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A 91 años de su muerte, Gardel sigue viajando por Buenos Aires: del Abasto al colectivo fileteado

Este 24 de junio se cumplen 91 años de la muerte de Carlos Gardel, pero en Buenos Aires su figura parece resistirse a quedar quieta. No está solamente en los discos, en las fotos sepia o en las placas conmemorativas: Gardel sigue apareciendo en las esquinas, en los murales, en los bares, en las estaciones de subte y también en una imagen profundamente porteña: un colectivo fileteado que lo homenajea desde la tapa de una revista.

El “Zorzal Criollo”, símbolo máximo del tango y mito popular argentino, vuelve a ser recordado en el barrio que lo adoptó como propio: el Abasto. Allí, donde la ciudad todavía conserva parte de su pulso más tanguero, distintas esquinas mantienen vivo su legado y permiten reconstruir una geografía sentimental gardeliana.

La infaltable figura de Carlos Gardel en el decorado del colectivo Línea 6 de La Perlita, en el Museo Mercedes-Benz de Alemania.

Uno de los puntos centrales de ese recorrido es la esquina de Pasaje Carlos Gardel y Anchorena, declarada oficialmente “Esquina Carlos Gardel”. Frente al viejo Mercado de Abasto, la estatua de bronce del cantor funciona como una postal inevitable para vecinos, turistas y amantes del tango. A pocos metros, la memoria se mezcla con la vida cotidiana del barrio, entre comercios, caminantes y fachadas que todavía parecen guardar ecos de otra Buenos Aires.

Otro punto clave es la estación Carlos Gardel de la línea B de subtes, ubicada en Corrientes y Agüero. Sus murales y referencias visuales transforman el viaje diario en una experiencia cultural. En ese cruce entre transporte público y memoria urbana, Gardel vuelve a aparecer como parte del paisaje: no como una figura lejana, sino como un vecino ilustre que sigue acompañando el movimiento de la ciudad.

Chevrolet restaurado de la Línea 109

El circuito gardeliano también pasa por Agüero y Humahuaca, donde la tradición oral ubica al antiguo bar O’Rondeman, señalado como uno de los espacios donde el joven Gardel habría cantado en sus comienzos. En Perón y Bulnes, el Bar Notable El Boliche de Roberto sostiene otra parte de esa mística: la del tango cantado de cerca, entre mesas, copas y generaciones que siguen buscando en esas paredes una conexión con el pasado.

Una de las obras que forman parte de la muestra del Instituto Cervantes de Beijing.

En Jean Jaurés y Zelaya se encuentra el Museo Casa Carlos Gardel, la vivienda que el artista compró para su madre y donde vivió durante parte de su vida. Recuperada como espacio de memoria, la casa permite acercarse al costado más íntimo del cantor: sus objetos, sus documentos, sus imágenes familiares y la historia de un hombre que se convirtió en leyenda.

Pero este aniversario también suma un homenaje con una mirada muy porteña y muy bondiera. La revista Gente lo recuerda con una tapa protagonizada por un colectivo fileteado, una imagen que une dos símbolos populares de Buenos Aires: el tango y el bondi. En la contratapa, la frase “hay colectivos con su sonrisa” condensa con simpleza poética esa idea de Gardel como una presencia que todavía ilumina la ciudad.

Pero el vínculo entre Gardel, Buenos Aires y el transporte público también tiene una postal histórica muy particular. El 2 de junio de 1977, la revista Gente lanzó un especial titulado “Carlitos Gardel como nunca se vio”, cuya portada mostraba al “Zorzal Criollo” fileteado sobre el interno 16 de la línea 24 de colectivos. En la contratapa, una frase completaba el homenaje con tono popular y porteño: “hay colectivos con su sonrisa”.

La elección no parece casual. El fileteado fue durante décadas una de las expresiones más reconocibles del transporte porteño: colores vivos, arabescos, frases ingeniosas, nombres propios, vírgenes, escudos, flores y retratos que convertían cada unidad en una obra rodante. En ese universo, Gardel encaja naturalmente. Su sonrisa, su voz y su estampa forman parte del mismo imaginario que decoró los frentes y laterales de tantos colectivos de Buenos Aires.

Así, el homenaje de Gente no solo recuerda al cantor: también recupera una estética popular ligada al movimiento, al barrio y a la calle. Porque Gardel no pertenece únicamente a los escenarios ni a los museos. También vive en esa Buenos Aires que se desplaza, que canta, que espera en una parada, que mira una fachada fileteada o que encuentra en un colectivo una postal emocional de la ciudad.

A 91 años de su muerte, Gardel sigue siendo presente. Está en el Abasto, en los murales, en los bares, en el subte, en las revistas y ahora también en un colectivo fileteado que parece llevarlo de vuelta por las calles porteñas. Como si Buenos Aires todavía lo escuchara pasar, con la misma certeza de siempre: cada día canta mejor.

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