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Córdoba renovó otra subestación que alimenta a sus trolebuses

TAMSAU y EPEC finalizaron la renovación de la Subestación N.º 2, ubicada en la Plaza de las Infancias Cordobesas. La obra incluyó nuevo equipamiento de protección, transformación, medición y maniobra en media tensión, además del recambio de cables subterráneos. Es la segunda subestación modernizada dentro de un programa que apunta a renovar progresivamente la red eléctrica del sistema de trolebuses, inaugurado en 1989.

Cuando se habla de renovar un sistema de transporte eléctrico, la atención suele concentrarse en los vehículos.

Nuevos trolebuses. Baterías. Motores. Catenarias.

Pero para que una unidad pueda moverse existe detrás una infraestructura eléctrica mucho menos visible que resulta igual de importante.

Córdoba acaba de completar otra etapa de renovación de esa red: TAMSAU y la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC) finalizaron la modernización de la Subestación N.º 2, ubicada en la Plaza de las Infancias Cordobesas.

La intervención forma parte de un convenio entre ambas compañías destinado a reemplazar progresivamente las subestaciones que alimentan eléctricamente al histórico sistema de trolebuses de la capital provincial.

Y aunque desde la calle probablemente nada haya cambiado a simple vista, debajo y dentro de esas instalaciones se encuentra parte de la infraestructura que hace posible que los trolebuses continúen circulando.

Qué se renovó en la Subestación N.º 2

Según informó la Municipalidad de Córdoba, los trabajos comprendieron una remodelación de la instalación de media tensión correspondiente a los sistemas de protección, transformación, medición y maniobra.

El equipamiento existente fue reemplazado por tecnología más moderna y compacta, con el objetivo de mejorar las condiciones operativas y aumentar la confiabilidad de la alimentación eléctrica.

También hubo trabajos fuera de la propia cámara eléctrica.

La intervención incluyó excavaciones y recambio de cables subterráneos, además de tareas de poda sobre árboles próximos a la subestación. Todo el proceso se desarrolló bajo las normas de seguridad de EPEC para instalaciones de media tensión.

La obra, además, pudo ejecutarse sin interrumpir la operación habitual del sistema, según la información municipal.

Qué hace una subestación en un sistema de trolebuses

El trolebús cordobés recibe electricidad a través de una catenaria formada por dos cables aéreos, de los cuales las unidades toman energía mediante sus dos astas. El sistema funciona en la ciudad desde el 7 de mayo de 1989.

Pero esa electricidad no llega directamente desde la red general hasta los cables del trolebús sin una infraestructura intermedia.

Las subestaciones forman parte de esa cadena.

Allí se encuentran equipos destinados a recibir, transformar, proteger, medir y distribuir la energía necesaria para alimentar diferentes sectores de la red.

De manera simplificada, puede pensarse así:

red eléctrica → subestación → sistema de alimentación → catenaria → trolebús.

Por eso una falla en este punto puede tener consecuencias mucho mayores que un problema en una única unidad.

Un trolebús averiado afecta a ese vehículo.

Una falla importante en la alimentación eléctrica puede comprometer simultáneamente a parte de la red.

Cuando una subestación falla, los trolebuses pueden desaparecer de la calle

Córdoba ya tuvo una demostración concreta de esa dependencia.

En marzo de 2025, Colectibondi informó que TAMSE debió suspender temporalmente el servicio de las líneas A, B y C de trolebuses debido a una falla eléctrica en una subestación que abastecía el área céntrica.

Durante la interrupción, los recorridos tuvieron que ser cubiertos mediante colectivos convencionales.

No hay información que vincule aquel episodio específicamente con la Subestación N.º 2 renovada ahora.

Pero el antecedente permite comprender por qué modernizar esta infraestructura no es una obra secundaria.

La confiabilidad eléctrica es una parte directa de la confiabilidad del transporte.

Si falla la alimentación, tener los trolebuses disponibles en la cochera no alcanza.

La N.º 2 es la segunda renovación reciente

La intervención anunciada en septiembre continúa un proceso que había mostrado su primera gran etapa meses atrás.

En mayo quedó operativa la Subestación N.º 3, ubicada en barrio General Paz.

