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Reclinar el asiento y perder un dedo: fallo judicial obliga a indemnizar a un pasajero

La Justicia responsabilizó a una empresa de transporte por un desperfecto en una butaca que terminó en una grave lesión. El caso reabre el debate sobre la seguridad en los servicios de pasajeros.

Un episodio tan cotidiano como intentar reclinar el asiento durante un viaje en colectivo derivó en un accidente grave y en una extensa batalla judicial que terminó más de una década después con una indemnización millonaria.

El hecho ocurrió en 2015, cuando un joven de 27 años, que se desempeñaba como psicólogo y realizaba una residencia profesional, sufrió una lesión severa al manipular el mecanismo de una butaca. Según se comprobó en la causa, la palanca del asiento presentó una falla y le provocó la amputación de la falange distal del dedo anular izquierdo.

Tras el accidente, el pasajero fue atendido de urgencia y debió someterse a una cirugía reconstructiva. Las pericias médicas posteriores determinaron que la lesión le dejó una incapacidad parcial y permanente del 1%, además de secuelas sensitivas en la zona afectada.

A partir de este cuadro, el damnificado inició una demanda civil por daños y perjuicios contra la empresa de transporte y su aseguradora. En primera instancia, el Juzgado Civil y Comercial N°16 de La Plata falló a su favor y consideró que el servicio de transporte implica una obligación de seguridad hacia los pasajeros, responsabilizando a la compañía por el estado de la unidad.

El fallo inicial fijó una compensación económica dividida en dos rubros: una suma por daño físico y otra por daño moral. Sin embargo, la decisión fue apelada por las partes involucradas, lo que derivó en una revisión del caso por parte de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de La Plata.

En esta instancia, los jueces confirmaron la responsabilidad de la empresa y mantuvieron el resarcimiento por las lesiones físicas, pero consideraron excesivo el monto asignado al daño moral, por lo que resolvieron reducirlo. De esta manera, la indemnización final quedó fijada en una cifra menor a la original, aunque igualmente significativa, con actualización e intereses.

El caso pone nuevamente en el centro de la escena la responsabilidad de las empresas de transporte en garantizar condiciones seguras durante el viaje. Más allá de tratarse de un hecho puntual, el fallo refuerza un principio clave: cualquier falla técnica dentro de una unidad puede derivar en consecuencias graves y generar obligaciones legales para los operadores del servicio.

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