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El GNC puede ser sólo el comienzo: la industria ya mira al biometano para los colectivos argentinos

Los colectivos a GNC comenzaron a multiplicarse en el AMBA y ExpoTransporte 2026 confirmó que la tecnología dejó de ser una experiencia aislada. Pero la industria ya empieza a mirar un paso más adelante: utilizar esos mismos desarrollos como puerta de entrada al biometano, un combustible renovable capaz de aprovechar residuos agrícolas, ganaderos e industriales. Scania llevó el tema directamente a la agenda de la exposición y otros fabricantes, como IVECO BUS, ya desarrollan en Argentina productos preparados para ambas alternativas.

Durante muchos años, hablar de colectivos a gas en la Argentina remitía inevitablemente a prototipos, pruebas o proyectos que aparecían y desaparecían sin conseguir continuidad.

En 2026, aquella fotografía comenzó a cambiar.

Los colectivos a Gas Natural Comprimido —GNC— dejaron de ser una rareza para comenzar a ocupar un espacio concreto dentro de las flotas del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Según registros oficiales correspondientes a mayo de 2026, solamente en las líneas bajo jurisdicción porteña había 187 colectivos a GNC sobre un parque de 1.612 vehículos, equivalente al 11,6% de la flota. A eso se sumaron posteriormente incorporaciones en otras líneas del AMBA que no necesariamente estaban reflejadas todavía en ese corte estadístico.

ExpoTransporte 2026 terminó de confirmar esa tendencia.

En La Rural pudieron verse diferentes productos impulsados a gas: desde el Agrale MT 17.0 GNC carrozado por TodoBus exhibido en el stand de Megacar hasta el King Long a GNC presentado por Pudong Motors, en una muestra donde esta fuente de energía compartió protagonismo con unidades eléctricas y nuevos desarrollos industriales.

Pero mientras el mercado argentino todavía comienza a acostumbrarse al GNC, la industria ya plantea una nueva pregunta:

¿qué viene después?

Del gas fósil al gas renovable

La respuesta que comenzó a aparecer con fuerza durante ExpoTransporte tiene un nombre: biometano.

Scania convirtió precisamente esa transición en uno de los temas de su participación en la exposición.

Durante la última jornada, Lucas Woinilowicz, gerente de Desarrollo de Negocios de Scania Argentina, encabezó la presentación titulada “Transporte sustentable: el gas como puerta de entrada al biometano”.

El título resume una estrategia que la compañía viene desarrollando desde hace tiempo.

La idea no consiste necesariamente en reemplazar inmediatamente todos los colectivos diésel por vehículos alimentados con biometano.

El primer paso puede ser construir una flota preparada para funcionar con gas.

Luego, cuando exista disponibilidad de combustible renovable, la misma arquitectura puede avanzar hacia el biometano sin tener que cambiar nuevamente de tecnología vehicular.

Scania explica que sus motores a gas funcionan con metano, por lo que pueden utilizar tanto gas natural como combustibles renovables derivados del biogás.

Ahí aparece la importancia estratégica del GNC.

Puede no ser solamente una alternativa al diésel.

También puede convertirse en la infraestructura inicial de una segunda transición energética.

¿Qué es el biometano?

El biometano se obtiene a partir del biogás generado mediante la descomposición de materia orgánica.

Residuos agrícolas, estiércol, desechos de la industria alimenticia, efluentes y residuos urbanos pueden convertirse en materia prima para producir energía.

El biogás resultante puede utilizarse directamente para generar electricidad y calor o someterse a un proceso de purificación para elevar su concentración de metano y transformarlo en biometano.

Ese combustible puede posteriormente emplearse en vehículos o incluso incorporarse a redes de gas bajo las condiciones técnicas correspondientes.

El propio INTA señala que el biogás puede ser refinado hasta convertirse en biometano y utilizarse como combustible vehicular o inyectarse en redes de gas natural. Argentina, además, cuenta desde hace años con normativa técnica vinculada a la calidad del gas que contempla el abastecimiento con biogás y biometano.

La diferencia fundamental está en su origen.

Mientras el gas natural proviene de reservas fósiles, el biometano puede producirse a partir de residuos orgánicos que forman parte de ciclos productivos existentes.

Por eso, la discusión ya no pasa únicamente por cambiar el combustible de un colectivo.