En aquella ocasión se realizó una remodelación integral de los sistemas de protección, transformación y medición y se reemplazaron instalaciones que formaban parte de la infraestructura original del sistema inaugurado en 1989.

La inversión informada para esa obra fue de $27.604.397.

Es importante separar ambos proyectos.

La Municipalidad no informó públicamente cuánto costó la renovación de la Subestación N.º 2.

Por lo tanto, los $27,6 millones difundidos anteriormente no corresponden a la obra finalizada ahora, sino exclusivamente a la Subestación N.º 3.

Una red de siete subestaciones

Cuando se anunció la renovación de la N.º 3, la Municipalidad explicó que el convenio contemplaba posteriormente la modernización de otras seis subestaciones que integraban la red de alimentación de los trolebuses.

Eso permite dimensionar el programa completo: el sistema dispone de siete instalaciones dentro de ese plan de renovación.

Con la N.º 3 y ahora la N.º 2 ya intervenidas, Córdoba avanzó sobre dos puntos de esa infraestructura.

Si el esquema originalmente anunciado se mantiene sin modificaciones, quedarían otras cinco por modernizar.

El comunicado más reciente confirma que el convenio continúa contemplando el reemplazo progresivo del resto de las subestaciones, aunque no detalla cuál será la próxima ni establece un calendario público de ejecución.

Infraestructura que puede tener casi cuatro décadas

Este punto agrega otra dimensión a la obra.

El sistema de trolebuses cordobés fue inaugurado en 1989, inicialmente con vehículos soviéticos ZiU y una infraestructura diseñada para aquella primera etapa de operación.

La Municipalidad confirmó expresamente que parte del equipamiento retirado de la Subestación N.º 3 pertenecía a aquella infraestructura original.

Eso significa que algunos componentes del sistema eléctrico estuvieron asociados durante décadas con una red que fue modificándose, reparándose y adaptándose mientras los vehículos también cambiaban.

Los ZiU soviéticos fueron acompañados posteriormente por unidades articuladas y, desde 2000, por trolebuses Norinco de fabricación china.

Pero detrás de esas distintas generaciones de vehículos continuó existiendo una infraestructura fija cuya renovación resulta mucho menos visible que el reemplazo de una flota.

Más compacta no significa simplemente más chica

La Municipalidad destaca que los nuevos equipos ocupan menos espacio.

A primera vista podría parecer una ventaja menor.

Pero la evolución de la tecnología eléctrica permite integrar en instalaciones más compactas funciones que anteriormente requerían equipamiento de mayor volumen.

Eso puede facilitar tareas de operación, mantenimiento y acceso dentro de instalaciones donde el espacio físico es limitado.

La comunicación oficial sostiene que la modernización mejora las condiciones operativas y la confiabilidad del suministro.

Sin embargo, hay una precisión necesaria.

No se publicaron indicadores que permitan medir todavía cuánto mejoró esa confiabilidad.

No hay datos oficiales sobre reducción porcentual de fallas, ahorro energético, disminución de interrupciones o variaciones en costos de mantenimiento.

Por ahora, esos beneficios forman parte de los objetivos técnicos declarados de la obra y deberán comprobarse mediante la operación futura.

Tampoco se informó ahorro energético

La palabra “eficiente” aparece en la descripción municipal del nuevo equipamiento.

Pero eficiencia puede referirse a distintos aspectos.

Puede significar mejor aprovechamiento del espacio, menor complejidad de operación, tecnología de transformación más moderna o menores pérdidas eléctricas.

El comunicado no publica mediciones comparativas entre la instalación anterior y la nueva.

Por eso no sería correcto afirmar, por ejemplo, que la renovación permitirá ahorrar una determinada cantidad de kilovatios-hora o reducir un porcentaje específico del consumo.

Lo confirmado es que se incorporó tecnología moderna y más compacta destinada a optimizar el funcionamiento eléctrico y fortalecer la confiabilidad del suministro.

La ventaja particular del trolebús

La infraestructura fija puede parecer una desventaja frente a un colectivo eléctrico a batería.

Un e-bus puede desplazarse sin depender permanentemente de cables aéreos.

