Accesibilidad también es entender el viaje: qué exige España y qué podemos comparar con Argentina

España aprobó un nuevo reglamento de accesibilidad cognitiva que incorpora obligaciones específicas para el transporte público. Paradas, estaciones, recorridos y vehículos deberán ser más fáciles de comprender; la orientación tendrá que apoyarse en información escrita, sonora o táctil, y los servicios de atención deberán disponer de sistemas de comunicación aumentativa y alternativa. La norma entrará en vigor el 2 de enero de 2027 y establece una adaptación progresiva de señales y avisos, con un plazo máximo de 15 años.

Subir a un colectivo no consiste solamente en poder atravesar la puerta.

También hay que saber qué línea tomar, dónde esperar, hacia dónde circula, dónde bajar, cómo pedir ayuda y qué hacer cuando el recorrido cambia.

España acaba de llevar esa idea al plano normativo mediante el Real Decreto 707/2026, que aprobó el Reglamento de las condiciones básicas de accesibilidad cognitiva y dedica específicamente su artículo 8 al transporte. La disposición fue fechada el 2 de septiembre, publicada un día después en el Boletín Oficial del Estado y comenzará a regir el 2 de enero de 2027.

La novedad amplía el concepto tradicional de accesibilidad.

Durante décadas, buena parte de las políticas vinculadas con el transporte se concentraron en eliminar barreras físicas: piso bajo, rampas, ascensores, espacios para sillas de ruedas o superficies táctiles.

El nuevo reglamento español introduce otra pregunta:

¿de qué sirve poder entrar físicamente a una estación o a un colectivo si después resulta difícil entender cómo utilizarlo?

Paradas y colectivos que puedan entenderse

El artículo 8 establece que estaciones, paradas, recorridos y vehículos, además de las indicaciones sobre entradas, llegadas, salidas y trayectos, deben ser de uso fácil, intuitivo y comprensible.

La frase parece sencilla, pero aplicada al transporte puede modificar muchos elementos cotidianos.

El número y destino de una línea.

Los diagramas de recorrido.

Los carteles de una estación.

Las pantallas interiores.

Los avisos de próxima parada.

La identificación de los andenes.

Las instrucciones para realizar una combinación.

Incluso la forma en que se comunica un desvío o una interrupción.

La accesibilidad cognitiva busca que toda esa información pueda comprenderse también cuando una persona tiene dificultades relacionadas con la comprensión, memoria, lenguaje, orientación o comunicación.

Y el propio reglamento utiliza una definición amplia: las dificultades cognitivas pueden derivarse de una discapacidad, pero también de la edad, situaciones de salud, analfabetismo, factores socioeconómicos o incluso del desconocimiento del idioma.

Eso convierte a estas medidas en herramientas potencialmente útiles para una población bastante mayor que la estrictamente identificada con una discapacidad intelectual.

No todo debe comunicarse de una sola manera

Otro punto central es el formato de la información.

España establece que deberán adoptarse medidas para facilitar la orientación mediante señalización en formatos escritos, de audio o táctiles, además de atender condiciones sensoriales vinculadas con iluminación, acústica y ventilación.

La lógica es que una indicación importante no dependa exclusivamente de una única capacidad.

Por ejemplo, un aviso de próxima parada puede aparecer en una pantalla y anunciarse mediante audio.

Una dirección dentro de una terminal puede combinar texto, flechas, colores y pictogramas.

Determinados sectores pueden incorporar referencias táctiles.

El reglamento general establece además que la información cognitivamente accesible puede presentarse mediante texto, pictogramas, sonido, apoyos visuales, recursos táctiles o herramientas tecnológicas.

No se trata entonces simplemente de “poner más carteles”.

El desafío es diseñar mejor la información.

Qué es la accesibilidad cognitiva

La propia norma española la define alrededor de tres grandes dimensiones: comprender la información, comunicarse con el entorno y poder desarrollar actividades dentro de él con mayor autonomía.

Para conseguirlo incorpora conceptos como lenguaje claro, lectura fácil, lenguaje sencillo, pictogramas y sistemas de orientación espacial.

El lenguaje sencillo, por ejemplo, busca evitar textos innecesariamente complejos mediante frases cortas, palabras habituales y reducción de siglas o términos difíciles.

La lectura fácil va más lejos: utiliza pautas específicas de redacción, diseño y validación para personas con dificultades de comprensión lectora.

Los pictogramas, por su parte, representan visualmente objetos, espacios, acciones o situaciones.

Aplicado a un colectivo, el concepto puede abarcar desde un símbolo que indique “solicitar parada” hasta una secuencia gráfica que explique cómo subir, validar la tarjeta, ubicarse y bajar.

