos, Trieste Trasporti lanzó en febrero de 2026 una licitación para la compra de nuevos buses eléctricos. Este movimiento confirma que la estrategia no se limita a una incorporación puntual, sino que forma parte de una renovación progresiva de la flota.

El horizonte 2030 marca el ritmo de esa transformación. Con 137 unidades eléctricas previstas, la ciudad busca consolidar un modelo de transporte público más silencioso, eficiente y alineado con los objetivos ambientales europeos.

Para Trieste, el desafío será combinar tres variables al mismo tiempo: disponibilidad de vehículos, capacidad de carga e infraestructura de mantenimiento. La estación Broletto es uno de los primeros pasos visibles de ese camino.

Una postal del futuro eléctrico del transporte urbano

La inauguración de los 14 puntos de carga muestra que la electromovilidad ya dejó de ser una prueba aislada para convertirse en una etapa concreta de planificación urbana. En ciudades como Trieste, los buses eléctricos empiezan a ganar espacio no solo en las calles, sino también en los patios operativos donde se define buena parte de la eficiencia del sistema.

Cada nuevo cargador instalado es, en definitiva, una señal de hacia dónde se mueve el transporte público: menos emisiones locales, más tecnología en los depósitos y una operación cada vez más dependiente de la gestión inteligente de la energía.

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