El trolebús, en cambio, necesita una red de alimentación distribuida a lo largo de su recorrido.

Pero esa misma característica tiene una contrapartida.

Mientras está conectado, el vehículo obtiene la energía necesaria para circular directamente desde la infraestructura de la ciudad y no necesita depender exclusivamente de una enorme batería embarcada para completar toda su jornada.

En Córdoba, las dos astas mantienen el contacto con los cables de la catenaria y permiten que la red eléctrica forme parte permanente del sistema de propulsión.

En ese modelo, invertir en subestaciones no es únicamente mantener una instalación antigua.

Es renovar una de las partes fundamentales del sistema energético del vehículo.

La electromovilidad no empieza en el colectivo

La obra cordobesa resulta particularmente interesante en un momento en que numerosas ciudades discuten la incorporación de buses eléctricos.

Habitualmente el debate comienza por el vehículo.

Cuánto cuesta.

Cuánta batería tiene.

Qué autonomía alcanza.

Cuánto tarda en cargar.

Pero cuanto mayor sea la electrificación de una red, mayor importancia adquiere todo lo que existe detrás.

Subestaciones.

Transformadores.

Cableado.

Cargadores.

Catenarias.

Potencia disponible.

Protecciones.

Sistemas de control.

Una flota de vehículos eléctricos puede ser nueva y moderna, pero si la infraestructura que la abastece es insuficiente o poco confiable, la calidad del servicio seguirá estando condicionada.

Córdoba tiene una ventaja particular en ese terreno: posee desde hace 37 años una red de transporte eléctrico alimentada desde infraestructura fija.

Lo que está haciendo ahora es empezar a renovar parte de esa base.

Un sistema que también forma parte de la identidad cordobesa

Los trolebuses comenzaron a funcionar en Córdoba el 7 de mayo de 1989 y forman parte de uno de los pocos sistemas de este tipo que continúan operando en Argentina.

Además, desde sus comienzos tuvieron una característica singular: su conducción estuvo históricamente a cargo de mujeres.

Las líneas A, B y C se convirtieron con el paso de las décadas en parte habitual del paisaje urbano.

Pero esa continuidad también implica sostener instalaciones que envejecen.

Modernizar los vehículos sin renovar simultáneamente la red eléctrica terminaría dejando una parte central del sistema anclada tecnológicamente en otra época.

De la Subestación N.º 3 a la N.º 2

El plan empieza a mostrar una secuencia.

Primero fue la N.º 3 en barrio General Paz.

Ahora, la N.º 2 en la Plaza de las Infancias Cordobesas.

Las dos intervenciones comparten una misma lógica: reemplazar equipos eléctricos antiguos, incorporar soluciones más compactas y mejorar la capacidad operativa de la infraestructura que alimenta a los trolebuses.

Todavía queda por conocer cuándo comenzarán las siguientes renovaciones, cuánto costará completar toda la red y qué componentes de las restantes instalaciones pertenecen todavía a las primeras etapas del sistema.

Esos datos permitirían dimensionar realmente el tamaño del programa.

Lo que no se ve también mueve al colectivo

La modernización de la Subestación N.º 2 probablemente pase desapercibida para la mayoría de los pasajeros.

No incorpora un nuevo recorrido.

No cambia el diseño exterior de los trolebuses.

No agrega una pantalla dentro del vehículo.

Ni siquiera resulta especialmente visible desde la vereda.

Pero eso no la vuelve menos importante.

En marzo de 2025, una falla eléctrica fue suficiente para retirar temporalmente de circulación a las líneas de trolebuses y obligar a reemplazarlas por colectivos.

Ese antecedente resume por qué la infraestructura eléctrica merece tanta atención como los propios vehículos.

Córdoba está modernizando ahora una red que comenzó a construirse junto con el sistema en 1989.

Y en un momento en el que muchas ciudades empiezan a descubrir los desafíos de abastecer flotas eléctricas, la capital cordobesa recuerda una lección que sus trolebuses conocen desde hace décadas:

la movilidad eléctrica no funciona solamente con motores eléctricos. También necesita una red capaz de alimentarlos todos los días.

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