También habrá sistemas para quienes tienen dificultades para comunicarse

La normativa no se limita a la orientación.

Las oficinas y servicios de información ubicados en infraestructuras de transporte deberán disponer, para quienes los necesiten, de sistemas de comunicación aumentativa y alternativa.

Estos sistemas permiten complementar o sustituir la comunicación oral mediante distintos recursos.

Pueden incluir tableros con pictogramas, dispositivos electrónicos, aplicaciones o mecanismos especialmente diseñados para facilitar el intercambio de información.

El objetivo es que una persona que no pueda comunicarse fácilmente mediante el habla tradicional pueda, por ejemplo, explicar adónde necesita viajar, consultar un recorrido o pedir asistencia.

Es un cambio importante de enfoque.

La accesibilidad ya no depende solamente de que el usuario consiga adaptarse al sistema.

El sistema también debe adaptarse a diferentes maneras de comprender y comunicarse.

Los 15 años no significan “esperar hasta 2042”

Hay una precisión fundamental en el Real Decreto.

La norma establece que los principios y requisitos aplicables a señales y avisos en el acceso y utilización de los medios de transporte deberán implementarse progresivamente y, en cualquier caso, dentro de un plazo máximo de 15 años.

También establece que deberán priorizarse las infraestructuras con mayor tránsito.

Pero esto no significa que España haya postergado durante quince años toda la accesibilidad cognitiva del transporte.

El plazo se refiere específicamente al proceso de adaptación de señales y avisos mencionado en el primer apartado del artículo 8.

El mismo artículo enumera a continuación otras obligaciones sobre facilidad de uso, orientación y sistemas de comunicación.

Por eso, presentar la noticia como “España tendrá 15 años para adaptar el transporte” sería demasiado amplio.

La norma plantea una implantación progresiva, no una fecha única a partir de la cual recién comience a aplicarse todo.

Primero, donde viaja más gente

El criterio de priorización también resulta interesante para ciudades grandes.

España establece expresamente que deberán abordarse primero las infraestructuras de transporte con mayor tránsito.

Esto permite imaginar una adaptación escalonada.

Grandes estaciones ferroviarias.

Terminales.

Intercambiadores.

Paradas de elevada demanda.

Corredores metropolitanos.

Posteriormente, la implementación podría avanzar sobre infraestructuras con menor utilización.

El objetivo parece ser evitar que un plazo muy extenso termine justificando que todos los trabajos queden relegados hasta los últimos años.

España también quiere unificar los pictogramas

Existe otro punto particularmente relevante para comparar con Argentina.

El Real Decreto ordena al Centro Español de Accesibilidad Cognitiva crear un grupo técnico destinado a elaborar un catálogo de referencia de pictogramas para señalización.

La propuesta deberá realizarse dentro de los tres años posteriores a la publicación de la norma, y el catálogo será público y gratuito.

La intención es tender hacia símbolos reconocibles y utilizados de manera consistente.

Porque existe un problema sencillo: si cada empresa, ciudad o estación inventa sus propios pictogramas, la accesibilidad puede terminar convirtiéndose en otra barrera.

Un símbolo útil debería significar lo mismo en distintos lugares.

Ferrocarriles y aeropuertos tendrán además un diagnóstico específico

La norma agrega otra medida.

Dentro de los dos años posteriores a la entrada en vigor, el Ministerio competente en transporte deberá elaborar un informe sobre accesibilidad cognitiva de instalaciones aeroportuarias y ferroviarias.

El análisis deberá observar especialmente señalización, información oral y escrita, entorno construido y apoyos disponibles, además de formular recomendaciones de mejora.

Incluso podrá estudiar una eventual unificación de especificaciones técnicas cuando sea compatible con las normas ferroviarias europeas.

Es decir, el reglamento no sólo establece principios generales: también obliga a revisar cómo se están comunicando actualmente dos de las principales redes de transporte.

¿Y qué está haciendo Argentina?

La comparación más cercana está en la Provincia de Buenos Aires.

En julio, Colectibondi informó sobre la Ley provincial 15.613, que obliga a las empresas bajo jurisdicción bonaerense a incorporar pictogramas en los colectivos para facilitar el acceso a la información de personas con dificultades en la comunicación y el lenguaje verbal.

La norma bonaerense también prevé pictogramas en terminales y paradas de los municipios que adhieran y exige formación específica para los conductores de transporte público en el trato hacia personas con discapacidad.

Existe, por lo tanto, una coincidencia evidente.

Ambos marcos empiezan a reconocer que la información del transporte también puede constituir una barrera.

Pero el enfoque español es más amplio en algunos aspectos.

No se queda únicamente en pictogramas: incorpora comprensión de recorridos, comunicación escrita, sonora y táctil, sistemas aumentativos y alternativos, principios de lenguaje sencillo y diseño de orientación.