También aparece la posibilidad de conectar transporte, agroindustria, tratamiento de residuos y producción energética.

Un colectivo preparado para GNC puede abrir otra puerta

Desde el punto de vista del transporte, esta característica resulta particularmente interesante.

Scania sostiene que sus motores desarrollados específicamente para gas pueden utilizar gas natural o biometano y que, con combustible renovable, la reducción de emisiones de dióxido de carbono puede alcanzar valores de hasta aproximadamente el 90% frente a un diésel, dependiendo del ciclo considerado y del origen del combustible.

Esto modifica parcialmente la forma de observar las unidades a GNC que ya comienzan a circular.

Hoy pueden estar reemplazando gasoil por gas natural.

Pero técnicamente el camino no necesariamente termina allí.

Si en los próximos años aumenta la producción y disponibilidad de biometano, parte de esa infraestructura podría transformarse en una plataforma para incorporar progresivamente una fuente renovable.

De allí surge la expresión utilizada por Scania:

el gas como puerta de entrada al biometano.

Brasil ya está pasando de la teoría a los colectivos

A pocos kilómetros de la discusión argentina existe además un ejemplo concreto de hacia dónde puede evolucionar esta tecnología.

En Brasil, Scania y Marcopolo entregaron en marzo de 2026 los primeros colectivos articulados preparados para gas/biometano destinados al transporte público de Goiânia.

Las primeras ocho unidades forman parte de un programa mucho más ambicioso que prevé alcanzar 501 colectivos a biometano hasta 2027 para atender el sistema BRT de la capital de Goiás.

Y Scania continuó ampliando su oferta.

En agosto presentó junto a Caio un nuevo bus urbano de piso bajo preparado para gas natural o biometano, con capacidad para alrededor de 88 pasajeros y carrozable hasta aproximadamente 14 metros.

Brasil ofrece una condición especialmente favorable: una enorme disponibilidad potencial de residuos agrícolas, ganaderos y agroindustriales capaces de convertirse en combustible.

Argentina posee características productivas que también hacen relevante esa discusión.

La pregunta es cuánto de ese potencial podrá transformarse efectivamente en biometano disponible para transporte.

Argentina ya tiene una primera base: los colectivos a gas

Mientras esa infraestructura se desarrolla, el primer escalón ya comenzó a construirse.

Las líneas 65 y 151, por ejemplo, renovaron sus flotas con unidades a GNC y concentraban 60 y 77 vehículos respectivamente en el relevamiento porteño de mayo.

La Línea 109 aparecía entonces con 11 unidades a gas, mientras que también se registraban colectivos de esta tecnología en las líneas 44, 50, 76, 7, 108, 42, 106, 115, 12, 61, 62 y 64.

A ese mapa se agregaron incorporaciones posteriores.

Las líneas 39, 98 y 102, entre otras, sumaron colectivos Agrale carrozados por TodoBus impulsados a gas, mientras nuevos vehículos continuaron apareciendo durante los meses siguientes.

ExpoTransporte mostró esa evolución en un mismo espacio físico.

El TodoBus MT17 mostró que el GNC ya tiene producto nacional

Uno de los vehículos que sintetizó esa transición fue el Agrale MT 17.0 GNC carrozado por TodoBus exhibido en el stand de Megacar.

Su presencia resultó significativa porque mostró una solución desarrollada alrededor de la estructura tradicional de la industria argentina: fabricante de chasis, carrocera local y configuración específicamente pensada para el transporte urbano.

No se trató solamente de exhibir un combustible distinto.

El vehículo representó la posibilidad de que el cambio energético también pueda realizarse utilizando capacidades industriales instaladas en el país.

Y apenas unos metros más adelante aparecía otro fenómeno.

King Long mostró el otro camino

Pudong Motors presentó simultáneamente dos King Long.

Uno impulsado íntegramente a GNC y otro 100% eléctrico.

La imagen resultó casi simbólica.

Argentina no parece estar transitando hacia una única tecnología.

Por el contrario, comienzan a convivir distintos caminos: eléctricos para determinadas operaciones, GNC para otras y, potencialmente, biometano como evolución de aquellas flotas preparadas para gas.

Esa diversidad probablemente caracterice buena parte de la renovación del parque durante los próximos años.

IVECO también apuesta al mismo puente energético

Scania tampoco está sola en esta interpretación.

