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El mapa antes y después del traspaso: Qué pasó con las 31 colectivos porteñas

A dos años de la transferencia de las líneas que circulan exclusivamente por la Ciudad de Buenos Aires, un nuevo balance permite dimensionar la reestructuración que atravesó la red. Cuatro líneas desaparecieron como servicios independientes, trece tuvieron modificaciones de recorrido o parámetros operativos y también se produjeron cambios de empresas. El proceso alcanzó, de una u otra manera, a buena parte de las 31 líneas transferidas.

La transferencia de las líneas de colectivos que circulan íntegramente dentro de la Ciudad de Buenos Aires no significó únicamente un cambio de jurisdicción. Dos años después, la red muestra una transformación mucho más profunda, con fusiones, modificaciones de recorridos, nuevos ramales y reorganizaciones empresariales.

Un relevamiento reconstruyó los principales movimientos registrados desde el traspaso y contabilizó 22 de las 31 líneas alcanzadas por algún tipo de cambio, es decir, aproximadamente siete de cada diez servicios transferidos.

La cifra, sin embargo, requiere una precisión: dentro de ese total se incluye el próximo cambio nominal de operador de la Línea 26, que todavía no se había efectivizado al momento de publicarse el informe. Por lo tanto, no todos los movimientos contabilizados pueden considerarse concluidos.

Cuatro líneas dejaron de existir como tales

Una de las modificaciones más visibles fue la desaparición de cuatro números históricos de la red porteña.

La Línea 6 fue parcialmente absorbida por la 50, la 23 por la 115, la 90 por la 151 y la 99 fue integrada a la 106.

Pero las cuatro operaciones no tuvieron el mismo resultado desde el punto de vista territorial.

Según el relevamiento, el recorrido de la antigua Línea 99 fue conservado prácticamente en su totalidad dentro de la 106, con algunas modificaciones menores. En cambio, en los casos de las líneas 6, 23 y 90, la absorción fue parcial y distintos sectores de sus antiguos recorridos dejaron de contar con la misma conexión directa que tenían anteriormente.

Esto convierte a las fusiones en algo más que un simple cambio de numeración: modificaron la estructura de viajes disponible para los pasajeros.

Trece líneas modificaron sus recorridos

Las absorciones también obligaron a alterar las trazas de las líneas que incorporaron parte de esos servicios.

En total, 13 líneas registraron cambios de recorrido o de parámetros operativos.

Entre ellas se encuentran las líneas 50, 106, 115 y 151, que fueron modificadas para incorporar total o parcialmente los servicios desaparecidos.

Pero también hubo modificaciones independientes.

La Línea 7 recortó su recorrido principal, extendió otro de sus ramales y creó uno nuevo; las líneas 12, 42, 61, 62 y 118 incorporaron nuevos ramales o variantes; la 47 modificó uno de sus recorridos y la 102 extendió su trazado. La 107, en tanto, registró modificaciones menores en sus parámetros operativos.

El resultado es una red porteña considerablemente diferente a la existente en el momento del traspaso.

Del cambio de recorrido al cambio de empresas

La transformación no ocurrió solamente sobre el mapa.

El relevamiento identifica también ocho líneas con cambios de tipo empresarial, aunque nuevamente existen diferentes situaciones.

Dos de los movimientos más importantes fueron cambios de control.

La Línea 4, anteriormente operada por Sol de Mayo dentro del grupo encabezado por Transporte Ideal San Justo, pasó en 2025 a manos de Juan B. Justo, empresa que hasta entonces controlaba la Línea 34.

Más recientemente, la Línea 109 fue adquirida por el Grupo Metropol junto con la Línea 181, aunque mantuvo inicialmente su razón social original.

En ambos casos, el cambio estuvo acompañado por inversiones en las flotas. La Línea 4 renovó sus unidades con vehículos seminuevos, mientras que la 109 comenzó un proceso de actualización con colectivos a GNC y eléctricos.

También se produjeron movimientos internos dentro de los propios grupos empresarios.

Dentro de DOTA, la Línea 7 pasó de 12 de Octubre a NUDO; la 23 pasó de Río Grande a TARSA antes de su integración con la 115; y las líneas 25 y 84 pasaron de General Tomás Guido a TARSA.

A esto se suma la Línea 151, que pasó de MODO a La Nueva Metropol.

En el caso de la Línea 26, el cambio de 17 de Agosto a su controlante Nuevos Rumbos estaba próximo a efectivizarse al momento del relevamiento, razón por la cual corresponde diferenciarlo de las operaciones ya concretadas.

Un cambio que fue mucho más allá del traspaso

Analizados individualmente, muchos de estos movimientos pueden parecer ajustes aislados.

Observados en conjunto, muestran algo diferente.

En apenas dos años, la transferencia abrió paso a una profunda reorganización de la red porteña: desaparecieron líneas, surgieron nuevos ramales, se recortaron o extendieron recorridos y avanzó un proceso de concentración y reorganización de operadores.

El dato de 22 líneas afectadas sobre un universo de 31 permite dimensionar esa transformación, aunque el número combina modificaciones de distinta naturaleza y contiene al menos un cambio todavía pendiente.

También muestra que la discusión no puede limitarse a cuántos números desaparecieron del mapa.

La pregunta central pasa por analizar qué conexiones fueron preservadas, cuáles fueron reemplazadas parcialmente, qué nuevos vínculos aparecieron y cuáles dejaron de existir.

El problema de mirar solamente los límites de la Ciudad

La reorganización deja además otro interrogante: cómo se coordinan las decisiones de la Ciudad con las líneas nacionales que ingresan a territorio porteño.

El informe cita un caso que expone el problema.

Para justificar la eliminación de la Línea 23, se había considerado que determinadas zonas seguían contando con la cobertura de la Línea 75. Pero, paralelamente, la jurisdicción nacional avanzó con la eliminación de esta última.

El resultado fue que un sector de Boedo que anteriormente disponía de ambas alternativas perdió las dos conexiones directas hacia Retiro.

El ejemplo expone una dificultad histórica del transporte del AMBA: las redes de colectivos, trenes y subtes funcionan como un único sistema para el pasajero, pero su planificación continúa repartida entre diferentes jurisdicciones.

Y ese problema adquiere todavía mayor relevancia en un escenario en el que tanto Nación como Ciudad están modificando recorridos.

Una nueva red que todavía está tomando forma

La transformación tampoco terminó.

La Ciudad avanza con la incorporación de los futuros servicios Trambús T1 y T2, que agregarán nuevas conexiones transversales y volverán a alterar el mapa de movilidad porteño.

Por eso, el balance de las 31 líneas transferidas funciona más como una fotografía de un proceso en marcha que como un resultado definitivo.

Dos años después del traspaso, la discusión ya no pasa únicamente por quién administra los colectivos porteños.

El verdadero cambio está ocurriendo sobre la red: qué líneas sobreviven, cuáles se fusionan, hasta dónde llegan, qué conexiones ofrecen y qué empresas terminan operándolas.

La transferencia administrativa fue el punto de partida. La reconstrucción de estos dos años muestra que, silenciosamente, también comenzó a dibujarse un nuevo mapa de colectivos para la Ciudad de Buenos Aires.

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