Desde la “oficinita” de Revista Colectibondi: Crear, compartir y sobrevivir a los críticos de las redes sociales

Una puerta de colectivo, una imagen creada con inteligencia artificial y algunos comentarios en Instagram pueden parecer una anécdota menor. Sin embargo, detrás de ese intercambio aparece una discusión mucho más interesante: ¿Cuándo una crítica aporta y cuándo se transforma simplemente en una descalificación del trabajo ajeno?

Todo comenzó con una puerta…

Sí, una puerta. O, mejor dicho, con la cantidad de puertas que tenía uno de los colectivos que imaginamos mediante inteligencia artificial para una de nuestras publicaciones.

En Revista Colectibondi venimos experimentando con una serie de imágenes que proponen algo tan sencillo como entretenido: imaginar cómo serían los colectivos de Buenos Aires si fueran diseñados por grandes marcas automotrices.

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No estamos presentando prototipos homologados, planos de ingeniería ni vehículos listos para circular. Estamos jugando con la creatividad, la tecnología y una pasión que compartimos con miles de lectores: los colectivos.

La propuesta despertó curiosidad, entusiasmo, comentarios, sugerencias y, por supuesto, críticas.

Una de ellas señalaba un detalle del diseño. Hasta ahí, absolutamente válido. Las herramientas de inteligencia artificial todavía cometen errores y nosotros también podemos equivocarnos al utilizarlas. Por otro lado, hay detalles que son de tercer o cuarto orden, es decir, no son primordiales para la idea del artículo que queremos publicar.

El problema no era la observación. El problema fue el tono elegido para realizarla, acompañado de una descalificación sobre la calidad del trabajo. Y así, una simple puerta terminó abriendo una discusión mucho más grande.

Bienvenidos a nuestra “oficinita”

En medio del intercambio apareció una expresión que nos resultó particularmente interesante: nuestra supuesta “oficinita”, ese lugar imaginario donde, según el comentario, nos dedicamos a hacer “dibujitos con inteligencia artificial”.

Nos gustó tanto la descripción que decidimos tomarla prestada para titular estas líneas. Porque sí, desde nuestra “oficinita” hacemos muchas cosas.

Investigamos, buscamos información, contrastamos fuentes, seguimos las novedades del transporte, desarrollamos contenidos, revisamos fotografías, reconstruimos historias, diseñamos herramientas digitales y experimentamos con nuevas tecnologías desde hace más de 20 años.

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También cometemos errores. Como cualquier persona que trabaja, produce y publica. Lo que probablemente no se ve desde una pantalla es todo el proceso que existe antes de presionar el botón de publicar.

Detrás de una noticia puede haber horas de investigación. Detrás de una fotografía, una historia. Detrás de una herramienta digital, muchísimas pruebas. Y detrás de una imagen generada con inteligencia artificial, una idea, instrucciones, correcciones, decisiones y, a veces, una buena cantidad de intentos fallidos.

¿Eso significa que todo lo que hacemos está bien? Por supuesto que no. Significa, simplemente, que hay trabajo detrás. Y que ese trabajo merece el mismo respeto que cualquier otro.

Criticar es fácil. Construir es otra historia.

Las redes sociales tienen algo maravilloso: permiten que cualquier persona opine, participe y comparta conocimientos.

En una comunidad como la nuestra, donde conviven conductores, mecánicos, empresarios, aficionados, fotógrafos, historiadores y trabajadores del transporte, esa posibilidad es especialmente valiosa.

Muchas veces, nuestros propios lectores nos ayudan a corregir datos, identificar vehículos, reconstruir recorridos o descubrir historias que desconocíamos. Eso es comunidad. Eso es aportar.

Pero también existe otra forma de participación, cada vez más frecuente: la crítica que no busca mejorar nada, sino descalificar.

No es lo mismo escribir “ese colectivo debería tener otra configuración de puertas” que afirmar que quienes realizaron el trabajo deberían tomarse el tiempo para hacer algo bueno.

La primera observación puede abrir una conversación interesante. La segunda desplaza el debate desde el contenido hacia las personas. Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, importa.

No se trata de exigir elogios, de pretender que todos estén de acuerdo ni de considerar ofensiva cualquier opinión negativa. Se trata de comprender que la libertad de opinar no está reñida con la responsabilidad de elegir cómo nos dirigimos a los demás.