España y Buenos Aires: dos aproximaciones diferentes

No corresponde presentar ambas normas como equivalentes.

Actúan en escalas territoriales, jurídicas e institucionales diferentes.

España establece condiciones básicas de alcance nacional dentro de un reglamento general de accesibilidad cognitiva.

La Provincia de Buenos Aires modificó específicamente su legislación de transporte para incorporar señalización visual accesible y capacitación.

Pero compararlas permite identificar elementos que podrían complementarse.

La experiencia bonaerense pone un foco fuerte en pictogramas y formación del conductor.

La española desarrolla con mayor detalle la idea de orientación, comprensión multimodal e información accesible durante todo el viaje.

Juntas ayudan a mostrar que la accesibilidad cognitiva no depende de una única solución.

El colectivo debería poder explicarse solo

Pensemos en un pasajero que nunca utilizó una determinada línea.

Tiene que identificar la parada correcta.

Confirmar que el colectivo va hacia su destino.

Entender dónde validar el boleto.

Reconocer dónde debe ubicarse.

Saber cómo solicitar la parada.

Detectar cuándo está llegando.

Y eventualmente comprender qué hacer si existe un desvío.

Para una persona habituada al sistema, todos esos pasos pueden parecer automáticos.

Para otra persona pueden constituir siete barreras consecutivas.

Ahí está el cambio conceptual de la nueva regulación.

La accesibilidad cognitiva intenta que el viaje no necesite ser aprendido previamente ni dependa permanentemente de pedir ayuda a otra persona.

El propio Real Decreto coloca entre sus principios el uso intuitivo y sencillo, la información perceptible, la autonomía, la orientación y la tolerancia al error.

También beneficia a quien nunca recibió un diagnóstico

Hay además un efecto que excede a la discapacidad.

Un turista que no habla el idioma.

Una persona mayor.

Un niño que comienza a viajar solo.

Alguien que llega por primera vez a una enorme terminal.

Un pasajero nervioso porque debe realizar una combinación desconocida.

Todos pueden beneficiarse de un sistema con pictogramas comprensibles, instrucciones claras, colores consistentes y avisos visuales y sonoros.

Es uno de los principios clásicos del diseño universal: una adaptación creada inicialmente para eliminar una barrera específica termina haciendo más sencillo el servicio para prácticamente todos.

Una parada accesible no es solamente una rampa

Durante años, al hablar de una “parada accesible” se pensó fundamentalmente en infraestructura física.

Vereda.

Rampa.

Altura del cordón.

Espacio para silla de ruedas.

Todo eso sigue siendo imprescindible.

Pero la accesibilidad cognitiva agrega otra capa.

¿Se identifica claramente qué colectivos paran allí?

¿Puede comprenderse hacia qué dirección circulan?

¿El recorrido está representado de manera sencilla?

¿Las próximas paradas pueden identificarse?

¿Existe información comprensible cuando el servicio cambia?

¿Una persona puede utilizar el sistema sin depender permanentemente de alguien que le explique qué hacer?

España acaba de convertir parte de esas preguntas en requisitos regulatorios.

El desafío no será poner pictogramas: será conseguir que funcionen

La experiencia que empieza a construirse en ambos lados del Atlántico deja además un desafío.

No basta con llenar colectivos y estaciones de símbolos.

Un pictograma que nadie comprende es sólo otro dibujo.

Un cartel accesible ubicado fuera del campo visual deja de ser accesible.

Un anuncio sonoro ininteligible no resuelve el problema.

Y utilizar diferentes símbolos para una misma acción puede aumentar la confusión en lugar de reducirla.

Por eso el reglamento español introduce también la idea de validación, promoviendo cuando sea posible la participación de personas con dificultades cognitivas en la verificación y seguimiento de las soluciones adoptadas.

Ese probablemente sea uno de los aspectos más interesantes para cualquier implementación argentina.

No preguntarse únicamente si la señalización fue colocada.

Preguntarse si realmente se entiende.

Accesibilidad también es saber viajar

España comenzará a aplicar el nuevo reglamento el 2 de enero de 2027.

Buenos Aires, mientras tanto, ya incorporó a su legislación provincial pictogramas y formación vinculada con discapacidad para el transporte público.

Son procesos diferentes, pero ambos apuntan hacia una discusión que probablemente gane cada vez más espacio.

El colectivo accesible del futuro no será solamente aquel que permita subir a cualquier pasajero.

También tendrá que permitirle entender dónde está, adónde va y qué tiene que hacer durante el viaje.

Porque poder entrar a un colectivo es accesibilidad física.

Poder utilizarlo de manera autónoma, comprenderlo y llegar al destino también es accesibilidad.

 

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