Colectivos, trenes y subtes no lograron recuperar los niveles de demanda previos a 2020. Menores frecuencias, tarifas más altas, teletrabajo y nuevas alternativas de movilidad modificaron la forma de viajar en Buenos Aires.
La pandemia terminó, la actividad económica y social recuperó buena parte de su normalidad y millones de personas volvieron a trasladarse diariamente. Sin embargo, el sistema de transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires nunca recuperó completamente a los pasajeros que tenía antes de 2020.
Los colectivos, trenes y subtes del AMBA registran en conjunto una demanda cercana al 20% por debajo de los niveles prepandemia, en un escenario marcado por cambios de hábitos, incrementos tarifarios y problemas de frecuencia.
Los datos fueron analizados por Emmanuel Ferrario a partir de estadísticas oficiales y registros de SUBE difundidos por entidades del sector.
En el caso específico de los colectivos, la pérdida de pasajeros ronda el 19%.
Además, al comparar períodos equivalentes, el parque efectivamente utilizado para prestar servicios mostró una reducción del orden de 2.000 unidades.
Menos colectivos disponibles pueden derivar en mayores tiempos de espera y, a su vez, la menor previsibilidad termina afectando la demanda: cuando un pasajero no sabe cuánto demorará el próximo servicio, comienza a considerar otras opciones.
Trenes y subtes también perdieron usuarios
El fenómeno alcanza a prácticamente todos los modos masivos.
En los ferrocarriles, la situación varía de acuerdo con cada línea. Según los datos presentados, la demanda del Mitre se encuentra más de 40% por debajo de otros períodos comparables, mientras que el Sarmiento registra una disminución cercana al 30% y el Roca ronda el 20%.
Los problemas de mantenimiento, interrupciones y modificaciones temporales de recorridos aparecen entre los factores que afectan al sistema ferroviario.
El subte tampoco quedó al margen. Su demanda continúa muy por debajo de los niveles alcanzados años atrás.
El transporte pesa cada vez más en el bolsillo
El costo de viajar también aparece como un factor determinante.
La participación del transporte dentro de los gastos básicos de una familia aumentó con fuerza durante los últimos años.
El impacto se vuelve particularmente visible cuando viajan varias personas juntas. Un traslado de ida y vuelta para una familia de cuatro integrantes puede representar actualmente alrededor de $10.000, dependiendo de los medios utilizados y las distancias.
Eso también habría cambiado los patrones de viaje recreativos.
Los domingos, por ejemplo, la utilización del transporte público presenta una caída todavía mayor que durante los días laborales.
Motos, bicicletas, aplicaciones y teletrabajo
No toda la demanda perdida desapareció.
Parte de los pasajeros migró hacia otras alternativas: motocicletas, bicicletas, autos particulares, aplicaciones de transporte, viajes compartidos o incluso desplazamientos a pie.
El teletrabajo también modificó la movilidad.
Muchas personas ya no necesitan viajar cinco días por semana hasta el centro porteño, mientras que algunas actividades laborales se descentralizaron hacia otros puntos del área metropolitana.
El problema surge cuando el abandono del transporte masivo se traduce en más automóviles particulares circulando.
Un colectivo puede transportar decenas de pasajeros utilizando aproximadamente el mismo espacio vial que unos pocos automóviles. Si parte de esos usuarios cambia el colectivo por el auto, aumenta rápidamente la presión sobre calles y autopistas.
El desafío de coordinar todo el AMBA
El diagnóstico vuelve además sobre un viejo problema metropolitano: la fragmentación de las decisiones.
Colectivos, trenes y subtes atraviesan territorios administrados por Nación, la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia, además de numerosos municipios.
La ausencia de una autoridad metropolitana única dificulta coordinar tarifas, recorridos, frecuencias y combinaciones entre medios.
Recuperar pasajeros, por lo tanto, no dependerá únicamente del precio del boleto. Frecuencia, confiabilidad, velocidad, integración y calidad del servicio serán claves para determinar si el transporte público vuelve a ocupar el lugar que tenía antes de la pandemia.




