La capital estonia volvió a poner en marcha su red de trolebuses con una flota renovada. Las primeras unidades operan desde julio en las líneas 84 y 85, mientras que el plan contempla 40 vehículos nuevos y una posible ampliación futura.
Tallin, la capital de Estonia, volvió a poner en servicio sus trolebuses con la incorporación de las primeras unidades nuevas de la flota Škoda-SOR. Desde el 1° de julio de 2026, los vehículos comenzaron a operar en las líneas 84, entre Keskuse y Baltijaam, y 85, entre Mustamäe y Baltijaam, marcando el regreso de este sistema eléctrico al transporte público de la ciudad.
La puesta en marcha llega después de la presentación oficial realizada el 8 de abril de 2026, que incluyó una primera prueba de manejo. A partir de ahora, la operación se irá ampliando de manera progresiva: desde agosto de 2026 está previsto que el servicio también se extienda a las líneas 81 y 83. Además, los nuevos trolebuses también circularán por la antigua línea 9, hoy identificada como línea 72, que estaba suspendida desde 2017. En ese recorrido, aproximadamente la mitad del trayecto se realizará en modo batería, sin necesidad de catenarias.
Una flota de 40 unidades nuevas
El plan de renovación contempla un total de 40 trolebuses nuevos para las calles de Tallin. La flota estará compuesta por 22 unidades articuladas Škoda 33Tr de 18 metros y 18 unidades Škoda 32Tr de 12 metros. Škoda aporta los componentes eléctricos, mientras que la carrocería está a cargo de SOR.
Los vehículos incorporan equipamiento eléctrico moderno basado en componentes IGBT, con diagnóstico y acceso remoto a los sistemas del trolebús. Uno de los puntos más importantes es la presencia de baterías de tracción de alta capacidad, que les permiten recorrer hasta 25 kilómetros sin conexión a la red aérea. Esto abre la posibilidad de extender recorridos más allá de la infraestructura electrificada existente, sin necesidad de instalar catenarias en todo el trayecto.
Durante la circulación por tramos con cableado aéreo, las baterías se recargan de manera gradual, combinando la operación tradicional del trolebús con una mayor autonomía fuera de línea. En el caso de los Škoda 33Tr articulados, las unidades contarán con dos ejes motrices, una solución pensada para mejorar la tracción en condiciones invernales y optimizar la maniobrabilidad.
Más accesibilidad y confort
La nueva generación de trolebuses también incorpora mejoras orientadas al usuario. Las unidades tendrán piso bajo integral, aire acondicionado, sistemas modernos de información al pasajero y conectividad Wi-Fi. Para agilizar el ascenso y descenso, estarán equipadas con puertas corredizas y rampa eléctrica para personas en silla de ruedas o pasajeros con cochecitos.
El contrato supera los 50 millones de euros e incluye soporte integral, mantenimiento y una opción para sumar otras 30 unidades, aunque esa ampliación todavía no fue ejercida. La orden original corresponde a Tallinna Linnatransport, operador del transporte público de la capital estonia.
De la suspensión al relanzamiento
La red de trolebuses de Tallin, inaugurada en 1965, venía siendo objeto de debate desde hacía tiempo. La continuidad del sistema estuvo en discusión, especialmente luego de suspensiones y reducciones de servicio. Sin embargo, la decisión final fue mantener y expandir la red, pero con una flota completamente renovada.
El caso de Tallin muestra una estrategia intermedia dentro de la movilidad eléctrica urbana: no se trata únicamente de reemplazar buses diésel por eléctricos a batería, sino de modernizar una infraestructura ya existente y combinarla con vehículos capaces de operar tanto conectados a la red aérea como en modo autónomo.
Una señal para otras ciudades
La vuelta de los trolebuses a Tallin confirma que esta tecnología sigue teniendo un lugar dentro de los sistemas modernos de transporte público. Con baterías de mayor autonomía, sistemas de carga en movimiento y recorridos flexibles, el trolebús actual ya no depende exclusivamente de una red rígida de catenarias.
Para ciudades que buscan electrificar sus flotas sin multiplicar al máximo la infraestructura de carga en terminales o cabeceras, el modelo de Tallin ofrece una alternativa interesante: aprovechar la red aérea existente, modernizarla y utilizar unidades con capacidad de circulación fuera de línea.
En un contexto global donde la movilidad urbana avanza hacia tecnologías cero emisiones, el regreso de los trolebuses en Estonia demuestra que algunas soluciones históricas pueden volver a ocupar un rol central cuando se combinan con innovación, baterías y planificación de red.







