Durante julio de 2026 se vendieron 118,1 millones de pasajes, un 19,1% menos que en el mismo mes de 2025. La caída fue especialmente profunda en las líneas provinciales bonaerenses y durante los domingos, mientras que la oferta de kilómetros se redujo en una proporción considerablemente menor.
El sistema de colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires registró durante julio de 2026 una fuerte contracción en la cantidad de pasajeros transportados. Según datos relevados por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), se vendieron 118,1 millones de pasajes, frente a los 146,1 millones contabilizados en julio de 2025.
La diferencia equivale a 28 millones de viajes menos en apenas un año y representa una caída interanual del 19,1%.
El retroceso alcanzó a las tres jurisdicciones que integran el sistema metropolitano, aunque su magnitud fue muy diferente. Las líneas que circulan dentro de la provincia de Buenos Aires sufrieron la reducción más importante, mientras que las transferidas a la Ciudad de Buenos Aires mostraron una disminución comparativamente menor.
La cantidad de pasajeros cayó más que la oferta
La pérdida de usuarios estuvo acompañada por una reducción de los kilómetros recorridos por los colectivos, aunque la baja de la oferta fue considerablemente más moderada.
Durante julio de 2025, las unidades del AMBA habían recorrido aproximadamente 28,6 millones de kilómetros. Un año después, esa cifra descendió a 26,1 millones, lo que representa una disminución del 8,9%.

La comparación muestra que la demanda cayó más del doble que los kilómetros ofrecidos: mientras los viajes se redujeron 19,1%, la oferta medida en kilómetros bajó 8,9%.
Esto significa que los colectivos continuaron circulando, en promedio, con una menor cantidad de pasajeros que un año atrás. El dato resulta relevante para las empresas porque afecta directamente la recaudación y la productividad de cada kilómetro operado.
También plantea un desafío para el equilibrio del sistema: una caída persistente de la demanda puede generar presiones para reducir servicios, pero una disminución de las frecuencias también podría volver menos atractivo al transporte público y profundizar la pérdida de usuarios.
La provincia concentró el mayor retroceso
El informe de AAETA permite observar importantes diferencias según la jurisdicción de las líneas, tomando como referencia el promedio de pasajeros transportados durante los días hábiles.
En los colectivos transferidos a la Ciudad de Buenos Aires, el promedio diario pasó de 781.136 pasajeros en julio de 2025 a 725.106 en julio de 2026. La disminución fue del 7,2%, la más moderada entre los tres grupos analizados.
Las líneas de jurisdicción nacional, que conectan distintos puntos del AMBA o atraviesan los límites entre la Ciudad y la provincia, pasaron de transportar un promedio de 3.253.375 pasajeros diarios a 2.844.497. La baja alcanzó el 12,6%.
La caída más fuerte se produjo en las líneas provinciales bonaerenses. El promedio descendió de 4.338.816 a 3.355.781 pasajeros por día hábil, una reducción del 22,6%.
En términos porcentuales, la pérdida de pasajeros en las líneas de la provincia fue más de tres veces superior a la registrada por los colectivos porteños.
Los domingos perdieron más de un tercio de los pasajeros
La contracción tampoco fue uniforme a lo largo de la semana. Durante los días hábiles, el promedio de pasajeros cayó de 8.373.327 a 6.925.384, lo que representa una disminución interanual del 17,3%.
Los sábados, la demanda pasó de un promedio de 5.619.989 viajes diarios a 4.425.631, con una baja del 21,3%.
El retroceso más pronunciado se observó los domingos. En julio de 2025 se registraban, en promedio, 3.185.224 pasajeros, mientras que durante el mismo mes de 2026 la cifra descendió a 2.046.404. La pérdida fue del 35,8%.
Es decir, el sistema dejó de transportar más de uno de cada tres pasajeros dominicales en apenas un año.
La diferencia puede estar vinculada con el comportamiento de los viajes no obligatorios. Mientras los desplazamientos por trabajo o estudio mantienen cierto nivel de rigidez, las salidas recreativas, familiares o comerciales pueden postergarse, reemplazarse por otros medios o directamente eliminarse frente al aumento del costo del transporte.
Las tarifas aumentaron hasta 117% en un año
La caída de pasajeros ocurrió en un contexto de fuertes incrementos tarifarios, especialmente en la provincia de Buenos Aires.
En julio de 2025, el boleto mínimo abonado con SUBE registrada costaba $451,01 en las líneas nacionales, $488,70 en los colectivos porteños y $489,61 en las líneas provinciales bonaerenses.
Doce meses después, los valores habían ascendido a $742,81 en los servicios nacionales, $820,99 en CABA y $1.063,98 en la provincia de Buenos Aires.
Los aumentos interanuales fueron del 64,7% en las líneas nacionales, del 68% en la Ciudad y del 117,3% en la provincia.
La jurisdicción que aplicó el mayor incremento tarifario fue también la que registró la caída más profunda de pasajeros: en los colectivos bonaerenses el boleto aumentó 117,3% y la demanda se redujo 22,6%.
La coincidencia no demuestra por sí sola una relación causal directa. La cantidad de viajes también puede estar afectada por la actividad económica, el empleo, el trabajo remoto, los cambios de hábitos, la calidad del servicio y la competencia de otros medios de movilidad.
Sin embargo, la magnitud de las diferencias vuelve relevante el contraste entre tarifas y demanda, especialmente porque el incremento del boleto fue mucho más pronunciado en la provincia que en CABA.
Una señal de alerta para la sustentabilidad del sistema
La pérdida de 28 millones de viajes en un año afecta tanto a los operadores como a las políticas públicas de transporte.
Una menor cantidad de pasajeros implica menos ingresos directos por tarifas y una ocupación inferior de las unidades. Si esa tendencia continúa, el sistema puede requerir mayores compensaciones, nuevas revisiones de costos o cambios en los mecanismos de remuneración de las empresas.
El escenario también reabre el debate sobre cómo financiar el transporte público y qué variable debería utilizarse para sostener la operación: pasajeros transportados, kilómetros recorridos, frecuencias efectivamente cumplidas o una combinación de estos indicadores.
La comparación entre CABA, las líneas nacionales y la provincia muestra, además, que el AMBA no funciona como un mercado uniforme. Las diferencias tarifarias y regulatorias dentro de una misma región metropolitana están produciendo resultados distintos sobre la demanda.
Los datos de julio dejan así una señal difícil de ignorar: los colectivos recorrieron 8,9% menos kilómetros, pero perdieron 19,1% de sus pasajeros. El desafío ya no pasa solamente por sostener la cantidad de unidades en circulación, sino por evitar que el transporte público continúe perdiendo usuarios y relevancia dentro de la movilidad metropolitana.







