A mediados del siglo XX, cuando el turismo urbano comenzaba a florecer tras la Segunda Guerra Mundial, surgió en la capital francesa un vehículo que se convertiría en uno de los autobuses más singulares de la historia: el Citroën U55 Currus Cityrama, un autobús de dos pisos diseñado específicamente para recorridos turísticos que desafiaba todas las convenciones del transporte colectivo.
Un diseño visionario y poco convencional
Encargado en 1956 por el operador turístico parisino Cityrama, este autobús de turismo fue construido por la carrocería francesa Currus sobre el chasis del camión Citroën U55, una plataforma de uso comercial de la época. Su objetivo era simple pero ambicioso: crear un autobús turístico que ofreciera una vista panorámica excepcional para los pasajeros y que no se pareciera a ningún otro vehículo de su tipo.

El diseño fue obra del ingeniero Albert Lemaître, quien dotó al Cityrama de una estructura de metal ligero que abrazaba el chasis con paneles de Plexiglás curvado casi desde el suelo hasta el techo, lo que convertía al vehículo en una especie de “invernadero rodante”. Una larga franja roja decorativa recorría su costado, que terminaba en un armazón que se arqueaba sobre ambos niveles del bus, y un aditamento puntiagudo sobresalía en la parte frontal, reforzando su aspecto retro-futurista y aerodinámico.
Cada asiento contaba incluso con auriculares individuales que permitían escuchar comentarios pregrabados en ocho idiomas distintos, una novedad técnica que mejoraba la experiencia turística a bordo.
Éxito inicial, problemas operativos y legado
El Cityrama fue un éxito visual inmediato, atrayendo a turistas y ciudadanos por igual gracias a su atrevida silueta, que a menudo aparecía en películas ambientadas en los años 50 y 60. Sin embargo, su innovador diseño también trajo consigo problemas operativos: la extensa superficie acristalada actuaba como un auténtico efecto invernadero bajo el sol parisino —ya que carecía de aire acondicionado— y los motores tendían a sobrecalentarse debido al peso extra y la pobre ventilación, obligando a añadir múltiples radiadores adicionales.

A pesar de los esfuerzos por solucionar estas fallas —incluida la instalación de radiadores adicionales y enfriadores laterales— el modelo fue finalmente descontinuado tras producirse el último de estos autobuses en 1959. La empresa encargó entonces un vehículo sucesor con diseño más convencional basado en el Saviem-Chausson SC1.
Un sobreviviente en restauración
Aunque muchos de los Cityrama se retiraron progresivamente del servicio —el último fue dado de baja en 1980—, solo una unidad construida en 1959 ha sobrevivido hasta nuestros días. Tras décadas almacenado, este último ejemplar pasó a manos de la Association Normande d’Anciens Utilitaires, que ha impulsado un proyecto de restauración para devolver al autobús parte de su antiguo esplendor y preservar un icono único de la historia del transporte turístico.
El Citroën U55 Currus Cityrama no solo representa una curiosidad mecánica, sino también un testimonio de la creatividad industrial de su época: cuando los buses turísticos se convirtieron en lienzos móviles de diseño, y la movilidad se fusionó con la experiencia cultural en las ciudades modernas.
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