Antes de convertirse en uno de los rostros más reconocidos de la televisión argentina, el actor trabajó durante dos años como chofer de la Línea 71. Su padre también había sido colectivero y llegó a desempeñarse como inspector. Una historia en la que el transporte público aparece mucho antes de la fama.
Mucho antes de interpretar al recordado Conde Máximo Augusto Calderón de la Hoya en Floricienta y convertirse en uno de los galanes más populares de la televisión argentina, Fabio Di Tomaso manejaba un colectivo por las calles de Buenos Aires.
El actor volvió a recordar aquella etapa en un fragmento difundido por Implacables, donde contó que comenzó a conducir profesionalmente cuando tenía 21 años y destacó la influencia de su padre, quien también había sido chofer.
Una historia familiar ligada al colectivo
Para Di Tomaso, subirse a un colectivo no era ingresar a un mundo desconocido. Todo lo contrario.
Su padre había trabajado como colectivero y posteriormente como inspector, por lo que desde pequeño Fabio estuvo cerca de la actividad. Incluso solía acompañarlo y conocer desde adentro una profesión que años después terminaría ejerciendo él mismo.
Cuando cumplió 21 años obtuvo el registro profesional y comenzó a trabajar como chofer. Su destino fue la Línea 71, que realizaba el recorrido entre Villa Adelina y Plaza Once. Permaneció al volante aproximadamente dos años.
Para el futuro actor había, además, una especie de desafío personal.
“Yo vengo del mundo del colectivo”, explicó en otra entrevista al recordar que su padre había sido chofer e inspector de la línea. Manejar profesionalmente era una experiencia que sentía que tenía que atravesar, aunque paralelamente ya empezaba a construir otro camino: estudiaba teatro.
Chofer de día, estudiante de teatro
Mientras trabajaba en la Línea 71, Di Tomaso continuaba formándose como actor.
El teatro era su verdadero objetivo, pero necesitaba trabajar para sostenerse mientras estudiaba. A lo largo de aquellos años pasó por distintos empleos: además de colectivero, trabajó en una carpintería, cuidó una plaza y realizó otras tareas antes de poder dedicarse definitivamente a la actuación.
La experiencia detrás del volante, sin embargo, quedó especialmente marcada en su memoria.
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Di Tomaso definió en distintas entrevistas al trabajo del colectivero como sacrificado, exigente y necesitado de mucha paciencia. Años después todavía recordaba situaciones cotidianas del servicio, desde el trato con los pasajeros hasta aquellos tiempos en los que las máquinas expendedoras recibían monedas para emitir los boletos.
En otra aparición televisiva fue todavía más contundente y lo describió como un trabajo “súper estresante”, aunque también reconoció que conducir un colectivo podía resultar placentero y que conservaba buenos recuerdos de aquella época.
El inspector era su propio padre
La historia tenía una particularidad adicional.
Mientras Fabio manejaba, su padre trabajaba como inspector en Plaza Once. Así, durante un período ambos coincidieron dentro de la misma actividad, aunque cumpliendo roles diferentes.
La experiencia también terminó confirmando algo que su padre le había advertido: conducir un colectivo todos los días “no era para cualquiera”. Fabio tenía además otra inquietud y otro proyecto profesional que comenzaba a crecer en paralelo.
Finalmente dejó el volante para apostar definitivamente por la actuación.
De la cabecera de la 71 a la televisión
Después llegaron sus primeras experiencias frente a las cámaras, incluso realizando dramatizaciones televisivas mientras todavía intentaba abrirse camino en el ambiente artístico.
Más tarde aparecerían producciones como Resistiré, Padre Coraje y, finalmente, Floricienta, donde alcanzaría una popularidad masiva interpretando al Conde Máximo.
La televisión modificó por completo su vida, pero nunca borró aquellos años detrás del volante.
Y existe un detalle que todavía conecta ambas etapas: la Línea 71 sigue pasando cerca de su casa, según contó el propio actor al recordar su pasado como chofer.
Una historia poco conocida detrás de un rostro famoso
El caso de Fabio Di Tomaso suma así uno de esos inesperados cruces entre el mundo del espectáculo y la historia cotidiana del transporte público.
Antes de los estudios de televisión, las cámaras y los personajes que lo hicieron conocido, hubo horarios, pasajeros, vueltas completas, terminales y jornadas sentado frente al volante de un colectivo.
Y antes de ser para millones de espectadores “el Conde de Floricienta”, Fabio Di Tomaso fue, simplemente, el chofer de un Línea 71.







