La Secretaría de Transporte creó el Sistema Integral de Gestión Operativa, una plataforma que buscará ordenar recorridos, horarios, paradas, cabeceras y datos de funcionamiento de los servicios urbanos y suburbanos. La medida apunta a mejorar la fiscalización y convertir la información operativa en dato oficial.
El colectivo entra en una nueva etapa de control digital. A través de la Resolución 42/2026, publicada en el Boletín Oficial, la Secretaría de Transporte aprobó la creación del Sistema Integral de Gestión Operativa, conocido como S.I.G.O., una herramienta destinada a reunir, ordenar y fiscalizar la información real del transporte público automotor de pasajeros.
El nuevo esquema reemplaza al sistema de modernización creado en 2019 para la Región Metropolitana de Buenos Aires y se presenta como una evolución tecnológica de aquel modelo. Su objetivo central es que los datos sobre recorridos, ramales, horarios, paradas, cabeceras y parámetros operativos de cada línea puedan ser utilizados como información oficial para planificar, controlar y evaluar el servicio.
En la práctica, el S.I.G.O. buscará responder una pregunta clave para usuarios, empresas y organismos de control: ¿los colectivos circulan como dicen que circulan?
La plataforma trabajará junto con la información del Sistema Único de Boleto Electrónico, más conocido como SUBE. Según la resolución, los datos generados por el S.I.G.O. y los emitidos por SUBE serán considerados datos oficiales. Esto significa que podrán ser usados por la Secretaría de Transporte para la planificación del sistema y por la Comisión Nacional de Regulación del Transporte para tareas de control y fiscalización.
Uno de los puntos más importantes de la medida es que las empresas prestatarias deberán mantener actualizada la información operativa de sus servicios. Esto incluye recorridos, trayectos, paradas, horarios y otros parámetros definidos por la autoridad competente. Además, cuando existan herramientas para cargar o editar esa información, la CNRT podrá verificar que lo informado coincida con lo efectivamente declarado y autorizado.
La resolución también incorpora un nuevo manual de Buenas Prácticas Operativas, de cumplimiento obligatorio para las empresas de colectivos de jurisdicción nacional y para aquellas jurisdicciones que adhieran al sistema. El documento busca mejorar la calidad, integridad y trazabilidad de la información registrada, un punto clave en un sistema donde los datos de operación pueden marcar la diferencia entre un servicio planificado y uno que funciona con zonas grises.
El trasfondo de la medida no es menor. En los informes técnicos previos a la resolución se detectaron problemas vinculados con el bajo cumplimiento de ciertas prácticas operativas, especialmente en relación con las trazas y con la apertura y cierre de servicios en las cabeceras autorizadas. Traducido al lenguaje cotidiano del pasajero: recorridos que no siempre se cumplen como están aprobados, servicios que no arrancan o terminan donde corresponde, o información que no siempre refleja con precisión lo que ocurre en la calle.
Por eso, el nuevo sistema aparece como una herramienta para ordenar el mapa real del colectivo. No se trata únicamente de saber cuántas unidades tiene una empresa o qué ramales declara, sino de contar con información más precisa sobre cómo se presta efectivamente el servicio: desde dónde sale una unidad, por dónde circula, dónde finaliza, qué frecuencia cumple y cómo se relaciona esa operación con los datos de validación de SUBE.
Para los usuarios, el impacto podría sentirse en el mediano plazo. Si la información se actualiza y se fiscaliza correctamente, podría mejorar la confiabilidad de los datos sobre horarios, recorridos y paradas. También podría ayudar a detectar incumplimientos, ajustar servicios y transparentar situaciones que hasta ahora muchas veces quedaban limitadas al reclamo informal del pasajero.
Para las empresas, en cambio, el S.I.G.O. implica mayores obligaciones de carga, actualización y consistencia de datos. La operación cotidiana ya no solo será medida por la presencia de unidades en la calle, sino también por la calidad de la información que cada prestadora entregue y por la coincidencia entre lo declarado y lo efectivamente realizado.
El Gobierno sostiene que la medida forma parte de un proceso más amplio de transformación del transporte automotor, con el objetivo de actualizar el sistema, optimizar el uso de recursos públicos y mejorar la calidad del servicio. En ese camino, la tecnología aparece como una pieza central: no solo para pagar el boleto, sino también para saber cómo funciona realmente cada línea.
El S.I.G.O. no resolverá por sí solo los problemas históricos del transporte público, pero puede convertirse en una herramienta clave para reducir la discrecionalidad, mejorar la fiscalización y ordenar datos que hasta ahora estaban dispersos o incompletos.
En tiempos en los que los pasajeros miran aplicaciones, reclaman frecuencias y esperan información en tiempo real, el bondi también empieza a jugar otra carrera: la de la trazabilidad, la transparencia y el control digital.
La resolución completa







