spot_img

América Latina ya roza los 10.000 buses eléctricos y consolida su liderazgo regional con Santiago, São Paulo y Bogotá al frente

La flota eléctrica latinoamericana creció 40% en un año y se multiplicó por diez desde 2017, aunque la mayor parte de las unidades sigue concentrada en pocas grandes ciudades

La electromovilidad en buses dejó de ser una promesa para América Latina. Según datos del International Council on Clean Transportation —ICCT—, la flota de buses eléctricos de América Latina y el Caribe alcanzó las 9.115 unidades a fines de 2025. Pero cifras más recientes del E-Bus Radar, actualizadas a febrero de 2026 y citadas por electrive, elevan el número a 9.909 vehículos, por lo que la región probablemente ya superó la barrera simbólica de los 10.000 buses eléctricos en operación.

El dato marca un punto de inflexión. De acuerdo con el informe citado por Sustainable Bus, la flota regional creció 40% interanual y se multiplicó por diez desde 2017. La expansión confirma que América Latina se convirtió en uno de los mercados más dinámicos del mundo para los buses eléctricos, especialmente en ciudades que apuestan por renovar sistemas masivos de transporte público y reducir emisiones urbanas.

Tres ciudades concentran casi el 70% de la flota regional

El liderazgo regional está claramente concentrado. Santiago de Chile, São Paulo y Bogotá reúnen cerca del 70% de todos los buses eléctricos de América Latina, lo que muestra tanto el avance de estas metrópolis como la desigual velocidad de adopción en el resto del continente.

En el caso de Santiago de Chile, la ciudad cerró 2025 con 3.849 buses eléctricos según el ICCT, aunque los datos actualizados a febrero de 2026 ya la ubican en 4.222 unidades. La capital chilena se mantiene como el principal mercado eléctrico de la región y uno de los casos más observados a nivel global por el tamaño de su flota cero emisiones.

São Paulo tuvo uno de los saltos más importantes del último año: pasó de 460 a 1.095 buses eléctricos durante 2025, y los registros actualizados a febrero de 2026 ya la ubican en 1.271 unidades. La ciudad brasileña, que cuenta con una red operada por SPTrans de más de 13.000 buses, prohibió en 2022 la compra de nuevos buses diésel, una decisión que empieza a transformar el perfil tecnológico de su flota.

Por su parte, Bogotá alcanza las 1.554 unidades eléctricas según las cifras más recientes citadas por la publicación. La capital colombiana ya era una de las grandes referencias latinoamericanas en electromovilidad y continúa ampliando su flota con nuevos despliegues de unidades cero emisiones.

Chile, Colombia y Brasil marcan el ritmo país por país

Si se observa la distribución por país, Chile lideró el mercado regional en 2025 con el 47% de la flota eléctrica de América Latina y el Caribe. Le siguieron Colombia, con el 17%, y Brasil, con el 16%. México representó el 12%, mientras que el resto de los países de la región concentró apenas el 8% restante.

La fotografía regional deja una conclusión clara: América Latina avanza, pero todavía de manera muy concentrada. La electromovilidad ya llegó a 77 ciudades y áreas metropolitanas de 12 países, pero el grueso del crecimiento sigue dependiendo de unos pocos sistemas urbanos con capacidad de planificación, financiamiento y escala operativa.

En otras palabras, la región ya demostró que puede incorporar buses eléctricos en grandes volúmenes. El próximo desafío será extender esa experiencia a ciudades medianas, corredores metropolitanos, servicios alimentadores e incluso operaciones interurbanas donde el diésel sigue dominando.

Los buses a batería desplazan a los trolebuses como tecnología dominante

El informe del ICCT identifica a los buses eléctricos a batería como el principal motor del crecimiento regional. Esta tecnología viene desplazando progresivamente a los trolebuses como la forma dominante de electromovilidad en el transporte público latinoamericano.

El cambio es relevante porque modifica la manera en que las ciudades planifican sus flotas. Mientras el trolebús depende de infraestructura fija de catenarias, los buses a batería ofrecen mayor flexibilidad de recorridos y pueden incorporarse en sistemas existentes con infraestructura de carga en depósitos o puntos estratégicos.

Esa flexibilidad explica parte de su expansión. Para muchas ciudades latinoamericanas, los buses eléctricos a batería permiten modernizar flota sin rediseñar completamente la infraestructura vial. Sin embargo, también plantean nuevos desafíos: potencia eléctrica disponible, cargadores, gestión de baterías, mantenimiento especializado y planificación precisa de los turnos de operación.

BYD, Foton y Yutong lideran el mercado de fabricantes

La fuerte presencia de fabricantes chinos es otro rasgo central del mapa latinoamericano. Según el ICCT, BYD lidera la región con 2.961 vehículos desplegados entre 2017 y 2025, equivalentes al 32% de la flota regional. Le siguen Foton, con 1.492 unidades, y Yutong, con 1.417.

También aparece Zhongtong, con 946 vehículos, mientras que la brasileña Eletra alcanza 894 unidades, principalmente concentradas en su mercado doméstico. Esta distribución muestra que China sigue siendo el gran proveedor de la transición eléctrica latinoamericana, aunque Brasil también empieza a desarrollar una base industrial relevante para abastecer parte de la demanda regional.

La presencia china no se explica solo por precio. También responde a escala productiva, experiencia acumulada, disponibilidad de modelos urbanos y capacidad para participar en grandes licitaciones. Para América Latina, esta oferta permitió acelerar la electrificación en ciudades donde las compras masivas eran difíciles de imaginar hace una década.

Una región que avanza, pero con desafíos pendientes

El crecimiento de la flota eléctrica latinoamericana es una señal positiva, pero no resuelve todos los problemas del transporte público regional. La mayoría de las ciudades todavía enfrenta restricciones de financiamiento, infraestructura eléctrica insuficiente, flotas diésel envejecidas y sistemas de transporte con alta presión económica.

Además, la concentración en pocas capitales abre una pregunta central: ¿cómo llevar la electromovilidad más allá de Santiago, Bogotá o São Paulo? Para que el salto sea verdaderamente regional, será necesario crear mecanismos de financiamiento más accesibles, fortalecer operadores, planificar infraestructura de carga y adaptar modelos de negocio a realidades locales muy distintas.

También será clave el rol de los gobiernos nacionales. Las ciudades pueden liderar proyectos, pero la escala necesaria para electrificar miles de buses exige políticas públicas estables, incentivos, regulación, acceso al crédito y planificación energética.

El umbral de los 10.000 buses cambia la conversación

Superar los 10.000 buses eléctricos no es solo un número redondo: representa una nueva etapa para América Latina. La región ya no aparece únicamente como receptora de proyectos piloto, sino como un mercado real, con operaciones masivas, datos concretos y ciudades capaces de sostener flotas eléctricas de gran escala.

Santiago, São Paulo y Bogotá marcan el camino, pero el verdadero salto vendrá cuando esa experiencia se multiplique en más ciudades y países. La tecnología ya está probada, los fabricantes ya están presentes y los operadores ya empiezan a acumular experiencia.

Ahora, el desafío es pasar de los grandes casos emblemáticos a una transformación más distribuida. Si América Latina logra extender la electrificación a más sistemas urbanos, los 10.000 buses eléctricos serán apenas el primer gran hito de una transición mucho más profunda en el transporte público regional.

Artículos Relacionados

Redes Sociales

251,500FansMe gusta
40,150SeguidoresSeguir
10,140SeguidoresSeguir
spot_img

Últimas Noticias

spot_img
error: Contenido Protegido