El círculo crítico del AMBA: menos pasajeros, menos frecuencias y una brecha de $420 por viaje

El sistema de colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires vuelve a quedar bajo la lupa por la combinación de costos, ingresos, frecuencias y cantidad de pasajeros transportados.

La Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA) presentó una nueva actualización de su denominado Índice Bondi, con el que estima cuánto cuesta transportar a cada pasajero y compara ese valor con los ingresos que reciben las empresas mediante la tarifa abonada por los usuarios y los subsidios estatales.

Según el cálculo difundido por la entidad, trasladar a un pasajero tiene actualmente un costo de aproximadamente $2.440 con IVA, equivalente a $2.209 sin impuestos.

Del otro lado, los ingresos reconocidos por las estructuras oficiales —sumando tarifa y compensaciones— rondarían los $1.789 sin IVA.

La diferencia entre ambos valores alcanza entonces aproximadamente los $420 por cada pasajero transportado.

Una brecha del 23%

AAETA sostiene que los ingresos actuales deberían crecer alrededor de un 23% para alcanzar el costo que estima para la prestación del servicio.

El porcentaje requiere una aclaración: no significa que el boleto que paga el pasajero deba aumentar automáticamente un 23%.

La comparación contempla el financiamiento total recibido por las empresas, es decir, la combinación entre recaudación tarifaria y subsidios.

Los $420 representan aproximadamente un 23% respecto de los $1.789 que actualmente serían reconocidos como ingreso por pasajero.

También se trata de una estimación realizada por una entidad empresaria. Por lo tanto, sus valores deben diferenciarse de las estructuras oficiales de costos definidas por Nación, Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires.

El propio Índice Bondi realiza su comparación tomando esas estructuras oficiales y ponderándolas según los kilómetros recorridos dentro del AMBA.

Casi 12% menos pasajeros en un año

El segundo dato encendió otra señal de alarma.

Según la serie difundida por AAETA, entre enero y agosto de 2026 la cantidad de pasajeros transportados por los colectivos del AMBA se redujo aproximadamente un 11,8% respecto del mismo período de 2025.

Tomando 2015 como base 100, el indicador se ubicó en 65,5 puntos durante 2026, frente a 74,3 puntos en 2025.

Esto implica que actualmente la cantidad de pasajeros se encuentra alrededor de un 34,5% por debajo de los niveles de 2015.

El comportamiento también muestra una nueva tendencia descendente después de la recuperación posterior a la pandemia.

El índice había logrado alcanzar 83 puntos en 2023, pero luego retrocedió a 77,5 en 2024, 74,3 en 2025 y finalmente 65,5 durante los primeros ocho meses de 2026.

El círculo crítico del transporte

La combinación de ambos indicadores plantea uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente el transporte automotor metropolitano.

Con menos pasajeros, disminuye la recaudación generada por el sistema. Si al mismo tiempo los ingresos reconocidos por tarifa y subsidios quedan por debajo de los costos estimados, las empresas disponen de menos recursos para mantenimiento, renovación de unidades y sostenimiento de frecuencias.

AAETA vincula justamente la brecha económica con la reducción de frecuencias y el deterioro del servicio.

Allí aparece un potencial círculo crítico: menos pasajeros generan menos ingresos; menores ingresos pueden traducirse en menor oferta o calidad del servicio; y un servicio menos atractivo puede, a su vez, perder más usuarios.

Sin embargo, establecer cuánto de la caída de pasajeros responde específicamente a las frecuencias requiere un análisis más amplio: también intervienen factores como el precio del boleto, los cambios en los hábitos de movilidad, el trabajo remoto, la situación económica y la competencia con otros modos de transporte.

Lo concreto es que los datos difundidos muestran dos tendencias simultáneas: el sistema transporta considerablemente menos pasajeros que hace una década y, según las empresas, los recursos reconocidos todavía no alcanzan para cubrir el costo estimado de cada viaje.

Dos variables que vuelven a poner en discusión cómo se financia, qué nivel de servicio puede sostenerse y cuál será el equilibrio futuro de los colectivos del AMBA.

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