La radiografía elaborada por AAETA muestra un sistema de enorme cobertura territorial, integrado por cerca de 3.000 ómnibus y 100 empresas. Sin embargo, la demanda permanece lejos de sus máximos históricos, la flota se redujo y la antigüedad de las unidades aumentó.
El transporte de pasajeros por ómnibus de larga distancia sigue siendo una de las redes más extensas y capilares de la Argentina. Aunque perdió participación frente al automóvil y al avión, continúa llegando a lugares donde ninguna otra modalidad de transporte público ofrece una conexión directa.
De acuerdo con la radiografía elaborada por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor, los servicios nacionales vinculan directamente a 763 ciudades. Esto representa aproximadamente el 84% de los poco más de 900 núcleos urbanos existentes en el país.

Si también se contabilizan pueblos y asentamientos que no alcanzan formalmente la categoría de ciudad, la cobertura supera las 2.500 localidades. Las redes provinciales completan el entramado y permiten conectar, mediante combinaciones, a los puntos que no cuentan con servicios nacionales.
Detrás de esa cobertura funcionan alrededor de 100 empresas, cerca de 3.000 unidades y una red estimada en 53.000 kilómetros. El sector opera aproximadamente 1.000 líneas nacionales de cabotaje y otras 113 internacionales.
Cada ómnibus recorre, en promedio, unos 180.000 kilómetros por año: el equivalente a casi 493 kilómetros diarios. La capacidad media es de 52,4 butacas y la flota sostiene unos 15.000 puestos de trabajo directos, aproximadamente cinco trabajadores por vehículo.
Una caída que comenzó mucho antes de la pandemia
El problema central que revela el informe no nació con el Covid-19. La disminución de pasajeros es una tendencia de largo plazo.
En 2006, el transporte de larga distancia alcanzó un máximo de 53,1 millones de pasajeros. En 2011 todavía movilizaba 52,7 millones. Para 2019, antes de la pandemia, el volumen ya había caído hasta los 28,4 millones.
En 2023 se contabilizaron 23,2 millones de pasajeros. Esto representa una reducción del 56,3% frente al máximo de 2006 y del 18,2% en comparación con 2019.
La pandemia profundizó una crisis que ya estaba en marcha. En 2020, con los servicios prácticamente paralizados durante nueve meses, la demanda cayó a 8,1 millones de pasajeros. En 2021 subió a 11,4 millones y en 2022 alcanzó los 23,1 millones.
Pero la recuperación se estancó. Entre 2022 y 2023 la cantidad anual de pasajeros aumentó apenas 0,4%.
Un 2023 partido en dos
La estabilidad anual esconde dos comportamientos completamente diferentes.
Durante el primer semestre de 2023 viajaron 12,7 millones de personas, 20,1% más que en el mismo período de 2022 y apenas 4,2% menos que en 2019. Abril y mayo incluso superaron los registros prepandemia.
En la segunda mitad del año, la tendencia se revirtió. Entre julio y diciembre se transportaron 10,5 millones de pasajeros: 16,2% menos que en 2022 y 30,5% por debajo de 2019.
El último trimestre fue especialmente débil. La demanda retrocedió 21,6% frente a 2022 y 27,9% en comparación con el período prepandemia.
Menos ómnibus y una flota más antigua
La contracción también aparece en el parque móvil. En 2015 había 4.107 ómnibus activos. Ocho años después quedaban 2.975, una reducción de 1.132 unidades, equivalente al 27,6%.
La menor cantidad de vehículos permitió ajustar la oferta a la caída de pasajeros, pero también estuvo acompañada por un envejecimiento de la flota.

La antigüedad media pasó de 4,9 años en 2010 a ocho años en 2021. En mayo de 2023 había bajado a 7,7 años, todavía lejos de los cinco años considerados deseables por AAETA.
La renovación se derrumbó durante la pandemia: se incorporaron 45 unidades en 2020 y 72 en 2021, frente a las 494 registradas en 2017. En 2022 hubo una recuperación, con 191 vehículos, mientras que hasta mayo de 2023 se habían contabilizado 79.
El avance del avión
La transformación del mercado también puede observarse en la distribución modal. En 1996, los ómnibus representaban más del 84% de los pasajeros que utilizaban colectivos, aviones y trenes para viajar dentro del país.
En 2023 esa participación se ubicó alrededor del 55%. El avión concentró cerca del 40% y el tren aproximadamente el 5%, considerando la definición más restringida utilizada por AAETA en su comparación anual.
Entre 1996 y 2023, el volumen de pasajeros aéreos aumentó aproximadamente 186%, mientras que la cantidad transportada por los ómnibus se redujo casi a la mitad.
La expansión de las aerolíneas de bajo costo, las promociones, el crecimiento del automóvil particular y los cambios en los hábitos de viaje modificaron un mercado que durante décadas tuvo al colectivo como protagonista casi excluyente.
Una red imprescindible, pero más delgada
El informe presenta una aparente contradicción. El ómnibus conserva la mayor cobertura territorial del transporte público argentino y sigue siendo el modo interurbano con más pasajeros. Sin embargo, esa misma red funciona con apenas la mitad de la demanda que llegó a movilizar en sus mejores años.

El desafío no consiste solamente en recuperar pasajeros. También implica sostener rutas con baja densidad, renovar la flota, mejorar la productividad y competir con modalidades que presentan estructuras económicas y esquemas de financiamiento diferentes.
La larga distancia continúa llegando a casi toda la Argentina. Pero detrás de esa enorme cobertura hay una red más pequeña, más envejecida y con menos pasajeros que hace dos décadas.