La inteligencia artificial no reemplaza las ideas

Hay otro aspecto que merece una reflexión. En los últimos tiempos, la inteligencia artificial se convirtió en una herramienta cada vez más presente en la producción de contenidos.

Para algunos representa una oportunidad extraordinaria. Para otros genera desconfianza, rechazo o preocupación. Todas esas posturas merecen ser escuchadas.

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Pero reducir cualquier creación realizada con estas herramientas a la expresión “dibujitos con IA” supone desconocer parte del proceso creativo. La inteligencia artificial puede generar imágenes, pero no decide por sí sola qué historia queremos contar, qué colectivo queremos imaginar ni qué propuesta queremos compartir con nuestra comunidad.

Y aunque su utilización no garantiza calidad, tampoco la invalida automáticamente. En Revista Colectibondi no pretendemos que una imagen conceptual sea confundida con una fotografía real ni con un diseño industrial definitivo.

Buscamos explorar posibilidades, despertar conversaciones y ofrecer contenidos diferentes dentro de una temática que nos apasiona. A veces acertaremos. Otras veces habrá que corregir una puerta, una ventanilla, una proporción o un detalle de carrocería. Y no tenemos ningún inconveniente en hacerlo. Porque experimentar también implica equivocarse.

Detrás de cada pantalla hay una persona

El intercambio que inspiró esta columna también dejó otra enseñanza. Cuando una conversación comienza a subir de tono, es muy fácil que todos terminen respondiendo desde el enojo o la ironía.

Y nosotros tampoco estamos exentos de eso. En alguna respuesta pudimos haber llevado la discusión a un terreno demasiado personal. No hace falta justificarlo: una crítica desafortunada no convierte automáticamente en acertada cualquier contestación.

Es importante reconocerlo porque el respeto que reclamamos también debemos practicarlo. Trabajar desde una redacción, una oficina, un taller o desde casa, también. Ninguna ocupación es superior a otra por el lugar donde se desarrolla.

Y ninguna trayectoria, por extensa que sea, debería utilizarse como argumento para desacreditar el trabajo de los demás. La experiencia puede enriquecer una conversación. El desprecio, difícilmente.

¿Y si utilizáramos las redes para construir un poco más?

Imaginemos por un momento que cada observación viniera acompañada de una explicación, una propuesta o un dato útil.

Que quien conoce de carrocerías compartiera sus conocimientos. Que quien conduce colectivos aportara su experiencia. Que quien disfruta del diseño propusiera mejoras. Y que quienes publicamos contenidos mantuviéramos la disposición a escuchar y corregir…

Probablemente tendríamos conversaciones muchísimo más interesantes. No se trata de eliminar la crítica ni de convertir las redes sociales en un espacio donde solamente se permitan felicitaciones. Todo lo contrario.

Una comunidad crece cuando puede discutir, disentir y cuestionar sin necesidad de humillar a nadie.

Esa es la diferencia entre una crítica que construye y una descalificación que solamente busca provocar.

Seguiremos haciendo “dibujitos”

Volvamos entonces a nuestra famosa “oficinita”. Desde acá seguiremos informando sobre el transporte, recuperando historias, compartiendo fotografías, desarrollando proyectos y experimentando con nuevas tecnologías. También seguiremos haciendo esos “dibujitos” que tanto debate generan.

Algunos gustarán. Otros no. Algunos necesitarán correcciones y seguramente aparecerán lectores capaces de señalar detalles que se nos escaparon. Bienvenidos sean.

Porque Revista Colectibondi no se construye solamente desde una redacción. También se construye con los conocimientos, los recuerdos, las fotografías y los aportes de quienes forman parte de esta comunidad.

Lo que no queremos naturalizar es que para opinar sea necesario ridiculizar el esfuerzo ajeno. Y si algo nos dejó este pequeño episodio es una certeza: a veces, una puerta mal resuelta en una imagen puede abrir una conversación mucho más importante que el diseño original.

«Desde nuestra “oficinita” vamos a seguir creando. Con errores, con aciertos, con tecnología y, sobre todo, con ganas de hacer cosas nuevas. Porque siempre habrá alguien dispuesto a señalar lo que falta. Lo verdaderamente interesante es animarse a hacer algo para que exista».

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