El Gobierno provincial encargó un estudio técnico para analizar la viabilidad de reemplazar el diésel por gas natural comprimido en el transporte público del Gran Mendoza. La evaluación demandará entre 60 y 90 días y podría definir una nueva etapa en la movilidad sustentable de la provincia.
Mendoza avanza con un estudio clave para definir el futuro energético de su sistema de transporte público. A través del Ente de la Movilidad Provincial, el Gobierno provincial contrató un análisis técnico para evaluar si es viable reconvertir parte de la flota urbana de colectivos del Gran Mendoza al uso de Gas Natural Comprimido, una alternativa que ya cuenta con pruebas positivas en el sistema local y que promete reducir tanto los costos operativos como el impacto ambiental.
La iniciativa contempla una inversión oficial de $17.897.255,20 y fue adjudicada a la empresa Coyserv S.A. mediante la Resolución Nº 1520. El trabajo tendrá un plazo estimado de entre 60 y 90 días, período en el que se analizarán distintos aspectos técnicos, económicos, logísticos y de implementación para determinar si la reconversión puede avanzar a mayor escala.
El sistema urbano de pasajeros del Gran Mendoza cuenta actualmente con unas 1.300 unidades, número que marca la magnitud del desafío. La evaluación no implica una decisión ya tomada, sino un paso previo para saber si resulta conveniente reemplazar progresivamente el diésel por GNC en una parte más amplia del parque móvil. Desde el Gobierno remarcaron que todavía no existen conclusiones preliminares, justamente porque el objetivo del estudio es establecer con datos concretos qué tan viable sería avanzar con esa transformación.
Uno de los puntos centrales del análisis será el impacto económico. Según la información difundida, los colectivos impulsados a gas natural consumen cerca de un 30% menos por kilómetro en comparación con las unidades diésel. En un sistema donde el combustible representa uno de los componentes más sensibles del costo operativo, esa diferencia podría ser determinante para proyectar una flota más eficiente.
El otro eje será ambiental. Las unidades a GNC generan menores niveles de contaminación y ruido, lo que las convierte en una tecnología de transición frente al diésel tradicional. No se trata de una solución de cero emisiones, como ocurre con los colectivos eléctricos, pero sí de una alternativa que puede reducir la huella ambiental del transporte urbano mientras se evalúan otras tecnologías de mayor costo e infraestructura más compleja.
Mendoza ya tiene antecedentes concretos en este camino. Actualmente, unas 30 unidades a GNC forman parte de una prueba piloto iniciada el año pasado, cuyos resultados fueron calificados como positivos por el Gobierno provincial. Además, la provincia venía trabajando desde años anteriores con buses eléctricos y colectivos a gas, dentro de una estrategia más amplia vinculada al Plan de Sostenibilidad Ambiental 2030, impulsado desde 2016.
La experiencia mendocina incluye también la incorporación de colectivos 100% a GNC para la Sociedad de Transporte de Mendoza. En 2021, la provincia había anunciado la llegada de unidades con esta tecnología, sumadas a los colectivos eléctricos que ya operaban desde 2019. En aquel momento, el Gobierno destacó que los buses a gas podían reducir de manera significativa las emisiones frente a los motores diésel.
Otro antecedente importante fue la puesta en marcha de infraestructura específica para este tipo de vehículos. Mendoza inauguró una estación cautiva de GNC para colectivos destinada a abastecer unidades de la Sociedad de Transporte de Mendoza, ubicada en el predio de Rodeo de la Cruz. Esa instalación fue presentada como un avance logístico relevante para reducir traslados improductivos, mejorar la operación y facilitar el abastecimiento de una flota a gas.
Sin embargo, llevar esta tecnología a una escala mucho mayor supone desafíos más complejos. El estudio deberá responder si existe infraestructura suficiente para abastecer a una flota ampliada, qué inversiones serían necesarias, cómo impactaría la autonomía de las unidades en los recorridos actuales, qué modificaciones deberían hacerse en talleres y cabeceras, y cuáles serían los tiempos razonables para una reconversión progresiva.
También será clave definir si conviene convertir unidades existentes o avanzar con compras nuevas equipadas de fábrica para funcionar a GNC. La diferencia no es menor: una reconversión puede ser más rápida o menos costosa en determinados casos, pero una unidad diseñada originalmente para gas natural puede ofrecer mejores prestaciones, seguridad y vida útil operativa.
La decisión mendocina se da en un contexto en el que varias ciudades argentinas buscan alternativas al diésel para contener costos y reducir emisiones. Mientras algunas apuestan por buses eléctricos en corredores específicos, otras comienzan a mirar al GNC como una solución intermedia: más accesible que la electrificación total, con infraestructura energética disponible en el país y con beneficios económicos inmediatos frente al gasoil.
Para Mendoza, la discusión tiene un valor adicional. La provincia cuenta con una tradición de transporte diversificado, con presencia de colectivos urbanos, trolebuses, Metrotranvía, unidades eléctricas y buses a GNC. Ese recorrido previo le permite analizar la transición energética no como una novedad aislada, sino como parte de una política de movilidad que busca combinar eficiencia, sustentabilidad y viabilidad económica.
Por ahora, la palabra final la tendrá el estudio técnico. Si los resultados son favorables, Mendoza podría avanzar hacia una de las reconversiones energéticas más importantes del transporte urbano argentino, con un universo potencial de hasta 1.300 colectivos bajo análisis. Si los números no cierran, el informe servirá igualmente para ordenar prioridades, medir costos reales y definir qué tecnología conviene impulsar en los próximos años.
Lo concreto es que el debate ya está abierto: en tiempos de costos crecientes, restricciones presupuestarias y exigencias ambientales cada vez mayores, el futuro del colectivo urbano empieza a discutirse también desde el tipo de energía que lo mueve.