IVECO BUS llevó a LAT.BUS 2026 su BUS 170G21, desarrollado en Argentina y producido en Córdoba, preparado para funcionar tanto con gas natural comprimido como con biometano.

La compañía define su estrategia como multienergética y considera al gas natural y, especialmente, al biometano como alternativas capaces de acelerar la descarbonización del transporte latinoamericano utilizando tecnologías ya maduras.

El modelo argentino se encuentra además en proceso de validación para Brasil, donde su comercialización está prevista desde 2027.

Que dos fabricantes globales como Scania e IVECO BUS estén planteando simultáneamente la relación entre gas natural y biometano muestra que el concepto dejó de pertenecer exclusivamente a proyectos experimentales.

Comienza a formar parte del portfolio industrial.

El verdadero desafío puede no estar en el colectivo

Paradójicamente, el vehículo podría ser la parte más sencilla de la ecuación.

Los motores preparados para funcionar con gas y biometano ya existen.

También existen carrocerías, sistemas de almacenamiento y experiencias operativas.

El desafío siguiente será construir una cadena de producción, distribución y abastecimiento de biometano capaz de entregar el combustible en cantidad, calidad y precio competitivo.

Argentina posee materia prima.

El INTA destaca que residuos agrícolas, ganaderos e industriales pueden utilizarse para generar biogás y posteriormente biometano, mientras diferentes proyectos ya producen energía renovable utilizando esta clase de recursos.

Convertir ese potencial energético en combustible disponible regularmente para una flota urbana requiere otra escala.

Plantas productoras, tratamiento del gas, logística, contratos de suministro, estaciones de carga y una regulación capaz de acompañar el desarrollo.

Allí probablemente se juegue la segunda parte de esta historia.

Del surtidor de GNC al residuo transformado en combustible

La transición ofrece además una característica difícil de ignorar.

Un colectivo podría terminar siendo impulsado indirectamente por residuos que antes representaban un problema ambiental.

Desechos de establecimientos ganaderos, industrias alimenticias, rellenos sanitarios o plantas de tratamiento podrían convertirse en energía destinada al transporte público.

Es un modelo de economía circular que excede ampliamente al vehículo.

El colectivo pasa a convertirse en el último eslabón visible de una cadena que comienza mucho antes.

¿El GNC es entonces una tecnología de transición?

Probablemente ésa sea una de las preguntas más interesantes que dejó ExpoTransporte 2026.

Durante años, el debate parecía plantearse como una competencia directa:

diésel contra eléctrico.

Lo que comienza a observarse en Sudamérica es bastante más complejo.

Brasil desarrolla eléctricos, híbridos, etanol y biometano.

Argentina incorpora eléctricos mientras acelera una renovación a GNC y mantiene una fuerte capacidad industrial vinculada a chasis y carrocerías convencionales.

En ese escenario, el gas podría transformarse en algo más que un combustible alternativo.

Podría funcionar como tecnología puente.

Primero reemplazar parte del gasoil mediante GNC.

Después utilizar progresivamente biometano dentro de vehículos e infraestructura preparados para trabajar con metano.

Y hacerlo sin obligar necesariamente a reemplazar nuevamente toda la flota.

La segunda revolución del gas todavía está por comenzar

Por ahora, el gran cambio visible en las calles argentinas sigue siendo el GNC.

Los nuevos TodoBus, King Long y otras unidades que comenzaron a incorporarse al AMBA representan una transformación que apenas hace algunos años parecía difícil de imaginar.

Pero la presentación de Scania en ExpoTransporte introdujo una perspectiva distinta.

Quizás esos colectivos no representen el final del camino.

Quizás sean solamente el principio.

La primera etapa consiste en abandonar progresivamente una matriz prácticamente dominada por el gasoil y demostrar que un colectivo urbano puede operar normalmente con gas.

La segunda será determinar cuánto de ese gas puede dejar de provenir de una fuente fósil para comenzar a producirse a partir de residuos.

Si esa transición consigue escala, la próxima gran transformación energética del colectivo argentino podría ocurrir sin que desde afuera resulte evidente.

El vehículo podría ser prácticamente el mismo.

Lo que cambiaría sería aquello que entra en sus cilindros.

Del GNC al biometano: una segunda revolución del gas que la industria ya comenzó a poner sobre la mesa.

 

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