La Autoridad Metropolitana de Transporte de Nueva York —MTA— decidió moderar uno de sus principales programas de electrificación. El organismo avanzó con una modificación contractual que reduce de 380 a 295 el pedido de colectivos eléctricos de 12 metros encargado al fabricante estadounidense New Flyer.
Las 85 unidades eléctricas retiradas de la operación serán reemplazadas por colectivos diésel-eléctricos híbridos, una tecnología que permite disminuir el consumo de combustible y las emisiones, pero que no alcanza la condición de cero emisiones.
La modificación fue aprobada el lunes 27 de julio por el comité correspondiente de la MTA y deberá recibir la autorización definitiva de su directorio durante la reunión prevista para el miércoles 29.
Los nuevos vehículos, tanto eléctricos como híbridos, se entregarían entre abril y diciembre de 2028.
Problemas de confiabilidad en la flota eléctrica
La decisión está directamente relacionada con el desempeño de los 60 colectivos eléctricos de 12 metros que la agencia incorporó para evaluar la tecnología en condiciones reales de operación.
De acuerdo con información presentada ante los directivos de la MTA, estas unidades recorren en promedio unas 2.500 millas —aproximadamente 4.000 kilómetros— entre fallas importantes. Los colectivos diésel de la misma operadora alcanzan alrededor de 8.500 millas —13.700 kilómetros— antes de registrar inconvenientes equivalentes.
La comparación muestra que los eléctricos recorren menos de un tercio de la distancia conseguida por los diésel entre averías que obligan a retirar las unidades del servicio.

Entre los problemas detectados aparecen fallas mecánicas y eléctricas, dificultades para completar una jornada operativa con una sola carga, sobrecalentamiento de las baterías e inconvenientes en componentes auxiliares, incluidos sistemas vinculados con los frenos de aire.
New Flyer se comprometió a introducir modificaciones técnicas para mejorar el desempeño y la disponibilidad de los vehículos.
“Nuestra lección de esta experiencia es que debemos establecer un marco para evaluar el rendimiento de cada sistema de propulsión antes de avanzar completamente”, explicó Jessie Lazarus, responsable de adquisición de material rodante de la MTA, durante la reunión del comité.
Renovar la flota sin esperar la maduración tecnológica
La MTA enfrenta una doble necesidad. Por un lado, debe reemplazar colectivos que están llegando al final de su vida útil, calculada aproximadamente en 12 años. Por otro, necesita avanzar hacia una flota completamente libre de emisiones.
Esperar a que se resuelvan todos los problemas de la tecnología eléctrica podría retrasar la renovación y obligar a mantener en circulación unidades antiguas. La incorporación de 85 híbridos aparece, en ese contexto, como una solución transitoria para garantizar la disponibilidad de vehículos.
La agencia considera que reducir temporalmente el pedido eléctrico le permitirá comprobar las mejoras introducidas por New Flyer antes de autorizar la fabricación de una cantidad mayor.
El cambio también expone las limitaciones del mercado estadounidense. Los fondos federales suelen exigir el cumplimiento de las reglas de producción local conocidas como “Buy America”, que restringen la utilización de esos recursos para adquirir vehículos fabricados fuera del país. Esto dificulta recurrir a proveedores europeos o asiáticos que no cuenten con plantas industriales habilitadas en Estados Unidos.
La meta de cero emisiones continúa fijada para 2040
Pese al recorte, la MTA sostiene oficialmente su objetivo de transformar toda su flota de aproximadamente 5.800 colectivos en vehículos de cero emisiones para 2040.
El plan original contemplaba que cerca de 500 nuevos eléctricos comenzaran a incorporarse durante 2025 y 2026. Sin embargo, las demoras industriales, los problemas de confiabilidad y las dificultades relacionadas con las baterías y la infraestructura de carga obligaron a revisar el cronograma.
La decisión de reemplazar 85 eléctricos por híbridos no significa el abandono de la electrificación, pero sí representa una pausa concreta dentro de su implementación.
El caso neoyorquino muestra que la transición energética del transporte público no depende únicamente de comprar unidades. También requiere vehículos confiables, suficientes repuestos, personal capacitado, infraestructura eléctrica adecuada y fabricantes capaces de responder rápidamente cuando aparecen fallas.
Para una de las mayores operadoras de colectivos de Estados Unidos, el desafío será mantener el servicio cotidiano mientras intenta cumplir una meta ambiental que, por ahora, avanza más lentamente de lo previsto.
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