Neuquén sumó una experiencia distinta al transporte urbano: buses eléctricos, recorrido costero, bajo ruido y una dinámica que combina movilidad diaria con paseo turístico.
Subirse a un colectivo y sentir que el viaje se parece más a un paseo que a un traslado cotidiano. Esa es la experiencia que ya se vive en Neuquén con los nuevos buses eléctricos que comenzaron a circular por la ciudad y que, en poco más de un mes, ya transportaron a unos 10.000 pasajeros.
El servicio fue inaugurado oficialmente el 21 de mayo y forma parte de una propuesta que conecta distintos puntos de la capital neuquina con un recorrido atravesado por el paisaje del Paseo Costero, la Isla 132, el río Limay y la Península Hiroki. Según informó LM Neuquén, actualmente circulan ocho unidades eléctricas, de una flota total de diez, con dos coches de reserva permanente.
A diferencia de los colectivos convencionales, el gran protagonista de estos buses es el silencio. Al no contar con motor a combustión, las unidades circulan sin el ruido habitual del transporte urbano. Apenas se percibe el roce de los neumáticos sobre el asfalto y una señal sonora que advierte a peatones cuando el vehículo dobla o se aproxima en zonas de circulación compartida.
Un recorrido que cambió la forma de viajar
El trayecto une Parque Norte con la Península Hiroki, pasando por avenidas como Argentina y Olascoaga, además de la zona de la Isla 132. Aunque el servicio tiene un claro atractivo turístico, también comenzó a ser utilizado por vecinos que se trasladan hacia sectores laborales como el Polo Tecnológico.
La frecuencia varía entre 15 y 25 minutos, según el horario, y el servicio funciona de 7:30 a 21. El valor del pasaje es de $1.390 y también acepta la tarjeta de boleto estudiantil.
Cada unidad tiene capacidad para 20 personas, entre pasajeros sentados y de pie, y cuenta con una autonomía superior a los 200 kilómetros. La velocidad promedio informada ronda los 45 km/h, aunque en zonas del Paseo Costero el viaje se realiza a baja velocidad, permitiendo contemplar el entorno de manera más pausada.
“La gente viaja más alegre”
Uno de los aspectos más llamativos de esta nueva experiencia no pasa solo por la tecnología, sino por el clima que se genera arriba de las unidades. Rodolfo Blanco, uno de los choferes del servicio, contó a LM Neuquén que los pasajeros se comportan de otra manera: viajan más relajados, disfrutan el paisaje y muchos incluso se suben con la idea de pasear.
El conductor sostiene que, a diferencia de otras líneas urbanas donde el viaje suele estar atravesado por el apuro, el tránsito y las tensiones cotidianas, en estos colectivos se percibe otro ánimo. Familias que van a tomar mate, vecinos que se acercan a la isla y pasajeros que aprovechan el recorrido como una salida recreativa forman parte del nuevo paisaje urbano.
La puesta en marcha del servicio también permitió que personas sin auto puedan acceder a zonas que antes resultaban más difíciles de alcanzar. En ese sentido, el colectivo eléctrico no solo aparece como una novedad tecnológica, sino también como una herramienta de integración urbana.
Transporte público con perfil turístico
La experiencia neuquina muestra una tendencia que comienza a repetirse en distintas ciudades: el transporte público ya no se piensa únicamente como una forma de llegar de un punto a otro, sino también como parte de la experiencia urbana.
En este caso, los buses eléctricos combinan movilidad sustentable, conexión con espacios naturales y una nueva forma de habitar la ciudad desde el transporte. La ausencia de ruido, la vista al río y el ritmo más calmo del recorrido transformaron al servicio en una alternativa que se diferencia del colectivo tradicional.
A poco más de un mes de su lanzamiento, los números muestran una buena recepción: alrededor de 10.000 usuarios ya utilizaron el servicio. Para una flota chica y un recorrido todavía en etapa inicial, el dato marca un interés concreto por parte de vecinos y visitantes.
Neuquén, así, se suma al mapa de ciudades argentinas que empiezan a incorporar buses eléctricos a su sistema de transporte. Una transformación que no solo apunta a reducir emisiones y ruido, sino también a cambiar la experiencia cotidiana de viajar en colectivo.
Porque en este caso, el futuro del transporte urbano no solo se mueve con electricidad: también se escucha en silencio.







